Marcos: Características literarias

3 junio, 2007

Es el más breve de todos los Evangelios (Mt 28 cap. y 1068 vers.; Mc 16 cap. y 746 vers.; Lc 24 cap. y 1140 vers.; lo 21 cap. y 879 vers.). Sólo tiene 50 vers. propios y las perícopas, que no se encuentran más que en él son: los milagros del sordomudo (7,31-37) y el ciego de Betsaida (8,22-26); la parábola del grano, que germina por sí mismo (4,26-29) y los episodios de los parientes «protectores» de Jesús (3,20 ss.) y el joven de la sábana en Getsemaní (14,51 ss.).

Su brevedad y el incluir menos discursos de Jesús le valió ser el menos comentado por los Padres, que encontraban todo lo de Mc y mucho más, en Mt y Lc, si bien su brevedad (corto) no quiere decir que sea «abreviado», como creyó S. Agustín (cfr. De consensu Evang., 1,3,4: PL 34,1044); lejos de ello Mc, en las narraciones comunes a los otros Sinópticos, suele ser más detallista y concreto.

Es en general el de tipo más arcaico de los Evangelios actuales. Representa la catequesis (kerigma) apostólica de una manera más sencilla y espositoria y menos elaborada doctrinalmente. Por eso ha gozado en el siglo pasado del favor de los críticos, que le consideran como el Evangelio más antiguo, una vez perdido el que según la tradición ocupaba tal lugar (el Mateo arameo).

Críticos y comentaristas acatólicos han sostenido la teoría del Ur-Markus: un Mc primitivo, del que se habría derivado el actual; pero de tal Ur-Markus no se encuentran claros vestigios, ni en la tradición, ni en el actual. Hoy está más bien en boga, sobre todo entre los críticos no católicos, la teoría de las fuentes. La hipótesis general, sin descender a las peculiaridades de cada autor es que Mc está compuesto de fuentes precisamente orales: la catequesis de Pedro, como atestigua la tradición: la predicación de Pablo y Bernabé; de la Iglesia de Jerusalén, etc.; y también de relatos anteriores probablemente escritos, pero de carácter transitorio.

Para un estudio literario y teológico detallado resulta conveniente y esclarecedor considerar dos puntos esenciales: una línea cronológica y otra teológica.

· La primera es la estructura derivada del kerigma o predicación apostólica, recibida de la más pura tradición, como consta por los Hechos de los Apóstoles. El esquema de este kerigma contiene cuatro grupos:

o Juan Bautista, bautismo, desierto;

o predicación en Galilea;

o viaje a Jerusalén;

o Pasión, Muerte y Resurrección.

o Como se ve, son la cronología y la geografía, es decir, el desarrollo histórico de la vida de Jesús, lo que preside esta primera línea del Evangelio de Mc. Todo el material de Mc está encuadrado en este esquema, integrado en él, agrupando diversas secciones entre sí, cada una de las cuales se reconoce porque hay resúmenes o compendios al comienzo de cada una de ellas.

· Esa sucesión cronológica está a su vez surcada por un anuncio de fondo que cruza desde el interior todos los momentos de lugar y de tiempo que se nos narran. Ese anuncio sigue una dinámica ascensional que está estructurada en tres momentos:

o a) Actividad de Jesús en Galilea: es el kerigma o predicación de Jesús a los judíos; es una narración amplificada del testimonio que daba la predicación primera cuando anunciaba a «Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis» (Act 2,22; cfr. también 10,38).

o b) Esta actividad tiene tales características de «poder» que provoca una trascendental pregunta culminada en Cesarea de Filipo: ¿quién es Jesús?

o c) La respuesta, que domina hasta el final, es ésta: «Jesús es el Mesías, el Señor muerto y resucitado». Esta respuesta es el núcleo esencial de la predicación apostólica (Act 2,36).

Todo esto quiere decir que en Mc hay un cierto orden, no sólo cronológico, sino también temático, intentado conscientemente por el autor, aunque llevado a efecto no de una manera rígida, sino espontánea. Hay una estructura; no es una desordenada colección de recuerdos; hay un desarrollo muy marcado, una marcha creciente hacia el punto culminante de la Muerte y Resurrección del Señor. La obra de Mc es clarísimamente un Evangelio, un anuncio, una proclamación, un kerigma; una proclamación fascinante y viva, llena de detalles, que reclama una respuesta: la aceptación con fe sincera de ese Jesús que se nos anuncia, vivo y resucitado. Sabiéndolo leer Me adentra profunda e insensiblemente en el misterio de Cristo.

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