Contenido teológico del tercer Evangelio.
8 Junio, 2007
Esta preocupación teológica de Lc hace de él un pensador que junto con los hechos, acaecidos y narrados, da su interpretación en una perspectiva de historia de la salvación. El misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo ilustra el significado de todos los acontecimientos pasados y los hace gravitar en torno a sí. De ahí la tensión dramática hacia Jerusalén, escenario de la Muerte y Resurrección redentoras.
La característica más acusada de Lc es la destinación universal de la salud mesiánica. Esta herencia de su maestro Pablo, que se desprende del misterio pascual, preside la selección de aquellos datos que, entre los materiales brindados por la tradición, mejor la ilustran; determina la supresión de expresiones que la podrían oscurecer, y proyecta una dimensión universalista sobre la persona y el mensaje de Cristo desde el primer momento de su aparición en la escena de la historia.
El centro de este mensaje es el Reino de Dios (v.), concebido como presente en la tierra en la persona del Mesías (v.), pero todavía por venir en su fase definitiva.
Como el misterio pascual atrae a sí los acontecimientos anteriores del plan salvífico de Dios y de la actuación de Cristo en su vida terrena, la tensión escatológica del tiempo de la Iglesia solicita al cristiano instalado ya en la economía mesiánica. Esta tensión escatológica colorea el aspecto moral de la predicación de Cristo e impera las decisiones del hombre que recibe su mensaje. A su luz adquiere toda su fuerza la doctrina evangélica sobre la pobreza y el radicalismo de la renunciación que campean en Lc.
Junto a estas ideas fundamentales, se ha hecho notar muy justamente el subrayado especial que en el tercer Evangelio adquieren otros aspectos sociales y teológicos. Se destaca la función atribuida al Espíritu Santo en la vida de Cristo y de la Iglesia. Se exalta en palabras y en hechos la infinita misericordia de Dios. Se pondera la importancia de la oración, como petición, como alabanza y como acción de gracias. A través de pasajes seleccionados por L. con mayor abundancia que por los otros evangelistas, la mujer recobra la dignidad y el papel que siempre le serán reconocidos en el cristianismo. La esperanza escatológica se traduce en una atmósfera de alegría y de paz.
Dante llamó a S. Lucas «scriba mansuetudinis Christi» (el escritor de la mansedumbre de Dios). Y a su Evangelio se le ha llamado con toda razón «el Evangelio social».
