El anuncio del Reino de Dios
16 Junio, 2007
La noción de Reino o reinado de Dios es una de las más importantes de la Revelación, de hecho podríamos decir que el Reino de los cielos, que pedimos en la segunda petición del Padrenuestro, es de tal naturaleza, que a él se refiere y en él termina toda la predicación del Evangelio.
En el primero de los grandes discursos de Jesús que nos transmite S. Mateo, el sermón de la montaña (Mt 5-7), vemos como en la predicación de Jesús el Reino ocupa un lugar central, hasta el punto de que los exegetas han llamado a este sermón la «Carta Magna» del Reino de Dios.
¿Y quienes son los ciudadanos de este Reino? Vemos al final de la vida de Jesús como un ladrón que se arrepiente de sus pecados y que suplica con humildad entra en el Reino. El hecho está en perfecta consonancia con la doctrina de Jesús, con las frecuentes situaciones que vivió en su vida pública.
Al hablar Cristo de su Reino, que identifica con el de Dios o de los cielos, anuncia que durará hasta la consumación de los siglos (Mt 13,39.41), y prevé que su obra se va a continuar en un nuevo pueblo, en una sociedad organizada jerárquicamente, a la que llama Iglesia, identificándola con el Reino de los cielos: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… Yo te daré las llaves del Reino de los cielos» (Mt 16,18).
Aunque estudiemos separadamente algunos aspectos de la vida del Señor no debemos perder de vista una observación que me parece fundamental y es que la predicación de Jesús del reino futuro, pero ya presente, y los milagros como signos del poder y presencia del reino y la moralidad escatológica constituyen un todo coherente, indivisible, en Jesús.
Las parábolas de Jesús, hemos de advertir que no hablan simplemente de este mundo nuevo del reino, sino que comunicaban ya algo de él a quienes se abrían al reto que suponían y entraban en el mensaje de las parábolas de Jesús. Esta “vuelta” o conversión que afectaba a la vida de los oyentes era conflictiva pero era sobre todo salvífica. De este modo podemos afirmar que las parábolas eran parte del drama escatológico.
La moralidad predicada por Jesús decimos que es escatológica, no en el sentido de que su validez dependiese de que uno pensase que había sólo un corto tiempo antes del fin del mundo, sino en el sentido de que el reino futuro ya había penetrado en la vida de los que aceptaban la buena noticia de su advenimiento y la transformaba.
Los milagros de Jesús, veremos que no eran simplemente hechos benévolos respecto a personas que necesitaban ayuda, sino que eran formas concretas de realizar y proclamar el triunfo de dios sobre los poderes del mal en la hora final. Eran signos y realizaciones parciales de lo que estaba a punto de suceder por completo en el reino.
En Jesús, la coherencia de palabras y hechos forman un todo orgánico, de tal forma que tomadas conjuntamente las palabras y obras de Jesús afirmaban que el Reino era en cierto sentido tanto futuro como actualmente presente ya en el misterio del propio Jesús y por medio de él.


16 Junio, 2007 a las 8:29 pm
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31 Julio, 2007 a las 7:33 pm
[...] b) el Reino de Dios y su dimensión eclesiológica; cfr. también artículo anterior. [...]
31 Julio, 2007 a las 7:53 pm
[...] segunda razón por la que convenía el uso de la parábola es precisamente lo que dijimos al hablar del reino de Dios y su relación con las parábolas del Señor, no hablan simplemente de este mundo nuevo del reino, sino que comunicaban ya algo de [...]
11 Septiembre, 2007 a las 2:11 am
psssssssssss interesanteeeeeeeeeee
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