Los ciudadanos del Reino

17 junio, 2007

Un ladrón que se arrepiente de sus pecados y que suplica con humildad entra en el Reino. El hecho está en perfecta consonancia con la doctrina de Jesús, con las frecuentes situaciones que vivió en su vida pública. Efectivamente, él era amigo de publicanos y de pecadores, se reunía con ellos ante el escándalo manifiesto de los fariseos. A éstos, los orgullosos, los engreídos, les llega a decir que los publicanos y las rameras les precederán en el Reino de los cielos (Mt 21,36). Con estas palabras indica Jesús la necesidad de la contrición, de la penitencia, de la compunción del corazón para entrar en el Reino de Dios. En otras ocasiones también apuntará a lo mismo, aunque desde un punto de vista distinto. Así pone a un niño en medio de los apóstoles que discuten acerca de quién será el primero en el Reino. Ante esas ambiciones, el Maestro les asegura que sólo el que se hace como un niño entrará en el Reino de Dios y añade que el que quiera ser el primero que sea el último, el servidor de todos (Mt 20,27). Los pobres de espíritu, los que no ponen su confianza en las riquezas, los que sólo se apoyan en Dios, los que sufren y lloran, los que saben perdonar, los que se esfuerzan hasta violentarse a sí mismos (Mt 11,12), los que sepan descubrir a Cristo tras el hombre necesitado (Mt 25,31-46), esos serán los que entren en el Reino de Dios.

Los otros no entrarán: los que no perdonaron (Mt 18, 21-35), los que despreciaron a los demás (Lc 18,9-14), los ricos que se olvidaron de los pobres (Lc 16,19-31), los que no cumplieron los mandamientos. «No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los ebrios, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el Reino de Dios» (1 Cor 6,16). En el mismo sentido se pronuncia el Apóstol en Gal 5,21 y Eph 5,5.

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Una respuesta to “Los ciudadanos del Reino”


  1. [...] ¿Y quienes son los ciudadanos de este Reino? Vemos al final de la vida de Jesús como un ladrón que se arrepiente de sus pecados y que suplica con humildad entra en el Reino. El hecho está en perfecta consonancia con la doctrina de Jesús, con las frecuentes situaciones que vivió en su vida pública. [...]


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