Eclesiástico: ocasión, destinatarios e intención de la obra
19 Junio, 2007
El contexto histórico ilumina la intención del autor. Desde finales del siglo III y comienzos del siglo II a.C., Palestina estuvo bajo el poder de Antíoco III. Este procuró por diversos modos que la ciudad santa, Jerusalén, fuera adquiriendo una fisonomía cada vez más parecida a la de las ciudades griegas. En esta situación las escuelas tradicionales de Judá fueron acusando el impacto cultural helénico. No obstante el acercamiento al mundo helenista no implicó una disminución en la observancia de la Ley; al contrario, ésta cobraba una mayor importancia, como muestra de fidelidad al Dios de los padres y como característica distintiva de la propia identidad del pueblo judío. Por su parte los sacerdotes en el Templo tuvieron muchas dificultades para desempeñar sus funciones. Entre ellos destacó Simón II (219-196 a.C.) a quien se alaba al final del libro (Cfr. Si 50,5-23).
Monedas de Antíoco IV. En otro lado se puede ver a Apolo. La inscripción dice ΑΝΤΙΟΧΟΥ ΘΕΟΥ ΕΠΙΦΑΝΟΥ ΝΙΚΗΦΟΡΟΥ (Antíoco, imagen de Dios, portador de la victoria).
En este contexto, en los años anteriores a la persecución de Antíoco IV Epifanes, se escribe la obra como llamamiento a la fidelidad a las tradiciones de Israel y se muestra la veneración por el culto del Templo de Jerusalén, por la historia de Israel y por el sacerdocio. P
odemos resumir diciendo que, el libro de Sirac es esencialmente una apología del judaísmo; está escrito como una defensa de la cultura y herencia religiosa de su pueblo frente al desafío del helenismo, intentando demostrar a los judíos de Palestina y de la Diáspora, así como a los paganos de buena voluntad, que la auténtica Sabiduría reside en Israel.
