• Así, la Biblia nos refiere la historia de la Palabra de Dios, la palabra-acción de Dios que se revela, llama y salva a los hombres. Su carácter de acontecimiento libre, de historia, distingue la revelación bíblica de todo otro conocimiento de Dios, que nace en cambio de una reflexión sobre el mundo y las cosas.
  • Con esa diferencia se une otra, aún más radical: la revelación que la B. transmite, fruto de la liberalidad divina, ha consistido en el comunicarnos Dios su intimidad: sabemos ahora de Dios no sólo lo que de Él se refleja en las criaturas, sino su misma vida íntima. Y a la vez conocemos por entero nuestro destino: estamos llamados a la amistad con Dios. Las ansias de eternidad que hay en el corazón humano, la inquietud ante la experiencia del mal…, alcanzan así su explicación definitiva.
  • Es verdad que no todo se aclara desde el primer momento; la revelación bíblica es verdaderamente progresiva, creciente hasta llegar a su plenitud: Jesucristo; pero desde el comienzo el hombre es situado en una nueva dimensión: el hombre se encuentra vitalmente ante Dios, que ha salido antes a su encuentro, que se le ha dado primero en los profetas y luego en Jesucristo y que le exige una correspondencia total de fe, de entrega, de amor.

     

  • Una respuesta a “Nota a Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbum n° 2”


    1. [...] tiempo, mediador y plenitud de toda la revelación» (Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbum n° 2: Nota). Escrito por rsanzcarrera Archivado en Introduccion [...]


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