ESTUDIO EXEGÉTICO DEL PROEMIO DE LA PRIMERA CARTA DE SAN JUAN

Para comparar y analizar los dos prólogos de San Juan: prólogo del Evangelio y prólogo de 1 Jn, es necesario detenernos a estudiar primero el proemio de la carta.

“Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos a propósito del Verbo de la vida –pues la vida se ha manifestado: nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos a vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos ha manisfestado-, lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestra alegría se completa.”

San Juan, fuera de lo común en una carta, no empieza con un saludo dónde debería anunciar a quién va dirigida, es un comienzo abierto, en el que refleja por una parte su intimidad con la comunidad y por otra el carácter universal del evangelio.

Lo primero que salta a la vista al leer este prólogo es que está escrito en primera persona del plural; “lo que nosotros hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos” y es que en los escritos de San Juan no sólo se reflejan sus vivencia personales, relatados en primera persona sino que también incluye la tradición de la Iglesia, ya que conocía las Sagradas Escrituras y los evangelios sinópticos. “en Juan el sujeto del recuerdo es siempre el “nosotros”; recuerda en y con la comunidad de los discípulos, en y con la Iglesia..

A lo largo del relato encontramos palabras clave que formaran la esencia del mensaje de Juan. Utiliza varias inclusiones; “lo que hemos oído, lo que hemos visto”- “lo que hemos visto y oído”, San Juan quiere transmitir a la comunidad su fe en Cristo, por eso utiliza un lenguaje cercano al pueblo. Para los judíos el oído, la escucha de la palabra, es escuchar la tradición que adquiere gran peso en sus creencias. Por otra parte los griegos daban mayor relevancia a la vista. Se podría deducir que el Apóstol quiere llegar, dejar huella a toda la Iglesia primitiva, tanto judíos como griegos.

“La vida se ha manifestado” – “se nos ha manifestado.” A través de esta palabra clave, nos hace caer en la cuenta que el mensaje de Cristo no ha sido anunciado de forma general; para alguien que libremente quiera acogerlo, sino en concreto, al pueblo de Israel, a la Iglesia.

Otra palabra clave: “os anunciamos la vida eterna” – “os la anunciamos”, mediante esta palabra San Juan hace partícipe a toda la Iglesia de su testimonio.

“Para que también vosotros estéis en comunión con nosotros” – “nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo”. Pone de manifiesto, con esta palabra clave el tema central de su carta: la comunión con Dios, con Cristo y con los hermanos.

Estas tres inclusiones forman parte de la idea central que Juan quiere transmitir, formando claramente una estructura quiástica, el núcleo del prólogo es el versículo 3 “lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo”.

“La transmisión de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en El. Desde el principio, los primeros discípulos ardieron en deseos de anunciar a Cristo “no podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20).”

SEMEJANZAS CON EL PRÓLOGO DEL EVANGELIO (SAN JUAN).

Como hemos considerado anteriormente el tema central de la primera carta de San Juan es la comunión con Dios, con Cristo y con los hermanos. Cierto paralelismo existe con el prólogo del evangelio, que es un himno a Jesucristo, ya que también nos habla de la comunión del Padre, el Hijo y los hombres.

San Juan inicia su evangelio del mismo modo que el génesis “en el principio” (Gn 1,1 y Jn 1,1), aunque sabemos que estas palabras del Génesis son referidas a la creación y al tiempo, mientras que San Juan las emplea para anunciar un principio absoluto: la eternidad. Jesús es la Palabra (el Verbo) eterna de Dios y, por tanto, al hablar a los hombres les comunica la luz, la verdad y la vida.

Posteriormente el Apóstol en su carta emplea el mismo encabezamiento; “lo que existía desde el principio” (1 Jn 1, 1), parece incluir en esta frase el comienzo del prólogo de su evangelio, lo que existía en el principio era el Verbo; la palabra de Dios, la que os venimos a anunciar.

Otra semejanza que encontramos en esos dos escritos de Juan es la referencia de Jesús como vida: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn 1, 4)- “pues la vida se ha manifestado: nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos ha manifestado”, en los dos textos esta vida, Jesús, se manifiesta a los hombres. Esta Vida que el prólogo del evangelio lo identifica con luz (“la vida era la luz”) en la carta se identifica con la manifestación de los hechos y dichos de Jesús, que son la luz para la comunidad, para la iglesia floreciente.

El prólogo del evangelio refleja bien dos realidades; en primer lugar la divinidad de Cristo y en segundo lugar la relación de filiación con el Padre; “el Verbo estaba junto a Dios(Jn 1, 1), de forma menos clara encontramos la misma referencia en el prólogo de la carta “pues la vida se ha manifestado: nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y que se nos ha manifestado” ( 1 Jn, 1,2).

En el evangelio la obra de el Verbo encarnado “El Verbo se hizo carne y habitó en nosotros” ( Jn 1,14) finaliza con la elevación de los cristianos en Hijos de Dios “pero a cuantos le recibieron les dio potestad de ser hijo de Dios”( Jn 1, 12). En la carta Juan al anunciar la Palabra Encarnada con “se nos ha manifestado”, insta a los cristianos a seguir el camino de Cristo, a entrar en comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Identifica a Cristo con vida eterna “os anunciamos la vida eterna”, esta fe en el Hijo como fuente de vida eterna procede del evangelio de Juan.

El nombre de Hijo de Dios significa la relación única y eterna de Jesucristo con Dios su Padre: El es el Hijo único del Padre y El mismo es Dios. Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios.

Para finalizar, Juan en el evangelio presenta a Jesús como el Verbo de Dios, por tanto existe una relación del Padre con el Hijo. El Hijo encarnado es la luz de los hombres, el camino de salvación para todos aquellos que creen en él. En la carta, Juan da a conocer este camino de salvación, reconociendo a Jesucristo como Hijo del Padre “Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1 Jn 1, 3) y anunciando su mensaje, que adquiere su plenitud con la muerte y resurrección. Es por eso que Juan concluye su carta así “os escribimos esto para que nuestra alegría sea completa” (1 Jn 1, 4).

 

Autor: este trabajo ha sido realizado por Regina Q. D.


Jesús de Nazaret. Benedicto XVI. Ed: La esfera de los libros. Pag 275

Catecismo de la Iglesia Católica. Ed: Asociación de Editores del Catecismo. Pag 110 p. 425

Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo. Raymon E.Brown, Joseph A., Roland E. Ed: Verbo Divino. Pag: 594.

Catecismo Iglesia Católica p: 454.


Una respuesta a “Estudio comparado del Prólogo de Juan y del proemio de 1 Jn”


  1. [...] En este enlace se hace un interesante estudio comparado entre este prólogo y el del evangelio de sa… Escrito por rsanzcarrera Archivado en Corpus ioanneum y Epístolas católicas [...]


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