Mileto

24 Febrero, 2008

Hech 20, 15-38; 2 Tim 4,20

Pablo visito la ciudad al final de su tercer viaje misional. Tenía prisa por llegar a Jerusalén para Pentecostés, por esta razón no se detuvo en Efeso pero llamo a sus presbíteros a Mileto con el fin de despedirse de ellos, también se puede pensar que no quiso crear problemas en la ciudad de Efeso, pues ya conocemos muy bien las circunstancias en las que se vio obligado a abandonar este lugar.

Los presbíteros se reunieron con Pablo en Mileto donde el les recordó la misión que se les había encargando, exhortándolos a seguir con ella hasta el final, y a estar atentos para no dejarse engañar por todos aquellos que sin duda tratarían de desviarlos del camino recto; terminando sus palabras como Jesús lo había hecho “hay mas felicidad en dar que en recibir” (Hech 20, 35)

Les dijo que debía regresar lo mas pronto posible a Jerusalén, a donde lo llamaba su destino, aunque el Espirito solo le anunciaba dolores y sufrimientos a partir de entonces, “pero yo estimo que mi vida no tiene valor, en tanto pueda llegar hasta el fin de mi misión y acabar la tarea que el Señor me ha confiado, proclamar la buena nueva de la gracia de Dios” (Hech 20, 24). Les recordó que había sido justo transmitiéndoles el mensaje y trato de aclarar que esta religión no era una religión de misterios donde los secretos solamente eran transmitidos a un reducido grupo de elegidos “yo os he anunciado todo el plan de Dios, sin ocultaros nada.

La despedida de Pablo fue muy emotiva. Los presbíteros lo acompañaron hasta el barco estando todos ellos muy tristes por eso que les había dicho de que no volverían a verlo, a partir de ese momento siempre les faltaría su inspiración y su presencia.

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