Ciborios

25 Julio, 2008

Ciborios

Ciborios

Foto ampliada Lám. II-5

Tanto los ciborios como las tegletas no son otra cosa que un tem­plete formado por un tejadillo sostenido por cuatro columnas, en el caso del ciborio, o por dos columnas y una pared, en el caso de la te­gleta. Finalidad de ambos es proteger de la lluvia o de los rayos del sol una tumba o un sarcófago.

Los tejados están formados por armaduras de madera que sopor­tan una tablazón, sobre la cual se colocan las tejas. Las columnas pue­den ser de piedra de una sola pieza, o partidas en rodajas, o construi­das de ladrillos especiales aplantillados, cubiertos con una capa de cal para imitar el mármol. Si excluimos algunas representaciones de estos elementos en pinturas o relieves murales paganos y cristianos, apenas tenemos otra noticia de ellos.

Pueden ser las tegletas de tres tipos, según posean un tejado de una sola pendiente, de dos o de tres. En cambio, los ciborios siempre poseyeron cuatro pendientes.

Tanto los ciborios como las tegletas pueden estar dotados de unas vallas de madera o de metal, los canceles, que protegen la tumba o el sarcófago que cubren. Ya dijimos que la tegleta recibe también el nom­bre de protectum, y el ciborio los de baldaquino y tegurium.

El ciborio es un elemento propio de los cementerios y, por tanto, tiene un carácter funerario, pero, a partir de los siglos V a VII, con la re­forma de San Pedro de Vaticano por Pelagio II, comenzaron a colocar­se altares en los presbiterios de las iglesias situándolos sobre las tum­bas de los mártires que permanecían bajo tierra. Para señalar que el altar tenía esta referencia, se conservó el baldaquino funerario sobre la tumba y, como consecuencia, el altar quedó bajo él.

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