Galerías
25 Julio, 2008
Penetrando en el subsuelo de las catacumbas, el primer elemento que hemos de abordar es el de las galerías. Son éstas, por lo general, estrechos y altos corredores, con nichos y arcosolios en sus paredes para guardar los restos funerarios.
Salvo en contadas excepciones, no pueden ser consideradas las galerías como lugares de paso o de reunión; su función principal fue en todo caso funeraria, aunque el tránsito por ellas permitiera el acceso a la tumba de algún familiar o de algún mártir. La angostura general de las galerías y la falta de ventilación hace imposible la permanencia en ellas de un grupo considerable de personas durante un tiempo prolongado.
Se excavan las galerías, a medida que es necesario realizar nuevos sepelios, de forma alternada, primero en la dirección de la galería primera y principal, después comenzando una transversal, más adelante prolongando la primera y la segunda, hasta que sea preciso comenzar una nueva transversa, y así sucesivamente. Esta excavación produce un gran volumen de tierra y escombros que es necesario retirar, casi siempre por un largo camino hasta la entrada de la catacumba, o hasta uno de los pocos pozos que puedan encontrarse. Para simplificar este problema los excavadores rellenaron con el material de desecho viejas galerías ya completas con tumbas olvidadas. En algún caso se aprovechó el relleno para depositar nuevos restos en capas horizontales bajo los sucesivos suelos.
Para ampliar una galería ya existente, se elevó el techo o se rebajó el suelo, produciéndose así la anomalía de que en una pared pueda ser más antigua la banda central que la superior y la inferior.
Es evidente que lo mismo ocurre, por lo general, con cada catacumba tomada en todo su conjunto, puesto que las galerías más profundas suelen corresponder a fechas más recientes que las superiores.

