Nichos
25 Julio, 2008
Normalmente, los nichos o lóculos son excavaciones realizadas en las paredes de las galerías o de los cubículos para contener un cadáver, extendido y paralelo a la superficie de la pared. Sus medidas corresponden a su función: 1,70 a 2 metros de largo por 45 a 60 centímetros de profundidad y de alto.
En número mucho menor que los anteriores, existen también nichos en que el cadáver se dispone perpendicular a la pared, apareciendo en esta última una boca cuadrada de unos 50 centímetros de lado. Por ser característicos de la tumbas hebreas, y recordar la parte externa de un horno, se llamas comúnmente hebreos o de boca de horno.
Los cadáveres se enterraban envueltos en uno o más paños llamados sudarios, desprovistos de todo adorno, aunque alguna vez haya aparecido un objeto de orden menor junto a ellos, como monedas o algún utensilio que usó en vida aquel cuyos restos reposan allí. De este último tipo es digno de recuerdo cierta abundancia de muñecas en tumbas infantiles.
El nicho ha de quedar herméticamente cerrado, después de haber sido dejado en él el cadáver, para impedir la salida de los gases. Esto se consigue tapando el hueco con una o más placas de piedra o de cerámica, unidas entre sí, en el caso de ser más de una, y con los bordes de la excavación del nicho por medio de un mortero de cal.
Se llama lápida a la placa de piedra única que tapa todo el nicho, pero, por extensión, se denominan también así las placas de piedra o de cerámica, casi siempre en número de tres, que sustituyen la única de piedra. La masa de mortero que une las lápidas con la pared suele ser muy gruesa, apareciendo al exterior de forma muy patente. Las lápidas pueden ser lisas en su cara externa, con el nombre del difunto escrito encima con una tintura roja, o decoradas con inscripciones o representaciones figurativas, gravadas o esculpidas, estas últimas más raras.



