El amor divino (Os 11,1-11)

17 abril, 2010

Egipto

Este capítulo 11 es uno de los más célebres de Oseas por su elevación y amplitud de horizontes. Presenta el amor de Dios a Israel bajo la imagen del padre que alimenta y guía a su propio hijo. El juicio ya ha pasado y en este capítulo 11 se trata de la conversión, por así decirlo, de Dios a su pueblo, a pesar de su indignidad y tan solo porque Él es santo. Los vv. 1-7 tienen en común el tema del amor de Dios mal correspondido por Israel (Os 11,2.3.5.7). Los vv. 8-11, algo oscuros, expresan los sentimientos amorosos de Dios con su pueblo. Parece que fue escrito poco antes de la caída de Samaría, porque se hace referencia a la búsqueda de sus habitantes de la salvación por parte de Egipto respecto de Asiria (11, 10-11).

El amor divino (Os 11,1-11)

1 Cuando Israel era niño, lo amé,
y de Egipto llamé a mi hijo.
2 Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí:
ofrecían sacrificios a los Baales,
e incienso a los ídolos.
3 Yo enseñé a caminar a Efraín,
tomándole por los brazos,
pero ellos no sabían que yo los cuidaba.
4 Con cuerdas humanas los atraía,
con lazos de amor;
yo era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla,
me inclinaba hacia él y le daba de comer.
5 Pues volverá al país de Egipto,
y Asur será su rey,
porque se han negado a convertirse.
6 La espada hará estragos en sus ciudades,
aniquilará sus cerrojos
y devorará por sus maquinaciones.
7 Mi pueblo está acostumbrado a apostatar de mí;
cuando invocan a lo alto,
nadie los levanta.
8 ¿Cómo voy a entregarte, Efraín,
cómo voy a soltarte, Israel?
¿Voy a entregarte como a Admá,
y tratarte como a Seboín?
Mi corazón se convulsiona dentro de mí,
y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas.
9 No daré curso al furor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque soy Dios, no hombre;
el Santo en medio de ti,
y no vendré con ira.
10 Marcharán tras Yahvé,
él rugirá como león;
y cuando ruja,
los hijos vendrán temblando de occidente,
11 temblarán como un pajarillo al venir de Egipto,
como una paloma desde el país de Asiria;
y yo los haré habitar en sus casas -oráculo de Yahvé-.

Mi hijo Israel (1)

1 Cuando Israel era niño, lo amé,
y de Egipto llamé a mi hijo.

Se nos sitúa en los albores de la historia de Israel. Con el éxodo comienza para Oseas la historia del pueblo de Dios. El éxodo lo recuerda muchas veces (cfr. Os 2,17; 9,10; 12,10; 13,4) presentándolo como el tiempo ideal de las relaciones entre Dios e Israel, como el tiempo de su noviazgo.

Oseas es el primer profeta que subraya cómo el móvil profundo de toda la historia de Israel, y de la salvación, es el amor paterno de Dios hacia su pueblo, llamado hijo. Estas relaciones paterno-filiales implican una intensa corriente de afecto y de entrega y confieren un significado muy íntimo a las relaciones establecidas por la alianza. La noción de hijo proviene de la más antigua y genuina tradición de Israel. El apelativo lo encontramos también referido a Israel en Ex 4,22; Dt 32,6; Is 1,1s; Jer 3,19.

Tratando a Israel como hijo, Yahvé le reconoce una dignidad real y sapiencial.

Mt 2,15 aplica típicamente este versículo a Jesús, que vuelve a Palestina tras la huida a Egipto.

Los ídolos (2)

2 Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí:
ofrecían sacrificios a los Baales,
e incienso a los ídolos.

Este versículo presenta la historia de Israel como una historia de decepciones. Al parecer desde el principio los cultos cananeos ejercieron una fascinante atracción sobre Israel.

Amor paterno (3-4)

3 Yo enseñé a caminar a Efraín,
tomándole por los brazos,
pero ellos no sabían que yo los cuidaba.
4 Con cuerdas humanas los atraía,
con lazos de amor;
yo era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla,
me inclinaba hacia él y le daba de comer.

Se desarrolla ahora la imagen del amor paterno de Dios hacia Israel. Dios actuó con su pueblo como hace un padre que enseña a andar a su hijo y lo lleva en brazos (Dt 1,31; 32,11). En el v.3c aparece también la imagen del médico, aunque el verbo cuidar (curar) se utiliza también para significar la liberación de peligros políticos (cfr. Os 7 ,1).

El v.4 subraya nuevamente la ternura de Yahvé para con Israel. Dios trató de tenerle vinculado a sí con lazos humanos y de amor. Vínculos humanos son los que se establecen entre los hombres, es decir, conscientes y profundos.

Otra imagen utilizada es la del padre que levanta al niño hasta la altura del rostro para besarle. Me inclinaba hacia él: la condescendencia de Yahvé llegó hasta facilitarle el alimento a Israel.

Infidelidad y apostasía (5-7)

5 Pues volverá al país de Egipto,
y Asur será su rey,
porque se han negado a convertirse.
6 La espada hará estragos en sus ciudades,
aniquilará sus cerrojos
y devorará por sus maquinaciones.
7 Mi pueblo está acostumbrado a apostatar de mí;
cuando invocan a lo alto,
nadie los levanta.

Tras esta descripción del amor paterno, el profeta insiste en la infidelidad de Israel con respecto a la alianza y sobre el castigo (educativo). Israel se niega a volver a. Dios y busca su protección en Egipto. La vuelta a Egipto está en perfecta antítesis con la llamada desde Egipto presentada antes (v.1) como liberación. Asur dominará Israel.

Destierro (Egipto), dominación (Asur) y guerra (v.6) será el castigo de la infidelidad.

El texto del v.7 está corrompido. Parece que se trata de las razones del resentimiento divino: Israel se abandona a los ídolos. La expresión mi pueblo intensifica el dolor del amor divino traicionado. La comprobación del silencio de los baales contrasta con los cuidados paternales de Dios, antes descritos.

Misericordia divina (8)

8 ¿Cómo voy a entregarte, Efraín,
cómo voy a soltarte, Israel?
¿Voy a entregarte como a Admá,
y tratarte como a Seboín?
Mi corazón se convulsiona dentro de mí,
y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas.

Brusco cambio en los sentimientos divinos. Un fragmento de elegía pone en evidencia la infinita misericordia de Dios, trascendente a toda humana inteligencia.

Pese a la actitud de Israel, Dios no puede destruir a su pueblo, no puede abandonarlo. Las ciudades que se nombran son como las antiguas Sodoma y Gomorra, ejemplos de destrucción radical y total.

El corazón de Dios se revela contra este pensamiento, cambia de propósito y abandona la severidad por la misericordia. En vez de la conversión del pueblo, se habla ahora de una especie de conversión de Dios: la misericordia se impone en El a la cólera. El antropomorfismo no deja de sorprender.

La santidad divina (9)

9 No daré curso al furor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque soy Dios, no hombre;
el Santo en medio de ti,
y no vendré con ira.

Estamos ante la expresión tal vez más elevada de la teología del amor de Oseas. Dios no actúa por impulso ciego e irracional, como los hombres; no está sometido a pasiones o cambios. Una vez que escogió a Israel como hijo, no puede negarle su amor: no lo destruirá. Soy Dios, no hombre. El es santo y sumamente bueno cuando actúa. Esta idea de Dios es muy elevada. Toda la historia de Israel, y de la salvación, no es sino una proyección en el tiempo de la ternura divina.

Retorno de la diáspora (10-11)

10 Marcharán tras Yahvé,
él rugirá como león;
y cuando ruja,
los hijos vendrán temblando de occidente,
11 temblarán como un pajarillo al venir de Egipto,
como una paloma desde el país de Asiria;
y yo los haré habitar en sus casas -oráculo de Yahvé-.

En el v.10 se alude a la vuelta del destierro que vendría después de la destrucción de Samaría. Yahvé convoca a Israel con un rugido.

El v.11 describe el retorno. Las comparaciones con los pajarillos y las palomas indican la facilidad y rapidez del retorno. El bienestar queda sintetizado en el hecho de que habitan tranquilamente en sus casas.

Resumen

Oseas 11 es en cuanto a su doctrina uno de los textos más ricos y profundos de todo el AT. Dios se revela corno padre tierno y amoroso de Israel, su hijo primogénito (Ex 4,22). Este amor explica la elección y la historia de Israel: incluido el castigo (curativo) que le aplica a causa de su infidelidad (vv. 5-7), lo lleva a cabo de mala gana. La cólera querría destruir pero la misericordia y el amor se imponen. Yahvé no cambia, como el hombre sino que permanece fiel a la primera elección, a pesar de las decepciones. La última, palabra no es, pues, de venganza sino de piedad.

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Una respuesta to “El amor divino (Os 11,1-11)”

  1. María Dolores Cruz Says:

    Pero no es amor paterno, sino materno. Da mas la imagen de una madre que la de un padre.


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