Presentación el powerpoint de los profetas Joél, Abdías y Jonás

13 junio, 2010

A continuación te transcribo el texto de la presentación:

Los profetas de datación incierta Abdías, Joel y Jonás

Recogemos en este tema tres libros proféticos que contienen alguna peculiaridad por lo que es más pedagógico estudiarlos aparte. Abdías por su brevedad; Joel, por la especial dificultad de datación; y Jonás, por tener características propias de un libro sapiencial.

EL PROFETA ABDÍAS

La persona del profeta Abdías

Fuera de este libro, no tenemos en las fuentes bíblicas información alguna sobre la vida y la obra del profeta. El nombre de Abdías (‘obadyah, derivado de ‘obad-yhwh) significa “siervo del Señor”, que viene a ser como una definición de la misión del profeta. En este dato se apoyan muchos comentaristas que mantienen la hipótesis de que podría ser un pseudónimo a quien, como ocurre con Malaquías, se le adjudicara este texto que ya existía independiente con anterioridad. De todas formas este nombre es bastante frecuente (11 veces) en el AT; una tradición judía recogida en el Talmud, supone que Abdías era el piadoso ministro de Ajab (cfr 1Re 18,3-16), pero está poco fundamentada.

El libro deja entrever que Abdías pertenecía a aquella corriente de pensamiento que fue surgiendo paulatinamente en círculos bastante extensos del Judaísmo postexilico y que se caracterizaba por su cerrado nacionalismo de tipo exclusivista y, con frecuencia, revanchista y vengativo.

El libro de Abdías Problemas críticos

El libro de Abdías es el más corto de todo el AT, sólo 21 versículos. A pesar de ello plantea una serie de problemas para los que la ciencia bíblica no ha encontrado solución satisfactoria; entre ellos, los más relevantes son el del tiempo de su composición y el de su unidad literaria. Ya san Jerónimo escribió: “Quanto brevius est, tanto difficilius” (Com. In Abdias, PL 25,1578). Todavía hoy siguen debatiéndose problemas de cronología, de estructura, de dependencia con otros libros bíblicos, etc. En cuanto a la fecha de composición las posiciones oscilan entre los que lo sitúan en el siglo IX y los que lo desplazan a la época griega.

Si se supone que los versículos 10-14 reflejan la invasión de Judá y Jerusalén en el siglo IX (cfr 2Cro 21,16-17), el libro pertenecería a esa época. Si, en cambio, los vv denuncian la crueldad de Edom en el año 586, el libro sería del siglo VI, como opinan la mayoría. Todavía algunos piensan que el contenido escatológico del libro induce a datarlo en el siglo III. Una relación más detallada de estas hipótesis puede verse en E. Olavarri, Cronología y estructura literaria del oráculo escatológico de Abdías, en “Estudios Bíblicos” 22 (1963) 303-321. En el canon está en 4º lugar, después de Amós, lo cual es un indicio de que era considerado como muy antiguo.

Pensamos que el marco histórico mejor reflejado en el libro es el que va desde la caída de Jerusalén en el 587 hasta el 312 en que Edom fue conquistado por los Nabateos. En cuanto a la unidad literaria las opiniones son divergentes y pueden reducirse a dos:

a) Una hipótesis mantiene que el libro es una colección de oráculos de distinto autor y época. Las razones son las siguientes: los vv. 2-10 se encuentran con pequeñas variantes en Jer 49,7-22; hay un cambio de perspectiva y de papeles en la segunda sección, pues mientras en la primera las naciones juegan el papel de instrumento divino en el juicio contra Edom, en la segunda pasan a ser objeto del juicio de Dios, siendo Israel el instrumento de esta condenación de las naciones. Ahora bien, el libro es demasiado breve para descubrir con claridad etapas de composición diferentes y alejadas unas de otras.

b) Otra defiende que el libro forma una unidad literaria. En el estado actual de la ciencia bíblica ésta es la hipótesis más generalizada. Las razones en que se apoya son las siguientes: el tema del “día del Señor” es una constante en las dos secciones; en ambas se repiten fórmulas y expresiones idénticas (v. 15b comparado con 16-18); la transición del plano histórico al plano escatológico es un cliché constante en la literatura profética de tipo apocalíptico.

Estructura y estilo del libro de Abdías

División del libro de Abdías • Título (1,1a) • I. Oráculo contra Edom (1,1b-7) – Juicio divino contra Edom (1,1b-4) – Anuncio de la ruina de Edom (1,5-7) • II. Pliego de cargos contra Edom (1,8-14) • III. El día del Señor (1,15-16) – Juicio de Dios (1,15-16) – El resto de los salvados (1,17-18) – Restauración escatológica del reino de Dios (1,19-21)

El inicio del libro «Visión de Abdías» es conocido por otros libros proféticos, como Is 1,1 y Na 1,1, en el sentido de mensaje profético. A pesar de ser un libro tan breve y aun prescindiendo del problema de los dos redactores, es fácil distinguir dos secciones.

Esta estructura parece la más coherente: el v. 15 marca la división de los dos bloques con la referencia explícita de la ley del talión: “Como tú has hecho, se te hará”. Sin embargo, se siguen proponiendo otras: la primera parte (vv. 1-7) refiere el castigo de Edom, en relación íntima con Jer 49; la segunda parte (vv. 8-21) describe el día del Señor, como condena definitiva de Edom (vv. 8-11) y como condena del resto de los pueblos (vv. 15-21). Cfr J.M. Abrego, Los libros proféticos, Estella 1993, pp. 188-189.

La primera (vv.1-14) es un oráculo de maldición y condenación sobre Edom. Esta maldición es presentada como el “Día de Yahweh” sobre Edom, en dependencia del oráculo del profeta de Técoa (Am 1,11-12). Toda ella se mueve en un esquema típico de oráculo contra las naciones, basado en datos históricos.

La segunda sección (15-18) viene a ser una transposición de la primera. Del plano histórico se pasa al plano apocalíptico. El “Día de Yahwéh” sobre Edom es ahora el “Día del Señor” sobre las naciones. Estas son destruidas mientras que Jerusalén es restaurada (vv.19-21). Como se ha indicado. Algunos comentaristas piensan que este último oráculo redactado en prosa es adición tardía para dar explicación razonable al tono severo y cargado de nacionalismo del libro. Cfr P.R. Acroyd, Obadaia (Book of), en “The Anchor Bible Dictionary”, t. 5, New York 1992, p. 24.

Contenido doctrinal de Abdías

Dado el carácter apasionado de espíritu de venganza y de nacionalismo, el valor de este libro radica en su aspecto documental y de testimonio. Por una parte recuerda las etapas de lenta ascensión por las que el AT llegó hasta el NT. En otro sentido, es un testimonio valioso de la situación emocional, espiritual y psicológica de una parte de la comunidad judía en un momento concreto de su historia.

En la escala de valores aceptada y ratificada por el espíritu cristiano, esta postura ha quedado completamente superada. De hecho este libro nunca aparece citado en el NT. Con todo, subyace un mensaje de esperanza para el “resto santo”, llamado a recobrar las posesiones (v. 17) y a permanecer incólume el “día del Señor”.

El profeta Joel • La persona del profeta • El libro: problemas críticos • Estructura y estilo del libro – Primera parte (1-2) – Segunda parte (3-4) • Contenido doctrinal • Profecía sobre la efusión del Espíritu de Dios (3,15)

EL PROFETA JOEL

La persona del profeta Joel

Etimológicamente Joel (yôel) significa «el Señor es Dios», pero este dato apenas es relevante pues este nombre aparece varias veces en el AT. Era hijo de Petuel (1,1) y, aunque nada más puede afirmarse con certeza de él, parece deducirse que vivía en Judá (1,6; 2,1.15.23) y probablemente en Jerusalén, donde mantenía estrechos lazos con los círculos más cultos, como lo demuestran sus dotes poéticas. Quizás vivió cerca del Templo (cfr 2,1; 4,17), pero ni siquiera se puede afirmar que fuera un profesional del culto. Por otra parte, conocía bien el campo, las faenas agrícolas y las circunstancias desfavorables que con frecuencia asolaban las cosechas.

El libro de Joel: problemas críticos

Dos problemas plantea el libro de Joel: la unidad literaria y el tiempo de composición. Respecto al primero las posiciones de los comentaristas están divididas. Hasta el año 1940 la mayoría se inclinaba por la dualidad de autores; en estos últimos años prevalece la corriente que se inclina por la unidad literaria, por dos razones: un mismo tema recorre toda la obra; por otra parte, el estilo fluido y armonioso es también constante en todo el libro.

Es posible que la discusión de estos dos problemas haya desviado la atención de los comentaristas, que han dejado en segundo plano su tarea fundamental de interpretar adecuadamente el texto. Todavía hoy se sigue aceptando o negando, o criticando la opinión que B. Dhun propuso en 1911, que el autor de la primera parte era un poeta excelente, mientras que el de la segunda (caps. 3 y 4) era un predicador mediocre de la sinagoga. Actualmente se acepta la unidad de autor y la unidad temática. Cfr H.W. Wolf, Joel and Amos, Philadelphia 1977, p. 5.

Respecto a la fecha de composición, suele señalarse el período postexílico como el más probable. Y dentro de este período, parece que el libro fue escrito a finales del siglo V o principios del IV. Las razones son las siguientes: supone que la monarquía ha desaparecido (3,2-3); que el templo y las murallas ya están construidas (1,13-14; 2,9.15-17); que el sacerdocio y el culto son predominantes (1,1314; 2,12-17); que aparecen citas o menciones de escritos anteriores.

Estructura y estilo del libro de Joel

División del libro de Joel • I. Tiempo de desgracias (1,2-2,17) – Devastación del país por la plaga de las langostas (1,2-12) – Exhortación a la conversión (1,13-20) – Se acerca el día del Señor (2,1-2a) – El “pueblo” invasor (2,2b-11) – Ahora es el tiempo de conversión (2,12-16) – Plegaria sacerdotal de perdón (2,17)

• II. La efusión del Espíritu y el día del Señor (2,18-4,21) – Respuestas del Señor. Final del castigo (2,18-20) – Anuncio de prosperidad (2,21-27) – La efusión del Espíritu (3,1-5) – Juicio de las naciones (4,1-8) – Llamada a la guerra santa de paz (4,9-13) – El día del Señor (4,14-17) – Restauración del Israel escatológico (4,18-21)

El libro gira en torno al “día del Señor”: en la primera parte, la plga de langosta y la sequía son explicadas por el Profeta como el día en el que el Señor castiga a su pueblo y le exige penitencia (cfr Dt 28,38); en la segunda, este día es explicado como futura bendición de Israel y condena de las naciones.

Comprende dos partes netamente diferenciadas. La primera se mueve en el plano histórico-descriptivo y tiene como punto de partida una terrible plaga de langostas que, unida a una tremenda sequía, destruye las cosechas; esto provoca una ceremonia penitencial y unas rogativas a las que el Señor responde con la promesa de terminar con el azote y de devolver la abundancia. En la segunda parte el autor se remonta, lo mismo que Abdías, al plano escatológico. Tres aspectos integran este plano: la efusión del espíritu, el juicio sobre las naciones y la restauración paradisíaca.

Primera parte: Invasión de las langostas (caps. 12).Comienza con una descripción angustiosa de la plaga de langostas que asola las cosechas (1,1-12): la única respuesta posible es hacer penitencia porque ha llegado el día del Señor (1,13-16). Una nueva catástrofe se añade, la sequía (1,17-20). Ambas desgracias, langosta y sequía, se describen con la imagen de un poderoso enemigo invasor, que es imposible detener (2,1-11); sólo la conversión sincera puede alcanzar de Dios el perdón y el cese del castigo (2,12-18).

El oráculo final (2,19-27) es la respuesta de Dios, anunciando el final de las langostas y de la sequía y haciendo que vuelvan las bendiciones tradicionales. En esta parte el Día de Yahweh (1,15; 2,1-2.11) es todavía un castigo por las faltas de la comunidad. P.R. Andiñach, The Locusts in the message of Joel, en “Vetus Testamentum” 42 (1993) 433-441.

Segunda parte: Sección escatológica (caps. 3-4).La promesa de la efusión del Espíritu sobre todo el pueblo abarca el cap. 3 entero. El capítulo cuarto es puramente escatológico: batalla escatológica (4,1-17); restauración de Jerusalén (4,18-21). El punto de partida son las bendiciones materiales, prometidas en la parte anterior, que son interpretadas como signo de las bendiciones espirituales. El Día de Yahweh, terrible para Judá en el plano histórico, era solamente como contrasigno indicador del nuevo Día de Yahweh, que abrirá para Judá una etapa de bonanza paradisíaca.

Cabe otra división que pone más de relieve la unidad literaria del libro: Introducción, a partir de las plagas agrícolas (1,1-4). Primera parte: invasión y destrucción del país y rito del pueblo a Dios, pidiendo ayuda (1,5-2,17). Segunda parte: Respuesta davídica con la promesa de fertilidad y justicia (2,18-4,17). Epílogo: Un oráculo sobre la restauración divina de Israel (c, 18-21). Cfr H.W. Wolff, Joel and Amos, Philadelphia 1977, pp. 6-8.

Contenido doctrinal de Joel

La primera parte es una rica enseñanza sobre el comportamiento y la pedagogía de Dios en la educación de su pueblo a lo largo de la historia. A la luz de la Alianza, Israel sabía que todos los acontecimientos tenían un valor de signo, la Palabra de Dios; especialmente los grandes desastres tanto históricos como naturales jugaban en la pedagogía divina el papel de castigo por los pecados del pueblo.

Partiendo de esta doctrina, Joel construye una de las más perfectas liturgias de conversión, con los elementos siguientes: denuncia del pecado (1,2-12); convocación al pueblo (1,14; 2,1.15.16); ritos penitenciales (1,14; 2,12); llamada a la conversión de corazón (2,13-14); oración de súplica (2,17); respuesta del Señor (2,18-19).

Profecía sobre la efusión del Espíritu de Dios (Joel 3,1-5)

El breve capítulo tercero es una oráculo escatológico en el que aparecen dos elementos clásicos del «día del Señor», los prodigios cósmicos que lo acompañan (vv. 3-4), y la salvación definitiva de los que invocan el nombre del Señor, del “resto” (v. 5). Ambos temas eran frecuentes en las secciones escatológicas de los profetas clásicos (cfr Is 24-27; 3435; Ez 38-39; Za 14).

En cambio, son específicos de este libro los dos versículos (vv. 1-2) que anuncian para el día del Señor un acontecimiento nunca visto, la efusión del Espíritu Santo: «Y después de esto, yo derramaré mi espíritu sobre toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros jóvenes visiones. Y hasta sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días» (Joel 3,12).

En el Pentateuco (Num 11,24-30) se narra la participación del espíritu de Moisés, espíritu profético, por parte de los ancianos; allí queda plasmado el deseo utópico de Moisés: «¡Quién me diera que todo el pueblo del Señor profetizara, porque el Señor les concediera el espíritu!» (Num 11,29).

La profecía de Joel concreta aquel deseo y anuncia que el «día del Señor» («aquel día») el espíritu no sólo se repartirá, sino que impregnará como el agua (el verbo utilizado se aplica al agua que empapa lo que toca) a todo hombre, sin distinción de sexo, ni de edad, ni de condición social. Probablemente en Joel «mi espíritu» indica sólo la acción directa de Dios; la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés ilumina y lleva a plenitud este oráculo, según el testimonio de Lucas (Hech 2,17-21).

EL PROFETA JONÁS

El libro de Jonás: problemas críticos

División del libro de Jonás • I. Misión de Dios a Jonás (1,1-2,11) – Misión profética y huida de Jonás (1,1-3) – La tormenta (1,4-16) – Jonás en el vientre de la ballena (2,1-3a) – Salmo de acción de gracias (2,3b-11) • II. Jonás en Nínive (3,1-4,11) – Predicación de Jonás en Nínive (3,1-4) – Penitencia de los ninivitas (3,5-10) – Despecho de Jonás (4,1-8) – Reprensión divina y razón de la misericordia de Dios (4,9-11)

El libro no recoge una profecía propiamente dicha, sino un relato con un protagonista llamado Jonás. Su nombre, tomado de 2 Reg 14,25 (Jonás ben Amitay) y su mensaje de penitencia, dirigido a Nínive, indujeron a considerarlo como profeta. No contiene ningún oráculo en sentido estricto, pues no se puede considerar como tal Jon 3,4; no hay un mensaje expresado con la fórmula del mensajero; ni siquiera aparece el término profeta o profetizar. Las únicas palabras que pueden considerarse proféticas son «Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada» (3,4).

El relato consta de tres episodios enlazados, cada uno de los cuales podría tener sentido en sí mismo: -el primero narra el encargo recibido por Jonás de predicar la conversión de Nínive, la ciudad pagana por excelencia, la huida del profeta “lejos del Señor” hacia Tarsis, país de oro y riqueza, y el rechazo de los marineros, paganos, pero temerosos de Dios que le arrojan al mar (Jon 1).

Este episodio culmina con el salmo de confianza que Jonás recita en el vientre del pez y que consigue ser devuelto por el cetáceo en la orilla.

Muchos comentaristas han planteado la posibilidad de que este himno, que parece un florilegio de invocaciones tomadas de salmos ya conocidos, fuera una interpolación tardía, pues no parece encajar en la secuencia de los relatos

Modernamente, sin embargo, se insiste en que no rompe la unidad del libro, ya que este salmo refleja bien la perspectiva irónica del autor. Más complejo es el problema que plantea el uso de los distintos nombres de Dios: en los capítulo 1-2 aparece el nombre de Yahwh (3,1-3 y 4,1-5), pero en el desarrollo de los mismos se utiliza el nombre de Elohim. Quizás es señal de que el libro estaba escrito con intencionalidad “ecuménica”, para lectores tanto judíos como paganos.

-El segundo episodio relata cómo Dios reitera a Jonás la orden de predicar la conversión a Nínive y él la ejecuta; la ciudad hace penitencia y el castigo previsto se suspende (Jon 3)

-El tercero y último relato Jonás se irrita ante el perdón otorgado a Nínive, y recibe una nueva lección sobre el alcance de la misericordia divina: el ricino que constituía su gozo, se seca y se pierde; ante esa circunstancia Jonás se entristece profundamente. Dios le hace ver la moraleja: Si un hombre es capaz de tener lástima por un arbusto, ¿cuál será la solicitud de Dios por una ciudad tan poblada, como Nínive?

Género literario de Jonás

Durante muchos siglos se ha interpretado como libro histórico: el profeta Jonás, mencionado en 2Re 14,25 habría conseguido la conversión de Nínive en el siglo VIII. Pero son muchas las dificultades que tal hipótesis comporta, sobre todo la falta de datos concretos: no se dice cuál es el origen del profeta, ni el nombre del rey de Nínive, ni dónde lo vomita el pez, etc.

Otros han supuesto que es una alegoría fácilmente comprensible hasta por los más sencillos: Jonás (que representa al pueblo) conoce la omnipresencia de Dios (1,9) y la misión recibida de enseñarla a las naciones, pero lo evita. Conoce la misericordia divina (4,2), pero le cuesta admitir que alcance también a los paganos. Sólo después de ser tragado por el monstruo (que representa la deportación) comenzaría a ser consciente con su misión.

Esta explicación alegórica es sugerente, pero deja muchos datos sin explicar: la función del ricino, el sentido de los marineros paganos, pero piadosos, etc.

Más bien parece una narración sapiencial, al estilo de Tobías, Ester o Rut, escrita para transmitir una enseñanza. Lo específico es la doctrina o doctrinas que transmite, aunque algunos elementos de la narración resulten inverosímiles o extraños. Si se consideró un libro profético, es porque su mensaje coincide con el de los demás libros proféticos.

El estilo brillante, las imágenes sugestivas y la lengua arameizante (cfr 1,5.6.7; 3,7; 4,11) son la base para datar el libro en el postexilio; además, en esos años, a la vuelta del destierro, se agudizó entre muchos repatriados el nacionalismo excesivo que en este libro se ridiculiza. Por otra parte, no se puede retrasar demasiado su composición, porque en la época helenística (s. III) ya era conocido: formaba parte del códice de los doce profetas mencionado en Ben Sirac (Sir 49,10) ya aparece aludido en el libro de Tobías (Tob 14,4.8).

Contenido doctrinal de Jonás

La enseñanza central de este magnífico libro es el dominio de Dios sobre todas las naciones, no sólo sobre el pueblo de Israel: Dios puede condenar a Nínive o a cualquier nación pagana, como anunciaban los “oráculos contra las naciones” de los profetas clásicos, pero -y esto es lo específico de Jonástambién puede tener misericordia de ellas y perdonarlas.

Y, sobre todo, el relato ridiculiza el particularismo de algunos judíos repatriados que negaban la salvación de los paganos, a no ser que, al convertirse, se unieran con todas las consecuencias al pueblo elegido y asumieran su ley. Es, por tanto, la reacción de un hombre de gran apertura sapiencial, probablemente de la época de la reforma de Esdras-Nehemías, en la que la comunidad tendía a encerrarse en sí misma, olvidándose de ser testigo del Señor ante el mundo al que tiene que llevar la bendición a Abraham.

El libro de Jonás, que contiene una doctrina similar a la que se exponía en la tercera parte de Isaías, prepara la venida del «Israel de Dios» (cfr Rom 9,68.29-30). Mensaje de sustancia profundamente profética con una presentación midrásica y sapiencial. Nuestro Señor citará el episodio de Jonás, como signo de su propia sepultura, de la que al tercer día habría de resucitar (Mt 12,38-42; 16,1-4; Lc 11,21-32).

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2 comentarios to “Presentación el powerpoint de los profetas Joél, Abdías y Jonás”


  1. [...] Aquí encontrarás unapresentación en powerpoint donde se trata de los tres a la vez [...]

    • juan carlos Says:

      saludos interesante comentario me gustaria si me pueden mandar ami correo en power point del profetas menors
      saludos


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