La vocación del profeta Jeremías (Jer 1,1-10.17-19)

22 julio, 2010

Hemos quitado los vv.11-16, porque interrumpen el fluir de los pensamientos entre 1,1-10 y 17-19, estrechamente unidos tanto conceptual como estilísticamente.

El capítulo 1 podemos dividirlo así:

  • 1-3: introducción
  • 4-10: vocación de Jeremías
  • 11-16: visiones de confirmación
  • 17-19: conclusión

1,1 Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, de los sacerdotes de Anatot, en la tierra de Benjamín, (2) a quien fue dirigida la palabra de Yahvé en tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, el año trece de su reinado; (3) y también en tiempo de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, hasta cumplirse el año undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el destierro de Jerusalén, en el mes quinto.

4 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
5 Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía,
y antes que nacieses, te tenía consagrado:
yo profeta de las naciones te constituí.
6 Yo dije: ” ¡Ah, Señor Yahvé! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho.”
7 Y me dijo Yahvé:
No digas: “Soy un muchacho”,
pues adondequiera que yo te envíe irás,
y todo lo que te mande dirás.
8 No les tengas miedo,
que contigo estoy para salvarte
-oráculo de Yahvé-.
9 Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé:
Mira que he puesto mis palabras en tu boca.
10 Desde hoy mismo te doy autoridad
sobre las gentes y sobre los reinos
para extirpar y destruir,
para perder y derrocar,
para reconstruir y plantar.
(…)
17 Por tu parte, te apretarás el cinto,
te pondrás firme y les dirás cuanto yo te mande.
No desmayes ante ellos,
que yo no te haré desmayar;
18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido
en plaza fuerte, en pilar de hierro,
en muralla de bronce frente a toda esta tierra,
así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes,
de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra.
19 Te harán la guerra,
mas no podrán contigo,
pues contigo estoy yo -oráculo de Yahvé- para salvarte.”

Introducción (1-3)

1,1 Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, de los sacerdotes de Anatot, en la tierra de Benjamín, (2) a quien fue dirigida la palabra de Yahvé en tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, el año trece de su reinado; (3) y también en tiempo de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, hasta cumplirse el año undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el destierro de Jerusalén, en el mes quinto.

Jeremías comenzó a profetizar el año trece de Josías (626) hasta el año once de Sedecías.

Se señala que el libro contiene la Palabra de Dios (2), aunque pronunciada y encarnada por Jeremías: Palabras de Jeremías (1). Pero no es palabra suya, ni formula sus pensamientos, sino que a través de él es Dios quien habla al pueblo. En hebreo la expresión: me dirigió (dijo) Yahvé la Palabra… no significa simplemente que se le comunicó algo, para eso está el verbo decir. Con esta expresión se quiere decir algo más, se trata de un hablar en profundidad; o sea comunicar algo pero llegando al corazón de quien escucha y provocando un cambio en su interior. Se trata de una palabra que quiere transformar nuestra vida según ella.

La elección divina (4-5)

4 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:
5 Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía,
y antes que nacieses, te tenía consagrado:
yo profeta de las naciones te constituí
.

Se presenta la elección con gran sencillez y sobriedad (a diferencia de Is 6,1-4 y Ez 1,1-28). Apuntamos algo importante: no es Jeremías quien decide ser profeta sino que el Señor le llama primero. La certeza de que Dios nos ha hablado al corazón primero, o dicho de otro modo, que nos ha amado primero y desde el principio es un principio central de toda la Escritura. En los pueblos antiguos ante el mal (enfermedades, desastres, guerras, etc) se ejercía un complejo ritual de sacrificios para atraer el favor (el amor) de las divinidades. No es esta la experiencia de Israel. No es su esfuerzo el que consigue el favor de Yahvé, es Dios mismo quien toma la iniciativa y se adelanta siempre a ayudar a su pueblo (p.e. Ex 3,7-8: He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para librarlo). Así es como Israel descubre y se convence del amor que Dios le tiene.

Ya desde el principio le sitúa en la condición de criatura: Antes de haberte formado yo en el vientre(5). ¿Qué significa esta expresión? La antropología semita entendía la vida como un don de Dios. Los israelitas suponían que el varón plantaba una semilla en la mujer, pero no por eso se generaba un hombre. Realmente se concebía un nuevo ser cuando Dios otorgaba el don de la vida a la simiente sembrada en la esposa. La concepción requería del varón y la mujer, pero dependía del don de la vida regalado por Dios a la criatura. Por eso era un ser distinto de sus padres, surgido del don de Dios mediante sus padres. Por tanto, antes de que Dios le otorgará el don de la vida ya existía Jeremías en el proyecto de Dios. El Señor tenía un proyecto sobre la vida de Jeremías, porque tiene un proyecto para la vida de toda persona y sobre el universo entero (Gen 1,2). Las religiones de Mesopotamia presentan dioses que también tienen planes sobre el hombre y el mundo. Planes tiránicos y que hacían del hombre un esclavo de sus caprichos. El plan de Dios es distinto, no esclaviza al hombre sino que le permite experimentar la amistad de un Dios que le ha dado un mundo donde habitar y dominarlo. Dios desea hacernos felices. El proyecto divino sobre Jeremías aparece bajo tres aspectos:

  • 1) Te conocía. Cuando Dios afirma conocer a alguien significa además proteger y cuidar (Sal 144,3). Dios conoce a Jeremías como una madre, le protege antes de nacer y le cuida desde el seno. Dios nos conoce porque teje nuestras entrañas desde el seno materno (Sal 139,13) y nos protege durante toda nuestra vida (Sal 139,5). Es Dios quien modela la sustancia, la existencia y el devenir; esto se expresa por el verbo yada: te conocí, es decir, orienté tu destino, fijé el desenvolvimiento de tu vida (cfr. Jue 13,5 para Sansón; Is 49,5 para el Siervo de Yahvé; Gal 1,15 para Pablo). Podemos simplificar diciendo que aquí consideramos a Dios como padre y madre.
  • 2) Te tenía consagrado. Se trata aquí de esa percepción nueva de la vocación que hace advertir con mayor intensidad que todo en su vida estaba orientado en orden a una tarea concreta querida por Dios. Jeremías sabe ahora por Dios mismo que había sido consagrado para él desde siempre. Esto se expresa por el verbo qds: ser santo en su forma hifil: santificar, que expresa poner algo aparte del mundo profano a fin de reservarlo para la divinidad. También vemos aquí a Dios como un amigo que le comunica su propia intimidad. Solo la santidad de Dios puede hacerle santo o consagrado..
  • 3) Te constituí profeta de las naciones. La expresión profeta de las naciones debe entenderse en el sentido de que la suerte de Israel, pueblo al que Jeremías era directamente enviado, afectaba indirectamente a los demás (cfr. capítulos 27 y 45-49). Jeremías será profeta porque su forma de pensar, hablar y vivir revelará al pueblo las entrañas de Dios. Un Dios madre que le ha conocido y tejido desde el seno y que como un amigo le ha mostrado su intimidad consagrándolo, ahora le da una misión universal. Vemos aquí al Dios Único y Universal (de todos).

La respuesta (6)

6 Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho”

La respuesta de Jeremías suena a excusa, a que se prescinda de él y se busque a otro; da la impresión de ser un cobarde. Pero lo que ocurre es más bien que mide sus fuerzas y ve la misión, y concluye que no sabe hablar, hablar como habla Dios que habla al corazón y en profundidad. Además carece de autoridad, se siente un niño, y a los muchachos la sociedad de su tiempo les exigía escuchar y no hablar (Job 32,6). A esto hay que añadir su procedencia rural que quizá le acomplejara algo.

Pese a todo esto, se percibe también en la respuesta una gran confianza con Dios, p.e. no queda aterrorizado de poder escuchar y hablar con Dios, con lo cual manifiesta también tener bastante personalidad, además de una íntima familiaridad (parece estar habituado al coloquio íntimo con Dios). Este trato personal y profundo con Dios constituirá una de las características de su espiritualidad.

La orden del Señor (7-8)

7 Y me dijo Yahvé:
No digas: “Soy un muchacho”,
pues adondequiera que yo te envíe irás,
y todo lo que te mande dirás.
8 No les tengas miedo,
que contigo estoy para salvarte
-oráculo de Yahvé-.

No digas: “soy un muchacho”. Es decir, deja de pensar sólo en términos humanos y ábrete a las posibilidades que Dios te ofrece. La Palabra se impone. El profeta ha de ser la persona forjada por la Palabra. El Señor forjará con su palabra la existencia de Jeremías: Irás… dirás: equivale a decir tienes que ir y decir. Dios pide al hombre esta obediencia plena, abandono de la propia vida en sus manos, la fe en la convicción de que Dios puede realizar lo que quiere, incluso con instrumentos poco eficaces. Dios cuenta con eso para la tarea encomendada.

No les tengas miedo. Cuando Dios se dirige a sus amigos les dice: no temas (Gen 15,1; 21,17, etc.). La fuerza de Jeremías brota de la decisión de Dios: Yo estoy contigo, aquí se resalta también como Dios acompaña a su pueblo y a sus elegidos. Pero aunque Jeremías sabe que su vida está en las manos de Dios, a menudo no percibe esta proximidad del Señor y se quejará en un grupo de textos llamados: Confesiones de Jeremías (Jer 11,18-12,6; 15,10-21; 17,14-18; 18,18-23; 20,7-18). Pero, al final, siempre será más fuerte la certeza de esa presencia fiel de Dios.

Para salvarte: Dios estará con él no solo como mera asistencia, sino que Dios mismo tomará parte en la misión que le encomienda y así la garantía de éxito está asegurada (Gen 26,3.24; 28,15; 13,3.5; 35,3; 39,2.21.23; 48,21; Ex 3,12; Nm 2,7;20,1;31,8.23; Jos 1,5.9; 3,7; 6,27; Jue 1,19; 2,18; 6,12.16; 1 Sam 3,19, etc). Al decirle que le salvará implícitamente le dice que no le evitará el sufrimiento ni el miedo. La idea de Dios salvador envuelve la escena de la vocación de Jeremías (y 1a de Moisés: Ex 3,1-4.17; y la de Jesús).

La investidura profética (9-10)

9 Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé:
Mira que he puesto mis palabras en tu boca.
10 Desde hoy mismo te doy autoridad
sobre las gentes y sobre los reinos
para extirpar y destruir,
para perder y derrocar,
para reconstruir y plantar.

Ahora se describe una acción simbólica de Dios, por la que deducimos que el profeta fue objeto de una visión además de la audición sobrenatural. Es el mismo acto que en Is 6,6 pero con distinto significado (en Isaías le limpia de culpa y aquí le da un encargo). Al tocarle en la boca Dios personalmente (en Isaías era un ángel), le habilita para la misión: ya no necesitará él buscar palabras, será Dios mismo el que las ponga en su boca (cfr Mt 10,19). Queda investido como portavoz oficial de Dios: te doy autoridad (te pongo al frente: como superintendente) sobre las gentes y los reinos. La palabra divina es aquí entendida como expresión del poder mismo de Dios que se comunica a este joven pueblerino para llevar acabo este plan divino para todo el mundo.

Esta autoridad se concreta en una doble acción (negativa y positiva) dispuesta quiasmáticamente: extirpar y destruir / perder y derrocar / reconstruir y plantar. Se emplean términos agrícolas (campo) y de construcción (ciudad). No se trata de un proceso sucesivo (demoler para construir) sino simultaneo, pero diversificado según las disposiciones que se encuentre en el camino. Extirpar – destruir – perder – derrocar o sea castigar al rebelde y reconstruir – plantar salvar al que acepte la palabra.

La misión (17-19)

17 Por tu parte, te apretarás el cinto,
te pondrás firme y les dirás cuanto yo te mande.
No desmayes ante ellos,
que yo no te haré desmayar;
18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido
en plaza fuerte, en pilar de hierro,
en muralla de bronce frente a toda esta tierra,
así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes,
de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra.
19 Te harán la guerra,
mas no podrán contigo,
pues contigo estoy yo -oráculo de Yahvé- para salvarte.”

Te apretarás el cinto, te pondrás firme: significa prontitud y dedicación al trabajo (1 Re 18;46 es como decir: arremángate), y sobre todo decisión para afrontar la lucha (Job 38,3; 40,7). El profeta deberá ser fuerte ante la reacción hostil que provocará su Palabra. Si no Yo te haré desmayar (ante ellos): porque si se hecha para atrás, incurrirá en una situación que también le avergonzaría, y aún más, ante todos. Esta amenaza, al darse ahora en el desvelamiento del sentido de su vida, parece que persistirá durante toda la vida del profeta. Si se le pide valentía es porque se le da la fuerza necesaria: hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce: resistirá firme ya lo ataque alguien (reyes …jefes: plaza …pilar) o todos (pueblo: muralla).

De nuevo aparecen los oscuros presagios de peligros y si nos fijamos bien no aparecen promesas de consuelos, solo se garantiza que no podrán contigo, podrá resistirles pero no se dice que saldrá vencedor de sus enemigos, los cuales ya se ha dicho antes serán todos: reyes… jefes… sacerdotes… pueblo de la tierra. Solo al final le deja un resquicio de esperanza a Jeremías: pues contigo estoy Yo para salvarte.

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6 comentarios to “La vocación del profeta Jeremías (Jer 1,1-10.17-19)”

  1. Aída Lucía Bohórquez Says:

    Muchas gracias por este ejercicio de excégesis.
    Considero que va a hacer mucho bien en el fortalecimiento de la fe de las estudiantes que tengo a cargo: adolescentes de 14 y 15 años.

  2. jacobo soto Says:

    Que hashem el creador les de màs entendimiento en su palabra gracias shalom

  3. AGUSTIN FRANCISCO VASQUEZ CRUZ Says:

    Tremenda tarea! Hoy en día se necesitan Jeremías. Sin duda que en la actualidad los seres humanos estan lejos de Dios y es necesario hacer un llamado al arrepentimiento! No debemos temer, pues Dios ha puesto en nosotros SU PALABRA!


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