Grandes imágenes del evangelio de Juan: el agua

1 enero, 2011

Seguiremos en este trabajo el estudio de Benedicto XVI en el cap. 8: Las grandes imágenes del evangelio de Juan, en su libro: Jesús de Nazareth.

1) El agua es un elemento primordial de la vida y, por ello, también uno de los símbolos originarios de la humanidad. El hombre la encuentra en distintas formas y, por tanto, con diversas interpretaciones.

2) Pues bien, el simbolismo del agua recorre el cuarto Evangelio de principio a fin.

  • Nos encontramos este simbolismo del agua por primera vez en la conversación con Nicodemo del capítulo 3.
  • Inmediatamente después, en el capítulo 4, encontramos a Jesús junto al pozo de Jacob.
  • En el siguiente capítulo 5, el agua aparece más bien de soslayo. Se trata de la historia del hombre que yace enfermo desde hace treinta y ocho años, y espera curarse al entrar en la piscina de Betesda, pero no encuentra a nadie que le ayude a entrar en ella. Jesús lo cura con su poder ilimitado; Él realiza en el enfermo lo que éste esperaba que ocurriera al entrar en contacto con el agua curativa.
  • En el capítulo 7, que según una convincente hipótesis de los exegetas modernos iba originalmente a continuación del quinto, encontramos a Jesús en la fiesta de las Tiendas, en la que tiene lugar el rito solemne de la ofrenda del agua; sobre esto volveremos enseguida con más detalle.
  • El simbolismo del agua aparece de nuevo en el capítulo 9: Jesús cura a un ciego de nacimiento. El proceso de curación lleva a que el enfermo, siguiendo el mandato de Jesús, se lave en la piscina de Siloé: así logra recuperar la vista. “Siloé, que significa el Enviado”, comenta el evangelista para sus lectores que no conocen el hebreo (Jn 9, 7). Sin embargo, se trata de algo más que de una simple aclaración filológica. Nos indica el verdadero sentido del milagro. En efecto, el “Enviado” es Jesús. En definitiva, es en Jesús y mediante El en donde el ciego se limpia para poder ver. Todo el capítulo se muestra como una explicación del bautismo, que nos hace capaces de ver. Cristo es quien nos da la luz, quien nos abre los ojos mediante el sacramento.
  • Con un significado similar, pero a la vez diferente, en el capítulo 13 -durante la Ultima Cena- aparece el agua con el lavatorio de los pies: antes de cenar Jesús se levanta, se quita el manto, se ciñe una toalla a la cintura, vierte agua en una jofaina y empieza a lavar los pies a los discípulos (cf. Jn 13, 4 s). La humildad de Jesús, que se hace esclavo de los suyos, es el baño purificador de los pies que hace a los hombres dignos de participar en la mesa de Dios.
  • Finalmente, en el capítulo 19, el agua vuelve a aparecer ante nosotros, llena de misterio, al final de la pasión: puesto que Jesús ya había muerto, no le quiebran las piernas, sino que uno de los soldados “con una lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua” (Jn 19, 34). No cabe duda de que aquí Juan quiere referirse a los dos principales sacramentos de la Iglesia -Bautismo y Eucaristía-, que proceden del corazón abierto de Jesús y con los que, de este modo, la Iglesia nace de su costado.

3) Juan retoma una vez más el tema de la sangre y el agua en su Primera Carta, pero dándole una nueva connotación: “Este es el que vino por el agua y por la sangre, Jesucristo; no por agua únicamente, sino por agua y sangre… Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo” (1Jn 5, 6-8). Aquí hay claramente una implicación polémica dirigida a un cristianismo que, si bien reconoce el bautismo de Jesús como un acontecimiento de salvación, no hace lo mismo con su muerte en la cruz. Se trata de un cristianismo que, por así decirlo, sólo quiere la palabra, pero no la carne y la sangre. El cuerpo de Jesús y su muerte no desempeñan ningún papel. Así, lo que queda del cristianismo es sólo “agua“: la palabra sin la corporeidad de Jesús pierde toda su fuerza. El cristianismo se convierte entonces en pura doctrina, puro moralismo y una simple cuestión intelectual, pero le faltan la carne y la sangre. Ya no se acepta el carácter redentor de la sangre de Jesús. Incomoda a la armonía intelectual. ¿Quién puede dejar de ver en esto algunas de las amenazas que sufre nuestro cristianismo actual? El agua y la sangre van unidas; encarnación y cruz, bautismo, palabra y sacramento son inseparables. Y a esta tríada del testimonio hay que añadir el Pneuma. Schnackenburg (Die Johannesbriefe, p. 260) hace notar justamente que, en este contexto, “el testimonio del Espíritu en la Iglesia y a través de la Iglesia se entiende en el sentido de Jn 15, 26; Jn 16, 10“.

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3 comentarios to “Grandes imágenes del evangelio de Juan: el agua”


  1. [...] en el que desempeńan un papel muy importante ciertos contenidos esenciales de la vida humana: el agua, el pan y -como signo del júbilo y belleza del mundo- la vid y el vino. El tema del pan ocupa un [...]


  2. […] Pero tras estos apuntes generales sobre el simbolismo del agua en la historia de las religiones, pas… […]


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