Me presento

17 septiembre, 2007

Debía haberme presentado hace tiempo:

Me llamo Rafael Sanz Carrera, tengo 47 años y nací en Alicante (España). Soy el segundo de cinco hermanos.

Me ordené sacerdote el 26 de mayo de 1991. Actualmente tengo mi labor pastoral en Palencia.

Soy licenciado en Medicina por la universidad de Granada (1982) y Doctor en Derecho Canónico por la universidad de la Santa Croce en Roma (1991). Actualmente me he especializado en Sagrada Escritura.

Me gusta la música y el cine. Mi deporte preferido en verano es la bicicleta y en invierno procuro hacer natación. Además me encanta la observación de aves y como suelo ir a Benavente (un pueblecito de Zamora) una vez a la semana suelo pasar por las Lagunas de Villafáfila (reserva natural) cada vez que puedo.

Además del blog de Escritura_Sagrada tengo otros dos: tan_gente y es_tu_dia

Si queréis enviarme un trabajo porque pensáis que puede publicarse en el blog este es mi e-mail: rsanzcarrera@yahoo.es

Este material que pongo en el blog procede de mis apuntes personales que he ido sacando de diversos sitios a lo largo de estos últimos años. La bibliografía es extensa pero pongo los principales (la iré completando poco a poco…):

  1. Nuevo Comentario Bíblico de San Jerónimo, editorial Verbo Divino
  2. Nuevo Dicionario Bíblico, editorial San Pablo
  3. La Gran Enciclopedia Rial (GER), editorial Rialp.
  4. Textos de Los Padres de la Iglesia
  5. (… seguiré en otro momento)

Saludos.

 

 

Lucas: su exactitud y precisión

17 septiembre, 2007

 

“Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teofilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”.

 

Hecho de los Apostoles

1. 1 “El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio

2 hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue llevado al cielo”.

 

El Evangelio se escribió, como se desprende del prólogo (1, 1-4), con la finalidad de dar a Teófilo, una confianza aumentada en la inquebrantable firmeza de las verdades cristianas en las que había sido instruido.

 

La mejor información en cuanto sus fuentes se da por San Lucas, al comienzo de su Evangelio. Como muchos habían escrito relatos tal como los oyeron de “testigos oculares y servidores de la Palabra”, le pareció bueno a él también, habiendo investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribir una narración ordenada. Tenía, por tanto, dos fuentes de información, los testigos oculares (incluyendo a los apóstoles) y los documentos escritos a partir de las palabras de los testigos oculares. Estaba en situación de comprobar la exactitud de estos documentos por su conocimiento de la personalidad de sus autores, y comparándolos con las palabras actuales de los apóstoles y otros testigos oculares.

Que usó documentos escritos parece evidente al comparar su Evangelio con los otros dos Evangelios Sinópticos, Mateo y Marcos.

 

No hay nada más seguro en crítica bíblica que esta proposición. El autor de las secciones “nosotros” afirma ser un compañero de San Pablo. El “nosotros” comienza en Hechos, 16, 10, y continúa hasta 16, 17 (la acción tiene lugar en Filipos). Reaparece en 20, 5 (Filipos), y continúa hasta 21, 18 (Jerusalén). Reaparece de nuevo en la partida hacia Roma, 27, 1 (texto griego), y continúa hasta el final del libro.

 

-Estuvo allí.

 

El relato del viaje y naufragio descrito en los Hechos es considerado por autoridades competentes en asuntos náuticos como un ejemplo maravilloso de descripción precisa.

 

Según su propio testimonio (1, 3), Lucas se informó “…de todo exactamente desde su primer origen …“. No cabe duda de que una de sus principales fuentes de información fue el mismo Pablo y es muy probable que recibiera informes también de la Santísima Madre de Jesús, especialmente sobre la infancia del Señor, que Lucas es el único en referirnos detalladamente.

El es, pues, precisamente por sus noticias sobre el Niño y su Madre, el Evangelista por excelencia de la Virgen.

Pero Lucas posee además una característica muy llamativa que ha dado origen a una curiosa leyenda: es el que más habla de la Virgen, quizá porque la trató personalmente (por ejemplo, es el único que cuenta la Anunciación), y de ahí que atribuyéndosela habilidades de pintor se supusiese que pintó un retrato de Nuestra Señora.

 

Debemos mucho a la laboriosidad de San Lucas. De los veinte milagros que registra, seis no se encuentran en los demás Evangelios: la pesca milagrosa, el hijo de la viuda de Naim, el hombre hidrópico, los diez leprosos, la oreja de Malco, el espíritu de flaqueza.
Sólo él recoge las siguientes dieciocho parábolas: el buen samaritano, el amigo a medianoche, el rico necio, los siervos que velan, los dos deudores, la higuera estéril, los asientos principales, el gran banquete, el constructor imprudente, el rey imprudente, la dracma perdida, el hijo pródigo, el mayordomo infiel, el rico y Lázaro, los siervos inútiles, el juez injusto, el fariseo y el publicano, los talentos. El relato de los viajes a Jerusalén (9, 51- 19, 27) se encuentra sólo en San Lucas; y destaca especialmente el deber de rezar.

Lucas: observador

16 septiembre, 2007

Un escrito del siglo II, el Prólogo antimarcionista del Evangelio de Lucas, sintetiza el perfil biográfico del modo siguiente: “Lucas, un sirio de Antioquía, de profesión médico, discípulo de los apóstoles, más tarde siguió a San Pablo hasta su confesión (martirio).”

Plummer sugiere que pudo haber estudiado en la famosa escuela de Tarso, rival de Alejandría y Atenas, y posiblemente conoció allí a San Pablo. De su íntimo conocimiento del Mediterráneo oriental, se ha conjeturado que había acumulado experiencia como médico a bordo de un barco. Trabajó mucho, y envía saludos a los colosenses, lo que parece indicar que les había visitado.

La profesión médica nos hace suponer que él se dedicó mucho tiempo al estudio. Su formación cultural se nota también por el estilo de sus libros: su Evangelio está escrito en un griego sencillo, limpio y bello, rico en términos que los otros tres evangelistas no tienen. Hay que hacer otra consideración sobre su Evangelio, además del hecho estilístico e historiográfico: Lucas es el evangelista que mejor que lo otros nos pintó la humana fisonomía del Redentor, su mansedumbre, sus atenciones para con los pobres y los marginados, las mujeres y los pecadores arrepentidos. Es el biógrafo de la Virgen y de la infancia de Jesús. Es el evangelista de la Navidad. Los Hechos de los Apóstoles y el tercer Evangelio nos hacen ver el temperamento de San Lucas, hombre conciliador, discreto, dueño de sí mismo; suaviza o calla expresiones que hubieran podido herir a algún lector, con tal que esto no vaya en perjuicio de la verdad histórica.

Al revelarnos los íntimos secretos de la Anunciación, de la Visitación, de la Navidad, él nos hace entender que conoció personalmente a la Virgen. Algún exégeta avanza la hipótesis de que fue la Virgen María misma quien le transcribió mucha de su información. En efecto, Lucas nos advierte que hizo muchas investigaciones y buscó informaciones respecto de la vida de Jesús con los que fueron testigos oculares.

Lucas significa: “luminoso, iluminado” (viene del latín “luce” = luz).

El nombre Lucas es probablemente una abreviatura de Lucanus, como Anás lo es de Ananus, Apolo de Apolonius, Artemas de Artemidorus, Demas de Demetrius, etc.

San Lucas no era judío. San Pablo lo separa de los de la circuncisión (Col. 4, 14), y su estilo prueba que era griego.

San Lucas tenía un gran conocimiento de los Setenta y de los aspectos judíos, que adquirió o bien como prosélito judío (San Jerónimo) o bien después de hacerse cristiano, a través de sus estrechas relaciones con los apóstoles y discípulos. Aparte del griego, tuvo muchas oportunidades de aprender arameo en su nativa Antioquía, la capital de Siria.

Las breves notas en las Cartas de San Pablo son las únicas noticias que la Sagrada Escritura nos presenta sobre San Lucas, el solícito investigador de la buena noticia. Por sus apuntes de viaje, es decir, por las páginas de los Hechos en los que San Lucas habla en primera persona, podemos reconstruir parte de su actividad misionera. Fue compañero y discípulo de los apóstoles. El historiador Eusebio subraya: “… tuvo relaciones con todos los apóstoles, y fue muy solícito”. De esta sensibilidad y disponibilidad suyas hacia el prójimo nos da testimonio el mismo San Pablo, unido a él por grande amistad. En la carta a los Colosenses leemos: “Os saluda Lucas, médico amado” (Col., 4, 14)..

San Lucas aparece por primera vez en los Hechos en Tróade (16, 8 y ss.), donde se reúne con San Pablo, y, tras la visión, cruza con él a Europa como evangelista, desembarcando en Neápolis y continuando a Filipos, “persuadidos de que Dios nos había llamado para evangelizarles” (nótese especialmente la transición a la primera persona del plural en el versículo 10). Era, por tanto, un evangelista ya.

Cuando Pablo partió de Filipos, Lucas se quedó, con toda probabilidad para continuar el trabajo de evangelista. En Tesalónica el apóstol recibió ayuda pecuniaria muy apreciada de Filipos (Fil., 4, 15,16), sin duda por los buenos oficios de San Lucas.

Podemos estar seguros que fue un visitante constante de San Pablo durante los dos años de prisión de éste en Cesarea. En ese periodo pudo muy bien familiarizarse con las circunstancias de la muerte de Herodes Agripa I, quien había muerto allí “comido por los gusanos“.

No tenemos información sobre San Lucas durante el intervalo entre los dos encarcelamientos romanos de San Pablo, pero debe haber conocido a varios de los apóstoles y discípulos durante sus diversos viajes. Se mantuvo junto a San Pablo durante su última prisión.

Apresúrate a venir hasta mí cuanto antes, porque me ha abandonado Demas por amor a este mundo… El único que está conmigo es Lucas” (II Tim., 4, 7-11).

Vale la pena señalar que, en los tres lugares en que se le menciona en las Epístolas (Col., 4, 14; Philem., 24; II Tim., 4,11) se le nombra junto a San Marcos (cf. Col., 4,10), el otro evangelista que no era un apóstol (Plummer), y está claro a partir de su Evangelio que estaba muy familiarizado con el Evangelio según San Marcos.

Sirvió incondicionalmente al Señor, no se casó ni tuvo hijos. Murió a la edad de 84 años en Beocia, lleno de Espíritu Santo”. Recientes estudios concuerdan con esta versión.

El Evangelio de san Lucas

13 septiembre, 2007

Fue redactado por este compañero de viaje del Apóstol san Pablo, unos cincuenta años después de la muerte de Jesús, y originariamente formaba un todo con el libro de los Hechos de los Apóstoles.

En el mismo Nuevo Testamento se cita al personaje Lucas en tres ocasiones (Co14, 14.2 Tim 4,1 1 y Flm 24); y si estos testimonios se refieren a la misma persona, surge la figura de un médico y sobre todo de un discípulo de Pablo. San Pablo lo llama “Lucas, el médico muy amado” (Col, 4,14), y probablemente cuidaba de la quebrantada salud del gran apóstol.

La dependencia de Pablo implica que Lucas debió de ser un cristiano de la segunda generación, de origen helenista.

Es el único escritor del Nuevo Testamento que no es de origen judío. Era griego.

Su obra está dirigida ante todo a los cristianos que, como él, provenían del mundo pagano.

Su profesión implicaba una educación liberal, y su formación médica se evidencia por su preferencia por el lenguaje médico.

Escritor de atractiva personalidad, gran talento y alma delicada. Ha elaborado su obra de manera original, con afán de información y orden. Su plan sigue en general las grandes líneas del evangelio de Marcos con algunas transposiciones y omisiones.

Comparando en detalle con Mc y Mt se distingue por presentar las cosas de manera un tanto característica y personal.

Con frecuentes y finas pinceladas y sobre todo con la rica aportación debida a su investigación personal, nos brinda reacciones e inclinaciones propias de su temperamento y las tendencias de su alma.

Este tercer Evangelio fue escrito en Roma a fines de la primera cautividad de San Pablo, o sea entre los años 62 y 63. Sus destinatarios son los cristianos de las Iglesias fundadas por el Apóstol de los gentiles, así como Mateo se dedicó más especialmente a mostrar a los judíos el cumplimiento de las profecías, realizadas por Cristo.

San Lucas es uno de los autores más extensos del Nuevo Testamento. Su Evangelio es considerablemente más largo que el de San Mateo, sus dos libros son aproximadamente tan largos como las catorce epístolas de San Pablo; y los Hechos supera en longitud a las siete Epístolas Católicas y al Apocalipsis. El estilo del Evangelio es superior a cualquier otro escrito del Nuevo Testamento, excepto la carta a los Hebreos. Renan dice (Les Evangiles) que es el más literario de los Evangelios. San Lucas es un pintor de palabras. “El autor del Tercer Evangelio y de los Hechos es el más versátil de todos los escritores del Nuevo testamento. Es hebraísta al describir la sociedad hebrea y griego describiendo la sociedad griega” (Plummer). Su gran dominio del griego se demuestra por la riqueza de su vocabulario y la libertad de sus construcciones.

Por eso, El Evangelio de San Lucas contiene un relato de la vida de Jesús que podemos considerar el más completo de todos y hecho a propósito para nosotros los cristianos de la gentilidad.

Este espléndido trabajo realizado por Martín Carpintero (médico anestesista) me ha parecido lo suficiente interesante como para presentarlo en el blog dividido en varios artículos. Desde aquí mi agradecimiento y enhorabuena.

los iré completando en estos días

Motivo del trabajo

13 septiembre, 2007

Este artículo forma una unidad con los del enfoque médico del evangelio de san Lucas.

Sería interesante ver cómo influye la vocación profesional médica de Lc y su especial forma de ser, su mentalidad, su temperamento en el estilo y en la redacción de su evangelio. En qué aspectos se fija, o cuáles son las escenas que le atraen. Cómo influye su vocación profesional en su interioridad. Hasta qué punto le marca y ‘focaliza’ su observación de la realidad y qué aporta su profesión al relato o mensaje evangélico. Y qué le hace distinto del relato de los otro dos sinópticos.

UN MÉDICO EN EL DÍA DE HOY

Con frecuencia se ha comentado la larga y duradera formación académica de la carrera de Medicina. Números clausus en el ingreso de la Facultad; seis años de carrera; preparación del exámen MIR, cinco o seis años de duración de especialidad. Congresos y Cursos de actualización en diversas facetas de la especialidad. Y muchas, muchas horas de estudio siempre.

Pienso que en Medicina siempre hemos tenido una gran preparación técnica. Se aprende a utilizar desde los comienzos, los principios del método científico: a discriminar síntomas, determinar los gérmenes específicos de una infección y así poder administrar el antibiótico preciso, o a diseñar un estudio precisando desde el tamaño de la muestra hasta el método estadístico adecuado y que tenga validez cientifica.

A realizar con orden, minuciosidad y exactitud una historia clínica:

  • Comenzando por una buena ‘anamnesis’ que es el término médico empleado para referirse a la información proporcionada por el propio paciente durante una entrevista clínica con el fin de incorporar dicha información a la historia y recoger todos los datos que nos puedan resultar interesantes de los antecedentes familiares, personales o sociales de un paciente.

Y seguir con una completa exploración. La exploración física puede realizarse por aparatos o sistemas de forma general, o especializarse más concretamente en los síntomas que refiere el paciente. Clásicamente la exploración física es percepción de los signos del paciente relacionados con un síndrome o enfermedad por los sentidos del médico. Se compone de:

o Inspección.

o Auscultación.

o Palpación.

o Percusión.

o En algunos casos, hasta la olfación.

· Y finalmente petición de estudios y pruebas de laboratorio

· Por último se pone la ‘impresión diagnóstica’

En muchas ocasiones la simple exploración física, acompañada de una buena anamnesis, establece un diagnóstico sin necesidad de la realización de pruebas clínicas o exploraciones complementarias más complejas y costosas.

Tambien se dice que el ser médico es algo ‘vocacional’. O ‘que no todo el mundo vale para eso’. Vocación, tal vez por lo completa, larga y específica formación. Sí que es cierto que el ser médico ‘hace’ ser de una manera especial. Tambien desde el punto de vista del componente humano. Te hace sensible al dolor, a la persona enferma, sufriente. Se va ‘viendo’ personas enfermas por la calle. Y esto es algo permanente. No puedes dejar de ‘ver’ y conmoverte ante quien sufre y no obtiene alivio. No puedes dejar dejar de ser médico. Siempre serás médico.

El ‘Juramento Hipocrático’, declaración de carácter ético doctoral, se toma históricamente a todos los licenciados de medicina antes del ejercicio de la misma, realizada en público ante otros médicos y la comunidad, generalmente en el Colegio de Médicos; que señalaba, entre otras cosas, que el médico debe contar con un carácter honesto, calmado, comprensivo y serio.

“…A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mandamiento y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo..
Instruiré por precepto, por discurso y en todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos del que me enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento y estipulación, de acuerdo con la ley médica, y no a otras personas.
Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror. A nadie daré una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no administraré a la mujer supositorios para provocarle aborto; mantendré puras mi vida y mi arte.
No operaré a nadie por cálculos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica. A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos.
Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deba ser público, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas.
Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro.” Hipócrates de Cos (460-377 a.C.)

San Lucas conocería sin duda el Corpus hipocraticum (Obra compuesta por 53 escritos) y en concreto este Juramento.

Hobart ha trabajado con precisión en el Evangelio de San Lucas y los Hechos y señala numerosas palabras y frases idénticas a las empleadas por autores médicos como Hipócrates, Arteo, Galeno, y Dioscórides.

“Hay una chocante semejanza entre el prólogo del Evangelio y un prefacio escrito por Dioscórides, un escritor médico que estudió en Tarso en el Siglo I (ver Blass, “Philology of the Gospels”). Las palabras con las que Hipócrates comienza su tratado “Sobre la Medicina antigua” deben señalarse en relación con esto: “Okosoi epecheiresan peri ietrikes legein he graphein, K.T.L” (Plummer,4).

El prefacio de San Lucas tiene una semejanza mucho más estrecha con los de los escritores médicos griegos que con el de Josefo.

Un médico debe ser observador. Preciso, metódico y riguroso. Lo más objetivo posible. Prudente en los juicios, en los comentarios, en las actuaciones. Paciente con el enfermo, los familiares, el tratamiento…

Creo que San Lucas cumplía con todas estas características. Ya desde los dos párrafos introductorios de cada libro se resume toda una personalidad y mentalidad. Valor de la Verdad. Precisión. Cuidado. Orden. Seguro que fue un buen médico.

Posiblemente es precisamente su profesión previa de médico lo que le hace relatar su evangelio con unas características específicas. Y lo que le hace ser su evangelio distinto del de los otros dos sinópticos. A la vez esa distinción a veces es muy elocuente.

Vamos a intentar, partiendo de su formación humana y profesional técnica cómo iría relatando en su faceta de instrumento en manos y bajo inspiración del Espíritu Santo, todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio (Hch 1,1-2).

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