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Egipto

Este capítulo 11 es uno de los más célebres de Oseas por su elevación y amplitud de horizontes. Presenta el amor de Dios a Israel bajo la imagen del padre que alimenta y guía a su propio hijo. El juicio ya ha pasado y en este capítulo 11 se trata de la conversión, por así decirlo, de Dios a su pueblo, a pesar de su indignidad y tan solo porque Él es santo. Los vv. 1-7 tienen en común el tema del amor de Dios mal correspondido por Israel (Os 11,2.3.5.7). Los vv. 8-11, algo oscuros, expresan los sentimientos amorosos de Dios con su pueblo. Parece que fue escrito poco antes de la caída de Samaría, porque se hace referencia a la búsqueda de sus habitantes de la salvación por parte de Egipto respecto de Asiria (11, 10-11).

El amor divino (Os 11,1-11)

1 Cuando Israel era niño, lo amé,
y de Egipto llamé a mi hijo.
2 Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí:
ofrecían sacrificios a los Baales,
e incienso a los ídolos.
3 Yo enseñé a caminar a Efraín,
tomándole por los brazos,
pero ellos no sabían que yo los cuidaba.
4 Con cuerdas humanas los atraía,
con lazos de amor;
yo era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla,
me inclinaba hacia él y le daba de comer.
5 Pues volverá al país de Egipto,
y Asur será su rey,
porque se han negado a convertirse.
6 La espada hará estragos en sus ciudades,
aniquilará sus cerrojos
y devorará por sus maquinaciones.
7 Mi pueblo está acostumbrado a apostatar de mí;
cuando invocan a lo alto,
nadie los levanta.
8 ¿Cómo voy a entregarte, Efraín,
cómo voy a soltarte, Israel?
¿Voy a entregarte como a Admá,
y tratarte como a Seboín?
Mi corazón se convulsiona dentro de mí,
y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas.
9 No daré curso al furor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque soy Dios, no hombre;
el Santo en medio de ti,
y no vendré con ira.
10 Marcharán tras Yahvé,
él rugirá como león;
y cuando ruja,
los hijos vendrán temblando de occidente,
11 temblarán como un pajarillo al venir de Egipto,
como una paloma desde el país de Asiria;
y yo los haré habitar en sus casas -oráculo de Yahvé-.

Mi hijo Israel (1)

1 Cuando Israel era niño, lo amé,
y de Egipto llamé a mi hijo.

Se nos sitúa en los albores de la historia de Israel. Con el éxodo comienza para Oseas la historia del pueblo de Dios. El éxodo lo recuerda muchas veces (cfr. Os 2,17; 9,10; 12,10; 13,4) presentándolo como el tiempo ideal de las relaciones entre Dios e Israel, como el tiempo de su noviazgo.

Oseas es el primer profeta que subraya cómo el móvil profundo de toda la historia de Israel, y de la salvación, es el amor paterno de Dios hacia su pueblo, llamado hijo. Estas relaciones paterno-filiales implican una intensa corriente de afecto y de entrega y confieren un significado muy íntimo a las relaciones establecidas por la alianza. La noción de hijo proviene de la más antigua y genuina tradición de Israel. El apelativo lo encontramos también referido a Israel en Ex 4,22; Dt 32,6; Is 1,1s; Jer 3,19.

Tratando a Israel como hijo, Yahvé le reconoce una dignidad real y sapiencial.

Mt 2,15 aplica típicamente este versículo a Jesús, que vuelve a Palestina tras la huida a Egipto.

Los ídolos (2)

2 Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí:
ofrecían sacrificios a los Baales,
e incienso a los ídolos.

Este versículo presenta la historia de Israel como una historia de decepciones. Al parecer desde el principio los cultos cananeos ejercieron una fascinante atracción sobre Israel.

Amor paterno (3-4)

3 Yo enseñé a caminar a Efraín,
tomándole por los brazos,
pero ellos no sabían que yo los cuidaba.
4 Con cuerdas humanas los atraía,
con lazos de amor;
yo era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla,
me inclinaba hacia él y le daba de comer.

Se desarrolla ahora la imagen del amor paterno de Dios hacia Israel. Dios actuó con su pueblo como hace un padre que enseña a andar a su hijo y lo lleva en brazos (Dt 1,31; 32,11). En el v.3c aparece también la imagen del médico, aunque el verbo cuidar (curar) se utiliza también para significar la liberación de peligros políticos (cfr. Os 7 ,1).

El v.4 subraya nuevamente la ternura de Yahvé para con Israel. Dios trató de tenerle vinculado a sí con lazos humanos y de amor. Vínculos humanos son los que se establecen entre los hombres, es decir, conscientes y profundos.

Otra imagen utilizada es la del padre que levanta al niño hasta la altura del rostro para besarle. Me inclinaba hacia él: la condescendencia de Yahvé llegó hasta facilitarle el alimento a Israel.

Infidelidad y apostasía (5-7)

5 Pues volverá al país de Egipto,
y Asur será su rey,
porque se han negado a convertirse.
6 La espada hará estragos en sus ciudades,
aniquilará sus cerrojos
y devorará por sus maquinaciones.
7 Mi pueblo está acostumbrado a apostatar de mí;
cuando invocan a lo alto,
nadie los levanta.

Tras esta descripción del amor paterno, el profeta insiste en la infidelidad de Israel con respecto a la alianza y sobre el castigo (educativo). Israel se niega a volver a. Dios y busca su protección en Egipto. La vuelta a Egipto está en perfecta antítesis con la llamada desde Egipto presentada antes (v.1) como liberación. Asur dominará Israel.

Destierro (Egipto), dominación (Asur) y guerra (v.6) será el castigo de la infidelidad.

El texto del v.7 está corrompido. Parece que se trata de las razones del resentimiento divino: Israel se abandona a los ídolos. La expresión mi pueblo intensifica el dolor del amor divino traicionado. La comprobación del silencio de los baales contrasta con los cuidados paternales de Dios, antes descritos.

Misericordia divina (8)

8 ¿Cómo voy a entregarte, Efraín,
cómo voy a soltarte, Israel?
¿Voy a entregarte como a Admá,
y tratarte como a Seboín?
Mi corazón se convulsiona dentro de mí,
y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas.

Brusco cambio en los sentimientos divinos. Un fragmento de elegía pone en evidencia la infinita misericordia de Dios, trascendente a toda humana inteligencia.

Pese a la actitud de Israel, Dios no puede destruir a su pueblo, no puede abandonarlo. Las ciudades que se nombran son como las antiguas Sodoma y Gomorra, ejemplos de destrucción radical y total.

El corazón de Dios se revela contra este pensamiento, cambia de propósito y abandona la severidad por la misericordia. En vez de la conversión del pueblo, se habla ahora de una especie de conversión de Dios: la misericordia se impone en El a la cólera. El antropomorfismo no deja de sorprender.

La santidad divina (9)

9 No daré curso al furor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque soy Dios, no hombre;
el Santo en medio de ti,
y no vendré con ira.

Estamos ante la expresión tal vez más elevada de la teología del amor de Oseas. Dios no actúa por impulso ciego e irracional, como los hombres; no está sometido a pasiones o cambios. Una vez que escogió a Israel como hijo, no puede negarle su amor: no lo destruirá. Soy Dios, no hombre. El es santo y sumamente bueno cuando actúa. Esta idea de Dios es muy elevada. Toda la historia de Israel, y de la salvación, no es sino una proyección en el tiempo de la ternura divina.

Retorno de la diáspora (10-11)

10 Marcharán tras Yahvé,
él rugirá como león;
y cuando ruja,
los hijos vendrán temblando de occidente,
11 temblarán como un pajarillo al venir de Egipto,
como una paloma desde el país de Asiria;
y yo los haré habitar en sus casas -oráculo de Yahvé-.

En el v.10 se alude a la vuelta del destierro que vendría después de la destrucción de Samaría. Yahvé convoca a Israel con un rugido.

El v.11 describe el retorno. Las comparaciones con los pajarillos y las palomas indican la facilidad y rapidez del retorno. El bienestar queda sintetizado en el hecho de que habitan tranquilamente en sus casas.

Resumen

Oseas 11 es en cuanto a su doctrina uno de los textos más ricos y profundos de todo el AT. Dios se revela corno padre tierno y amoroso de Israel, su hijo primogénito (Ex 4,22). Este amor explica la elección y la historia de Israel: incluido el castigo (curativo) que le aplica a causa de su infidelidad (vv. 5-7), lo lleva a cabo de mala gana. La cólera querría destruir pero la misericordia y el amor se imponen. Yahvé no cambia, como el hombre sino que permanece fiel a la primera elección, a pesar de las decepciones. La última, palabra no es, pues, de venganza sino de piedad.

Este texto viene después de una descripción realizada por Dios mismo sobre los errores sociales y religiosos que infestaban Israel. En Os 5,15 terminaba Dios diciendo voy a volverme a mi refugio, hasta que expíen su falta y me busquen. En su angustia me buscarán. Es entonces cuando empieza casi en forma de letanía el arrepentimiento y el deseo de volver a encontrar el favor divino perdido. Pero Dios manifiesta las condiciones requeridas para un sincero arrepentimiento.

La verdadera religión (Os 6,1-6)

1 “Venid, volvamos a Yahvé,
pues él ha desgarrado, pero nos curará,
él ha herido, pero nos vendará.
2 Dentro de dos días nos dará la vida,
al tercer día nos hará resurgir
y viviremos en su presencia.
3 Conozcamos, corramos tras el conocimiento de Yahvé:
su salida es cierta como la aurora;
vendrá a nosotros como la lluvia temprana,
como la lluvia tardía que riega la tierra.
4 ¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?
¿Qué voy a hacer contigo, Judá?
¡Vuestro amor es como nube mañanera,
como rocío matinal, que pasa!
5 Por eso los he hecho trizas por medio de los profetas,
los he castigado con las palabras de mi boca,
y mi juicio surgirá como la luz.
6 Porque yo quiero amor, no sacrificio,
conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Invitación a la conversión (1)

1 “Venid, volvamos a Yahvé,
pues él ha desgarrado, pero nos curará,
él ha herido, pero nos vendará.

El pueblo, en primera persona o por medio del profeta, manifiesta. el propósito de convertirse a Dios. Nos desgarró concuerda con la imagen del león (Os 5,14; 13,7; Am 3,8; Sal 50,22). El juicio contra Israel, tantas veces anunciado por Oseas (cfr. 2,9; 3,5; 5,4), parece estar apunto de efectuarse. Entonces, presa del pánico, el pueblo decide volver a Dios.

Los motivos que inducen a Israel a la conversión son los golpes que ha recibido y la certeza de que el Señor nos curará. Son términos buscados de la medicina y volverán a aparecer en Oseas para quien Dios es también médico (cfr. Os 7,1; 14,5). Además de la imagen de curar (5,13; 6,1; 11,3; 14,5), la de retornar es característica de Oseas (2,9; 3,5; 5,4).

¿Resurrección? (2)
2 Dentro de dos días nos dará la vida,
al tercer día nos hará resurgir
y viviremos en su presencia.

La imagen de curación continua. Nos dará la vida significa también en otros lugares (Jos 5,8; 2 Re 8,9) la curación de un enfermo.

Nos hará resurgir debe entenderse como levantarse del lecho de la enfermedad. No parece que se trate de la idea de la resurrección, que no surgirá hasta un poco más tarde con Is 26,19. Los Padre de la Iglesia como Tertuliano, Agustín, Cipriano, Gregorio de Nisa y Gregorio Magno vieron en este texto una profecía relativa a la resurrección de Cristo.

Viviremos en su presencia, vivir delante de Dios es lo mismo que estarle agradecido y gozar de sus favores. En efecto, la muerte era, considerada corno una separación definitiva de Dios; se trata pues de heridas y de enfermedad, no de muerte.

La expresión dentro de dos días y el tercer día es corno decir dentro de poco, se trata de una forma popular de hablar.

Conocer a Yahvé (3)

3 Conozcamos, corramos tras el conocimiento de Yahvé:
su salida es cierta como la aurora;
vendrá a nosotros como la lluvia temprana,
como la lluvia tardía que riega la tierra.

Continua la exhortación (del pueblo o del profeta en su nombre) a la penitencia.

La expresión conozcamos, corramos tras el conocimiento de Dios es típica de Oseas (2,10.22; 4,16; 5,4) y recapitula la actitud adecuada de Israel con el Dios de la alianza.

El fruto de este conocimiento de Dios será, que vendrá a nosotros. El pueblo está seguro de ello: su salida es cierta como la aurora… como la lluvia de primavera Estas imágenes aluden discretamente a los cultos cananeos.

Respuesta de Dios(4-5)

4 ¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?
¿Qué voy a hacer contigo, Judá?
¡Vuestro amor es como nube mañanera,
como rocío matinal, que pasa!
5 Por eso los he hecho trizas por medio de los profetas,
los he castigado con las palabras de mi boca,
y mi juicio surgirá como la luz.

Dios responde en forma de oráculo. Los dos interrogantes retóricos, además de decirnos que Dios ha hecho todo lo posible por conducir a su pueblo al buen camino, revelan la tensión-lucha entre la voluntad salvífica de Yahvé y su justicia.

Dios se pregunta qué debe hacer aún y parece reflexionar. Admite que Israel tiene piedad, pero se trata de una piedad como nube mañanera o como el rocío matinal que en breve se disipa. Yahvé lee en lo íntimo de corazón y sabe que la conversión de Israel es superficial y efímera, puesto que le falta el fundamento de la verdadera piedad.

El v.5 habla de los castigos infligidos por Dios al pueblo para convertirlo. Yahvé le hiere por medio de los profetas, es decir, por la predicación, comparada con un arma puntiaguda o de corte (cfr. Is 49,2): lo he castigado con las palabras de mi boca, es decir con sus mensajes (cfr. Is 9,7; 55,10s; Jer 5,14; 23,29). De este modo el plan salvífico de Dios, que lleva consigo el castigo educativo, es puesto plenamente de relieve. El juicio divino sobre Israel, comparado con la luz del sol, se contrapone a la inconstancia de la piedad de Israel, comparada con el rocío.

La piedad (6)

6 Porque yo quiero amor, no sacrificio,
conocimiento de Dios, más que holocaustos

De manera concisa y densa Dios puntualiza lo que espera de su pueblo, le indica así cual es el verdadero fundamento de toda la piedad. Israel piensa que Dios se complace con sacrificios y holocaustos, pero no es así. Lo que Dios quiere es amor y conocimiento de Dios. Con esto se significa la actitud fiel, generosa del creyente con Dios y su prójimo, vivificada por un sentido de ternura personal característico de la piedad. Se trata de un conocimiento que implica la adhesión de corazón a la voluntad de Dios, de acuerdo con los términos de la alianza.

La repulsa de los sacrificios aunque parece total no lo es. Oseas no condenaba el culto en sí mismo sino en cuanto se reducía a formalismo externo y carecía de alma, de piedad y de amor, que son parte esencial del culto. En este mismo sentido es enunciado Os 6,6 por Jesús en Mt 9,13.

Resumen

  • Os 6,1-6 resume de manera espléndida el mensaje moral del profeta:
  • Dios castiga a su pueblo pero lo hace para educarlo y después lo cura.
  • Revela la esencia de la verdadera religiosidad, contrapuesta a los sacrificios formales y a la piedad superficial de Israel. Este se ve inducido a la conversión por los castigos que ha sufrido y por las amenazas. Pero Dios, que conoce su corazón, sabe que Israel no le sirve con fidelidad. Precisamente por eso le ha castigado.
  • Esta doctrina es ya doctrina cristiana: el cristianismo es la religión del corazón y de la intimidad con Dios.

La verdadera religión (Os 6,1-6)

Índole y contenido

Esta texto viene después de una descripción realizada por Dios mismo sobre los errores sociales y religiosos que infestaban Israel. En Os 5,15 terminaba Dios diciendo voy a volverme a mi refugio, hasta que expíen su falta y me busquen. En su angustia me buscarán. Es entonces cuando empieza casi en forma de letanía el arrepentimiento y el deseo de volver a encontrar el favor divino perdido. Pero Dios manifiesta las condiciones requeridas para un sincero arrepentimiento.

1 “Venid, volvamos a Yahvé,

pues él ha desgarrado, pero nos curará,

él ha herido, pero nos vendará.

2 Dentro de dos días nos dará la vida,

al tercer día nos hará resurgir

y viviremos en su presencia.

3 Conozcamos, corramos tras el conocimiento de Yahvé:

su salida es cierta como la aurora;

vendrá a nosotros como la lluvia temprana,

como la lluvia tardía que riega la tierra.

4 ¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?

¿Qué voy a hacer contigo, Judá?

¡Vuestro amor es como nube mañanera,

como rocío matinal, que pasa!

5 Por eso los he hecho trizas por medio de los profetas,

los he castigado con las palabras de mi boca,

y mi juicio surgirá como la luz.

6 Porque yo quiero amor, no sacrificio,

conocimiento de Dios, más que holocaustos.

Invitación a la conversión (1)

1 “Venid, volvamos a Yahvé,

pues él ha desgarrado, pero nos curará,

él ha herido, pero nos vendará.

El pueblo, en primera persona o por medio del profeta, manifiesta. el propósito de convertirse a Dios. Nos desgarró concuerda con la imagen del león (Os 5,14; 13,7; Am 3,8; Sal 50,22). El juicio contra Israel, tantas veces anunciado por Oseas (cfr. 2,9; 3,5; 5,4), parece estar apunto de efectuarse. Entonces, presa del pánico, el pueblo decide volver a Dios.

Los motivos que inducen a Israel a la conversión son los golpes que ha recibido y la certeza de que el Señor nos curará. Son términos buscados de la medicina y volverán a aparecer en Oseas para quien Dios es también médico (cfr. Os 7,1; 14,5). Además de la imagen de curar (5,13; 6,1; 11,3; 14,5), la de retornar es característica de Oseas (2,9; 3,5; 5,4).

¿Resurrección? (2)

2 Dentro de dos días nos dará la vida,

al tercer día nos hará resurgir

y viviremos en su presencia.

La imagen de curación continua. Nos dará la vida significa también en otros lugares (Jos 5,8; 2 Re 8,9) la curación de un enfermo.

Nos hará resurgir debe entenderse como levantarse del lecho de la enfermedad. No parece que se trate de la idea de la resurrección, que no surgirá hasta un poco más tarde con Is 26,19. Los Padre de la Iglesia como Tertuliano, Agustín, Cipriano, Gregorio de Nisa y Gregorio Magno vieron en este texto una profecía relativa a la resurrección de Cristo.

Viviremos en su presencia, vivir delante de Dios es lo mismo que estarle agradecido y gozar de sus favores. En efecto, la muerte era, considerada corno una separación definitiva de Dios; se trata pues de heridas y de enfermedad, no de muerte.

La expresión dentro de dos días y el tercer día es corno decir dentro de poco, se trata de una forma popular de hablar.

Conocer a Yahvé (3)

3 Conozcamos, corramos tras el conocimiento de Yahvé:

su salida es cierta como la aurora;

vendrá a nosotros como la lluvia temprana,

como la lluvia tardía que riega la tierra.

Continua la exhortación (del pueblo o del profeta en su nombre) a la penitencia.

La expresión conozcamos, corramos tras el conocimiento de Dios es típica de Oseas (2,10.22; 4,16; 5,4) y recapitula la actitud adecuada de Israel con el Dios de la alianza.

El fruto de este conocimiento de Dios será, que vendrá a nosotros. El pueblo está seguro de ello: su salida es cierta como la aurora… como la lluvia de primavera… Estas imágenes aluden discretamente a los cultos cananeos.

Respuesta de Dios(4-5)

4 ¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?

¿Qué voy a hacer contigo, Judá?

¡Vuestro amor es como nube mañanera,

como rocío matinal, que pasa!

5 Por eso los he hecho trizas por medio de los profetas,

los he castigado con las palabras de mi boca,

y mi juicio surgirá como la luz.

Dios responde en forma de oráculo. Los dos interrogantes retóricos, además de decirnos que Dios ha hecho todo lo posible por conducir a su pueblo al buen camino, revelan la tensión-lucha entre la voluntad salvífica de Yahvé y su justicia.

Dios se pregunta qué debe hacer aún y parece reflexionar. Admite que Israel tiene piedad, pero se trata de una piedad como nube mañanera o como el rocío matinal que en breve se disipa. Yahvé lee en lo íntimo de corazón y sabe que la conversión de Israel es superficial y efímera, puesto que le falta el fundamento de la verdadera piedad.

El v.5 habla de los castigos infligidos por Dios al pueblo para convertirlo. Yahvé le hiere por medio de los profetas, es decir, por la predicación, comparada con un arma puntiaguda o de corte (cfr. Is 49,2): lo he castigado con las palabras de mi boca, es decir con sus mensajes (cfr. Is 9,7; 55,10s; Jer 5,14; 23,29). De este modo el plan salvífico de Dios, que lleva consigo el castigo educativo, es puesto plenamente de relieve. El juicio divino sobre Israel, comparado con la luz del sol, se contrapone a la inconstancia de la piedad de Israel, comparada con el rocío.

La piedad (6)

6 Porque yo quiero amor, no sacrificio,

conocimiento de Dios, más que holocaustos

De manera concisa y densa Dios puntualiza lo que espera de su pueblo, le indica así cual es el verdadero fundamento de toda la piedad. Israel piensa que Dios se complace con sacrificios y holocaustos, pero no es así. Lo que Dios quiere es amor y conocimiento de Dios. Con esto se significa la actitud fiel, generosa del creyente con Dios y su prójimo, vivificada por un sentido de ternura personal característico de la piedad. Se trata de un conocimiento que implica la adhesión de corazón a la voluntad de Dios, de acuerdo con los términos de la alianza.

La repulsa de los sacrificios aunque parece total no lo es. Oseas no condenaba el culto en sí mismo sino en cuanto se reducía a formalismo externo y carecía de alma, de piedad y de amor, que son parte esencial del culto. En este mismo sentido es enunciado Os 6,6 por Jesús en Mt 9,13.

Resumen

Os 6,l-6 resume de manera espléndida el mensaje moral del profeta:

Dios castiga a su pueblo pero lo hace para educarlo y después lo cura.

Revela la esencia de la verdadera religiosidad, contrapuesta a los sacrificios formales y a la piedad superficial de Israel. Este se ve inducido a la conversión por los castigos que ha sufrido y por las amenazas. Pero Dios, que conoce su corazón, sabe que Israel no le sirve con fidelidad. Precisamente por eso le ha castigado.

Esta doctrina es ya doctrina cristiana: el cristianismo es la religión del corazón y de la intimidad con Dios.

Llanura de Yezrael

La Nueva Alizanza (Os 2,18-25)

18 Y sucederá, aquel día -oráculo de Yahvé-
que ella me llamará: “Marido mío”,
y no me llamará más: “Baal mío.”
19 Retiraré de su boca los nombres de los Baales,
y nunca más serán invocados por su nombre.
20 Sellaré un pacto en su favor aquel día
con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo;
arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y los haré reposar en seguro.
21 Yo te desposaré conmigo para siempre;
te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión,
22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé.
23 Y sucederá aquel día que yo responderé
-oráculo de Yahvé-,
responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;
24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen,
y ellos responderán a Yizreel.
25 Yo la sembraré en la tierra,
me compadeceré de “No-compadecida”,
y diré a “No-mi-pueblo”: Tú eres “Mi pueblo”,
y él dirá: “¡Dios mío!”

Esta perícopa enlaza con el párrafo precedente, desarrollando su tema de las promesas (cfr. Os 2,15-17). Vemos tres afirmaciones importantes vinculadas a la fórmula introductoria en aquel día” (cfr. Os 2, 18.20.23). En el primer oráculo (l8-19) se habla de los baales, que serán eliminados. El segundo (20-22) comienza con el anuncio de una alianza de paz (20) y de un nuevo pacto matrimonial (21-22). En el tercer oráculo (23-25) se promete que serán escuchadas las plegarias (23-24) y se promete también la alianza divina (25).

Nuevo nombre (18-19)

18 Y sucederá, aquel día -oráculo de Yahvé-
que ella me llamará: “Marido mío”,
y no me llamará más: “Baal mío.”
19 Retiraré de su boca los nombres de los Baales,
y nunca más serán invocados por su nombre.

“En aquel día” (esta expresión además de en este fragmento aparece en Os 1,15) no es una expresión escatológica sino que indica el futuro como tiempo de salvación. Se da por supuesto el culto de baal en la nueva era desaparecerá; incluso se olvidará el uso común del nombre de baal. La mujer ya no dirá al marido mi baal (mi señor), sino mi marido (alusión al texto de Gen 2)

Yahvé habla luego (19) de Israel en tercera persona. El repudio del baalismo será obra del mismo Dios. La idolatría desaparecerá por completo en Israel.

La nueva alianza (20)

20 En aquel día, sellaré un pacto en su favor
con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo;
arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y los haré reposar en seguro.

De nuevo con la fórmula introductoria en aquel día. Yahvé anuncia la conclusión de una nueva alianza con su pueblo. Tres son los elementos que la caracterizan:

  • 1) Supresión de los enemigos del campo. Se trata, de un pacto con las bestias del campo, aves.. reptiles. Este pacto evoca la alianza de Noé (Gn 9,8s), pero referido solo a Palestina, no es de orden universal.
  • 2) Supresión de los enemigos externos. Con la supresión de arco, espada y guerra;
  • 3) Una vida segura en el bienestar: los haré reposar en seguro.

Pocas veces se encuentran estos tres elementos unidos como en este texto. Se trata de una purificación que implica una renovación de las relaciones de los israelitas con Dios y el mundo natural, los pueblos vecinos y sus hermanos. La idea de una nueva alianza no se propone explícitamente, pero se sobreentiende claramente.

Es la primera vez que se da a entender aunque sea implícitamente esta Nueva Alianza, estamos por tanto ante algo novedoso (Cf. Is 55,3; Jer 31,31-34; 32.40; Ez 16,60; 34,25; 37,26)

Nuevos esponsales (21-22)

21 Yo te desposaré conmigo para siempre;
te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión,
22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé.

La idea de alianza se desarrolla balo la imagen de un nuevo contrato matrimonial. Yahvé habla directa y afectuosamente a su pueblo. En los vv. 21-22 se repite tres veces te desposaré. En el ambiente hebreo los esponsales eran la conclusión del proceso legal del matrimonio que conllevaba el pago del precio nupcial al padre de la esposa. Al esposo, convertido así jurídicamente en marido, solo le queda introducir a la mujer en su casa y consumar la unión.

El término para siempre (lit.: para la eternidad) pertenece también a la terminología jurídica del matrimonio.

La preposición en, repetida 5 veces, indica algo análogo al precio que el novio ofrecía (como si fuesen las monedas del pago) al padre de la novia como rescate. Como en este caso no existe un padre, es Dios mismo quien ofrece a Israel de esa manera los dones maritales. Estos dones consisten en 5 disposiciones internas que harán firme la unión: justicia, derecho, amor, compasión y fidelidad. Los cuatro primeros términos están emparejados; el último (fidelidad) es como un resumen de los precedentes.

Los dones nupciales que Dios ofrece constituyen la expresión de su gracia y de su bondad. A Israel no se le pide nada. Aunque Dios espera una respuesta de la esposa a los espléndidos dones nupciales: y tu conocerás a Yahvé. Es esta una frase clave en el mensaje de Oseas (cfr. Os 2,10.15; 4,1.6; 5,4; 6,3.6; 8,2; 13,4). Se trata de la adhesión afectiva a Dios reconociendo su revelación y observando su ley (cfr. Os 4, 1-6). Se trata de una actitud global o vital, positiva y agradecida a Dios. Oseas emplea la palabra amar para expresar la disposición de Dios respecto de su pueblo pero no al revés. Probablemente por que la palabra tenga una carga erótica por influjo de los baales (cultos de la fecundidad). Por eso prefiere el verbo conocer. Pero la idea es la misma.

Las plegarias serán escuchadas (23-24)

23 Y sucederá aquel día que yo responderé
-oráculo de Yahvé-,
responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;
24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen,
y ellos responderán a Yizreel.

Toda la naturaleza restaurada cooperará entonces como elemento mediador entre Dios y el pueblo nuevo. El cielo, por así decirlo, informa a Dios de las necesidades de los hombres- Dios responde al cielo, el cual comunica a la tierra que ha sido escuchada. Esta produce los frutos agrícolas para Israel.

En adelante la naturaleza también servirá a Israel para relacionarse con Dios. El pueblo es llamado Yizreel; esta era una fértil llanura al sudeste del Carmelo, que había sido ocupada por los asirios en el 733. La imagen significaría que en la restauración esta fértil llanura vendrá a ser de nuevo territorio israelita.

Multiplicación del pueblo (25)

25 Yo la sembraré en la tierra,
me compadeceré de “No-compadecida”,
y diré a “No-mi-pueblo”: Tú eres “Mi pueblo”,
y él dirá: “¡Dios mío!”

Yizreel significa Dios siembra. Se alude aquí a que el pueblo como una semilla aumentará, se multiplicará en número; esto presupone que el país se habría quedado vacío de su población: es una alusión a la futura deportación y al destierro que va a venir. Además con un juego de palabras se expresa que tras el destierro habrá una nueva situación: se compadecerá de No-compadecida y No-mi-pueblo será mi pueblo. La respuesta del pueblo: ¡Dios mío! incluye la plena conciencia de pertenecer a Yahvé de manera personal y profunda. Estas formas de expresar la alianza nueva irá fraguando la formulación clásica: Jer 31,3-34 (cfr. Rom 9, 25 y 1 Pe 2,10).

Resumen

Esta texto ilustra de manera maravillosa la restauración de las relaciones entre Dios e Israel para el futuro. Estas se presentan bajo la imagen de la nueva alianza y de la unión conyugal, selladas por la justicia, por el amor, por la fidelidad y por la estabilidad eterna. Así quedarán renovadas las condiciones originarias del paraíso con la paz en la naturaleza y entre los hombres.

La Nueva Alizanza (Os 2,18-25)

18 Y sucederá, aquel día -oráculo de Yahvé-

que ella me llamará: “Marido mío”,

y no me llamará más: “Baal mío.”

19 Retiraré de su boca los nombres de los Baales,

y nunca más serán invocados por su nombre.

20 Sellaré un pacto en su favor aquel día

con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo;

arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y los haré reposar en seguro.

21 Yo te desposaré conmigo para siempre;

te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión,

22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé.

23 Y sucederá aquel día que yo responderé

-oráculo de Yahvé-,

responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;

24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen,

y ellos responderán a Yizreel.

25 Yo la sembraré en la tierra,

me compadeceré de “No-compadecida”,

y diré a “No-mi-pueblo”: Tú eres “Mi pueblo”,

y él dirá: “¡Dios mío!”

Esta perícopa enlaza con el párrafo precedente, desarrollando su tema de las promesas (cfr. Os 2,15-17). Vemos tres afirmaciones importantes vinculadas a la fórmula introductoria “en aquel día” (cfr. Os 2, 18.20.23). En el primer oráculo (l8-19) se habla de los baales, que serán eliminados. El segundo (20-22) comienza con el anuncio de una alianza de paz (20) y de un nuevo pacto matrimonial (21-22). En el tercer oráculo (23-25) se promete que serán escuchadas las plegarias (23-24) y se promete también la alianza divina (25).

Nuevo nombre (18-19)

18 Y sucederá, aquel día -oráculo de Yahvé-

que ella me llamará: “Marido mío”,

y no me llamará más: “Baal mío.”

19 Retiraré de su boca los nombres de los Baales,

y nunca más serán invocados por su nombre.

“En aquel día” (esta expresión además de en este fragmento aparece en Os 1,15) no es una expresión escatológica sino que indica el futuro como tiempo de salvación. Se da por supuesto el culto de baal en la nueva era desaparecerá; incluso se olvidará el uso común del nombre de baal. La mujer ya no dirá al marido mi baal (mi señor), sino mi marido (alusión al texto de Gen 2)

Yahvé habla luego (19) de Israel en tercera persona. El repudio del baalismo será obra del mismo Dios. La idolatría desaparecerá por completo en Israel.

La nueva alianza (20)

20 En aquel día, sellaré un pacto en su favor

con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo;

arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y los haré reposar en seguro.

De nuevo con la fórmula introductoria en aquel día. Yahvé anuncia la conclusión de una nueva alianza con su pueblo. Tres son los elementos que la caracterizan:

1) Supresión de los enemigos del campo. Se trata, de un pacto con las bestias del campo, aves.. reptiles. Este pacto evoca la alianza de Noé (Gn 9,8s), pero referido solo a Palestina, no es de orden universal.

2) Supresión de los enemigos externos. Con la supresión de arco, espada y guerra;

3) Una vida segura en el bienestar: los haré reposar en seguro.

Pocas veces se encuentran estos tres elementos unidos como en este texto. Se trata de una purificación que implica una renovación de las relaciones de los israelitas con Dios y el mundo natural, los pueblos vecinos y sus hermanos. La idea de una nueva alianza no se propone explícitamente, pero se sobreentiende claramente.

Es la primera vez que se da a entender aunque sea implícitamente esta Nueva Alianza, estamos por tanto ante algo novedoso. Cf. Is 55,3; Jer 31,31-34; 32.40; Ez 16,60; 34,25; 37,26

Nuevos esponsales (21-22)

21 Yo te desposaré conmigo para siempre;

te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión,

22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé.

La idea de alianza se desarrolla balo la imagen de un nuevo contrato matrimonial. Yahvé habla directa y afectuosamente a su pueblo. En los vv. 21-22 se repite tres veces te desposaré. En el ambiente hebreo los esponsales eran la conclusión del proceso legal del matrimonio que conllevaba el pago del precio nupcial al padre de la esposa. Al esposo, convertido así jurídicamente en marido, solo le queda introducir a la mujer en su casa y consumar la unión.

El término para siempre (lit.: para la eternidad) pertenece también a la terminología jurídica del matrimonio.

La preposición en, repetida 5 veces, indica algo análogo al precio que el novio ofrecía (como si fuesen las monedas del pago) al padre de la novia como rescate. Como en este caso no existe un padre, es Dios mismo quien ofrece a Israel de esa manera los dones maritales. Estos dones consisten en 5 disposiciones internas que harán firme la unión: justicia, derecho, amor, compasión y fidelidad. Los cuatro primeros términos están emparejados; el último (fidelidad) es como un resumen de los precedentes.

Los dones nupciales que Dios ofrece constituyen la expresión de su gracia y de su bondad. A Israel no se le pide nada. Aunque Dios espera una respuesta de la esposa a los espléndidos dones nupciales: y tu conocerás a Yahvé. Es esta una frase clave en el mensaje de Oseas (cfr. Os 2,10.15; 4,1.6; 5,4; 6,3.6; 8,2; 13,4). Se trata de la adhesión afectiva a Dios reconociendo su revelación y observando su ley (cfr. Os 4, 1-6). Se trata de una actitud global o vital, positiva y agradecida a Dios. Oseas emplea la palabra amar para expresar la disposición de Dios respecto de su pueblo pero no al revés. Probablemente por que la palabra tenga una carga erótica por influjo de los baales (cultos de la fecundidad). Por eso prefiere el verbo conocer. Pero la idea es la misma.

Las plegarias serán escuchadas (23-24)

23 Y sucederá aquel día que yo responderé

-oráculo de Yahvé-,

responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;

24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen,

y ellos responderán a Yizreel.

Toda la naturaleza restaurada cooperará entonces como elemento mediador entre Dios y el pueblo nuevo. El cielo, por así decirlo, informa a Dios de las necesidades de los hombres- Dios responde al cielo, el cual comunica a la tierra que ha sido escuchada. Esta produce los frutos agrícolas para Israel.

En adelante la naturaleza también servirá a Israel para relacionarse con Dios. El pueblo es llamado Yizreel; esta era una fértil llanura al sudeste del Carmelo, que había sido ocupada por los asirios en el 733. La imagen significaría que en la restauración esta fértil llanura vendrá a ser de nuevo territorio israelita.

Multiplicación del pueblo (25)

25 Yo la sembraré en la tierra,

me compadeceré de “No-compadecida”,

y diré a “No-mi-pueblo”: Tú eres “Mi pueblo”,

y él dirá: “¡Dios mío!”

Yizreel significa Dios siembra. Se alude aquí a que el pueblo como una semilla aumentará, se multiplicará en número; esto presupone que el país se habría quedado vacío de su población: es una alusión a la futura deportación y al destierro que va a venir. Además con un juego de palabras se expresa que tras el destierro habrá una nueva situación: se compadecerá de No-compadecida y No-mi-pueblo será mi pueblo. La respuesta del pueblo: ¡Dios mío! incluye la plena conciencia de pertenecer a Yahvé de manera personal y profunda. Estas formas de expresar la alianza nueva irá fraguando la formulación clásica: Jer 31,3-34 (cfr. Rom 9, 25 y 1 Pe 2,10).

Resumen

Esta texto ilustra de manera maravillosa la restauración de las relaciones entre Dios e Israel para el futuro. Estas se presentan bajo la imagen de la nueva alianza y de la unión conyugal, selladas por la justicia, por el amor, por la fidelidad y por la estabilidad eterna. Así quedarán renovadas las condiciones originarias del paraíso con la paz en la naturaleza y entre los hombres.

Fragmento de los manuscritos de Qumrám (texto de Oseas 2, 8-14).

El Libro de Oseas consta de dos bloques bien definidos:

  • 1) bloque (capítulos 1-3): Matrimonio de Oseas y su valor simbólico. Este bloque -aunque consta de un material algo heterogéneo, forma un todo compacto-, parece que fue el núcleo primitivo del libro.
  • 2) bloque (capítulos 4-14): Colección de oráculos. Esta segunda parte aunque parece no tener un hilo conductor claro, podemos dividirlo en tres apartados:
    • - Serie de amenazas e invectivas contra el. reino del Norte, referentes al culto, a la moral y a la política (4,1-9,9). A su vez podemos distinguir las siguientes secciones o perícopas:
      • 4,1-10 + 4,11-19 + 5,1-7 + 5,8-6,6 + 6,7-11 + 7,1-7 + 7,8-16 + 8,1-14 + 9,1-9.
    • - Serie de meditaciones sobre la historia pecaminosa de Israel (9,10-14,1). A su vez podemos distinguir los siguientes poemas:
      • 9,10-14 (Baal Peor) + 9,15-17 (Guilgal) + 10,1-8 (Betel) + 10,9-15 (Gueba) + 11,1-11 + 12,1-15 (Jacob) + 13,1-11 + 13,12-14,1.
      • En esta serie de meditaciones sobre la historia de Israel se advierte cierta preocupación de Oseas por señalar el comienzo de las cosas: Guilgal-Saul señala el comienzo de la monarquía (9,15; 13,10-11); Baal Peor, el comienzo de la degeneración del culto (9,10); el Exodo, el comienzo de las intervenciones salvíficas (9,10; 11,1; 12,10.14; 13,4-6); Jacob, el comienzo de las trapacerías de Israel (12,4-5.13-14).
    • - Llamamiento a la conversión y esperanza hacia el futuro (14,2-10).

Idea central

El núcleo central de la teología de Oseas es el amor de Dios a su pueblo concebido como una relación conyugal que determina y profundiza la estabilidad de la alianza sinaítica.

El pasado, el presente y el futuro son enfocados a la luz del amor divino decepcionado y, sin embargo, todavía triunfante, por pura gracia, sobre las infidelidades e ingratitudes. Esta idea es totalmente nueva en la revelación del AT.

El vocabulario amoroso de Oseas se caracteriza por una audacia única. Abarca todos los posibles momentos de las relaciones matrimoniales: noviazgo desarrollado en amor y gracia; matrimonio; ruptura por adulterio; reconciliación. Las pasiones correspondientes son las más agitadas: fervor, celos, cólera y las tempestades del amor.

Infidelidad de Israel y el juicio divino

Pero ya desde el tiempo de la ocupación de Palestina (Os 2,10; 9,10; 10,11ss; 11,1ss; 13,5ss), Israel se mostró infiel al amor de Yahvé, dándose al culto de los baales cananeos (Os 9,10). En tiempo de Oseas la infidelidad había llegado al colmo. Esta infidelidad de Israel excita los celos de Yahvé. El juicio que Oseas anuncia al pueblo es la venganza del amor traicionado. Los nombres de los hijos de Oseas -No puebló mío, y No amada- aluden a la ruptura de la Alianza.

Vuelta al amor

Pero el juicio no representa un castigo como una corrección. Yahvé sufre, está conmovido, cuando Israel es víctima de la catástrofe. Más allá del castigo está el perdón: el esposo traicionado sigue amando a la esposa culpable y adultera y espera que se arrepienta. La prostituta volverá al primitivo amor y Yahvé le dará la alegría de la primera unión. Este es el aspecto más misterioso y maravilloso del amor de Dios: su misericordia dispuesta a acoger a la infiel arrepentida.

Conocimiento de Dios

La actitud del Israel convertido y renacido se resume en dos términos empleados por Oseas: conocimiento de Dios y amor. Las dos expresiones compendian la respuesta de hombre al amor divino, ya que implican el reconocimiento de la unicidad de Dios, la sumisión a su voluntad (por medio del cuidado de los preceptos del Decálogo) y, además, una intimidad confidencial hecha de ternura y de entrega.

Esta rica y completa actitud se encuentra implícita también términos como: juicio (Os 2,21; 10,12), misericordia y fidelidad (Os 2, 21-22) y verdad (Os 4,1) Los cuales frecuentemente se encuentra en paralelismo con conocimiento de Dios y amor.

Importancia e influjo del mensaje de Oseas

Este mensaje del amor divino, traicionado, pero fiel y renovador, constituye una cumbre altísima en la historia de la revelación`. La audacia y la profunda intuición con que es revelado el inescrutable y desconcertante misterio del amor divino, hace de Oseas un profeta del amor divino no superado por nadie en el AT.

Es evidente el influjo que tuvo sobre los autores posteriores. Todos los profetas de los siglos siguientes pusieron de relieve la religión interior, personal, que se manifiesta en el amor.

Oseas es citado literal -o referido a él-, en 16 ocasiones en el NT. Mat 2,15 aplica a Cristo la vuelta del pueblo de Israel desde Egipto (Os 11,1) y el mismo Jesús cita en Mt 9,13 a Os 6,6. La metáfora matrimonial se aplica a Cristo y a la Iglesia en Mt 22,2s; 25,1-13; Jn 3,29, pero especialmente en 2 Cor 11,1; Ef 5,25-33 y Ap 19,7 y 21,3.

Especial atención requiere la situación matrimonial de Oseas para entender el mensaje de este profeta. Efectivamente, como ocurrirá incidentalmente con las vidas de Isaías (Is 8,18), Jeremías (Jer 16,1-9) y Ezequiel (Ez 24,15-24), la vida matrimonial de Oseas aparece estrechamente unida a su mensaje profético. Dios hará de su vida matrimonial su mensaje profético.

La vida matrimonial de Oseas es narrada en los capítulos 1 (biográfico) y 3 (autobiográfico). El capítulo 2 –aunque es oracular-, forma un todo homogéneo con los anteriores, pues emplea la imagen de la unión conyugal como comparación para expresar las relaciones –de Alianza- entre Dios e Israel, y la imagen del adulterio y la infidelidad matrimonial como expresión de la. infidelidad de Israel respecto de Yahvé.

Según los capítulos 1 y 2, por inspiración divina, Oseas se casó con Gomer, que procedía de un ambiente paganizado; muy posiblemente había estado -o estaba todavía-, en algún santuario donde se practicaba la prostitución sagrada. Tienen tres hijos, pero aunque no se dice explícitamente, en algún momento Gomer parece haberle sido infiel a Oseas; por lo que éste se vio obligado a repudiarla. Pero Oseas continuaba amando a Gomer y de nuevo la busca y la vuelve a tomar en matrimonio, pero antes de volver a vivir con ella la somete a una prueba.

Según se explica en el capítulo 2 todo este drama matrimonial de Oseas estaba ordenado a simbolizar las relaciones entre Yahvé y su pueblo Israel. Yahvé amó a Israel y concluyó con él una Alianza en las faldas del monte Sinaí recién salido de Egipto. Israel se ha mostrado infiel y ha caído y recaído en la idolatría. Pero Yahvé sigue amando a Israel y después de someter a su pueblo a la prueba del destierro de nuevo se desposa con él y renueva la Alianza.

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