Aunque Ezequiel vive en un momento en que la dinastía davídica está en rápido declive, con Joaquín en el destierro y Sedecías en Jerusalén, opuesto a los planes de Dios, sin embargo mantiene viva la esperanza en un descendiente de David, con matices relevantes, dignos de ser tenidos en cuenta:

  • Al anunciar al monarca ideal, prefiere denominarle “príncipe” (nasî’) más que rey (melek) haciendo referencia a los tiempos predavídicos y subrayando que el monarca ideal vivirá más sometido al Señor, único que reina, y menos autónomo en sus decisiones;
  • La mención de David (Ez 34,24; 37,24-25) no pretende reforzar la sucesión dinástica, sino la función del príncipe ideal : llevar a cabo la alianza de paz;
  • A lo largo del libro hay frecuentes condenas tanto del monarca contemporáneo, Sedecías (Cfr 21,29-32), como de los anteriores que han pastoreado al pueblo (Ez 34,1-22). En resumen, Ezequiel proclama que es Dios mismo quien salva a su pueblo, aunque sigue anunciando la figura de un príncipe ideal. Dios es quien se asienta en el trono , quien infunde el espíritu a todo el pueblo, quien lo guía con su ley (Cfr Ez 43,7-9).

De los textos que se han considerado mesiánicos, unos contienen alusiones a la bendición de Jacob (Ez 49), otros a la dinastía davídica.

  • Los primeros (Ez 29,21 y 21,32) son demasiado genéricos; la mención del “vigor de la casa de Israel” (Ez 29,21), o “del que ha de venir” (Ez 21,32) no parece suficiente fundamento para encuadrarlos como oráculos mesiánicos.
  • En cambio, son claramente mesiánicos los que mencionan la dinastía davídica:
    • a) El retoño del cedro (Ez 17,22-24). Después de anunciar el castigo de Sedecías (Ez 17,11.21), el profeta pronuncia un oráculo en que bajo la imagen del cedro promete la restauración definitiva. Sin mencionarlo expresamente, el cedro es la dinastía davídica , pero identificada con el pueblo. Hay, por tanto, más énfasis en la restauración definitiva y proyección universal que en el monarca.
    • b) El nuevo David, pastor y príncipe (Ez 34,23-24). Dios condena a los pastores que han regido a su pueblo, y ejerce personalmente esa función (Ez 34,1-22). Suscitará un nuevo David que tendrá tres cualidades: único, siervo y príncipe. No tendrá las funciones de rey-ejecutor del derecho y la justicia (Cfr Jer 23,5), sino que será símbolo de la alianza que Dios ha sellado con su pueblo.
    • c) El nuevo David, símbolo de unidad (Ez 37,24-25). Ez 37 es un canto de esperanza: Dios hará revivir con su espíritu al pueblo muerto (Ez 37,1-14) y reunirá definitivamente los pueblos, Judá e Israel (Ez 37,15-23). El nuevo David, siervo y príncipe, será el único pastor como lo fue el primero. El será señal de unidad y de la alianza perpetua de paz.

La tercera parte del libro, como se ha señalado, es un conjunto de oráculos, visiones y símbolos de salvación; lo viejo ha pasado, todo ha de ser renovado: una nueva nación y un pueblo nuevo; un nuevo retorno más glorioso que el del Éxodo; una nueva tierra donde por la bendición de Dios habrá una fertilidad insospechada.

El pensamiento de Ezequiel queda bien reflejado en el oráculo sobre la transformación del pueblo (Ez 36,16-32): Israel ha contaminado con su conducta toda su tierra (Ez 36,17-18); puesto que aquella primera posesión era incondicionada, Dios tiene que expulsarlos (Ez 36,19-20). Pero ellos llevan en sí mismos la profanación del nombre divino, porque las naciones piensan que Dios no puede librarlos de la explotación y del destierro (Ez 36,20-21).

Nótese que el honor del nombre de Dios va unido a la suerte del pueblo. De ahí que Dios, no por el mérito de Israel, sino por su nombre, mostrará su santidad en ellos (Ez 36,22-24). Y establecerá con el pueblo una Nueva Alianza (sin mención de este término que podría interpretarse como jurídico), en la que Dios hará una donación generosa sin imponer correspondencia. La donación se articula en torno a cuatro pasos: 1) la tierra nuevamente habitada, 2) el agua purificadora, 3) el corazón sensible y tierno, 4) la infusión del espíritu que consumará y conservará la transformación interior (Ez 36,25-28).

La fecundidad de la tierra (Ez 36,29-32) es consecuencia lógica de estas bendiciones divinas. La esperanza de salvación se fundamenta, por tanto, en la santidad divina, en cuanto que necesariamente el pueblo y los demás pueblos sabrán “que Yo soy el Señor” (Ez 36,23.26.38).

El pueblo nunca ha aceptado la soberanía de Dios. Ezequiel es quizás el profeta más pesimista al valorar la condición pecadora del pueblo: el pueblo casi siempre fue rebelde con Dios (Cfr Ez 16,4-6).

El mayor pecado es la idolatría, que se refleja tanto en el culto como en las alianzas con otros pueblos. Pero casi siempre Ezequiel denuncia el pecado como “rebeldía” contra Dios; para referirse a Israel suele emplear la fórmula “casa de la rebelión” (Ez 2,5.6.8; 3,9) o el verbo rebelarse (Ez 20,8.13.21); describe así la actitud de un pueblo duro de corazón y de cabeza.

Denomina el pecado con términos ya conocidos, prostitución e impureza (Ez 20,30ss; 23,7.13.30), porque no sólo han sido infieles a la historia de amor divino que han recibido, sino que han mancillado su condición de “pueblo de culto”; han profanado el Templo (Ez 8) y no han cumplido los mandatos y normas del Señor.

Es también Ezequiel, el profeta que más hincapié hace en la necesidad de cumplir las leyes (Ez 18,5-9). El castigo era, por tanto, necesario para purificar al pueblo de sus pecados (Ez 20,33-37; cfr Ez 33,21-29). El pueblo renovado se convertirá de su idolatría (Ez 11,18; 36,29-32; 37,23), de la impureza (Ez 36,23-29,33), de la perversidad (Ez 18,27; 33,14).

No obstante, y como se ha indicado, insiste en la responsabilidad personal, puesto que cada individuo no es responsable ni de la culpa de sus antepasados ni de los pecados de sus contemporáneos (Ez 18; 14,12-33).

En la teofanía de la vocación, Ezequiel contempla “la gloria del Señor”. No es Dios en sí mismo, que es trascendente, sino su imagen que se aproxima a los hombres.

Podemos decir que “ningún otro libro nos da una visión tan sublime de la majestad de Dios” (Harford). Pero esto no quita que, a la vez, Dios interviega muy directamente en la historia de su pueblo. Le veremos también juzgar, castigar y salvar.

El centro del mensaje es el reconocimiento del nombre del Señor y de que está en medio de su pueblo; el nombre del Señor puede ser invocado y es garantía de vida y del honor del pueblo; nunca lo expondrá a la irrisión de las naciones (Cfr Ez 36,5.23).

Una de las fórmulas más típicas de Ezequiel es Y tú (vosotros) sabrás (sabréis) que Yo soy el Señor”. Aparece 54 veces, normalmente como conclusión de un oráculo o de una visión; esta expresión abre el significado del signo realizado o de las palabras pronunciadas, en cuanto que Dios se manifiesta en su acción y hay obligación de reconocerle por lo que hace.

La tercera parte comprende los caps. 33 a 48 del libro, donde se recoge la actividad del profeta a partir de la invasión de Jerusalén; es decir, del año 585 en adelante. Comienza con el tema del profeta-centinela, que vuelve a repetir las ideas sobre la responsabilidad personal (Ez 33,10-20); pero con una nueva perspectiva: el profeta que había quedado mudo a la muerte de su esposa (Cfr Ez 24,26) y había permanecido callado durante el asedio e invasión de Jerusalén, recobra el habla (Cfr Ez 33,21-22) para iniciar una nueva etapa en la que tendrá que llevar el consuelo y la ilusión a los deportados.

Los textos más significativos de esta última parte del libro son los siguientes:

  • 1) La condena de los malos pastores (Ez 34). Inspirado en Jer 23, Ezequiel desarrolla la imagen del rebaño. Tras la sentencia contra los antiguos pastores (Ez 34,1-10), el Señor en persona reconstruirá al pueblo (Ez 34,11-22), poniendo al frente un nuevo David, príncipe y siervo (¡no rey!) entre los suyos (Ez 34,23-24); la alianza definitiva sellará el nuevo proyecto divino (Ez 34,25-31). Ezequiel no aboga por un mesianismo dinástico, sino por la salvación que proviene directamente de Dios, siendo la mención de David una señal de la renovación radical, una vuelta al principio cuando Dios regía a su pueblo.
  • 2) La purificación nueva (Ez 36,16-38). Este texto célebre anuncia el don del corazón y del espíritu nuevos (Ez 36,26). Lo más relevante de este oráculo es que propone la restauración de dentro hacia afuera, primero en lo íntimo de cada individuo (Ez 36,25-27), después en los bienes que poseen: campos y ciudades.
  • 3) La visión de los huesos revitalizados (Ez 37,1-14). Es una de las visiones más conocidas y estudiadas de este profeta. En la primera parte (Ez 37,1-10) se describe de forma expresiva la revitalización de los huesos; en la segunda (Ez 37,12-14) se explica el sentido de la visión como respuesta al lamento de los deportados (Ez 37,11) que se sienten como cadáveres encerrados para siempre. Todo el pasaje rezuma esperanza de una pronta y definitiva liberación donde la vida reinará sobre la muerte. Es la primera vez que la imagen muertevida es usada para explicar la acción salvadora y liberadora de Dios. Esta visión va seguida de la acción simbólica de las dos varas (Ez 37,15-28) con la que Ezequiel anuncia la reunificación de todos los desterrados, con los que reanudará una alianza de paz (Ez 37,27-28), con el lema ya conocido: “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.
  • 4) Los oráculos escatológicos contra Gog (Ez 38-39). Con estos capítulos se termina esta sección de la segunda parte. Viene a ser la escenificación de una sentencia definitiva contra el enemigo más poderoso, antes de establecer un orden definitivo. El nombre de Gog parece ficticio y representa a los enemigos que se enfrentan contra Dios: se establece un diálogo que inicia Dios mismo (Ez 38,1-9); responde Gog con sus pensamientos mezquinos (Ez 38,10-12) y toma de nuevo la palabra el Señor para pronunciar la condena (Ez 38,17-23) y llevarla a cabo (Ez 39,1-16); finalmente se llevará a cabo la restauración definitiva de Israel (Ez 39,17-29).
  • 5) La Torah de Ezequiel (Ez 40-48). Con estos capítulo se cierra el libro. Es una visión del Templo restaurado, en contraste con la del Templo destruído (Cfr Ez 8-11), en la que se recoge en forma literaria una serie de normas rituales semejantes a las contenidas en el libro del Levítico y más concretamente denominado “Código de santidad” (Lev 17-26). Por estas coincidencias con los textos de la tradición sacerdotal, por su amor apasionado al Templo y por la insistencia en las normas y en la ley suele considerarse a Ezequiel “padre del judaísmo”, pero no hay datos suficientes para demostrar su intervención directa en la redacción de textos, fuera de su libro. Por otra parte, la descripción detallada del Templo puede hacerla porque, como sacerdote, lo conocía muy bien desde la juventud. El esquema de esta sección es el siguiente:
  1. Visión del Templo, con sus dependencias, atrios y puertas (Ez 40-42);
  2. La “gloria del Señor” toma posesión de su morada (Ez 43,1-11);
  3. Enumeración de los servidores del Templo, del culto y de las festividades (Ez 44-46);
  4. El manantial del Templo fecunda el desierto de Judá y el Mar Muerto (Ez 47,1-12);
  5. El reparto de tierras entre las tribus (Ez 47,13-48,29).

Dos textos merecen especial atención, porque reflejan que es Dios mismo quien lleva a cabo la restauración definitiva: el retorno de la gloria de Dios y el manantial del Templo. En la misma estructura de esta sección constituyen los dos puntos culminantes:

  1. La visión de la gloria de Dios tiene los ecos de la teofanía de la vocación (Ez 1), como el mismo profeta indica (Ez 43,1-2). Dios al tomar posesión de su trono y de su Templo (Ez 43,4-5) llevará a cabo la restauración. Viene a ser como un río de consagración de los edificios descritos en capítulos anteriores; se trata de una etapa radicalmente nueva, pero con la experiencia del pasado: no habrá fornicación/idolatría, ni profanación de cadáveres, porque “residiré en medio de ellos para siempre” (Ez 43,9);
  2. La visión de la fuente del Templo (Ez 47,1-12). Esta visión refleja los efectos vivificantes de la gloria de Dios. La frondosidad de los campos que el agua produce es muy frecuente para expresar la cercanía de Dios (Gen 2,10-14) y la edad mesiánica (Cfr Is 35; Joel 4,18; Zach 14,8). Dios es fuente de agua viva (Cfr Jer2,13) en cuanto que es el origen de la vida en el mundo, tanto de las plantas como de los animales y de los hombres. En el NT la imagen del agua viva (Cfr Ioh 7,38) adquiere su pleno sentido en la fe, en el sacramento del Bautismo y en la vida celestial (Cfr Apc 22,1-2).

A continuación ofrecemos una posible estructura del libro y de sus partes principales. Para ver el contenido de cada parte pinchar en los enlaces correspondientes.

Partes del libro de Ezequiel

  1. Introducción (1,1-3)
  2. Primera Parte: Juicio y condena de Israel (1,4-24,27)
  3. Segunda Parte: Juicio y condena de las naciones (25,1-32,32)
  4. Tercera Parte: Esperanza y renovación de Israel (33,1-48,35)

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Introducción: (1,1-3)

Primera parte : Juicio y condena de Israel (1,4-24,27)

  1. Vocación del profeta (1,4-3,27)
  2. Acciones simbólicas y oráculos (4,1-7,27)
  3. Visión de los pecados de Israel (8,1-11,25)
  4. Oráculos ante la inminente invasión (12,1-24,27)

Vocación del profeta (1,4-3,27)

  1. La visión de la gloria del Señor (1,4-28)
  2. Función del profeta (2,1-3,15)
  3. El profeta, centinela de Israel (3,16-21)
  4. El profeta se queda sin voz (3,22-27)

Acciones simbólicas y oráculos (4,1-7,27)

  1. Anuncio del asedio (4,1-8)
  2. Escasez extrema en la ciudad (4,9-16)
  3. La espada simbólica (5,1-4)
  4. Contra la rebelión de la ciudad (5,5-17)
  5. Contra los montes de Israel (6,1-14)
  6. El día del Señor (7,1-27)

Visión de los pecados de Israel (8,1-11,25)

  1. Teofanía (8,1-3)
  2. Pecados cometidos en el Templo (8,4-17)
  3. Castigo merecido por los israelitas (9,1-11)
  4. Abandono de la gloria de Dios (10,1-22)
  5. Condena de los dirigentes del pueblo (11,1-13)
  6. Promesa de restauración (11,14-25)

Oráculos ante la inminente invasión (12,1-24,27)

  1. La salida del desterrado (12,1-16)
  2. El pan y el agua limitados (12,17-20)
  3. Esperanzas engañosas (12,21-28)
  4. Los falsos profetas (13,1-16)
  5. Las falsas videntes (13,17-23)
  6. Denuncia de la idolatría (14,1-11)
  7. Responsabilidad personal. Los justos se salvarán (14,12-23)
  8. La cepa inútil (15,1-8)
  9. Jerusalén, la esposa infiel (16,1-43)
  10. Jerusalén y sus hermanas Samaría y Sodoma (16,44-58)
  11. El perdón y la Alianza (16,59-63)
  12. Alegoría de las dos águilas (17,1-10)
  13. Cumplimiento de la alegoría (17,11-21)
  14. El cedro escatológico (17,22-24)
  15. La responsabilidad personal (18,1-20)
  16. Valor de la conversión (18,21-19,9)
  17. La vid arrancada y trasplantada (19,10-14)
  18. Historia de Israel infiel (20,1-32)
  19. La restauración definitiva (20,33-44)
  20. El fuego y la espada (21,1-12)
  21. Himno a la espada (21,13-22)
  22. Asalto a Jerusalén (21,23-32)
  23. Asalto a Amón (21,33-37)
  24. Los pecados de Jerusalén (22,1-31)
  25. Alegoría de las dos hermanas (23,1-35)
  26. Sentencia contra las dos hermanas (23,36-49)
  27. Alegoría de la olla puesta al fuego (24,1-14)
  28. Muerte de la esposa de Ezequiel (24,15-27)

Segunda parte : Juicio y condena de las naciones (25,1-32,32)

  1. Contra los amonitas (25,1-7)
  2. Contra los moabitas (25,8-11)
  3. Contra los edomitas (25,12-14)
  4. Contra los filisteos (25,15-17)
  5. Oráculo sobre Tiro (26,1-21)
  6. Lamentación sobre Tiro (27,1-36)
  7. Oráculo contra el rey de Tiro (28,1-10)
  8. Lamentaciones sobre el rey de Tiro (28,11-19)
  9. Oráculo contra Sidón (28,20-26)
  10. Oráculos contra Egipto (29,1-16)
  11. Egipto entregado a Nabucodonosor (29,17-21)
  12. El día del Señor sobre Egipto (30,1-19)
  13. Las fuerzas desgastadas del faraón (30,20-26)
  14. Alegoría del gran cedro (31,1-18)
  15. Elegía por la caída del faraón (32,1-16)
  16. Lamentación por la muerte del faraón (32,17-32)

Tercera parte : Esperanza y renovación de Israel (33,1-48,35)

  1. El profeta, centinela del pueblo (33,1-36,15)
  2. Restauración de Israel (36,16-39,29)
  3. El Templo nuevo y el culto nuevo (40,1-43,12)
  4. El altar nuevo (43,13-27)
  5. El nuevo culto (44,1-48,35)

El profeta, centinela del pueblo (33,1-36,15)

  1. El profeta, centinela del pueblo (33,1-9)
  2. La responsabilidad personal (33,10-20)
  3. Novedad del mensaje de Ezequiel (33,21-33)
  4. Oráculo contra los malos pastores (34,1-10)
  5. El Señor, pastor de Israel (34,11-22)
  6. Nuevo pastor, nueva Alianza (34,23-31)
  7. Condena de los montes de Edom (35,1-15)
  8. Bendición de los montes de Israel (36,1-15)

Restauración de Israel (36,16-39,29)

  1. Restauración y retorno (36,16-24)
  2. Renovación interior (36,25-38)
  3. Los huesos secos (37,1-14)
  4. Unificación de los reinos (37,15-28)
  5. Batalla escatológica contra Gog (38,1-23)
  6. Triunfo de Dios sobre Gog (39,1-16)
  7. Reconocimiento definitivo de Dios (39,17-29)

El Templo nuevo y el culto nuevo (40,1-43,12)

  1. Descripción del nuevo Templo (40,18-27)
  2. Descripción del santuario (40,48-41,26)
  3. Dependencias anejas destinadas a los sacerdotes (42,1-20)
  4. La gloria de Dios en el Templo (43,1-12)

El altar nuevo (43,13-27)

  1. Consagración del altar nuevo (43,18-27)

El nuevo culto (44,1-48,35)

  1. Exclusión de los profanos (44,4-9)
  2. Los levitas (44,10-14)
  3. Los sacerdotes (44,15-31)
  4. Distribución del territorio de Israel (45,1-8)
  5. Justicia y ofrendas del príncipe (45,9-17)
  6. Fiestas y sacrificios (45,18-25)
  7. Sacrificios del sábado y del novilunio (46,1-15)
  8. Otras disposiciones (46,16-14)
  9. El torrente del Templo (47,1-12)
  10. Las fronteras del nuevo Israel (47,13-23)
  11. Distribución de la tierra (48,1-29)
  12. La nueva Jerusalén (48,30-35)

SEGUNDA PARTE: Ez 25-32

La segunda parte del libro está formada por los oráculos contra las naciones que se leen en Ez 25-32. Como otros libros proféticos, el de Ezequiel, incorpora una serie de condenas contra los pueblos con los que Judá está más o menos relacionado. La ausencia de Babilonia es significativa; probablemente el profeta considera que es instrumento de Dios para inflingir el castigo a su pueblo.

No hay que olvidar que los oráculos contra las naciones atestiguan que Dios es el dueño del mundo y que su acción se extiende más allá de su país, teniendo en cuenta que todas las acciones de Dios contra los otros pueblos van encaminadas a llevar a cabo el plan de salvación sobre el pueblo elegido.

PRIMERA PARTE: Ez 1-24

La primera parte comienza con el relato de su vocación (Ez 1,1-3,15), que tuvo lugar en Babilonia: consta de una teofanía y de la llamada. La visión es espectacular (Ez 1,1-28): cuando está a punto de desaparecer la Ciudad Santa y el Templo (señal de la presencia de Dios entre su pueblo), Dios mismo se hace presente en el país de la deportación: El no abandona a su pueblo puesto que está cerca con la manifestación de su “gloria” y además suscita para ellos un profeta. El “carro celeste” con los querubines es una evocación del Arca, el trono de Dios.

La “gloria del Señor” es el término técnico de la manifestación de Dios. La llamada propiamente dicha (Ez 2,1-3,15) contiene otros dos términos importantes: por una parte, la palabra que es dulce como la miel (v.3), pero que ha de ser expresada con una fortaleza más dura que el pedernal (v.9); por otra, la expresión hijo de hombre , que aquí aparece hasta ocho veces, indica la condición débil del profeta, como uno de tantos, pero llamado a interpelar con autoridad a un “pueblo rebelde” (v.3).

Las acusaciones y amenazas contra Jerusalén (Ez 4-24) contienen oráculos, visiones, alegorías y acciones simbólicas. Recogen en gran medida la predicación del profeta antes de la deportación definitiva; es decir, entre los años 597-586 a.C.

Las acciones simbólicas son oráculos en acción. A veces son las mismas vivencias del profeta (Cfr Os 1-3), interpretadas como designio divino; en este sentido Ezequiel explica la muerte de su esposa como señal de la desgracia que se cierne sobre Jerusalén (Cfr Ez 24,15-27). Otras, son acciones que Dios manda realizar al profeta como método de enseñanza; así son las acciones que leemos en Ez 4-5 (construcción con adobes, rapado de la cabeza, alimento de pan impuro, etc.), en señal de las penalidades que los israelitas habrán de soportar en el asedio de Jerusalén. En Ez 12,1-20 se narran otras dos acciones simbólicas referentes al destierro.

Las alegorías de Ezequiel son importantes, especialmente las que reflejan la historia del pueblo. Lo que se narra en Ez 20 como historia lineal, se repite en Ez 16 y Ez 23 en forma de historia novelada. El primero (Ez 16) cuenta los amores de Dios con Jerusalén a quien Dios recoge y cuida, cuando era una niña abandonada (vv. 1-13) y más tarde se siente provocado al castigo por las infidelidades de la esposa degenerada (vv. 15-43). En Ez 23 se lee una nueva alegoría bajo la misma imagen esponsal: en este caso son dos hermanas que simbolizan a Israel y Judá, desposadas con un solo varón, Dios, del mismo modo que las dos hermanas, Raquel y Lía, estaban desposadas con Jacob.

La idea central es la misma: Dios tiene que castigar a quienes han quebrantado el pacto esencial, prefigurado en el matrimonio. Junto a estas alegorías, en Ezequiel son muy abundantes las imágenes atrevidas: la vid estéril (Ez 15), el águila y el cedro (Ez 17), la leona y los cachorros (Ez 19), el bosque ardiendo (Ez 21,1-12) y la olla de fuego (Ez 24,1-14).

También las visiones abundan en el libro de Ezequiel: además de la que recoge su vocación, es impresionante la que refleja la descomposición moral de Jerusalén (Ez 8-11). Es la visión del Templo, en la que el profeta contempla desde lo alto del Templo el juicio que Dios emite. Ezequiel en su recorrido por las salas y dependencias del Templo se asombra ante todo tipo de idolatrías y escenas horripilantes (Ez 8); después Dios le hace contemplar el castigo, que consiste precisamente en la profanación del Santuario, que se llena de sangre inocente (Ez 9); la gloria del Señor (Cfr Ez 1,28) abandona majestuosamente el Templo (Ez 10); tras lo cual viene la dolorosa dispersión (Ez 11).

El abandono de Dios es el preludio del abandono israelita de Jerusalén (Cfr Ez 11,22-25). Sólo se salvará el resto , de entre los deportados, a quienes Dios arrancará el corazón de piedra y les dará un corazón de carne (Ez 11,17-20). Es significativo que en el culmen del castigo, el profeta enuncie este oráculo de salvación que anuncia la futura alianza definitiva (Cfr Ez 36,27-29 y Jer31,31-34).

Los oráculos de esta primera parte son severos: normalmente están intercalados en las visiones (Cfr Ez 11,5-12), o en las acciones simbólicas (Cfr Ez 4,8-17). Son importantes el oráculo contra las montañas de Judá, símbolo de la tierra prometida (Ez 6) y el anuncio del día final (Ez 7). En torno al tema del “día del Señor”, Ezequiel describe en tono patético el castigo y la destrucción de Jerusalén.

En Ez 21 se recogen de nuevo unos oráculos tremendos bajo la imagen de la espada. Tiene especial interés cómo aborda el problema de la responsabilidad personal: en Ez 14,-12-13 se deniega la posibilidad de intercesión; cada uno carga con su responsabilidad sin esperar que la presencia de algún justo obtenga obtenga el perdón para todos; en Ez 18 sale al paso del problema que planteaba la doctrina tradicional de que ningún pecado quede sin castigo (cfr Dt 5,9-10).

Los desterrados consideran su situación como castigo por los pecados de los antepasados; el profeta añade a la solidaridad corporativa, la responsabilidad personal; cada uno recibirá su merecido por sus obras. El capítulo contiene tres partes: exposición del problema (Ez 18,1-4); responsabilidad intransferible a los hijos (Ez 18,5-20); mérito y retribución del individuo (Ez 18,21-28); exhortación final (Ez 18,29-32). Todo el capítulo está construido en estilo sapiencial, como un diálogo entre el discípulo y el maestro, entre el pueblo y Dios.

Sobre la autenticidad del libro ha prevalecido durante muchos siglos la opinión de que “ningún libro del AT se distingue tanto como el suyo por señales tan decisivas de unidad de autor y de integridad” (J.B. Gray).

Acerca de las hipótesis que han negado la autenticidad del libro de Ezequiel, conviene conocer que las dificultades derivan de las antes mencionadas sobre el lugar del ministerio de Ezequiel:

  • Así G. Hölscher (1924) supone que son del profeta solamente los poemas (una sexta parte del libro), mientras que un redactor posterior completaría la parte en prosa.
  • V. Herntrich (1932) y J.B. Herford se inclinan por un ministerio único en Palestina; un redactor de la cautividad reelaboraría más tarde todo el material.
  • Los que admiten el doble ministerio (A. Bertholet, Auvray, etc.) dudan sobre la asignación de todos los oráculos al profeta.
  • Pero estas disensiones no han conseguido imponerse y hoy la mayoría de los autores (L. Dennefeld, J. Ziegler, F. Spadafora, Zimerli, etc.), siguen manteniendo que los datos del libro de Ezequiel sobre el lugar y el tiempo de la actividad del profeta son exactos y, por tanto, se considera el libro como el resultado de la predicación de Ezequiel que comenzó su ministerio profético en el destierro a partir del año 593. Cfr Eissfeld, O., Introduzzione all’Antico Testamento, vol. 3, Milan 1966, p.125.- Además de la unanimidad de los autores son muchos los indicios que apoyan la unidad de autor y su ministerio único en Babilonia: cuando hace descripciones de Jerusalén faltan detalles y viveza, que hubiera dado un testigo ocular; sorprende la falta de profecías contra Babilonia; muchas expresiones e ideas son babilónicas. Además es claro el influjo de los textos de Jeremías, aun conservando cada uno su estilo. Jeremías más conciso, Ezequiel más ampuloso y desarrollado. Basta comparar, por ejemplo, Jer 31,29 con Ez 18; Jer 23,1-6 con Ez 34, etc.

Aún admitida la unidad de autor, muchas partes del libro parecen más bien redactadas por escrito que pronunciadas de viva voz. Es posible que el propio profeta revisara y completara sus oráculos y visiones hasta llegar a ordenarlos con la estructura que hoy contienen. En efecto, la estructura es clara, siguiendo la técnica circular, frecuente en los libros proféticos: a) Oráculos contra Judá (Ez 1-24); b) Oráculos contra las naciones (Ez 25-32); c) Oráculos de salvación sobre Judá (Ez 33-39), más la futura restauración (Ez 40-48). Cfr Fohrer, G., Die Hauptprobleme des Buches Ezechiel, Berlin 1952.

A través del Libro de Ezequiel se trasluce las diversas etapas históricas que le toco vivir. Así por ejemplo, podemos hacer el siguiente esquema (los números entre paréntesis son los capítulos del libro):

Primera etapa (593-587): antes de la caída de Jerusalén

  • El hatillo del deportado (12)
  • La historia de Israel (16)
  • Profetas, mentiras y magia (13)
  • La gloria del Señor abandona el Templo (8-11)
  • ¿Quién tiene la culpa? (18 y 33)

Segunda etapa (587-571): tras la caída de Jerusalén

  • El profeta como centinela (33,1-9)
  • Los pastores de Israel (34)
  • Purificación y novedad radical (36,16-38)
  • Los huesos calcinados (37,1-14)
  • José y Judá. El nuevo Israel (37,15-28)
  • Grandeza y límites de una obsesión (40-48)

Situación política, religiosa y social durante el tiempo del Exilio babilónico

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