Esta perícopa es la respuesta a la segunda lamentación del profeta (1,12-17). El oráculo consta de una orden al profeta (2-3) y un dicho sapiencial (4).

2,1 En mi puesto de guardia me pondré,
me plantaré en mi muro, y otearé para ver lo que El me dice,
lo que responde a mi querella.
2 Me respondió Yahvé y dijo:
“Escribe la visión,
ponla clara en tablillas
para que se pueda leer de corrido.
3 Porque es aún visión para su fecha,
aspira ella al fin y no defraudara;
si se tarda, espérala,
pues vendrá ciertamente, sin retraso.
4 “He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta,
más el justo por su fidelidad 5 vivirá.”

Preparación (1)

2,1 En mi puesto de guardia me pondré,
me plantaré en mi muro, y otearé para ver lo que El me dice,
lo que responde a mi querella.

El profeta decide retirarse a un lugar solitario para esperar el oráculo divino. Tanto el lugar como la actitud de escucha y recogimiento son importantes para la comunicación con Dios. Dios se comunica a quien está en vela por el pueblo como un centinela en su puesto de guardia. Se describe aquí la misión del profeta

Orden divina (2-3)

2 Me respondió Yahvé y dijo:
“Escribe la visión,
ponla clara en tablillas
para que se pueda leer de corrido.
3 Porque es aún visión para su fecha,
aspira ella al fin y no defraudara;
si se tarda, espérala,
pues vendrá ciertamente, sin retraso.

La respuesta comienza (v.2) con la orden de escribir la visión sobre tablillas. Esta orden puede entenderse como que la escritura dará testimonio de la veracidad de Dios o como que al leerla y quedar avisados puedan así salvarse.

En el v.3 Dios anuncia una visión que aunque tarde en cumplirse debe esperarse sin dudar. La espera avalorará la firmeza de la fe en el cumplimiento del oráculo divino. ¿Qué visión es esta? Parece que es la que se indica a continuación, en el v.4

El oráculo (4)

4 “He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta,
más el justo por su fidelidad 5 vivirá.”

Efectivamente este v.4 da el contenido de la visión. Consta de dos miembros antitéticos, que exponen la norma según la cual Dios tratará al pueblo opresor y a los justos. Se quiere expresar así la salvación que seguirá al juicio. Al impío Dios le asegura que sucumbirá y que esto sucederá en breve. Al justo (la parte fiel de Israel) Dios le asegura que vivirá tanto política como moralmente (prosperidad, seguridad). De este modo Israel tendrá la certeza de que Dios es su benefactor y no le abandonará. Dios es un Dios vivo.

Conclusión: fe y fidelidad

Fe y fidelidad parecen equipararse. Habacuc no dice que la condición para ser justo y participar en la vida es la fe (‘emuna; Cf. ‘mn de Amén). Algunos traducen el término por fidelidad, pero las dos ideas aunque son afines no son idénticas: fe es adhesión a Dios, a sus palabras y a sus promesas. La fidelidad es consecuencia de la fe. La fe es el fundamento de la fidelidad y la fidelidad es la expresión de la fe.

Para Habacuc la fe significa la actitud total con respecto a Dios e implica la adhesión a su palabra y a su voluntad. La fe es el principio de salvación para Israel. Esta misma idea la recogerá San Pablo en Rm 1,17, Gal 3,11 y Hebr 10,38.

Escultura de Habacuc, realizada por Donatello.

Como siempre hacemos al estudiar un profeta, empezaremos por estudiar algo acerca de la personalidad del profeta Habacuc, aunque en este casos poco sabemos de él, así como de la posible fecha de su misión.

En un segundo lugar nos centramos sobre el Libro del Profeta Habacuc, tanto en lo que se refiere a la estructura y estilo con que ha sido redactado, como al mensaje y doctrina que nos quiere transmitir.

En tercer lugar, vemos todo lo referente a la influencia que ha tenido en la tradición posterior al profeta y en el NT.

Por último, haremos un ensayo de exégesis: La fe del Justo (Hab 2,1-4)

Influencia entre profetas del AT

El libro de Daniel menciona al profeta Habacuc en un relato midrásico de Dan 14,32-38. Se dice que estando en Palestina Habacuc y mientras llevaba la comida a los segadores, un ángel del Señor lo tomó por los pelos y lo llevó a Babilonia. Lo introdujo en la fosa de los leones y le dio al profeta Daniel la comida que había preparado y luego fue devuelto por el ángel a su sitio. En este relato se advierte la huella de una antigua tradición. Algunos opinan que se puede tratar de un oficial del culto. (cfr. L. Moraldi, voz Habacuc, en Diccionario de Teología Bíblica, Ed. Paulinas, 1988.). Esta mención indica que el profeta era familiar en la literatura apocalíptica

Más relevante es que Habacuc reproduce casi al pie de la letra textos de Jer 51,58 (Hab 2,13) y de Is 11,9 (Hab 2,14): seguramente era ya reconocida la autoridad de ambos profetas en la época de Habacuc y, sobre todo, es señal de que había textos que se transmitían independientes del autor que los pronunció.

También es de destacar el uso del género del lamento en Hab 1,2-4 y el parecido de Hab 3 con algunos salmos.

Influencia en la literatura judaica posterior

Entre los judíos el libro era conocido y apreciado en la literatura contemporánea. Así lo confirma el amplio comentario encontrado en Qumrán (1QpHab). Y las frecuentes alusiones de este libro en los targumim. En el Talmud (TB Makkot , 23b.24a) se considera Hab 2,4 como compendio de los 613 mandamientos de la Torah. Y el cap. 3 es interpretado como una descripción de la revelación del Sinaí (TB, Megilla , 31a).

Influencia en el NT

En el NT influyó sobre todo en San Pablo (que cita Hab 2,3-4) en Rm 1,17, Gal 3,11 y Heb 10,38. Según Hech 13,41 Pablo cita Hab 1,5 en su homilía de Antioquía para afirmar la. resurrección. Encontramos ecos en 2 Tes 2,1-12. 2 Pe 3,8-9. Lc 19,40 se entiende mejor a la luz de Hab 2,11.

Influencia en la literatura patrística

Entre los Santos Padres es importante el comentario de san Jerónimo, Commentarium in Habacuc, prol. , (PL 25,1274-1276) y más tarde el de Teofilacto (PG 126,820-904) y el de san Beda el Venerable sobre el salmo del cap. 3 (PL 91,1235-1253). También es mencionado en la Primera Carta de Clemente.

En Hab 3,2 los LXX leen: “Te manifestarás en medio de dos animales; cuando estén próximos los años, serás conocido; cuando llegue el tiempo te manifestarás”. Con este texto se relaciona Is 1,3: “Conoce el buey a su Señor y el asno el pesebre de su amo”. Estos textos han dado origen a la tradición del belén.

Uso litúrgico

En la liturgia cristiana re recogen únicamente los textos citados en el NT, y sólo es usado en dos ocasiones. Además no se recoge el mensaje fundamental de Habacuc sobre el problema del mal, sino sólo el texto de 2,4 subrayando el sentido de la traducción de la Vulgata: «El justo vive de la fe». En la lectura continua del Sábado XVIII del Teimpo Ordinario, años pares se lee Hab 1,12-2,4; y el Domingo XXVII, ciclo C, tiene como primera lectura Hab 1,2-3; 2,2-4.

El problema del mal es el caballo de batalla de la fe monoteísta (el politeísmo tiene la ventaja de atribuirlo a un dios malvado). A esto hay que añadir que en una religión ética y no meramente cultual la injusticia también mancha a Dios. El profeta deberá ir superando una serie de obstáculos en su confesión de fe. Primero descubre una situación de injusticia en la que el malo se impone al justo y esto como va contra su fe, apela a Dios. Dios le responde que un pueblo extranjero (los caldeos) dictará la ley; se pasa así a un nivel histórico, de política internacional, pero el problema sigue intacto. La visión de Hab 2,3-4 pretende dar la solución: sólo cabe esperar con fe en la intervención histórica del Señor a favor de su pueblo… Habrá que esperar hasta la Cruz de Cristo parece el culmen del problema (el sufrimiento del justo) y de la solución (Resurrección y redención… nueva creación).

Las ideas de Habacuc (aunque con variantes son parecidas a las enseñadas por Nahún) podemos resumirlas así: Dios es el Señor de la Historia y rige los destino de los pueblos rectamente, aunque en ocasiones origine el desconcierto entre los fieles.

A) Dios Señor de la Historia.- El problema del mal triunfando sobre el bien ha preocupado a los hombres de todas las épocas; los autores sagrados lo afrontan con audacia: el libro de Job contiene un tratamiento más especulativo, como corresponde a un libro sapiencial; muchos salmos plantean el problema de forma más individualizada.

Habacuc, en cambio, como en parte había hecho Isaías (cfr Is 14,24-27), aborda el tema con categorías históricas: El pueblo, que ha pecado, merece ciertamente un castigo; pero ¿cómo puede Dios utilizar como instrumento a un pueblo, el asirio, que es infiel y más impío? Y, ¿cómo puede servirse para castigar a Asiria de otro pueblo, Babilonia, que le supera en impiedad y maldad?

B) El problema del mal.- La respuesta profética a este enigma no alcanza la profundidad del NT, con Cristo muriendo en la Cruz. Pero supone un claro avance, con una llamada a la fidelidad ( ‘emunah ) a Dios: el profeta reconoce y acepta la acción divina (3,18-19), aunque no llegue a comprenderla. Dios es el único Soberano y el único Justo (3,3); el piadoso ha de mantener la esperanza, aferrándose a los designios del Señor: «He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta, pero el justo vive por su fe» (2,4).

No hay datos suficientes para aventurar una historia detallada de la redacción del libro, ni siquiera es seguro que el salmo del capítulo tercero fuera postexílico. Como cualquier hipótesis queda sin pruebas firmes, nos parece más acertado suponer que este pequeño librito salió de la misma mano, aunque inmediatamente después del destierro recibiera pequeños retoques, como el título o el canto final de confianza (3,17-19).

En Qumran se ha encontrado un amplio comentario (1QpHab) sobre los dos primeros capítulos del libro. El hecho de que no se comente el capítulo tercero no es significativo, pues los pesarim hallados en el Mar Muerto no suelen comentar el libro completo. En este caso se trata de una actualización interesada a la situación de la comunidad qumrámica.- Cfr Delcor, M.-García Martínez, F., Introducción a la literatura esenia de Qumrán, Madrid 1982, pp. 121-127.

Por tanto, dejando a un lado la historia de la redacción, el libro canónico tiene una clara unidad temática y literaria. La división viene marcada por el género literario de cada sección. En principio, hay dos expresiones que señalan dos modos diferentes de expresarse: la introducción inicial, «Oráculo (massa’) del profeta Habacuc» (1,1) y la introducción del Salmo «Oración (tephillah) del profeta Habacuc».

Hay, al menos, dos partes diferentes, un oráculo contra alguna nación extranjera y una súplica litúrgica. Cfr M.A. Sweeney, Structure, Genre and Intent in the Book of Habakkuk, en VT 41 (1991) 63-89; Idem, Habakkuk (the book of), en “The Anchor Bible Dictionary”, vol. 3, New York 1992, pp. 1-6.

Sin embargo, casi todos los comentaristas prefieren dividir el libro en las tres partes siguientes:

a) Diálogo Dios-profeta (1,2-2,4), en el que se plantea con crudeza el problema del mal en el mundo.

  • Abre el libro una primera queja del profeta por la inactividad del Señor: Habacuc (los verbos están en primera persona) se siente solo y abandonado y grita al Señor, supremo juez, pidiéndole explicaciones; la situación religiosa es tan lamentable que el profeta tiene la impresión de que Dios ha abandonado al justo en manos del impío (1,2-4). La respuesta divina es sorprendente: Invita a mirar el panorama internacional, subrayando que es Él quien suscitará a los caldeos para oprimir a Asiria, que era el coloso temido desde años (1,5-11).
  • La segunda queja es similar, aunque refleja con más claridad el problema del justo sufriente: ¿Cómo Dios puede permitir la opresión de su pueblo a manos de los infieles? (1,12-17). La respuesta divina es una llamada a la calma y a la esperanza (2,1-4): el profeta, desde su puesto de centinela, aguarda una respuesta definitiva (v. 1). Dios manda escribir la visión, indicando que se cumplirá sin falta, y asegura que al cabo del tiempo triunfará el justo y sucumbirá el impío (vv. 2-4).

b) Imprecaciones contra el opresor (2,5-20). Esta segunda parte, ya lo hemos indicado, podría considerarse como ampliación de la respuesta divina, pero literariamente es distinta, pues consta de una serie de cinco Ayes , en los que el profeta lamenta los abusos de los enemigos, probablemente Babilonia, que tan rápidamente ha conseguido el poderío gracias a sus crímenes y desmanes. La descripción de casos concretos está llena de ironía y sarcasmo.

c) Salmo litúrgico (Hab 3). Pide y celebra la intervención divina, que da su merecido a los enemigos. Los prodigios de Dios que transmiten las tradiciones antiguas fundamentan la esperanza en la intervención futura y protectora del Señor. En el Salmo suelen distinguirse tres parte: reconocimiento de los atributos del Señor (vv. -12), teofanía cósmica con alusiones a la intervención del señor en la historia del pueblo (vv. 3-15), y conclusión y expresión de confianza en el Señor (vv. 16-19).

El libro de Habacuc

15 julio, 2010

El libro comienza con estas palabras: «Oráculo que tuvo en visión el profeta Habacuc». Nada se dice, por tanto, de la persona del profeta, ni su ascendencia, ni su lugar de nacimiento, ni las circunstancias de su predicación. El término massa’ se aplica, como veíamos en la introducción al profeta Nahún, a los oráculos contra las naciones, que siempre se cumplen.

El librito aunque pequeño está muy bien trabado y es uno de los más atractivos del AT. El autor ha conseguido expresar con fuerza la angustia de un pueblo oprimido por tiranos y que encuentra la paz en la certeza de que al final el bien se impondrá sobre el mal. Al principio el profeta se lamenta que el justo sea oprimido y de que la ley sea burlada (1,1-4). Dios le responde que hará surgir a los caldeos para que den su merecido al enernigo (1,5-11). Luego el autor se queja ante Dios por el comportamiento de los tiranos y espera una respuesta (1,12-2,1). Y Dios le dice que quien no tenga un espíritu recto perecerá, mientras que el justo vivirá por su fe (2,2-4). En una serie de cinco ¡ay! el profeta asegura que las naciones oprimidas levantarán la cabeza y verán la destrucción de su dominador (2,6-20). La oración final (3,1-19) celebra la manifestación de Dios.

Una posible división del libro de Habacuc

  • Diálogo entre Habacuc y Dios (1,1-2,4)
  • Imprecaciones contra el opresor (2,5-20)
  • Salmo de Habacuc (3,1-19)
  1. Plegaria (3,1-2)
  2. Salmo épico: Teofanía (3,3-6)
  3. El Señor poderoso guerrero (3,7-15)
  4. Temblor del profeta y fe en Dios (3,16-19)

Estructura y estilo del libro

Etimológicamente parece que “habacuc” significa una hortaliza acádica; pero esto, en principio, nada indica ni de las cualidades ni del mensaje del profeta (cfr. L. Moraldi, voz Habacuc, en Diccionario de Teología Bíblica, Ed. Paulinas, 1988.)

Algunos opinan que se puede tratar de un oficial del culto. El apelativo nâb’î, el verbo “hazah” y, sobre todo, el himno del capítulo tercero fundamentan la opinión entre los comentaristas de que era un profesional del Templo, habituado a los Salmos que se utilizaban en el culto. El primero en proponer esta hipótesis fue Humbert, P., Problèmes du livre d’Habaquq, Neuchâtel 1944.-

Los comentaristas más modernos, aunque discuten una u otra de las razones que Humbert aducía, siguen aceptando que Habacuc es el profeta que mejor conoce la terminología litúrgica de la época.

Fecha de la misión profética de Habacuc

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.531 seguidores

%d personas les gusta esto: