Prólogo e Introducción: origen divino de la Sabiduría (1,1-2,18)

paisajes6c24Prefacio del traductor

  • Este prefacio, escrito por el nieto de Sirac, nos proporciona valiosas informaciones acerca del autor y su obra, así como sobre las circunstancias de su traducción.

1 La ley, los profetas y los escritos que les siguieron 2 nos han transmitido muchas e importantes lecciones, 3 que hacen a Israel digno de elogio por su instrucción y sabiduría.

  • Primera mención explícita de la división tripartita de la Biblia hebrea (se repetirá en v.8 y 24).

4 Ahora bien, no basta con que los lectores se hagan sabios; 5 es necesario también que, como expertos, puedan ayudar a los de fuera, 6 tanto de palabra como por escrito. 7 Por eso, mi abuelo Jesús, después de haberse dedicado intensamente a la lectura 8 de la Ley, 9 los Profetas 10 y los otros escritos de los antepasados, 11 y de haber adquirido un gran dominio sobre ellos, 12 se propuso escribir sobre cuestiones de instrucción y sabiduría. 13 Su objetivo era que los deseosos de aprender aceptaran sus enseñanzas 14 y pudieran progresar, llevando una vida más acorde con la Ley.

  • 11-12: de acuerdo con Dt 4,6, Israel ha demostrado su instrucción y sabiduría ante el mundo, al hacer de las verdades que ha recibido el fundamento de su vida moral y el medio para impartir sabiduría. Vemos como el autor se esfuerza por inculcar a su pueblo un mayor aprecio a su propia herencia, y a la vez como procura atraer a sus vecinos no judíos. En 13-14 nos indica de expresamente (lo cual es de agradecer) el objetivo que se propuso al componer la obra.

15 Quedáis, pues, invitados 16 a leer este libro 17 con benevolencia y atención, 18 así como a ser indulgentes 19 allí donde os parezca que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación, 20 no hemos acertado en la traducción de algunas expresiones. 21 Es evidente que las cosas dichas en hebreo no tienen la misma fuerza 22 que cuando se traducen a otra lengua. 23 Esto no sucede sólo en este libro, 24 sino que también la misma Ley, los Profetas 25 y los otros escritos 26 presentan notables diferencias respecto a sus originales.

  • Resulta simpático ver como el nieto reconoce las dificultades con que tropieza toda labor de traducción.

27 El año treinta y ocho del rey Evergetes 28 llegué a Egipto, donde fijé mi residencia por un tiempo. 29 Durante mi estancia allí encontré una obra de no poca enseñanza, 30 y me sentí obligado a emprender la traducción de este libro con empeño y diligencia.

31 He dedicado muchas horas de vigilia y trabajo 32 durante este período, 33 hasta poder terminar y publicar el libro, 34 para uso de aquellos que, viviendo en el extranjero, desean aprender y reformar sus costumbres 35 para vivir conforme a la Ley.

SECCIÓN I (1,1-16,21): DIOS TIENE LA PLENITUD DE LA SABIDURÍA

  • Tras el prólogo, el libro comienza con un elogio de la sabiduría, que podemos considerarlo como introducción no solo a esta primera parte del libro sino a todo él.

 

Introducción: origen divino de la Sabiduría (1,1-2,18)

 

Toda sabiduría procede de Dios (1,1-8)

 

– La primera cuestión que se plantea es: ¿de dónde viene la sabiduría? Y la respuesta es clara desde el principio: viene de Dios (1,1). No hay otra fuente que el único Dios; Uno sólo es sabio (1,8).

1

1 Toda sabiduría viene del Señor,

y está con él por siempre.

2 ¿Quién puede contar la arena de los mares,

las gotas de la lluvia y los días de la eternidad?

3 ¿Quién puede medir la altura de los cielos,

la anchura de la tierra y la profundidad del abismo?

4 Antes de todo fue creada la sabiduría,

la inteligencia prudente desde la eternidad.

6 ¿A quién fue revelada la raíz de la sabiduría?

¿Quién conoce sus recursos?

8 Uno sólo es sabio, temible en extremo:

el que está sentado en su trono.

 

El Señor infundió la sabiduría en sus obras (1,9-10)

 

– El creó todas las cosas y ha infundido la sabiduría en todas sus obras (1,10). Por lo tanto la observación y estudio de la naturaleza y del hombre es camino para descubrirla. De todo esto se hablará con más detalle en la sección introductoria a la segunda parte del libro (16,24-18,14).

 

9 Es el Señor quien creó la sabiduría,

la vio, la midió

y la derramó sobre todas sus obras.

10 Se la concedió a todos los vivientes

y a los que le aman se la regaló.

 

El Señor concede la sabiduría a quien le honra y le teme (1,11-26)

 

– Ahora bien, cada una de las criaturas ha sido hecha con unas características propias y la sabiduría del Señor se manifiesta en el orden de lo creado y en las leyes que rigen el funcionamiento de la naturaleza y de la actuación de los hombres. El propio ser humano alcanzará la felicidad y la sabiduría si se ajusta a esas normas que el Señor le ha marcado. Por eso, Ben Sirac expresa con claridad lo que constituye la principal aportación de todo su libro: Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos (1,26). Quien se acerca al Señor con sencillez y corazón dispuesto a escuchar y llevar a la práctica sus preceptos encontrará la respuesta que busca su afán de conocer el porqué de las cosas que hay sobre la tierra. En la introducción a la tercera parte del libro se desarrollarán estas ideas (24,1-47).

               

11 El temor del Señor es gloria y honor,

alegría y corona de júbilo.

12 El temor del Señor deleita el corazón,

da alegría, gozo y larga vida.

13 El que teme al Señor, tendrá un buen final,

el día de su muerte será bendecido.

14 Principio de la sabiduría es temer al Señor,

16

ella está con los fieles desde el seno materno.

15 Entre los hombres asentó su cimiento eterno,

19

y con su descendencia se mantendrá fiel.

16 Plenitud de la sabiduría es temer al Señor,

20

ella embriaga a sus fieles de sus frutos.

17 Les llena la casa de tesoros,

21

y los graneros de sus productos.

18 Corona de la sabiduría es el temor del Señor,

22

ella hace florecer la paz y la buena salud.

19 Hace llover ciencia e inteligencia,

23

y exalta la gloria de los que la poseen.

24

20 Raíz de la sabiduría es temer al Señor,

25

sus ramas son larga vida.

Paciencia y dominio de sí.

22 La pasión del injusto no puede justificarse,

28

porque el ímpetu de su pasión le hará caer.

23 El hombre paciente aguanta hasta el momento oportuno,

29

y al final su paga es la alegría.

24 Hasta el momento oportuno retiene sus palabras,

30

por eso muchos alaban su prudencia.

Sabiduría y rectitud en el obrar.

25 Entre los tesoros de la sabiduría hay proverbios muy sabios,

31

pero adorar al Señor repugna al pecador.

32

26 Si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos,

33

y el Señor te la concederá.

 

El temor del Señor es sabiduría (1,27-30)

 

– En consecuencia, la actitud lógica de quien está abierto a recibir la sabiduría es el respeto agradecido que se debe al Creador y que se manifiesta en una conducta respetuosa con las normas de funcionamiento impresas con sabiduría en la naturaleza creada. Esto es lo que en la tradición de Israel se llama: el temor del Señor que por eso mismo es sabiduría y enseñanza (1,27).  La expresión temor del Señor no alude, pues, en absoluto a que haya que tener miedo a Dios. Por el contrario, es un modo reverente de indicar la actitud la actitud religiosa del hombre ante quien se ocupa de él con tanta solicitud. Cuando en la cuarta parte del Eclesiástico se expongan los motivos de fondo de las enseñanzas prácticas, se hará notar la necesidad del temor del Señor para ser sabio (32,18-33,18).

              

27 Porque el temor del Señor es sabiduría e instrucción,

34

le agradan la fidelidad y la mansedumbre.

35

28 No faltes al temor del Señor,

36

ni te acerques a él con doblez de corazón.

29 No seas hipócrita delante de los hombres,

37

y vigila siempre tus labios.

30 No te ensalces a ti mismo, si no quieres caer

38

y cubrirte de vergüenza,

pues el Señor revelará tus secretos

39

y te humillará en medio de la asamblea,

porque no te has acercado al temor del Señor,

40

y tienes el corazón lleno de engaño.

 

El ejemplo de las generaciones pasadas (2,1-18)

 

– Quien comienza a poner los medios para progresar en el camino de la sabiduría ha de estar dispuesto a mantenerse fiel al Señor porque no le faltarán las dificultades. Pero tiene motivos de sobra para confiar en Dios. Entre otros, la experiencia de los sucedido en la historia: Fijaos en las generaciones pasadas y aprended: ¿Quién confió en el Señor y quedó avergonzado? (2,10). La quinta y última parte del libro ofrecerá una glosa detallada de esos testimonios (44,1-50,23).

2

1 Hijo, si te acercas a servir al Señor,

prepara tu alma para la prueba.

2 Endereza tu corazón, manténte firme,

y no te angusties en tiempo de adversidad.

3 Pégate a él y no te separes,

para que seas exaltado en tu final.

4 Todo lo que te sobrevenga, acéptalo,

y en las humillaciones, sé paciente.

5 Porque en el fuego se purifica el oro,

y los que agradan a Dios, en el horno de la humillación.

6 Confía en él, y él te ayudará,

endereza tus caminos y espera en él.

7 Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia,

y no os desviéis, no sea que caigáis.

8 Los que teméis al Señor, confiad en él,

y no os faltará la recompensa.

9 Los que teméis al Señor, esperad bienes,

gozo eterno y misericordia.

10 Fijaos en las generaciones antiguas y ved:

11

¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?

¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado?

12

¿Quién le invocó y fue desatendido?

11 Porque el Señor es compasivo y misericordioso,

13

perdona los pecados y salva en tiempo de desgracia.

12 ¡Ay de los corazones cobardes y las manos inertes,

14

y del pecador que va por dos caminos!

13 ¡Ay del corazón decaído, que no tiene fe!,

15

porque no será protegido.

14 ¡Ay de vosotros, los que habéis perdido la esperanza!

16

¿Qué haréis cuando el Señor venga a visitaros?

17

15 Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras,

18

los que le aman guardan sus caminos.

16 Los que temen al Señor buscan su agrado,

19

los que le aman cumplen su ley.

17 Los que temen al Señor tienen el corazón dispuesto,

20

y se humillan delante de él.

21

18 Caigamos en manos del Señor y no en manos de los hombres,

22

pues como es su grandeza, así es su misericordia.

2 comentarios en “Prólogo e Introducción: origen divino de la Sabiduría (1,1-2,18)”

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