Herodes el Grande

herod-masada-615El reinado de Herodes el Grande, bien conocido gracias a su historiador Nicolás de Damasco, se extiende del 37 al 4 a.C. Como fue un fiel “monar­ca aliado”, dependiente siempre del gobernador de Siria, en el año 30, Octavio le entrega todos los territorios palestinos, a excepción de las ciuda­des de la Decápolis romana, con lo que llega a tener un reino tan grande como el del rey David.

Herodes: El Constructor

Herodes emprende entonces la construcción de grandes obras: anti­gua ciudad de Samaría con el nombre Augusto (Sebaste), Cesarea Marítima con su puerto y templo en honor del emperador. En Jerusalén: el palacio real, el Templo y ensanche de su ex­planada, la Torre Antonia, en el án­gulo noroeste del Templo, y las mu­rallas de la ciudad. En Hebrón, el edificio sobre las tumbas de los Patriarcas y el santuario de Mambré. Un santuario espléndido en honor de Augusto en las fuentes del Jordán, Banias. Para su seguridad, una se­rie de fortalezas: Masada, en la orilla occidental del mar Muerto, frente a la península de Lisán; el castillo refor­mado de Maqueronte; el Herodion, para su propia sepultura, cerca de Belén; el palacio de invierno en Jericó, y un castillo con el nombre de su ma­dre “Kipros”, en las alturas del lugar; el Hircanus, en el desierto de Judea, como cárcel para los disidentes; y las ciudades de Hípico y Fasael, en el va­lle del Jordán. Amplió además la for­taleza asmonea del Alexandreion; fun­dó la ciudad de Antípatris, en honor de su padre, en las fuentes de Afee, e hizo regalos y edificios a ciudades he­lenísticas que no le pertenecían, como Beirut. Su afán constructor descono­cía el descanso.

Herodes: El tirano

La paz de Augusto le facilitó incre­mentar la prosperidad del país, aun­que sin abandonar sus tortuosas mañas para mantenerse en el poder y conseguir ingresos con los impues­tos, a veces abusivos, para sus cons­trucciones. Su carácter apasionado, egoísta y desconfiado, hicieron de él un tirano cruel, incluso para con su familia, al extremo de hacer matar, por supuestas infidelidades, a su es­posa asmonea, Mariamme, y por su­puesta conjura, a sus hijos Alejandro y Aristóbulo.

Amigo de Roma, se comportaba co­mo un gobernante helénico-pagano, más inclinado hacia los extranjeros que en favor de la misma comunidad religiosa de Jerusalén. El asesinato del Sumo Sacerdote Aristóbulo, en Jericó, provocaría la repulsa y el desconten­to del pueblo.

Basaba su prepotencia en la violen­cia y el terror, por lo que hubo de sofocar sucesivas revueltas.

Muerte de Herodes y repartición del reino

El año 4 a.C. murió en Jericó, hacién­dose enterrar con gran pompa en el Herodion. A su muerte, los romanos distribuyen el reino entre sus hijos: Ar­quelao, nombrado Etnarca, recibió Judea, Idumea, Samaría; Antipas y Filipo, como Tetrarcas, reciben el pri­mero Galilea y Perea, y el segundo Traconítide, Batanea, Auranítide e Itu­rea; Salomé, hermana de Herodes, las ciudades de Asdod yJamnia, y los pala­cios de Ascalón y de Fasaelis.

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Resumen:

Inició su reinado (duro del 37 al 4 a.C.) con la conquista de Jerusalén. Con fría crueldad unas veces, otras con magistral diplomacia, aseguró su trono. La crueldad cayó sobre sus súbditos, especialmente sobre la familia asmonea, y los fariseos. La diplomacia brilló en sus relaciones con Roma: partidario de Marco Antonio, cambió a raíz de la batalla de Annio: sometiéndose servilmente a Octavio. También se acreditó como diplomático en sus relaciones con la ambiciosa Cleopatra: perdió parte de su reino, pero salvó la vida.

Procuró que su reino floreciera con magníficas obras públicas: teatros, hipódromos, parques, termas, templos imperiales y nuevas ciudades, como Cesarea marítima, o reedificadas como Samaria, rebautizada Sebaste. En Jerusalén, además de su palacio, la torre Antonia, el anfiteatro, fuentes con sus acueductos y avenidas, reconstruyó el Templo. El proyecto era de tal amplitud que el trabajo de los pórticos siguió muchos años después de su muerte: hasta el 63 d.C. En Hebrón embelleció el mausoleo ¿santuario? de los patriarcas. Muy cerca, en Mamre, construyó un suntuoso santuario alrededor del terebinto de Abraham. Herodes dejó además su sello en las construcciones castrenses de Palestina: las fortalezas de Alexandrion, Cipros, Herodion, Hircania, Maqueronte y Masada. Pasaba gran parte del año en Jericó, que construyó según la técnica y gusto más romano que helenístico. Como romano, se rodeó de filósofos y retores, entre los que destacó Nicolás de Damasco, autor de una vida de Herodes, que ha llegado a nosotros en cuanto fuente utilizada por Flavio Josefo. Parece ser que no le interesaba el judaísmo y sólo con la construcción del Templo pretendió atraerse a sus súbditos. Buscó en los sumos sacerdotes hombres formados en el helenismo y no saduceos, partidarios de los asmoneos, con los consiguientes rechazos por parte del pueblo, especialmente de los fariseos. No ocurrió lo mismo con los esenios, honrados por Herodes, que recordaba, a decir de Josefo, ¿cuya fuente fue Nicolás de Damasco?, el presagio del esenio Menahem cuando siendo niño no podía pensar llegar a ser rey.

El reinado de Herodes en sus últimos años estuvo dominado por luchas familiares y temores de sublevaciones, que el monarca ahogó en sangre. En esta perspectiva hay que situar la matanza de los niños de Belén y aledaños (Mt 2,16-18). Murió en Jericó (4 a.C.) y fue enterrado con gran pompa en el Herodion.

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