Breve esquema de la Historia de la Salvación

Podemos reconocer unas como EDADES con tal de que no exigir precisiones, que la historiografía bíblica no ha intentado:

1) Después del paraíso perdido corrieron lentamente los tiempos, en los que Dios parece haber abandonado a la humanidad a su propia suerte: en el discurso a los atenienses en el Areópago, S. Pablo llama a esta edad los «tiempos de la ignorancia» (Hch 17,29-30), y en su carta a los Romanos, «tiempos de la paciencia de Dios» (Rom 3,26); en el discurso a los ciudadanos de Licaonia habla Pablo de que en esa edad Dios permitió que las gentes siguiesen sus propios caminos (Hch 14,16). Durante este periodo Dios «tiene paciencia», tolera que la humanidad experimente en sí misma las funestas consecuencias del pecado y de la ignorancia del verdadero Dios. Pero ese abandono es sólo aparente: Dios no se olvida de los hombres, y, como dice el mismo S. Pablo, continúa constantemente dándoles signos de su presencia (Hch 14,17). La sombra del redentor, Cristo, se proyecta de algún modo sobre los tiempos que anteceden a su venida, ya que, en los planes divinos, todo está ordenado a Él.

2) Llegado un determinado momento, Dios interviene en la historia humana: es la vocación de Abraham, seguida de la promesa: «en ti (en tu descendencia) serán benditas todas las tribus de la tierra» (Gen 12,3). Éste es el «tiempo de la promesa», según el discurso de S. Esteban (Hch 7,17). Desde aquí, la humanidad anda dividida: de un lado, el pueblo que nace de Abraham; de otro, el gran resto de la humanidad, los gentiles. La vida humana fuera del pueblo elegido ha tenido que regirse en base a los principios esculpidos por Dios en la conciencia (cfr. Rom 2, 12-15); esos hombres, pues, podían ser justificados mediante el cumplimiento de la ley natural y habida cuenta de los méritos futuros de Jesucristo. Pero la humanidad, en gran proporción, ahogó la voz de su conciencia y vivió en el pecado (cfr. Rom 1,18-32). Y en Abraham hace Dios una promesa que incluye la bendición en él de «todas las familias de la tierra» (Gen 12,3).

3) Una nueva intervención divina inicia como una tercera edad, el «tiempo de la Ley». Dios elige esta vez a Moisés, revelándole su propia intimidad en el episodio de la zarza ardiente (Ex 3,14-17) y estableciendo un pacto, la Alianza  del Sinaí  (Ex caps. 19-24; Dt cap. 29). Mediante este trascendental acto de la Alianza, Dios constituye a los clanes hebreos en su pueblo, el pueblo de Dios. Desde entonces hasta Jesucristo, la historia bíblica no es otra que la historia de la Alianza antigua, la historia del Antiguo Testamento.

La Alianza será el punto de arranque del pueblo veterotestamentario, el centro del resurgimiento hacia el cual deberá tornar una y otra vez después de sus crisis y de sus caídas, para volver, y permanecer fiel a su vocación de pueblo de Dios. En momentos graves, o especialmente solemnes, se renovará la antigua Alianza. Sucederán épocas diversas: la de la conquista de Canaán bajo el caudillaje de Josué; el periodo de las tribus dispersas, agrupadas parcial y ocasionalmente bajo los jueces ; los largos siglos de la monarquía, en los que los profetas  hebreos ejercitarán un trascendental ministerio religioso y volverán a exhortar al pueblo y a sus dirigentes para que retornen al espíritu auténtico de la Alianza y de la Ley; la gran crisis nacional y religiosa del exilio de Babilonia (s. VI a.C.), terrible prueba de la que el alma israelita se rehace gracias a la ayuda que le viene de Dios por los profetas y de algunos dirigentes de profunda religiosidad, como Nehemías y Esdras ; y, finalmente, el largo periodo posexílico (s. V al I a.C.), no exento de peligros y momentos graves, como la helenización forzada a la que quisieron someter los monarcas seléucidas de Siria  a los judíos y contra la que éstos se sublevaron bajo el caudillaje de los Macabeos  (s. II a.C.).

Durante estos largos siglos se fue forjando el alma israelita. A impulsos del Espíritu divino los jueces, los Reyes y los caudillos defendieron la independencia nacional, base de la conservación de la pureza monoteísta de la religión veterotestamentaria. A impulsos del mismo Espíritu, los Profetas fueron profundizando en la fe de Israel: unos subrayaron la responsabilidad moral y social del pueblo de Dios (AMÓS); otros el infinito y entrañable amor de Dios por su pueblo (OSEAS); o la inefable trascendencia de la majestad divina (ISAIAS); o bien la necesidad de fidelidad a la Alianza y la confianza sin límites en Dios (JEREMÍAS); o la responsabilidad individual frente al anonimato de la colectividad (EZEQUIEL); etc. Mientras tanto, un río conductor de la esperanza se fue haciendo cada vez más caudaloso, formando el cauce de la predicación profética: el mesianismo  veterotestamentario, que tendrá su cumplimiento en la persona y en la obra de Jesús el Cristo, el Mesías. Al mismo tiempo, y sobre todo en los últimos siglos de la historia veterotestamentaria, y también a impulsos del mismo Espíritu divino se ha ido desarrollando la sabiduría  hebrea: espíritus selectos, iluminados por Dios, formados en la meditación de la Ley y en las enseñanzas de los profetas y cultivados en la reflexión profunda sobre las cosas de la vida presente, irán labrando una literatura sapiencial, en la que se unen elementos religiosos y morales, empapado todo de una profunda piedad. El fruto de ello serán los sabrosos libros sapienciales  del A. T. que completarán el alma humana y la religiosidad de Israel, preparándola para la venida del Mesías Salvador en la «plenitud de los tiempos».

4) Por fin: la «plenitud de los tiempos»: la Encarnación  del Verbo de Dios, Jesucristo . Por su vida sobre la tierra, por su sacrificio en la cruz seguido de su resurrección  gloriosa, Jesús alcanza la victoria sobre los poderes y fuerzas que esclavizan a la humanidad. Jesús trae como una nueva y definitiva creación, aunque muy distinta de la primera. Él es el nuevo Adán , según la imagen de S. Pablo, primogénito de toda la creación renovada; él es el generador en espíritu del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, no asentada sobre la «carne y la sangre», sino sobre el espíritu y la caridad y la Nueva Alianza en la propia sangre de Jesús. Por su resurrección y ascensión al estado glorioso, la humanidad de Jesús, unida a su divinidad en la misma y única persona del Verbo (unión hipostática), recibe de Dios Padre el Señorío sobre toda la creación, visible e invisible, terrestre y celestial: han comenzado los últimos tiempos, el éschaton. Los Apóstoles, animados por el Espíritu Santo, dan testimonio de Cristo y, por el Bautismo, incorporan a Él a los nuevos creyentes. Las palabras y los escritos apostólicos, o de varones que han recogido su testimonio, son recibidos por la Iglesia, que edificada sobre la Palabra divina y sobre los sacramentos, se difunde por la tierra. Es el tiempo o edad en que ahora nos encontramos: el tiempo de la Iglesia, el tiempo de la incorporación a Cristo por la fe y la gracia, el tiempo de la prueba en el que al refrendar con la perseverancia la fe se prepara la eternidad.

5) Pero la historia presente no está cerrada en sí misma; la muerte no es un fin, sino un comienzo. Nos encontramos ya en los tiempos definitivos, porque en Cristo se han cumplido todas las promesas, pero esas riquezas definitivas aún no se han manifestado en toda su plenitud y las tenemos sólo en esperanza (cfr. Rom 8,24; 1 Jn 3,2 ss.). Con la muerte se manifiesta el juicio de Dios y la eficacia de su acción salvadora: quienes han rechazado su palabra reciben el castigo por sus pecados; quienes la han acogido alcanzan la visión de Dios. El juicio de Dios culmina cuando los tiempos terminen, resuciten los cuerpos y Cristo, viniendo en gloria y majestad, se presente como juez universal. El tiempo dará entonces paso a la plenitud de la eternidad, y Dios reinará con sus santos sobre todas las cosas .

 

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4 comentarios en “Breve esquema de la Historia de la Salvación”

  1. La historia de la salvacion, nos permite conocer las diferentes etapas biblicas, que nos conducen al acercamiento a nuestro señor jesucristo, que es la etapa final de las sagradas escrituras; la historia de la salvacion esta integrada por las etapas siguientes: la creacion del hombre, aqui la humanidad no siguio los principios de dios; despues aparece el patriarca abrahan, fundador del pueblo elegido por dios; posteriormente aparece moises, libertador de la esclavitud del pueblo hebreo; despues aparecen los profetas que anuncianla buenas nuevas de dios; finalmente dios padre envia a su hijo jesucristo, para establecer una alianza definitiva, para la salvacion del genero humano, entrgando su vida, para el perdon de los pecados.

  2. La historia de la salvacion, tiene como objetivo que la humanidad alcance su salvacion eterna mediante la fe en el conocimiento de nuestro señor jesucristo; el proceso ha sido lento, pero seguro desde la creacion, hasta la venida de jesus, hijo de dios padre, que tuvo como mision redimir los pecados de la humanidad.

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