6. EL JUSTO DOLIENTE

También conocido como “Ludlul bêl nêmeqi“: Alabaré al señor de la sabiduría ( Marduk). Conjunto de observaciones pesimistas sobre la vida y relaciones con la divinidad. Ha sido durante años el texto más estudiado en relación con el libro de Job, en parte porque fue el primero en conocerse

… He venido a ser como un hombre sordo … En un tiempo me he portado como un señor, pero ahora me he convertido en esclavo.

[2] ¡Quién me hiciera volver a los meses de antaño, aquellos días en que Dios me guardaba, [3] cuando su lámpara brillaba sobre mi cabeza, y yo a su luz por las tinieblas caminaba; [4] como era yo en los días de mi otoño, cuando vallaba Dios mi tienda, [5] cuando Sadday estaba aún conmigo, y en torno mío mis muchachos, [6] cuando mis pies se bañaban en manteca, y regatos de aceite destilaba la roca! [7] Si yo salía a la puerta que domina la ciudad y mi asiento en la plaza colocaba, [8] se retiraban los jóvenes al verme, y los viejos se levantaban y quedaban en pie. [9] Los notables cortaban sus palabras y ponían la mano en su boca. [10] La voz de los jefes se ahogaba, su lengua se pegaba al paladar. [11] Oído que lo oía me llamaba feliz, ojo que lo veía se hacía mi testigo. [12] Pues yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que no tenía valedor. [13] La bendición del moribundo subía hacia mí, el corazón de la viuda yo alegraba. [14] Me había puesto la justicia, y ella me revestía, como manto y turbante, mi derecho. [15] Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies. [16] Era el padre de los pobres, la causa del desconocido examinaba. [17] Quebraba los colmillos del inicuo, de entre sus dientes arrancaba su presa. [18] Y me decía: «Anciano moriré, como la arena aumentaré mis días. [19] Mi raíz está franca a las aguas, el rocío se posa de noche en mi ramaje. [20] Mi gloria será siempre nueva en mí, y en mi mano mi arco renovará su fuerza. [21] Me escuchaban ellos con expectación, callaban para oír mi consejo. [22] Después de hablar yo, no replicaban, y sobre ellos mi palabra caía gota a gota. [23] Me esperaban lo mismo que a la lluvia, abrían su boca como a lluvia tardía. [24] Si yo les sonreía, no querían creerlo, y la luz de mi rostro no dejaban perderse. [25] Les indicaba el camino y me ponía al frente, me asentaba como un rey en medio de su tropa, y por doquier les guiaba a mi gusto. Job Cap.30 [1] Mas ahora ríense de mí los que son más jóvenes que yo, a cuyos padres no juzgaba yo dignos de mezclar con los perros de mi grey. [2] Aun la fuerza de sus manos, ¿para qué me servía?; había decaído todo su vigor, [3] agotado por el hambre y la penuria. Roían las raíces de la estepa, lugar sombrío de ruina y soledad. [4] Recogían armuelle por los matorrales, eran su pan raíces de retama. [5] De entre los hombres estaban expulsados, tras ellos se gritaba como tras un ladrón. [6] Moraban en las escarpas de los torrentes, en las grietas del suelo y de las rocas. [7] Entre los matorrales rebuznaban, se apretaban bajo los espinos. [8] Hijos de abyección, sí, ralea sin nombre, echados a latigazos del país. [9] ¡Y ahora soy yo la copla de ellos, el blanco de sus chismes! [10] Horrorizados de mí, se quedan a distancia, y sin reparo a la cara me escupen. (Job 29,2-30,10)

El furor de mis compañeros me aniquila…

El día es un suspiro; la noche, un llanto; El mes es silencio, y el año, un duelo…

[6] Mis días han sido más raudos que la lanzadera, han desaparecido al acabarse el hilo. [7] Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no volverán a ver la dicha. [8] El ojo que me miraba ya no me verá, pondrás en mí tus ojos y ya no existiré. [9] Una nube se disipa y pasa, así el que baja al seol no sube más. (Job 7,6-9);

[25] Mis días han sido más raudos que un correo, se han ido sin ver la dicha. [26] Se han deslizado lo mismo que canoas de junco, como águila que cae sobre la presa. (Job 9,25-26)

Apenas he llegado a la vida, y ya he franqueado el tiempo fijado.

Como la flor, brota y se marchita, y huye como la sombra sin pararse. (Job 14,2)

He mirado en torno a mí: ¡mal sobre mal!

Aumenta mi opresión, no puedo encontrar lo recto.

He gritado hacia mi dios, y no me ha mostrado su faz.

[3] ¡Quién me diera saber encontrarle, poder llegar a su morada! … [8] Si voy hacia el oriente, no está allí; si al occidente, no le advierto. (Job 23, 3 y 8)

He invocado a mi diosa, pero no levantó su cabeza.

El adivino, con sus conjuros, no discierne la situación, y el encantador, con sus sacrificios, no ha hecho brillar mi juicio. Me he vuelto al nigromante, pero no ha logrado entender. Y el mago, con sus conjuros, no ha disipado la cólera que pesa sobre mí. ¿De dónde provienen los males por doquier? He mirado hacia atrás: la desgracia me persigue. Como si a mi dios yo no hubiera ofrecido el sacrificio prescrito, como si no invocara a la diosa en el banquete, como si mi rostro no se inclinara y como si mi adoración no hubiera sido vista; como aquel en cuya boca han cesado las plegarias y las súplicas, para el cual hubiere terminado el día de fiesta y eliminados las neomenias (eshsheshu). Yo me he asemejado al que se hizo negligente y despreció sus imágenes, al que no enseñó a su pueblo la religión y la reverencia, al que no se acordó de su dios, aunque comía su comida; al que abandonó a su diosa y no le ofreció la libación, al que ha sido opresor y olvidó a su (divino) señor, al que juró frívolamente en nombre de su divinidad honorable. Pero en realidad yo sólo pensaba en la oración y en las súplicas, pues la plegaria era mi meditación, y el sacrificio, mi ley; la alegría de mi corazón estaba en el día de la adoración de los dioses; mi ganancia y mi riqueza era la procesión de mi diosa; la veneración del rey era mi alegría y me gozaba en la música en su honor. Yo enseñaba a mi país a guardar el nombre de dios y enseñaba a las gentes a honrar el nombre de la diosa. Yo exaltaba la majestad del rey a la de dios e inculcaba al pueblo la veneración por el palacio (real). Yo sólo sabía que estas cosas eran agradables al dios, pues lo que es bueno para uno, es malo para dios y lo que es malo según la apreciación de uno, es buena para dios. ¿Quién podrá entender el designio de los dioses en medio de los cielos? Los designios divinos son aguas profundas. ¿Quién podrá comprenderlos? ¿Cómo los seres humanos van a conocer la conducta de un dios?

[1] Yahveh repondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo: [2] ¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido? [3] Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás. [4] Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad. [5] ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella? [6] ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular, [7] entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios? (Job 38,1-7); ¿Sabes acaso cómo Dios los rige, y cómo su nube hace brillar el rayo? (Job 37,15); ¡Es Sadday!, no podemos alcanzarle. Grande en fuerza y equidad, maestro de justicia, sin oprimir a nadie. (Job 37,23).

El que ayer estaba vivo, hoy está muerto. Al instante se ha convertido en tinieblas, al punto ha sido aplastado. En un momento cantaba una canción alegre, y al instante se lamenta como una que hace duelo.

Rico se acuesta, mas por última vez; cuando abre los ojos, ya no es nada. (Job 27,19); Mueren ellos de repente a media noche, perecen los grandes y pasan, y él depone a un tirano sin esfuerzo. (Job 34,20)

Como el día y la noche cambia de humor. Cuando están hambrientos, parecen cadáveres; cuando están saciados, se miden con los dioses. En la prosperidad hablan de subir al cielo; cuando están afligidos, regañan y quieren bajar al mundo subterráneo…

Un mal espíritu ha venido del abismo… Un dolor de cabeza procede de Ekur (mundo subterráneo)… El… (demonio) ha descendido de la montaña del mundo subterráneo… Como la hierba del suelo, la enfermedad vuelve pálido… Todos juntamente se echarán hacia mí… Al cuerpo erguido destruyeron como a un muro y a mi ancha figura echaron abajo como a una caña. Como un singirtu (planta acuática) fue echado y arrojado sobre mí. El alu (demonio de la enfermedad) ha cubierto mi cuerpo como un vestido. Como una red el sueño me ha cubierto. Mis ojos se clavan fijos, sin mirar; mis oídos están abiertos, sin oír. La languidez se ha apoderado de mi cuerpo, una desgracia repentina ha caído sobre mi carne; la debilidad se ha apoderado de mi mano, el cansancio ha caído sobre mis rodillas. La muerte (me ha perseguido) y ha cubierto todo mi cuerpo. Si alguno pregunta por mí y me llama, no respondo. Mi gente llora, pero yo ya no existo. En mi boca se ha colocado una mordaza. Yo he retenido la palabra en mis labios… El trigo, aunque esté podrido, lo como. La cerveza ‑¡vida divina!‑ la he eliminado de mí. Mucho ha durado la desgracia. Mi apariencia por extenuación… Mi carne está flácida, mi sangre (se va); mis huesos están rotos… mis músculos inflamados… Tomo mi lecho por cárcel, pues han bloqueado mi salida.

[15] Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas. [16] Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte (SALMOS, 22)

Mi casa se ha convertido en prisión; mis manos han sido puestas en grilletes; es decir, mi carne. Mis pies han sido arrojados en cadenas. Mis ronchas se convierten en llagas, mi herida es grave. Me han golpeado con un látigo terriblemente. Me han atravesado con pinchos; la punzada era feroz.

[16] Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte. [17] Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies. [18] Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran, [19] se reparten entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica. (SALMOS, 22)

Todo el día me acecha un perseguidor.

[13] Si digo: «Mi cama me consolará, compartirá mi lecho mis lamentos», [14] con sueños entonces tú me espantas, me sobresaltas con visiones. (JOB, 7)

De noche, mi aliento no respira un momento. Mis nervios, al estirarse, han quedado sueltos; mis miembros están desquiciados, como algo aparte. Paso la noche en mi estiércol como un buey.

[8] Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. (JOB, 2)

Estoy empapado, como una oveja, en mis excrementos. Mi artritis elude al conjurador y mis agüeros confundieron al adivino. El encantador no ha sabido determinar mi enfermedad y el adivino no acierta a determinar el tiempo de mi dolencia. Ni el dios me ha ayudado, ni ha tomado mi mano; mi diosa no ha mostrado compasión ni vino a mi lado. Mientras la sepultura estaba aún abierta, se apoderaron de mis joyas;

[18] Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran, [19] repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica. (SALMOS, 22)

y antes de que hubiera muerto terminó el llanto por mí. Todo el país decía: ‘¡Qué pena!’ El que me deseaba el mal lo oía, y su rostro brillaba (con alegría).

[6] Mis enemigos hablan mal contra mí: «¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?» [7] Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles, el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera. [8] A una cuchichean contra mí todos los que me odian, me achacan la desgracia que me aqueja: [9] «Cosa de infierno ha caído sobre él, ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.» (SALMOS, 41)

Trajeron las buenas noticias, las buenas noticias a la mujer que deseaba mi mal, y se alegró su espíritu. Pero yo sé el día en que mis lágrimas cesarán, en que las divinidades se mostrarán tales protegiéndome.

[25] Yo sé que mi Defensor está vivo, y que él, el último, se levantará sobre el polvo. [26] Tras mi despertar me alzará junto a él, y con mi propia carne veré a Dios. (JOB, 19)

Pesada era mi mano, y no podía aguantarla; poderoso era su espanto… Una mañana tuve un sueño dos veces con el mismo significado: un cierto hombre, inmenso por su estatura…, quitó lo que obstruía y abrió mi oído… Mi nariz, cuyo (respirar) estaba impedido por la opresión de la calentura, curó su lesión, de forma que pude respirar… Mis labios, que estaban apretados y (temblaban), él desechó su temor y soltó sus ligaduras. Mi boca, que estaba cubierta y con la que hablaba cuchicheando, él la limpió como si fuera cobre y la hizo brillar. Mis dientes, que estaban cerrados y… él abrió el espacio entre ellos y sus raíces… La lengua, que estaba atada y era inhábil para su función, él le quitó su mudez, y su habla se hizo clara. A la tráquea, que estaba estrechada y tiesa como un cadáver, hizo que sus cantos fueran alegres y sonaran como flauta. Los pulmones, que estaban apretados y no recibían (aliento), se enderezaron y se abrió lo que los taponaba… El ancho intestino, que estaba vacío por el hambre y entrelazado corno un cesto, recibió alimento y aceptó bebidas. El cuello, que se había ablandado e inclinado, se irguió como una montaña y se puso erecto como un cedro. Mi vigor se hizo semejante al que tiene plena fuerza… Las rodillas, que estaban tiesas, se alzaron … En un sueño vi a un cierto hombre… que tomaba en su mano una rama de tamarisco y un vaso de purificar, (diciendo): `Tab‑utul‑Enlil, morador de Nippur, me ha enviado para purificarte’. Y, levantando agua la derramó sobre mí. Recitó la encantación de vida, me ungió con… Y vi un tercer sueño… en la noche: según el modo humano, una muchacha (hermosa) con facciones delicadas… Marduk tomó mi mano, levantó mi cabeza… Y volví a Babilonia y entré en el Esagila…, y persistí ante él con súplicas e imploraciones, le ofrecí incienso de suave olor con libaciones… Marduk puede hacer revivir al que está en situación grave, Sarpanit puede librar de la destrucción.

 

Como en el caso del infortunado Job, el justo doliente mesopotámico sufre a pesar de que es consciente de su inocencia. La diferencia entre ambas producciones literarias (la bíblica y la mesopotámica) está en el enfoque general, ya que en el caso de Job no intervienen para nada los magos, los adivinos, y el infortunado varón de Hus acepta con estoica pasividad su triste situación: «desnudo salí de mi madre y desnudo volveré a la tierra» (Job 1,21). Es algo más que la aceptación fatalista oriental: «Dios me lo dio, Dios me lo quitó»; es la expresión de entrega a los misteriosos designios de una fuerza superior. En los diálogos desahoga sus sentimientos de protesta ante las tontas argumentaciones tradicionales de sus amigos, y, al fin, al ver las obras grandiosas de Dios en la naturaleza, reconoce que se ha sobrepasado en sus afirmaciones. Todos se han equivocado, pues la solución está en el hecho de que los designios de Dios sobre los hombres son inescrutables. No cabe sino acatarlos con humildad y paciencia.

 

En la perspectiva mitológica de la religión mesopotámica, el hombre es obra de los dioses, pues ha sido formado con la sangre de un ser divino (¿Marduk‑Qingu?), y los dioses, lejos de desinteresarse de los destinos de los hombres, los determinan cada año. En realidad, los dioses tienen necesidad del hombre, de su culto, pues de otro modo los dioses no podrían disfrutar de sus banquetes (poema de la creación o Enuma elish). Pero los dioses son celosos de su inmortalidad y han puesto al hombre la limitación trágica de la muerte. Es lo que se dice en el poema de Gilgamesh: «Cuando los dioses crearon la humanidad, decidieron la muerte para la humanidad y retuvieron para ellos la vida». Desde entonces surgió en el hombre eso que se ha dado en llamar la «angustia vital», tan bien dramatizada en el relato de la caída del primer hombre según la tradición bíblica. Desde entonces, el hombre ha ensayado todos los medios de escapar a su destino mortal apelando a la magia y a la religión. Etana busca la «hierba del alumbramiento» y se eleva sobre los aires llevado de las alas de un águila. Pero, cuando se acerca a la región donde habita Ishtar, el héroe declara: «Yo no puedo subir al cielo». Y el vértigo le hace perder la ocasión de llegar a la región de los dioses, y el héroe y el águila caen destrozados en el suelo (mito de Etana).

El esquema religioso sumero‑acadio se basaba en un determinismo del destino. Todo viene al hombre por determinación de los dioses. Por ello está sujeto a fuerzas superiores, benéficas o malignas. De ahí la situación conflictiva permanente del hombre. El poema del «justo doliente» de Babilonia refleja la situación de un enfermo que no sabe por qué los dioses le condenaron a tal situación, y, como en el caso de Job, al fin el dios le cura y restablece totalmente, terminando con una acción de gracias.

Resumiendo:

  • El tema, pues, es común a todas las literaturas, y no se puede hablar de una dependencia literaria del relato bíblico del texto babilónico, que le es muy anterior, pues, aunque las tabletas en el que fue encontrado son del siglo VII a.C., su original es anterior al 2000 a.C.
  • En el texto hemos señalado algunas frases parecidas, pero el enfoque sustancial es totalmente diverso en ambos poemas; el diálogo de Job es vívido y de una fuerza expresiva muy superior al relato mesopotámico. Como dice J. Nougayrol, «si se entra en el detalle de las diversas versiones, se encuentra poco, extrañamente poco, de coincidencias entre ellas. Es preciso, pues, hablar de un tema común, no de una misma fuente».

 

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