Sentido teológico del Génesis

paisaje

Dios reveló progresivamente a Israel el misterio de la Creación.

Los relatos contenidos en esta historia constituyen un momento culminante de esa revelación. Pero antes de su redacción ya había ido preparando el camino en otros textos más primitivos. El Señor se reveló por medio de los profetas como el redentor de Israel, a quien había creado como pueblo suyo al elegirlo: Ahora, así dice el Señor tu creador, Jacob, tu plasmador, Israel: No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío (Is 43,1).

Más adelante, este Dios da a conocer a su pueblo que no sólo tiene dominio sobre él por haberlo creado, sino que le pertenecen todos los pueblos de la tierra y la tierra entera pues él mismo los hizo, por eso se pueden considerar afortunados: ¡Benditos seáis del Señor, que ha hecho los cielos y la tierra! Los cielos, son los cielos del Señor, la tierra se la ha dado a los seres humanos (Sal 115,15‑16).

Desde el comienzo la revelación de la creación está unida a la revelación y realización de la Alianza de Dios con su pueblo, como testimonio primero y universal de su amor que todo lo puede, y que llama a los hombres a la salvación, a pesar de que el drama del pecado hubiera producido ya muchas infidelidades a esa Alianza que había establecido. La “historia de los orígenes”, colocada por los autores sagrados al principio del Génesis, expresa con lenguaje solemne los “misterios del comienzo”: la creación, la caída y la promesa de salvación .

EL GÉNESIS Y LA VIDA

Desde el análisis profundo del texto podemos percibir la noción de VIDA como latiendo en todo el relato, ante la contemplación de esta realidad se da esta respuesta profunda: Dios es la fuente de la vida; después se indican las condiciones para que esta VIDA sea posible (el orden, los grados, el escenario) y albergue al hombre (vida humana): conciencia de vida en cuanto se sabe vivida. El hombre es pero no esta hecho: es una posibilidad de proyecto.

En la descripción creacional se alude indirectamente a los diez mandamientos por medio de las diez órdenes que se dan (me manda (envía) Dios y me envía (manda) Vida: el envío (mandato) apostólico de Jesús); tras cada orden se dice que era bueno y al final que todo era muy bueno (Gn 1,31); el universo fue creado por medio de “Diez palabras” y en el Sinaí Dios creo a su pueblo por otras “Diez palabras” ( los Diez mandamientos). Se nos está diciendo con ello que Dios creo con Diez palabras un mundo muy bueno, un mundo que me fue entregado a mí, ahora depende de mí que siga siendo bueno, y se me indica la forma de conseguirlo: vivir en plenitud los Diez mandamientos (la VERDAD). En un segundo momento se establece el desarrollo para alcanzar la plenitud de vida humana: la familia y el trabajo en el paraíso en relación de confianza mutua y con Dios.

LAS 10 PALABRAS DE LA CREACIÓN

1 que exista la luz

2 que haya una bóveda

3 que las aguas se reúnan

4 produzca la tierra vegetación

5 que haya lumbreras

6 que rebosen las aguas seres vivos

7 creced y multiplicaos (animales)

8 produzca la tierra seres vivientes

9 hagamos al hombre

10 creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla… ved

También se nos indica la VERDAD-CONFIANZA como el ambiente que la vida necesita para desenvolverse. Esto se ve muy claro con la tentación de la serpiente (el demonio es mentiroso y homicida desde el principio) que empieza con la MENTIRADESCONFIANZA (primero de Dios y luego entre ellos) y conduce a la MUERTE-NO VIDA (en el trabajo infecundo, en el volver al polvo del que salimos; así como por la envidia de Caín y el asesinato de Abel). El Señor vino para traernos esta VIDA en la VERDAD del trato confiado y filial con Dios así como en el perdón y misericordia entre nosotros.

vida – muerte

verdad – mentira

Esa salvación, anunciada ya desde el principio, se va realizando en una serie de etapas, las primeras de las cuales forman parte de la “historia de los orígenes”. En concreto, la Alianza con Noé después del diluvio es el punto de partida de la atención divina a las “naciones”, esto es a los hombres agrupados “según sus países, cada uno según su lengua y según sus clanes” (Gen 1

0,5). La llamada a salvaguardar el orden originario a pesar de la tensión entre la unidad del género humano y la pluralidad de las naciones es una tarea que sirve para limitar el orgullo de una humanidad caída que busca restaurar la unidad por sí misma al margen de Dios como en Babel (Cf. Gen 11,4‑6).

La idea central de la “historia de los patriarcas” es la elección de Israel por parte de Dios. En ella se enseña que esa elección comienza con la llamada a Abram para que salga fuera de su tierra, de su patria y de su casa (Gen 12,1) y llegue a ser Abrahán, esto es, el padre de una multitud de naciones (Gen 17,5).

La promesa hecha a Abrahán de que sería padre de una numerosa muchedumbre y que recibiría en posesión la tierra de Canaán, como fruto de la fe, inaugura la economía de la salvación. Mediante esta promesa se inicia la formación del pueblo de Dios.

La vocación divina es secundada por el patriarca mediante una obediencia tal que llega incluso a aceptar el sacrificio de su hijo Isaac (Cf. Gn 17,4‑8). La obediencia hasta ese extremo fue la piedra de toque de la esperanza que Abrahán había depositado en las promesas recibidas de Dios.

La correspondencia de los Patriarcas a la elección divina de que fueron objeto constituye un admirable paradigma de trato confiado y amistoso con su Señor, y de respuesta con hechos a las palabras de Dios. Cuando Abrahán recibe la llamada, se pone en marcha “como se lo había dicho el Señor” (Gen 12,4). Fiándose de Dios y caminando en su presencia, está en condiciones de acoger con admirable hospitalidad en Mambré al huésped misterioso (Cf. Gen 18,1‑15), y cuando Dios le confía sus planes de destruir Sodoma y Gomorra procura mover al Señor a tener compasión de los hombres, intercediendo por ellos con audacia (Cf. Gen 18,16‑33).

A lo largo de la historia patriarcal se muestra cómo Dios lleva adelante la elección y reafirma las promesas, cuyo cumplimiento se sitúa siempre en el futuro.

Es el Dios amigo del paraíso que vuelve a comenzar una y otra vez con los hombres la historia de su amistad con el hombre.

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