Hipótesis explicativa del “interludio judío” del motín de los plateros de Éfeso (Hech 19,32-34)

Uno de nuestros comentaristas (Lucas, aunque su nombre es Xabier) nos envió hace tiempo este valioso estudio exegético que ahora pongo en el blog. Muy sugerente el trabajo y enhorabuena por esta intuición que me parece acertada, así como agradecerte que hayas querido compartirlo con nosotros.

Considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, el Templo de Artemisa de Efeso, estaba dedicado a la diosa de la caza
Considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, el Templo de Artemisa de Efeso, estaba dedicado a la diosa de la caza

Como es bien conocido, durante la estancia de Pablo en Éfeso, los plateros fabricantes de templetes de Artemisa, arengados por un tal Demetrio, movilizaron a una muchedumbre y arrastraron por la fuerza a los macedonios Gayo y Aristarco al teatro de Éfeso, hasta que el Secretario de la ciudad logra calmar a la población y ordena liberar a los retenidos.

En la narración de este episodio, el autor introduce lo que el profesor Paul Trebilco[1] denomina “interludio judío”:

Había gran confusión en la asamblea y la mayoría no sabía por qué se habían  reunido. Algunos de entre la gente aleccionaron a Alejandro, a quien los judíos habían empujado hacia delante. Alejandro pidió silencio con la mano y quería dar explicaciones al pueblo. Pero al conocer que era judío, todos a una voz se pusieron a gritar durante casi dos horas: “¡Grande es la Artemisa de los efesios!”

Cuando el Secretario logró calmar a la gente dijo:…

La mención del judío Alejandro sin explicar qué pretendía hacer ha causado extrañeza a muchos comentaristas. Así, el profesor Trebilco considera que Lucas no parece tener motivo para introducir el “interludio judío” puesto que la participación de los judíos es incidental a todo el evento y no añade nada a la historia de Pablo[2]. Este mismo autor, se pregunta cómo reconoce la multitud que Alejandro es judío.

Muchos exegetas han sugerido que Alejandro pretendía desvincular a los judíos de Pablo y sus seguidores. Otros, en cambio, han propuesto que Alejandro es un judeo-cristiano que quería defender a sus compañeros, pues su repentina introducción y la omisión del indefinido “un cierto…” que se utiliza en Hechos en la presentación de varios personajes sugiere que se trata de alguien conocido por la audiencia cristiana a la que se dirigía Lucas. También se ha especulado con la posibilidad de que se trate del broncista Alejandro mencionado en la Segunda Epístola a Timoteo[3].

En nuestra opinión, ninguna de estas hipótesis es correcta, pues tanto si Alejandro es judío como si es judeo-cristiano, consideramos que sería muy arriesgado subir al teatro en esas circunstancias.

Creemos que la clave está en el enlace entre el “interludio judío” y la aparición del Secretario. Si contemplamos globalmente estos dos momentos, tenemos en la escena tres tiempos:

  • 1. El judío Alejandro, pide silencio y trata de hablar al pueblo.
  • 2. Por ser judío, no se le escucha y continúa el tumulto.
  • 3. El Secretario logra calmar a la gente y se dirige al pueblo.

En esta secuencia, se echa en falta un elemento: la introducción del Secretario para intentar calmar a la gente antes lograrlo. Tal y como está redactado, la irrupción del Secretario en el relato resulta demasiado abrupta, pues se habla del final de su intervención pero no del comienzo. ¿Por qué se produce esta omisión? En nuestra opinión, porque el Secretario y Alejandro son la misma persona.

Si se contempla la posibilidad de que Alejandro es el Secretario, quedaría aclarado por qué es reconocido como judío antes de empezar a hablar, cual era su intención y por qué se omite toda mención al Secretario antes de que logre calmar a la multitud.

Según ha demostrado la Arqueología a través de textos y monedas, la palabra “secretario” (grammateus) era utilizada en Éfeso para designar a diferentes magistrados[4], por lo que se trataba de una persona notable que podía intervenir en la asamblea con autoridad y ser reconocido. El hecho de que se trate de un judío no es sorprendente, pues había muchos judíos con la ciudadanía romana y hay constancia de judíos que ocuparon magistraturas en ciudades de Asia Menor[5].

A favor de la hipótesis de la identificación entre Alejandro y el Secretario, hay que considerar también que una de las características literarias de Lucas es la realización de paralelismos. Así, basta con tomar un lápiz y un papel para comprobar los paralelismos entre el nacimiento y la infancia de Juan y Jesús, entre las muertes de Jesús y Esteban o entre los hechos y milagros de Pedro y Pablo, entre otros ejemplos. Pues bien, en el motín de los plateros y la actuación de Alejandro, puede apreciarse un claro paralelismo con la intervención de Gamaliel ante el Sanedrín en defensa de los apóstoles (Hch. 5:25 y ss), aunque este paralelismo no está, naturalmente, exento de diferencias.

LOS APÓSTOLES EN EL SANEDRÍN

MOTÍN DE LOS PLATEROS

Se presentó entonces uno que les dijo: «Mirad, los hombres que pusisteis en prisión están en el Templo y enseñan al pueblo.»

Cierto platero, llamado Demetrio, que labraba en plata templetes de Artemisa y proporcionaba no pocas ganancias  a los artífices, reunió a éstos y también a los obreros de este ramo y les dijo:…

Entonces el jefe de la guardia marchó con los alguaciles y les trajo, pero sin violencia, porque tenían miedo de que el pueblo les apedrease. Les trajeron, pues, y les presentaron en el Sanedrín…

Al oír esto, llenos de furor se pusieron a gritar: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!» La ciudad se llenó de confusión. Todos a una se precipitaron en el teatro arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de viaje de Pablo….

Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.

Unos gritaban una cosa y otros otra. Había gran confusión en la asamblea y la mayoría no sabía por qué se habían  reunido

Entonces un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, con prestigio ante todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín.

Algunos de entre la gente aleccionaron a Alejandro, a quien los judíos habían empujado hacia delante. Alejandro pidió silencio con la mano y quería dar explicaciones al pueblo. Pero al conocer que era judío, todos a una voz se pusieron a gritar durante casi dos horas: “¡Grande es la Artemisa de los efesios!”

Mandó que se hiciera salir un momento a aquellos hombres y les dijo: “Israelitas…

Cuando el magistrado logró calmar a la gente, dijo: “Efesios,

Mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, que pretendía ser alguien y que reunió a su alrededor unos cuatrocientos hombres; fue muerto y todos los que le seguían se disgregaron y quedaron en nada. Después de éste, en los días del empadronamiento, se levantó Judas el Galileo, que arrastró al pueblo en pos de sí; también éste pereció y todos los que le habían seguido se dispersaron.

¿Quién hay que no sepa que la ciudad de los efesios es la guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua caída del cielo? Siendo, pues, esto indiscutible, conviene que os calméis y no hagáis nada inconsideradamente.

Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres y dejadlos.

Habéis traído aquí a estos hombres que no son sacrílegos ni blasfeman contra nuestra diosa.

Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá.

Si Demetrio y los artífices que le acompañan tienen quejas contra alguno, audiencias y procónsules hay; que presenten  sus reclamaciones. Y si tenéis algún otro asunto, se resolverá en la asamblea legal.

Pero si es de Dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra Dios.”

Porque, además, corremos peligro de ser acusados de sedición por lo de hoy, no existiendo motivo alguno que nos  permita justificar este tumulto.”

Como puede apreciarse, los discursos de Gamaliel y el Secretario tienen una estructura muy similar: una apelación, un recuerdo del pasado, llamada a la tranquilidad y petición de libertad para los cristianos, pronóstico acerca de qué puede ocurrir en caso de que los cristianos fuesen culpables y advertencia de peligro.

Igualmente, el paralelismo entre las dos situaciones, pese a sus obvias diferencias, es también notable, resultando mayor si se considera que Alejandro es el Secretario. Tanto Gamaliel como Alejandro se levantan ante el personal enfurecido y tratan de hacerse escuchar. Si Alejandro y el Secretario son distintas personas, para que el paralelismo con Gamaliel fuese mayor, creemos que sería necesario que el Secretario hubiese sido presentado antes de lograr calmar a la multitud.


[1] TREBILCO, P.: The Early Christians in Ephesus: From Paul To Ignatius, Mohr Siebeck, 2004, p. 161.

[2] Ibídem.

[3] Una exposición de las hipótesis propuestas, acompañada de abundantes citas bibliográficas, puede consultarse en: Paul, Artemis and the Jews in Ephesus, pp. 148 y ss.

[4] KEARSLEY, R. A.: “Some Asiarchs in Ephesos”, en HORSLEY, G.H.: New documents. illustrating early Christianity. A review of the Greek inscriptions and papyri published in 1979, Macquarie University, pp. 46-55.

[5] STRELAN, R.: Paul, Artemis and the Jews in Ephesus, Walter de Gruyter, 1996, pp. 173 y ss. TREBILCO, P.: Jewish Communities in Asia Minor, Cambridge University Press, 1991, pp. 173 y ss

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