La composición del libro del Deuteronomio

Para seguir la historia de ese proceso de composición se pueden apuntar algunos detalles. En 2 Reg 22, 3‑20 se narra que, durante unas obras de restauración en el Templo de Jerusalén, “fue encontrado el Libro de la Ley”. Era el año 18 del reinado de Josías, esto es, el 622‑621 a.C. La lectura de dicho libro produjo en el rey y en el sumo sacerdote un gran efecto. Inmediatamente, el piadoso rey Josías hizo una solemne renovación de la Alianza, tomando como fundamento “las palabras del Libro de la Ley” que se había encontrado. El libro segundo de los Reyes no especifica cuál fuera ese libro. Actualmente hay un consenso general acerca de que tal libro debió de ser precisamente el Deuteronomio, no tal como ha llegado a nosotros, sino más bien en uno de sus núcleos originales, que más o menos vendría a corresponder con los capítulos 6 al 28 del actual texto.

Sin embargo, ese texto no fue escrito en tiempos de Josías como si fuera un piadoso fraude del sumo sacerdote o de alguna otra persona, sino que tenía una historia redaccional previa. En efecto, los textos religiosos suelen tener una gestación lenta, a lo largo de la cual van incorporando elementos precedentes muy arcaicos, junto con otros nuevos. Estas características se pueden observar también en la formación del Deuteronomio.

  • Según parece, los estratos más antiguos del “primitivo” Deuteronomio (Dt 6‑28) serían compuestos en los últimos años del reino del Norte, muy poco antes de la Caída de Samaria. En efecto, tanto el trasfondo geográfico e histórico que reflejan, como los puntos de contacto que presentan con la predicación de Oseas hacen pensar razonablemente en esa época y lugar.
  • Después del desastre de Samaria (721 a.C.), los israelitas que huyeron a Judá llevaron consigo sus tradiciones, que pasaron a enriquecer el acervo religioso de la nación hermana, introduciendo algunas adaptaciones, como la necesidad de la centralización del culto en Jerusalén. En esta etapa ese libro estaba próximo por su forma literaria a los códigos legales del Antiguo Oriente. Constaba de una introducción (Dt 6,4‑9; 7;10,12‑11,25), un cuerpo legal (Dt 12‑25) y unas bendiciones y maldiciones (Dt 26‑28).
  • Posteriormente, tras la caída de Jerusalén, esta Ley serviría como punto de referencia para reflexionar sobre la historia y juzgar los acontecimientos del pasado a la luz de lo que en ella se prescribía. Se fue componiendo así la “Historia deuteronomista” de la que este libro, que es su base legal, pasó a ser su prólogo. Para adaptarlo a su nueva función añadieron los primeros y últimos capítulos del libro (Dt 1‑5 y Dt 29‑34), a la vez que intercalaron algunos pasajes en el conjunto anterior. Al añadirse las secciones históricas del principio, la manifestación de Dios en el Horeb cobró protagonismo en la obra, y con ello todo lo que significa la ratificación de la Alianza, cuya ley fundamental es el Decálogo. Con estas modificaciones el Deuteronomio perdió en parte su caracterización formal de código legal y adquirió un parecido mucho mayor con los “pactos de vasallaje”: a) Preámbulo; b) Prólogo histórico; c) Proclamación de la Ley; d) Compromiso entre Dios y el pueblo; e) Invocación de testigos.
    • a) Preámbulo: “Yo soy el Señor, tu Dios” (Dt 5,6)
    • b) Prólogo histórico: los capítulos 5‑11 que son una rememoración de lo sucedido al pueblo desde la partida del monte Horeb
    • c) Proclamación de la Ley (Dt 12,1‑26,15)
    • d) Compromiso mutuo entre Dios y el pueblo (Dt 26,16‑19), bendiciones y maldiciones (Dt 27,1‑30,18)
    • e) Invocación de testigos (Dt 30,19‑20).
  • Al regreso del Destierro, y cuando se estaba terminando de componer el Pentateuco, el libro del Deuteronomio se trasladó al final del mismo para que sirviera de culminación. Para adaptarlo a su nueva situación, tal vez basto trasladar al final del mismo la noticia de la muerte de Moisés, e introducir algunos pequeños retoques, hasta que quedó en su forma actual.

En todo caso, el Deuteronomio, cualquiera que haya sido su proceso de formación literaria, tal como quedó fijado en el Canon, es un libro que contiene enseñanzas teológicas y morales de primer orden en la historia de la Revelación y del pensamiento humano.

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