La tradición del Éxodo de Israel

Las plagas y las crecidas del Nilo

Con respecto a las plagas narradas en el libro del Éxodo se ha hecho notar la repetición periódica de fenómenos parecidos a muchas de ellas en Egipto: temporadas en las que el Nilo baja de un color fuertemente rojizo debido al barro, proliferación de ranas, mosquitos y moscas, nubes de langosta, tormentas con granizo que rompe las cosechas, y nubes de arena arrastradas por el siroco que provocan una notable oscuridad en pleno día. Tal vez la intervención de Dios para que se con juntaran todos estos fenómenos en un corto espacio de tiempo fue suficiente para influir en la decisión del faraón de dejarlos partir. Esa actuación divina mediante su providencia ordinaria, posiblemente, fue después narrada de modo apologético y presentada de modo más explícito en el relato.

En Ex 12,37ss se narra la salida de Israel de la tierra de Egipto. Seguir el itinerario con un mapa es bastante difícil, ya que aunque muchos de los nombres geográficos son también conocidos en la documentación egipcia no se ha podido establecer con seguridad la localización exacta de esos sitios. Los estudiosos observaron la existencia de textos donde la salida de los israelitas aparece como huida mientras en otros como una expulsión. Esta teoría sin embargo esta llena de conjeturas y contradicciones y últimamente está prácticamente descartada. Los israelitas vivían en Egipto como esclavos, pero también como obreros y soldados mercenarios. Los obreros, con el tiempo, podían adquirir un mejor nivel de vida; los soldados se licenciaban al final de su servicio. Los esclavos podía emanciparse aprovechando las turbulencias políticas, frecuentes en el imperio de los faraones. De este modo y lentamente, los israelitas regresarían al país de Canaán donde residían sus hermanos. En el conjunto de esta lenta salida debió de producirse algún suceso político en el que un personaje destacado, Moisés, salió de Egipto con un grupo israelita. Moisés y sus acompañantes anduvieron por el desierto del Sinaí, donde experimentaron la presencia del Señor, y se comprometieron a llevar una existencia acorde con los Mandamientos divinos. La personalidad de Moisés y la fuerza espiritual de este grupo se impondría poco a poco a todos los demás israelita.

El Paso de Yam suf o “mar de las cañas”.

Lo más notable es lo referente al Mar Rojo. En el texto bíblico no aparece la expresión “mar rojo” sino “yam suf” (=mar de las cañas), que no parece posible identificarlo con el Mar Rojo actual, ya que en sus orillas no hay cañaverales. Además, según el relato del Éxodo, parece que el “Yam suf” sea la frontera divisoria entre la tierra egipcia y el desierto; además si hubieran tenido que llegar hasta el Mar Rojo tendrían que haber recorrido varias jornadas de desierto antes de atravesarlo. En un texto egipcio que describe las maravillas de Tanis se dice que cerca de la ciudad había dos masas de agua (=lagos). Una era “el agua de Horus”, y la otra el “pantano de los papiros (sup)”, que posiblemente es a lo que se refiere la Biblia. Eso sería entonces una prolongación del lago Menzalé hacia el sur; actualmente ha quedado alterada toda la zona por la construcción del canal de Suez. Además en esa zona, antes de la construcción del canal, había una comunicación de aguas intermitente entre los lagos y el golfo de Suez cuando se daba la marea alta.

La estela de Meren-ptah y la fecha de la partida.

En cuanto a la fecha de la partida de Egipto, puede ayudar a situarla la estela de Meren‑ptah, sucesor de Ramsés II, en el siglo XIII a.C., que menciona una victoria sobre “Israel”, que además sólo lleva el distintivo de “pueblo”, no de “lugar geográfico”. El texto completo dice así: «Los príncipes se han postrado diciendo: Paz, / Entre los nueve arcos nadie levanta la cabeza. / Desolación para Tehenu (Libia); Jattu está pacificado. / Canaán está capturado con todo lo que tiene de malo; / Ascalón está deportado; ha sido tomada Gezer; / Yano‑ ‘am ha venido a ser como si no existiese. / Israel ha sido devastado; no tiene semilla. / Juru se ha convertido como en una viuda por Egipto. / Todos los países en conjunto han sido pacificados. / El que era turbulento ha sido atado / por el rey del alto y bajo Egipto: Ha‑en‑Re Mar-Amón, el hijo de Re, Merneptah, que recibe vida como Re cada día” (ANET 37‑378, SAO, 271‑272).

Acerca de precisar la localización del monte Sinaí

El monte donde tiene lugar la teofanía en la que Dios se manifiesta a Moisés recibe el nombre de Sinaí en algunos textos bíblicos (J) y Horeb en otros (E y D). La tradición cristiana lo sitúa al sur de la actual península del Sinaí, en el monte llamado Djebel Musa. En cambio, en Ex 3,1 se lo relaciona en el territorio de Madián, que está en la península arábiga, en la región de Harab, que todavía hoy se llama Madyan. Además existe sobre esto una vieja tradición judía, bien documentada, y de la que se hace eco San Pablo cuando dice que “el monte Sinaí está en Arabia” (Gal 4,25). Por otro lado si la manifestación de Dios tuvo lugar en una erupción volcánica, como algunos piensan, en mi opinión sin razón, que se desprende de Ex 19,18‑22 y Dt 4, 11‑12, no podría estar en la Península del Sinaí, que no es zona volcánica; tendría que estar en la península arábiga cerca de la costa, en el macizo de Djebel Harab, donde ha habido erupciones volcánicas en época histórica. Si la teofanía tuvo lugar en medio de un fenómeno de tipo tormentoso (Cf. Ex 19,16) lo más probable según el texto, pudo haber sido en Arabia, o en el Djebel Musa o en cualquier lugar de la península del Sinaí. Por último, en Dt 1,2 se dice que el itinerario desde el monte Horeb hasta Cades Barnea duró once días, tradición que podría derivar del tiempo necesario para recorrer esa antigua ruta de peregrinos (es un dato exacto si se sale desde el Sinaí). Es posible que Num 33 conserve las etapas habituales de esa ruta de caravanas y que Elías la recorriera (1 Re 19,1‑8). Lo cierto es que la localización tradicional cristiana del Sinaí concuerda muy exactamente con esta ruta. Además no parece razonable que la Iglesia antigua fijara el lugar santo en el paraje más inaccesible para los peregrinos, a no ser que hubiera una tradición muy fuerte.

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