Paso del jordán y monumento conmemorativo (Jos 3,1-5,1)

9 agosto, 2009

El texto que presentamos del paso del Jordán bajo la guía y protección del arca, representa una ideal toma de posesión de todo el país. El pueblo elegido lo recibe de manos de Yahvé, que bien puede decirse que marcha a su cabeza.

No es fácil una división lógica y exacta de este largo párrafo debido a las características mismas de su composición. A continuación presentamos una posible división:

EL PASO DEL JORDÁN

De Sitín al Jordán y preliminares del paso (3,1-6).

3, 1 Josué se levantó de madrugada, partieron de Sitín y llegaron hasta el Jordán, él y todos los israelitas. Allí pernoctaron antes de pasar. 2 Al cabo de tres días, los escribas pasaron por medio del campamento 3 y dieron al pueblo esta orden: «Cuando veáis el arca de la alianza de Yahvé vuestro Dios y a los sacerdotes levitas que la llevan, partiréis del sitio donde estáis e iréis tras ella, 4bpara que sepáis qué camino habéis de seguir, pues no habéis pasado nunca hasta ahora por este camino. 4aPero que haya entre vosotros y el arca una distancia de unos dos mil codos: no os acerquéis más.» 5 Josué dijo al pueblo: «Purificaos, porque mañana Yahvé va a obrar maravillas en medio de vosotros.» 6 Y dijo Josué a los sacerdotes: «Tomad el arca de la alianza y pasad al frente del pueblo.» Ellos tomaron el arca de la alianza y partieron al frente del pueblo.

En el v. 1 se narra el viaje en sí. Los vs. 2-6 son indicaciones que se dan ya en las orillas del Jordán. Sitín o Abel has-sitín (Num 33,49) se encontraba en las estepas de Moab, frente a Jericó y debía tomar su nombre de un bosque de acacias (sittín) próximo. La distancia de Sitín hasta el Jordán debía ser de unos 12 Km. suficiente para recorrerse en una jornada de marcha. La distancia de dos mil codos parece excesiva 1 Km, apenas se divisaría. El camino para entrar en la tierra prometida es nuevo para el pueblo, y sobre todo es difícil: sólo podrá recorrerse confiando en la guía de Yahvé.

Para el gran acontecimiento el pueblo ha de purificarse por medio de las abluciones rituales y abstenerse de las relaciones sexuales (Cf. Ex 19,10-15; Lv 15-18): estos eran los requerimientos generales para participar en todo lo que tuviera carácter sagrado (incluso los actos de guerra: 1 Sam 21,5s; 2 Sam 11,11).

Últimas instrucciones antes del paso (3,7-13).

7 Yahvé dijo a Josué: «Hoy mismo voy a empezar a engrandecerte a los ojos de todo Israel, para que sepan que, lo mismo que estuve con Moisés, estoy contigo. 8 Tú darás esta orden a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza: `En cuanto lleguéis a la orilla del agua del Jordán, os pararéis, en el Jordán’.» 9 Josué dijo a los israelitas: «Acercaos y escuchad las palabras de Yahvé vuestro Dios.» 10 Y dijo Josué: «En esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que arrojará ciertamente a vuestra llegada al cananeo, al hitita, al jivita, al perizita, al guirgaseo, al amorreo y al jebuseo. 11 He aquí que el arca de Yahvé, Señor de toda la tierra, va a pasar el Jordán delante de vosotros. 12 Escoged, pues, doce hombres de las tribus de Israel, un hombre por cada tribu. 13 En cuanto las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Yahvé, Señor de toda la tierra, pisen las aguas del Jordán, las aguas del Jordán que vienen de arriba, quedarán cortadas y se pararán formando un solo bloque.»

Ahora el relato se interrumpe con una serie de comunicaciones de Yahvé a Josué y de éste al pueblo. Estas palabras quieren dar la seguridad de la ayuda divina. En este caso la intervención de Dios para entrar en la tierra prometida es garantía de que llevará acabo su obra, la victoria sobre las gentes que actualmente habitan el país. El prodigio del Jordán se anuncia, sintéticamente, en el v.11; en el arca se encuentra Dios que va a pasar el primero y va a tomar por así decir posesión de la Canaán. Señor de toda la tierra, se trata de una gran profesión de fe monoteísta y universalista que se repite en el v.13.

El paso del río y la detención de las aguas (3,14-17).

14 Cuando el pueblo partió de sus tiendas para pasar el Jordán, los sacerdotes llevaban el arca de la alianza a la cabeza del pueblo. 15 Y en cuanto los que llevaban el arca llegaron al Jordán, y los pies de los sacerdotes que llevaban el arca tocaron la orilla de las aguas (y el Jordán baja crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega), 16 las aguas que bajaban de arriba se detuvieron y formaron un solo bloque a gran distancia, en Adán, la ciudad que está al lado de Sartán, mientras que las que bajaban hacia el mar de la Arabá, o mar de la Sal, quedaron cortadas por completo, y el pueblo pasó frente a Jericó. 17 Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza de Yahvé se estuvieron a pie firme, en seco, en medio del Jordán, mientras que todo Israel pasaba en seco, hasta que toda la gente acabó de pasar el Jordán.

Estos cuatro versículos son verdaderamente centrales en todo el párrafo (3,1-5,1) en cuanto que relatan directamente el grandioso acontecimiento, tanto lo anterior como lo posterior son suplementos de información. El pueblo sale de sus tiendas formando un cortejo religioso con los sacerdotes portadores del arca a la cabeza: todo el párrafo está dominado por una sensación de seguridad, que emana del hecho de que Yahvé mismo marcha a la cabeza de su pueblo. En el valle del Jordán en torno a Jericó la cosecha tiene lugar en marzo-abril que coincide con el deshielo de las nieves del Hermón lo cual provoca a veces inundaciones pues el río va muy crecido. El relato es detallado de forma que las aguas se detienen arriba del cauce y éste se queda seco al bajar las aguas hacia el mar de la sal. Adama está a unos 25 Km. del punto en el que está pasando el arca. Un derrumbe de arena frecuente en esas fechas debió de formar un dique natural que retuvo las aguas durante algunas horas.

Las doce piedras conmemorativas (4,1-9).

4, 1 Cuando todo el pueblo acabó de pasar el Jordán, Yahvé dijo a Josué: 2 «Escoged doce hombres del pueblo, un hombre por cada tribu, 3 y dadles esta orden: `Sacad de aquí, del medio del Jordán, de donde se han detenido los pies de los sacerdotes, doce piedras, que pasaréis con vosotros y depositaréis en el lugar donde pernoctéis’.» 4 Llamó Josué a los doce hombres que había elegido entre los israelitas, uno por cada tribu, 5 y les dijo: «Pasad delante del arca de Yahvé vuestro Dios, hasta el medio del Jordán, y cada uno de vosotros cargue sobre sus hombros una piedra, según el número de las tribus israelitas, 6 para que sea esto una señal en medio de vosotros. Cuando el día de mañana vuestros hijos os pregunten: `¿Qué significan esas piedras?’, 7 les diréis: `Es que las aguas del Jordán se separaron delante del arca de la alianza de Yahvé; cuando atravesó el Jordán, las aguas del Jordán se separaron. Estas piedras serán para los israelitas memorial para siempre’.» 8 Así lo hicieron los israelitas, según las órdenes de Josué: sacaron doce piedras del medio del Jordán, según el número de las tribus israelitas, como había mandado Yahvé a Josué; las llevaron al lugar donde iban a pasar la noche y las depositaron allí. 9 Y Josué erigió doce piedras en medio del Jordán, donde habían pisado los pies de los sacerdotes portadores del arca de la alianza, y allí están todavía hoy.

Es texto es confuso pues no aclara si las piedras sacadas del Jordán son las mismas que Josué erigió en medio del Jordán y ¿qué sentido tenía dejar esas piedras en el cauce del río si no se verían más que en las sequías del Jordán?. Muy probablemente estemos ante dos tradiciones diversas que el autor a yuxtapuesto sin mucha preocupación de concordarlas sino más bien de transmitirlas en cierta armonía.

Fin del paso (4,10-18).

10 Los sacerdotes portadores del arca estaban parados en medio del Jordán hasta que se cumpliera todo lo que Yahvé había mandado a Josué que dijera al pueblo (según todo lo que Moisés había ordenado a Josué); y el pueblo se apresuró a pasar. 11 En cuanto terminó de pasar todo el pueblo, pasó el arca de Yahvé, y los sacerdotes (se pusieron) a la cabeza del pueblo. 12 Los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés pasaron en orden de batalla al frente de los israelitas, como les había dicho Moisés. 13 Pasaron unos cuarenta mil guerreros armados, dispuestos al combate, delante de Yahvé, hacia la llanura de Jericó. 14 Aquel día Yahvé engrandeció a Josué a los ojos de todo Israel; y le respetaron a él como habían respetado a Moisés durante toda su vida.

15 Yahvé dijo a Josué: 16 «Manda a los sacerdotes que llevan el arca del Testimonio que salgan del Jordán.» 17 Josué mandó a los sacerdotes: «Salid del Jordán.» 18 Cuando los sacerdotes portadores del arca de la alianza de Yahvé salieron del Jordán, apenas las plantas de sus pies tocaron la orilla, las aguas del Jordán volvieron a su cauce y empezaron a correr como antes, por todas sus riberas.

Es difícil afirmar si el relato prosigue o se trata de una mirada retrospectiva sobre diversos momentos de la acción precedente; cabe hablar más bien de que se está dando información complementaria.

En el v. 10 entre paréntesis hemos puesto el texto que pudiera ser una nota marginal de un escriba celoso del prestigio de Moisés. También resulta difícil armonizar el hecho de que los sacerdotes permanezcan en el cauce del río mientras va pasando el pueblo y que vayan a la cabeza del pueblo (v.11). También parece exagerado el número de 40.000 guerreros. Tanto por el espacio ocupado antes y después de pasar el Jordán como por lo numeroso que tendría que ser el pueblo, este número parece inadmisible; un cálculo aproximativo lo cifraría en torno a los 1.500, y el grueso de la población en torno a los 6.000. En el v. 14 vuelve a establecerse el paralelismo entre Josué y Moisés dejando claro que se ha cumplido lo dicho por Dios en 3,7 así como el respeto y reverencia del pueblo a Josué.

Los vs. 15-18 (que parece un duplicado del v.11) introducen un dato nuevo: la vuelta del flujo normal de las aguas. Con esto se pretende señalar como todo está vinculado a los movimientos del arca: apenas esta entra en el río, las aguas se detienen y dividen; sale del río el arca y las aguas vuelve a su cauce. La solemnidad con que se describe la salida del arca al río concuerda con la manera en que se había preparado su entrada.

Llegada a Guilgal y el monumento-recuerdo (4,19-24).

19 El pueblo salió del Jordán el día diez del mes primero y acamparon en Guilgal, al oriente de Jericó. 20 Las doce piedras que habían sacado del Jordán las erigió Josué en Guilgal. 21 Y dijo a los israelitas: «Cuando el día de mañana vuestros hijos pregunten a sus padres: `¿Qué significan estas piedras?’, 22 se lo explicaréis a vuestros hijos diciendo: `A pie enjuto pasó Israel ese Jordán, 23 porque Yahvé vuestro Dios secó delante de vosotros las aguas del Jordán hasta que pasarais, lo mismo que había hecho Yahvé vuestro Dios con el mar de Suf, que secó delante de nosotros hasta que pasamos, 24 para que todos los pueblos de la tierra reconozcan lo fuerte que es la mano de Yahvé, y para que teman siempre a Yahvé vuestro Dios’.»

La narración paralela anterior de 4,1-9 había quedado interrumpida y ahora se aportan nuevos elementos: nuevo es el lugar de la acción (Guilgal) y nueva es la nota cronológica respecto al paso del Jordán y al hecho de acampar en Guilgal. El mes primero es marzo-abril (antiguamente llamado Abîd y luego Nîsán). La tarde del día 14 debía celebrarse la pascua: la fecha del 10 de Nisán que corresponde a la salida de Egipto (Cf. Ex 12,3), es ciertamente intencionada: 40 años después de la liberación de Egipto (1 generación completa) los israelitas ponen pie en la tierra prometida.

Se habla de Guilgal al oriente de Jericó, y del monumento allí erigido. Sorprende la diferencia de motivación del v. 4,7: las aguas del Jordán se separaron de 4,23: Dios secó la aguas del Jordán (y se compara con el mar de Suf que también lo secó); la idea se repite en 5,1.

Terror de las poblaciones del oeste del Jordán (5,1).

5, 1 Cuando oyeron todos los reyes de los amorreos que habitaban al otro lado del Jordán, al poniente, y todos los reyes de los cananeos que vivían hacia el mar, que Yahvé había secado las aguas del Jordán ante los israelitas hasta que pasaron, desfalleció su corazón y les faltó el aliento ante la presencia de los israelitas.

Jos 5,1 puede ser la conclusión del relato o el comienzo de la nueva sección de conquista. Aquí se nombran solo dos pueblos los amorreos y los cananeos. Parece referirse respectivamente a los pueblos desde el río hasta las montañas (amorreos) y desde la Sefelá hasta el mar (cananeos). Se trata de una hipérbole: todos los reyes (se repite dos veces) y desfalleció su corazón y les faltó el aliento. La causa de este terror se señala en el hecho de que Yahvé está con su pueblo y domina los elementos, más que en el número y en el valor de los combatientes. Esto no quita que los reyes de Canaán opusieran una fuerte resistencia; de hecho gran parte de la tierra prometida permaneció en su poder durante el periodo de los Jueces y hasta el rey David.


ALGUNAS OBSERVACIONES GENERALES

El lugar del paso

En Jos 3,16a se nos dice que se formó un dique cerca de Adán (a unos 25 Km. al norte de Jericó). El paso según 3,16b y 4,13.19 parece estar enfrente de Jericó; así lo afirma la tradición bíblica (en Cf. Nm 22,1; Jos 13,32; 20,8 TM).

Con respecto al punto exacto la cosa es menos segura. Tradicionalmente se ha considerado tanto por judíos como por los cristianos que se trataría del vado de Bethabara (casa o lugar del paso), frente a Qasr el-Jehúd (castillo de los judíos). Al recuerdo del paso de los israelitas a unido la tradición cristiana el de la actividad de Juan bautista y el del bautismo del Jesús.

San Jerónimo parece que encontró todavía viva la veneración a las doce piedras de Josué, encerradas después en la iglesia llamada Dodekalithon. En la carta de Madaba las doce piedras está dispuestas en dos líneas paralelas, tal como las describe el peregrino Arculfo en el s.VII.

¿Milagro o fenómeno natural?

Está claro que se trata de una peculiar intervención de Dios. Pero ¿no podría tratarse de una providencial coincidencia de un fenómeno natural? La hipótesis está basada en el hecho de que son frecuentes en las fechas de crecida en la zona de Adán derrumbamientos de arenas que obstruyen el cauce del río por unas horas hasta que las aguas consiguen superar este obstáculo. No pierde su grandeza el hecho porque se atribuya a la providencial coincidencia de la acción de causas naturales. De todas formas hay que decir que esta afirmación es gratuita pues las fuentes bíblicas en ningún momento hablan de terremotos o derrumbamientos de arenas.

La finalidad del libro de Josué es demostrar cómo Dios cumplió sus promesas, conduciendo al pueblo desde la liberación de Egipto hasta la posesión de la tierra de Canaán. Las tradiciones de Israel contaban cómo Dios había ayudado a su pueblo continuamente y especialmente en dos momentos: al salir de Egipto, con los peligros de volver a caer en manos de los egipcios, y en el momento de entrar a la tierra prometida, cuando era necesario inspirar terror a aquellos pueblos y convencerles de que era vano todo intento de oposición al Dios que iba delante de Israel. Se trata de inspirar un certeza de fe y seguridad en que la empresa de la conquista estaba dirigida por Dios.

Por lo demás, basta pensar en la escasa dificultad que en sí planteaba el paso del Jordán para comprender que el motivo verdadero del paso del Jordán es desarrollado como signo de la protección y de la providencia de Yahvé para con su pueblo.

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.436 seguidores

%d personas les gusta esto: