La figura histórica de Jesús

Jesús de Nazaret siempre interesa. ¿Qué tiene Jesús? ¿Por qué después de 2000 años sigue llenando las librerías y los corazones de millones de personas? ¿Qué da Jesús al mundo? La respuesta es sencilla: Dios (así lo recuerda Benedicto XVI, en Jesús de Nazareth, cap 1 y 2). Vamos tu y yo a encender nuestra fe: Enciende tu fe. -No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia. ¡Vive!: “Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!” -dice San Pablo- ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre! (Camino 584).

La predicación de la Iglesia primitiva presenta siempre a Jesucristo como Hijo de Dios y único Salvador. La proclamación del Misterio Pascual llevaba consigo un paradójico anuncio de humillación y de exaltación, de vergüenza y de triunfo: nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, Fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor 1, 23ss). No fue fácil para los primeros cristianos superar el escándalo de la cruz, la realidad de la crucifixión y muerte del mismo Hijo de Dios. De ahí el intento de los docetistas y de los gnósticos de negar que Jesús tuviese un cuerpo real y pasible, o el de Nestorio, dos siglos más tarde, de afirmar la existencia en Jesucristo de dos personas, una humana y otra divina.

A ningún estudioso serio escapa, sin embargo, el hecho histórico de Jesús de Nazaret. Así por ejemplo como datos extra-bíblicos tenemos: El testimonio de Flavio Josefo, que es substancialmente aceptado. En efecto, en uno de sus libros, este historiador judío del siglo I se refiere a Jesús como «hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre; Él realizó obras extraordinarias, siendo un maestro de hombres que acogen la verdad» (cfr. Flavio Josefo, Antiquitates Judaice 18, 3,3). Escribirán también sobre Jesús, durante el imperio de Trajano, Plinio el Joven y Tácito; y después lo hará Suetonio, secretario de Adriano.

Junto a estas referencias, los evangelios son las fuentes que proporcionan una visión detallada de su personalidad. La Tradición de la iglesia, bajo la inspiración del Espíritu Santo, ha reconocido en estos escritos la plasmación auténtica y segura de la figura histórica del Señor, una figura histórica que posee un carácter divino.

El valor de los evangelios como fuentes primarias para conocer a Jesús no fue puesto en duda por los cristianos hasta finales del siglo XVIII. En el ámbito protestante, surgieron entonces autores que pretendieron analizarlos con criterios exclusivamente racionalistas, eliminando las narraciones que consideraban inaceptables para el hombre moderno; esto es, los milagros y las profecías, sólo explicables por el carácter extraordinario de la intervención divina en la historia. Se trataba del primer intento de estudiar los evangelios fuera de la tradición de la Iglesia, un proyecto que abordaba los textos excluyendo la fe en la divinidad de Cristo.

A partir de entonces, abundaron las “vidas de Jesús” en las que Cristo aparecía como uno de tantos candidatos a mesías; un fracasado condenado a muerte por la autoridad romana que, eso sí, poseía una indudable autoridad moral. De este modo, con frecuencia, estas pretendidas “biografías históricas” retrataban más el carácter de quien las escribía que el de .Jesucristo. Posteriormente, el avance de los estudios exegéticos llevó a una fuerte reacción contra este planteamiento: se pasó a considerar los evangelios como textos escritos con fe sincera, pero que tergiversaban los hechos haciendo imposible llegar a la certeza de lo narrado; no se superó el escepticismo sobre la divinidad de la figura histórica de Cristo. Sin embargo, se ha mostrado con extraordinaria agudeza que, más allá de la interpretación histórico-crítica, los nuevos criterios metodológicos permiten una lectura teológica de la Biblia (cfr. Benedicto XVI, en Jesus von Nazareth, Vorwort, p.22) plenamente de acuerdo con la fe.

La importancia de la realidad histórica del mensaje evangélico se hizo patente desde los primeros instantes del cristianismo; como señala San Pablo, si Cristo no ha resucitado, inútil es nuestra predicación, inútil es también vuestra fe (1 Cor 15,14).

Por eso hemos de estudiar con más detalle, dos claves históricas::

Un comentario en “La figura histórica de Jesús”

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s