B. Criteriología del canon.

Se hace, pues, necesario un estudio de los criterios objetivos y externos que expliquen el por qué del Canon. De entrada diremos que el Canon Bíblico es el resultado de la confluencia -armónica y en el tiempo- de tres grandes corrientes: El Magisterio (régula fidei) + La Tradición (sucesión apostólica) + La Sagrada Escritura (fiel transmisión del texto). 

Ya dijimos algo del significado del término canon, y de como la Iglesia, con el tiempo, fue recibiendo algunos libros como inspirados, distinguiéndolos netamente de los demás (cfr. ¿Cómo se realizó la selección de los libros canónicos? ¿Cómo se formó el canon cristiano?). Es importante, no perder de vista que el Canon ha sido el resultado de proceso de discernimiento y recepción de unos libros, en cuanto que han sido tenidos por sagrados e inspirados por una comunidad (la Iglesia):

  • Efectivamente, en el fondo estos libros definen a esa comunidad. De algún modo, estos libros son la expresión y la identidad de esa comunidad.
  • Nos encontramos, pues, con un delicado proceso de identidad de la comunidad. La comunidad se ve o se mira en estos libros como en un espejo. Podríamos decir que se reconoce así misma en ellos; se dice al escucharlos: sí, soy yo; sí, es así: Amén.

Los primeros factores que influyeron en la formación del Canon en la Iglesia fueron:

  1. La regla de fe (Credo). Desde el principio se vió que era fundamental tener una Norma de fe clara, porque toda imagen de Cristo (también la de los libros inspirados) debe ser conforme a esa Norma de fe. esta idea encuentra su primera formulación en torno al s. II con S. Ireneo. Para Ireneo este canon de la verdad parece ser el Credo.
  2. La sucesión apostólica (Tradición). La cuestión de los ministerios también se plantea en el s.II y es importante porque la Tradición apostólica pesa mucho. De hecho los libros tenidos por inspirados porque son “la memoria escrita de los apóstoles”. Su origen apostólico pesará mucho a la hora de establecer el Canon.
  3. Un tercer y último elemento es la intervención Magisterial oficial. Será necesaria la definición dogmática del Canon del Concilio de Trento, para dejar zanjado toda duda sobre los libros que forman en Canon bíblico católico.

La canonicidad presupone la inspiración, desde un punto de vista ontológico (esos libros por ser inspirados han sido canonizados). Pero desde una perspectiva gnoseológica, se necesita la manifestación por parte de Dios de esa inspiración a la Iglesia (por ejemplo, el milagro que se necesita para la canonización es la manifestación de Dios en el caso de los santos). La pregunta es: ¿cómo le consta a la Iglesia esa inspiración (criteriología teológica o apologéticos) en la que basa sus declaraciones canónicas (criteriología dogmática)? El tema fue planteado con claridad durante la misma época del Concilio de Trento por el obispo F. Sonnius (Demonstrationum Religionis Christianae ex Verbo Dei Libri Tres, Amberes 1555-62). Según él, la Iglesia primitiva siguió cuatro criterios teológicos o apologéticos:

  1. el magisterio del Espíritu Santo,
  2. la luz de la fe,
  3. el testimonio divino de los milagros,
  4. y el consentimiento de la Iglesia. (sensus fidei)
  5. Añadimos aquí el criterio de otro estudioso de la cuestión: Michaélis, que divulgó su sistema del carisma apostólico. Por último, añadir que en la teología de mediados del s. XX se nota una tendencia a reconocer una especial importancia al criterio de la apostolicidad entendida en sentido amplio: origen directo para los escritos ciertamente apostólicos; origen indirecto (vinculación a una escuela apostólica, viri apostolici, como dice el Vaticano II, const. Dei Verbum, n° 18) para los indirectamente apostólicos (Mc, Lc, Act, etc.).

Así, pues, el orden constitutivo entre la Iglesia y el canon es pues el siguiente:

  1. Dios funda la Iglesia y la hace partícipe de la verdad de la inspiración;
  2. la Iglesia recibe los libros inspirados como un sagrado depósito transmitido por la tradición apostólica y,
  3. asistida por el Espíritu Santo, declara autoritativamente frente al surgir de vacilaciones y errores el canon bíblico proclamado y señalando la lista de los libros de origen divino que le han sido entregados.

Resumiendo: En la línea de la criteriología dogmática, o de la regla de la fe, está claro que la Tradición, definida por la Iglesia, es el criterio supremo e infalible para que los fieles creyentes conozcan la inspiración y canonicidad de los libros de la Biblia. Al analizar la cuestión desde la criteriología teológica o apologética vemos como esa verdad definida está contenida en las fuentes o canales de la Revelación, de diversos modos. 1) Según algunos, afirmando que el único criterio seguro es la tradición apostólica, que testifica que esos libros vienen de Dios, y 2) la de quienes afirman que por lo que se refiere al N.T. es fundamental el origen apostólico de los libros mismos en sentido amplio: origen directo para los escritos ciertamente apostólicos, origen indirecto (vinculación a una escuela apostólica, viri apostolici, como dice el Vaticano II, const. Dei Verbum, n° 18) para los indirectamente apostólicos (Mc, Lc, Act, etc.).

Esa conciencia de la Iglesia y el mismo planteamiento del tema fue negado por los protestantes, que, al negar la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia y su consiguiente infalibilidad , se encontraron con el problema de cómo justificar el canon. Estudiaremos aquí cómo solucionan este problema los protestantes

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