Noción de canon

Etimología de la palabra “canon”.

La palabra canon (transcripción del griego kanon), etimológicamente significa caña o vara, y de ahí instrumento para medir, medida o regla. De esto último, pasó a usarse para indicar cierta medida, ley o norma, de obrar, de hablar o de proceder (por ejemplo, las normas de conducta, reglas gramaticales; análogamente se habla de canon en arquitectura, música, etc.).

También tiene el sentido de índice, lista, catálogo (por ejemplo, de reyes, de número de años, etc).

En la literatura cristiana primitiva se emplea ya para designar la regla de la fe, de la verdad, o de la tradición, y se llaman cánones a las normas de vida y de culto que todos los fieles deben respetar (así, por ejemplo, las fórmulas de fe o costumbres que decretaban los concilios, y hoy día los artículos del CIC). En el sentido de norma de vida cristiana emplea S. Pablo esa palabra en Gal 6,16.

Canon bíblico

La Biblia es, y así fue considerada desde un principio, la regla de fe y vida para los cristianos; de ahí que empezara muy pronto a llamarse canon al conjunto de los libros que la Iglesia consideraba como inspirados.

Puede decirse que a partir del s. IV, la terminología cristiana denominó canon bíblico al elenco oficial de los escritos sagrados de la religión israelita y cristiana que forman el Antiguo y Nuevo Testamento. Es decir, que, afirmada la existencia de libros sagrados inspirados, que tienen a Dios por autor en cuanto que fueron escritos bajo la moción del Espíritu Santo, el canon bíblico es la determinación de cuáles y cuántos son esos libros inspirados.

De manera taxativa y definitiva esa determinación sólo puede hacerla la Iglesia, que tiene certeza de la inspiración divina de esos libros por la Revelación divina misma que los ha entregado a ella como tales. Ello quiere decir que si bien la palabra canonicidad hace referencia a una declaración eclesiástica, a una proclamación oficial hecha por la Iglesia, presupone en su base un hecho que se refiere a la naturaleza de los libros mismos, objeto de esa declaración: la inspiración. Los libros canónicos son libros inspirados: la canonicidad es el reconocimiento de la inspiración.

Esa canonicidad e inspiración de los libros que componen la Biblia es dogma de fe solemnemente proclamado por el Conc. de Trento y el Vaticano I, y constantemente afirmado desde los primeros tiempos de la Iglesia.

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