Criterios para reconocer la inspiración bíblica.

Aquí nos preguntamos, ¿por qué medios, argumentos o criterios podemos establecer con certeza la existencia de que tales libros están inspirados? Es en el testimonio público de Dios, conservado en la rica y multisecular Tradición de la Iglesia, instituida por Dios mismo y por Él asistida, y formulado repetidas veces por el Magisterio eclesiástico, donde encontramos el criterio válido, universal e infalible acerca de la inspiración de los libros de la Sagrada Escritura.

Afirmado lo anterior, es fácil comprender que la cuestión de los criterios de inspiración surgiese históricamente a raíz de la reforma protestante. Pues al no aceptar ésta el Magisterio de la Iglesia y al minimizar extremadamente el valor de la Sagrada Tradición, para quedarse con la Scriptura sola, interpretada según el libre examen, es como se llego a plantearse el problema: ¿Cómo puede cada fiel estar seguro de encontrarse ante un escrito inspirado? Planteada así la cuestión, fuera de la Tradición y el Magisterio, los reformadores se vieron en la necesidad de buscar otros argumentos o criterios. Y adujeron principalmente tres clases de criterios:

  • 1) Por la índole de cada libro: sublimidad de su doctrina, «propensión hacia Cristo» (Lutero), unidad fundamental de su contenido. Pero este criterio es muy impreciso y vago; existen otros muchos libros, que no han sido especialmente inspirados por Dios, y que, sin embargo, contienen doctrina admirable.
  • 2)Por los sentimientos que la lectura produce en el lector o auditor del escrito. Evidentemente este criterio está sometido a todos los fáciles engaños de la apreciación subjetiva. Dentro de este tipo de criterio, estaría también el criterio de Calvino acerca de la acción de la gracia del Espíritu Santo en el lector, según el cual el Espíritu Santo haría ver a cada fiel, dándole una luz o gracia, si el pasaje que lee es o no inspirado por Dios. Es evidente que Dios puede comunicar tales gracias cuando quiera, pero otra cosa es que se ponga como necesaria en cada caso tal gracia especial de Dios; no consta en la Revelación que Dios actúe así de modo ordinario; tal posición calvinista implica además gran subjetivismo y falta de sentido de la misión de la Iglesia. No es, pues, válido tampoco este criterio como norma genérica.
  • 3) Por la persona del autor del libro: se exigía que fuera Profeta para los libros del A.T. y Apóstol para los del N.T. Este criterio tiene amplios fundamentos históricos y doctrinales, pues, de hecho, la mayor parte de los autores del N.T. fueron Apóstoles (excepto Marcos y Lucas) y buena parte de los del A.T. fueron Profetas; pero se le opone que una parte de los hagiógrafos del A.T y del N.T. no fueron ni Profetas ni Apóstoles (en sentido estricto). Y es que el carisma inspirativo es distinto que el profético o el apostólico, aunque de hecho hayan confluido muchas veces en la misma persona. Por eso no es válido este criterio como norma genérica.

Intentados, con resultados no convincentes, todos estos criterios, queda como conclusión que el único criterio válido, con carácter de universalidad, claridad e infalibilidad, es el testimonio público de Dios, conservado en la rica y multisecular Tradición de la Iglesia, y formulado repetidas veces por el Magisterio eclesiástico.

La Iglesia ha reconocido como sagrados los libros de la S.E. no tras largas y complejas investigaciones científicas, sino «porque, habiendo sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales (libros inspirados) han sido entregados a la Iglesia» (Vaticano I, Denz.Sch. 3006). El criterio de inspiración se identifica con el criterio de canonicidad: la Iglesia los ha canonizado (Magisterio) por que los ha recibido como inspirados de la Tradición (en cuanto reflejo fiel del la Revelación pública de Dios). 

Un argumento de conveniencia es que, siendo la Biblia el depósito inspirado de la revelación escrita al que todo cristiano ha de prestar un asentimiento de fe sobrenatural, este asentimiento no debe implicar unas arduas investigaciones por parte de cada fiel, pues sería hacer muy difícil la regla de fe o conjunto de verdades necesarias para su salvación.

Resumiendo, la inspiración divina de todos y cada uno de los libros de la S.E. consta, a cada fiel, por el Magisterio de la Iglesia, que es de institución divina, y que enseña sencilla y claramente el contenido de la Tradición, la cual, a su vez, es el reflejo de la Revelación pública divina.

Anuncios

Un comentario en “Criterios para reconocer la inspiración bíblica.”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s