La Nueva Alizanza (Os 2,18-25)

Llanura de Yezrael

La Nueva Alizanza (Os 2,18-25)

18 Y sucederá, aquel día -oráculo de Yahvé-
que ella me llamará: “Marido mío”,
y no me llamará más: “Baal mío.”
19 Retiraré de su boca los nombres de los Baales,
y nunca más serán invocados por su nombre.
20 Sellaré un pacto en su favor aquel día
con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo;
arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y los haré reposar en seguro.
21 Yo te desposaré conmigo para siempre;
te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión,
22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé.
23 Y sucederá aquel día que yo responderé
-oráculo de Yahvé-,
responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;
24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen,
y ellos responderán a Yizreel.
25 Yo la sembraré en la tierra,
me compadeceré de “No-compadecida”,
y diré a “No-mi-pueblo”: Tú eres “Mi pueblo”,
y él dirá: “¡Dios mío!”

Esta perícopa enlaza con el párrafo precedente, desarrollando su tema de las promesas (cfr. Os 2,15-17). Vemos tres afirmaciones importantes vinculadas a la fórmula introductoria en aquel día” (cfr. Os 2, 18.20.23). En el primer oráculo (l8-19) se habla de los baales, que serán eliminados. El segundo (20-22) comienza con el anuncio de una alianza de paz (20) y de un nuevo pacto matrimonial (21-22). En el tercer oráculo (23-25) se promete que serán escuchadas las plegarias (23-24) y se promete también la alianza divina (25).

Nuevo nombre (18-19)

18 Y sucederá, aquel día -oráculo de Yahvé-
que ella me llamará: “Marido mío”,
y no me llamará más: “Baal mío.”
19 Retiraré de su boca los nombres de los Baales,
y nunca más serán invocados por su nombre.

“En aquel día” (esta expresión además de en este fragmento aparece en Os 1,15) no es una expresión escatológica sino que indica el futuro como tiempo de salvación. Se da por supuesto el culto de baal en la nueva era desaparecerá; incluso se olvidará el uso común del nombre de baal. La mujer ya no dirá al marido mi baal (mi señor), sino mi marido (alusión al texto de Gen 2)

Yahvé habla luego (19) de Israel en tercera persona. El repudio del baalismo será obra del mismo Dios. La idolatría desaparecerá por completo en Israel.

La nueva alianza (20)

20 En aquel día, sellaré un pacto en su favor
con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo;
arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y los haré reposar en seguro.

De nuevo con la fórmula introductoria en aquel día. Yahvé anuncia la conclusión de una nueva alianza con su pueblo. Tres son los elementos que la caracterizan:

  • 1) Supresión de los enemigos del campo. Se trata, de un pacto con las bestias del campo, aves.. reptiles. Este pacto evoca la alianza de Noé (Gn 9,8s), pero referido solo a Palestina, no es de orden universal.
  • 2) Supresión de los enemigos externos. Con la supresión de arco, espada y guerra;
  • 3) Una vida segura en el bienestar: los haré reposar en seguro.

Pocas veces se encuentran estos tres elementos unidos como en este texto. Se trata de una purificación que implica una renovación de las relaciones de los israelitas con Dios y el mundo natural, los pueblos vecinos y sus hermanos. La idea de una nueva alianza no se propone explícitamente, pero se sobreentiende claramente.

Es la primera vez que se da a entender aunque sea implícitamente esta Nueva Alianza, estamos por tanto ante algo novedoso (Cf. Is 55,3; Jer 31,31-34; 32.40; Ez 16,60; 34,25; 37,26)

Nuevos esponsales (21-22)

21 Yo te desposaré conmigo para siempre;
te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión,
22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé.

La idea de alianza se desarrolla balo la imagen de un nuevo contrato matrimonial. Yahvé habla directa y afectuosamente a su pueblo. En los vv. 21-22 se repite tres veces te desposaré. En el ambiente hebreo los esponsales eran la conclusión del proceso legal del matrimonio que conllevaba el pago del precio nupcial al padre de la esposa. Al esposo, convertido así jurídicamente en marido, solo le queda introducir a la mujer en su casa y consumar la unión.

El término para siempre (lit.: para la eternidad) pertenece también a la terminología jurídica del matrimonio.

La preposición en, repetida 5 veces, indica algo análogo al precio que el novio ofrecía (como si fuesen las monedas del pago) al padre de la novia como rescate. Como en este caso no existe un padre, es Dios mismo quien ofrece a Israel de esa manera los dones maritales. Estos dones consisten en 5 disposiciones internas que harán firme la unión: justicia, derecho, amor, compasión y fidelidad. Los cuatro primeros términos están emparejados; el último (fidelidad) es como un resumen de los precedentes.

Los dones nupciales que Dios ofrece constituyen la expresión de su gracia y de su bondad. A Israel no se le pide nada. Aunque Dios espera una respuesta de la esposa a los espléndidos dones nupciales: y tu conocerás a Yahvé. Es esta una frase clave en el mensaje de Oseas (cfr. Os 2,10.15; 4,1.6; 5,4; 6,3.6; 8,2; 13,4). Se trata de la adhesión afectiva a Dios reconociendo su revelación y observando su ley (cfr. Os 4, 1-6). Se trata de una actitud global o vital, positiva y agradecida a Dios. Oseas emplea la palabra amar para expresar la disposición de Dios respecto de su pueblo pero no al revés. Probablemente por que la palabra tenga una carga erótica por influjo de los baales (cultos de la fecundidad). Por eso prefiere el verbo conocer. Pero la idea es la misma.

Las plegarias serán escuchadas (23-24)

23 Y sucederá aquel día que yo responderé
-oráculo de Yahvé-,
responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;
24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen,
y ellos responderán a Yizreel.

Toda la naturaleza restaurada cooperará entonces como elemento mediador entre Dios y el pueblo nuevo. El cielo, por así decirlo, informa a Dios de las necesidades de los hombres- Dios responde al cielo, el cual comunica a la tierra que ha sido escuchada. Esta produce los frutos agrícolas para Israel.

En adelante la naturaleza también servirá a Israel para relacionarse con Dios. El pueblo es llamado Yizreel; esta era una fértil llanura al sudeste del Carmelo, que había sido ocupada por los asirios en el 733. La imagen significaría que en la restauración esta fértil llanura vendrá a ser de nuevo territorio israelita.

Multiplicación del pueblo (25)

25 Yo la sembraré en la tierra,
me compadeceré de “No-compadecida”,
y diré a “No-mi-pueblo”: Tú eres “Mi pueblo”,
y él dirá: “¡Dios mío!”

Yizreel significa Dios siembra. Se alude aquí a que el pueblo como una semilla aumentará, se multiplicará en número; esto presupone que el país se habría quedado vacío de su población: es una alusión a la futura deportación y al destierro que va a venir. Además con un juego de palabras se expresa que tras el destierro habrá una nueva situación: se compadecerá de No-compadecida y No-mi-pueblo será mi pueblo. La respuesta del pueblo: ¡Dios mío! incluye la plena conciencia de pertenecer a Yahvé de manera personal y profunda. Estas formas de expresar la alianza nueva irá fraguando la formulación clásica: Jer 31,3-34 (cfr. Rom 9, 25 y 1 Pe 2,10).

Resumen

Esta texto ilustra de manera maravillosa la restauración de las relaciones entre Dios e Israel para el futuro. Estas se presentan bajo la imagen de la nueva alianza y de la unión conyugal, selladas por la justicia, por el amor, por la fidelidad y por la estabilidad eterna. Así quedarán renovadas las condiciones originarias del paraíso con la paz en la naturaleza y entre los hombres.

La Nueva Alizanza (Os 2,18-25)

18 Y sucederá, aquel día -oráculo de Yahvé-

que ella me llamará: “Marido mío”,

y no me llamará más: “Baal mío.”

19 Retiraré de su boca los nombres de los Baales,

y nunca más serán invocados por su nombre.

20 Sellaré un pacto en su favor aquel día

con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo;

arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y los haré reposar en seguro.

21 Yo te desposaré conmigo para siempre;

te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión,

22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé.

23 Y sucederá aquel día que yo responderé

-oráculo de Yahvé-,

responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;

24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen,

y ellos responderán a Yizreel.

25 Yo la sembraré en la tierra,

me compadeceré de “No-compadecida”,

y diré a “No-mi-pueblo”: Tú eres “Mi pueblo”,

y él dirá: “¡Dios mío!”

Esta perícopa enlaza con el párrafo precedente, desarrollando su tema de las promesas (cfr. Os 2,15-17). Vemos tres afirmaciones importantes vinculadas a la fórmula introductoria “en aquel día” (cfr. Os 2, 18.20.23). En el primer oráculo (l8-19) se habla de los baales, que serán eliminados. El segundo (20-22) comienza con el anuncio de una alianza de paz (20) y de un nuevo pacto matrimonial (21-22). En el tercer oráculo (23-25) se promete que serán escuchadas las plegarias (23-24) y se promete también la alianza divina (25).

Nuevo nombre (18-19)

18 Y sucederá, aquel día -oráculo de Yahvé-

que ella me llamará: “Marido mío”,

y no me llamará más: “Baal mío.”

19 Retiraré de su boca los nombres de los Baales,

y nunca más serán invocados por su nombre.

“En aquel día” (esta expresión además de en este fragmento aparece en Os 1,15) no es una expresión escatológica sino que indica el futuro como tiempo de salvación. Se da por supuesto el culto de baal en la nueva era desaparecerá; incluso se olvidará el uso común del nombre de baal. La mujer ya no dirá al marido mi baal (mi señor), sino mi marido (alusión al texto de Gen 2)

Yahvé habla luego (19) de Israel en tercera persona. El repudio del baalismo será obra del mismo Dios. La idolatría desaparecerá por completo en Israel.

La nueva alianza (20)

20 En aquel día, sellaré un pacto en su favor

con la bestia del campo, con el ave del cielo, con el reptil del suelo;

arco, espada y guerra los quebraré lejos de esta tierra, y los haré reposar en seguro.

De nuevo con la fórmula introductoria en aquel día. Yahvé anuncia la conclusión de una nueva alianza con su pueblo. Tres son los elementos que la caracterizan:

1) Supresión de los enemigos del campo. Se trata, de un pacto con las bestias del campo, aves.. reptiles. Este pacto evoca la alianza de Noé (Gn 9,8s), pero referido solo a Palestina, no es de orden universal.

2) Supresión de los enemigos externos. Con la supresión de arco, espada y guerra;

3) Una vida segura en el bienestar: los haré reposar en seguro.

Pocas veces se encuentran estos tres elementos unidos como en este texto. Se trata de una purificación que implica una renovación de las relaciones de los israelitas con Dios y el mundo natural, los pueblos vecinos y sus hermanos. La idea de una nueva alianza no se propone explícitamente, pero se sobreentiende claramente.

Es la primera vez que se da a entender aunque sea implícitamente esta Nueva Alianza, estamos por tanto ante algo novedoso. Cf. Is 55,3; Jer 31,31-34; 32.40; Ez 16,60; 34,25; 37,26

Nuevos esponsales (21-22)

21 Yo te desposaré conmigo para siempre;

te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en compasión,

22 te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvé.

La idea de alianza se desarrolla balo la imagen de un nuevo contrato matrimonial. Yahvé habla directa y afectuosamente a su pueblo. En los vv. 21-22 se repite tres veces te desposaré. En el ambiente hebreo los esponsales eran la conclusión del proceso legal del matrimonio que conllevaba el pago del precio nupcial al padre de la esposa. Al esposo, convertido así jurídicamente en marido, solo le queda introducir a la mujer en su casa y consumar la unión.

El término para siempre (lit.: para la eternidad) pertenece también a la terminología jurídica del matrimonio.

La preposición en, repetida 5 veces, indica algo análogo al precio que el novio ofrecía (como si fuesen las monedas del pago) al padre de la novia como rescate. Como en este caso no existe un padre, es Dios mismo quien ofrece a Israel de esa manera los dones maritales. Estos dones consisten en 5 disposiciones internas que harán firme la unión: justicia, derecho, amor, compasión y fidelidad. Los cuatro primeros términos están emparejados; el último (fidelidad) es como un resumen de los precedentes.

Los dones nupciales que Dios ofrece constituyen la expresión de su gracia y de su bondad. A Israel no se le pide nada. Aunque Dios espera una respuesta de la esposa a los espléndidos dones nupciales: y tu conocerás a Yahvé. Es esta una frase clave en el mensaje de Oseas (cfr. Os 2,10.15; 4,1.6; 5,4; 6,3.6; 8,2; 13,4). Se trata de la adhesión afectiva a Dios reconociendo su revelación y observando su ley (cfr. Os 4, 1-6). Se trata de una actitud global o vital, positiva y agradecida a Dios. Oseas emplea la palabra amar para expresar la disposición de Dios respecto de su pueblo pero no al revés. Probablemente por que la palabra tenga una carga erótica por influjo de los baales (cultos de la fecundidad). Por eso prefiere el verbo conocer. Pero la idea es la misma.

Las plegarias serán escuchadas (23-24)

23 Y sucederá aquel día que yo responderé

-oráculo de Yahvé-,

responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;

24 la tierra responderá al trigo, al mosto y al aceite virgen,

y ellos responderán a Yizreel.

Toda la naturaleza restaurada cooperará entonces como elemento mediador entre Dios y el pueblo nuevo. El cielo, por así decirlo, informa a Dios de las necesidades de los hombres- Dios responde al cielo, el cual comunica a la tierra que ha sido escuchada. Esta produce los frutos agrícolas para Israel.

En adelante la naturaleza también servirá a Israel para relacionarse con Dios. El pueblo es llamado Yizreel; esta era una fértil llanura al sudeste del Carmelo, que había sido ocupada por los asirios en el 733. La imagen significaría que en la restauración esta fértil llanura vendrá a ser de nuevo territorio israelita.

Multiplicación del pueblo (25)

25 Yo la sembraré en la tierra,

me compadeceré de “No-compadecida”,

y diré a “No-mi-pueblo”: Tú eres “Mi pueblo”,

y él dirá: “¡Dios mío!”

Yizreel significa Dios siembra. Se alude aquí a que el pueblo como una semilla aumentará, se multiplicará en número; esto presupone que el país se habría quedado vacío de su población: es una alusión a la futura deportación y al destierro que va a venir. Además con un juego de palabras se expresa que tras el destierro habrá una nueva situación: se compadecerá de No-compadecida y No-mi-pueblo será mi pueblo. La respuesta del pueblo: ¡Dios mío! incluye la plena conciencia de pertenecer a Yahvé de manera personal y profunda. Estas formas de expresar la alianza nueva irá fraguando la formulación clásica: Jer 31,3-34 (cfr. Rom 9, 25 y 1 Pe 2,10).

Resumen

Esta texto ilustra de manera maravillosa la restauración de las relaciones entre Dios e Israel para el futuro. Estas se presentan bajo la imagen de la nueva alianza y de la unión conyugal, selladas por la justicia, por el amor, por la fidelidad y por la estabilidad eterna. Así quedarán renovadas las condiciones originarias del paraíso con la paz en la naturaleza y entre los hombres.

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