La Fe y el Enmanuel (Is 7,1-17)

Contexto y estructura

El c.7 está situado en el centro de la colección autobiográfica de 6,1-9,6, y sobre el trasfondo de la guerra siro-efraimita. Trataremos esta sección 7,1-17 como una unidad, es decir, como una escena que tuvo lugar en el mismo tiempo y en el mismo lugar.

El fondo histórico es el comienzo de la campaña sirio-efraimita del 734 dirigida por Rasín (rey de Siria) y por Pécaj (rey de Israel), contra Ajaz (rey de Judá) porque no había querido tomar parte en la liga antiasiria. El rey Ajaz había pedido secretamente la ayuda de Asiria y se preparaba para la resistencia confiando en las fortificaciones de la capital y en su aprovisionamiento de agua. En este momento crítico Isaías es enviado al rey por Dios para manifestarle su voluntad.

El texto se estructura así : (1) resumen de la campaña con su fracaso; (2) pánico del rey y del pueblo ante el comienzo de la guerra; (3-6) Dios manda a Isaías, con su hijo pequeño, al rey para darle ánimos; (7-9) el Señor anuncia el fracaso del plan aliado aduciendo el motivo y añadiendo una condición para la feliz permanencia del estado; (10-11) El Señor por boca del profeta ofrece al rey la elección de un signo que confirme la promesa; (12) Ajaz se niega y (13-14) entonces el Señor mismo concede el signo del nacimiento del Enmanuel; (15) el cual vivirá en la abundancia, pero (16) el país de los aliados será devastado; (17) la misma suerte de abundancia está reservada al reino de Judá.

1 En tiempo de Ajaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Romelías, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, mas no pudieron hacerlo.

2 La casa de David había recibido este aviso: “Aram se ha unido con Efraín”, y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento. 3 Entonces Yahvé dijo a Isaías: “Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al encuentro de Ajaz, 4 y dile:

¡Alerta, pero ten calma! No temas,
ni desmaye tu corazón
por ese par de cabos de tizones humeantes,
5 ya que Aram, Efraín y el hijo de Romelías
han maquinado tu ruina diciendo:
6 ‘Subamos contra Judá y desmembrémoslo,
abramos brecha en él
y pongamos allí por rey
al hijo de Tabel.’
7 Así ha dicho el Señor Yahvé:
No se mantendrá, ni será así ;
8 porque la capital de Aram es Damasco,
y el cabeza de Damasco, Rasón;
pues bien: dentro de sesenta y cinco años,
Efraín dejará de ser pueblo.
9 La capital de Efraín es Samaria,
y el cabeza de Samaría, el hijo de Romelías.
Si no os afirmáis en mí
no seréis firmes.”
10 Volvió Yahvé a hablar a Ajaz diciendo:
11 “Pide para ti una señal de Yahvé tu Dios,
en lo profundo del Seol o en lo más alto.”
12 Dijo Ajaz: “No la pediré, no tentaré a Yahvé.”
13 Dijo Isaías:
Oíd, pues, casa de David:
¿Os parece poco cansar a los hombres,
que cansáis también a mi Dios?
14 Pues bien, el Señor mismo
va a daros una señal:
He aquí que una doncella está encinta
y va a dar a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Emmanuel.
15 Cuajada y miel comerá
hasta que sepa rehusar lo malo
y elegir lo bueno.
16 Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo
y elegir lo bueno,
será abandonado el territorio
cuyos dos reyes te dan miedo.
17 Yahvé atraerá sobre ti y sobre tu pueblo
y sobre la casa de tu padre,
días cuales no los hubo
desde aquel en que se apartó Efraín de Judá (el rey de Asiria).

La guerra aliada (1-2)

1 En tiempo de Ajaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Romelías, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, mas no pudieron hacerlo.

Ajac significa, Dios tomó; Pécaj significa Dios abrió los ojos, o miró benignamente.

La cronología exacta que enmarca estas palabras proféticas es un fenómeno raro en el AT. Es como un resumen donde se anticipa el fracaso de la empresa: mas no pudieron hacerlo, en 1b. Efectivamente, 2 Re 16,7 nos informa de que el rey de Asiria, invitado por Ajaz, marchó hacia Occidente y que los aliados abandonaron el asedio de Jerusalén.

2 La casa de David había recibido este aviso: “Aram se ha unido con Efraín”, y se estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento.

Se comienza ahora a contar como empezaron las cosas. Estamos en el comienzo de la guerra, cuando Jerusalén todavía no estaba asediada. La noticia del comienzo de las hostilidades se refiere a la casa de David, es decir al rey y a sus parientes y colaboradores. El rey es todavía joven. Subió al trono a la edad de 20 años (cfr. 2 Re 16,2) y por eso confiaba mucho en los consejos de la corte. Efraín por ser la parte más importante de Samaría, equivale a todo el reino del norte.

Es muy sugerente la comparación del miedo con el temblor de los árboles sacudidos por el viento.

Encuentro con el rey (3-4)

3 Entonces Yahvé dijo a Isaías: “Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al encuentro de Ajaz, 4 y dile:

¡Alerta, pero ten calma! No temas,
ni desmaye tu corazón
por ese par de cabos de tizones humeantes,

Isaías va al encuentro del rey acompañado de su hijo pequeño llamado Sear Yasub (que significa un resto volverá), nacido después de la llamada al ministerio profético. El nombre del hijo es simbólico y su presencia –requerida por Dios- durante la entrevista entre el profeta y el rey permite atisbar un resquicio de esperanza para sacar a Jerusalén del pozo de la angustia, así como la lealtad de Dios en los momentos difíciles. Aunque Sear Yasub no dice nada su presencia presagia el auxilio divino.

Probablemente el caño se encontraba fuera de la ciudad, próximo a las murallas, y la alberca superior dentro de las murallas, tal vez en la parte nueva de la ciudad. Cerca de la alberca se encontraba el barrio de los bataneros (lavanderos), que por su oficio, necesitaban del agua.

Por orden de Yahvé (4 y dile), Isaías invita al rey a que deponga todo temor en aquel momento crítico. Emplea cuatro imperativos, dos positivos, y dos negativos, que descartan el temor y a pusilanimidad (cfr. Dt 29,3; Jer 51,46):

  • 1) Alerta: despierta ante la realidad. El Señor no oculta al rey la gravedad de la situación pero…
  • 2) ten calma: la calma o tranquilidad que se ofrece nace de la confianza en Dios y de la conciencia limpia; tengase en cuenta que cuando después Senaquerib invada Judá, Isaías volverá a decirle al rey: si os convertís y tenéis calma os salvaréis; en la tranquilidad y en la confianza está vuestra fuerza (Is 30,15). No se trata de cruzarse de brazos sino de afrontar los problemas desde la confianza en Dios. Si el rey recupera la certeza de saberse el ungido del Señor, encontrará fuerzas en sí mismo para vencer los obstáculos, sin necesidad de venderse a un rey extranjero.
  • 3) No temas; en el AT lo opuesto a la fe no es el ateísmo –que ni se plantea- sino el miedo. Para el mundo antiguo el miedo además de lo que entendemos nosotros era la expresión externa de la falta de fe: quien tiene miedo no tiene fe y quien tiene fe no tiene miedo. Para entender la noción bíblica de miedo es necesario comprender la concepción del universo bíblico. La tierra era plana y se sostenía sobre columnas que al temblar ocasionaban terremotos (Sal 75,4; Job 9,6). Los pilares de la tierra reposaban, sobre el abismo de un mar ubicado bajo la superficie de la tierra (Sal 24,2). Bajo la tierra y entre las columnas estaba el Sheol (Gen 37,35), y un gran deposito de agua que alimentaba los mares, las fuentes y los ríos (Prov 8,28). Sobre la tierra estaba el firmamento que como una campana transparente sostenía las aguas de arriba y el sol, la luna y las estrellas. Este universo aunque se parece a la concepción babilónica, pero existe una diferencia esencial. Mientras que para los pueblos Mesopotámicos el universo vagaba al azar, para un israelita el mundo estaba sostenido en las buena manos de Dios. Por eso, el hombre de fe no tiene miedo. Por eso, cuando Isaías le dice a Ajaz no temas, no le está trasmitiendo solo una seguridad psicológica sino que le está recordando que vivir sin miedo consiste en sentirse seguro en las buenas manos de Dios. Es el Señor quien sostiene el cosmos (Is 40,26: Alcen los ojos y miren a los cielos: ¿Quién ha creado todo esto? El que ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a cada una por su nombre. ¡Es tan grande su poder, y tan poderosa su fuerza, que no falta ninguna de ellas!) y quien guía la historia (Is 41,1-5). Por eso, si quiere no permitirá que perezca el pueblo.
  • 4) El profeta insiste diciendo: ni desmaye tu corazón (lit.: no cambie de sitio tu corazón), le esta diciendo que no cambie a Dios por los ídolos; el idólatra cambia el corazón de lugar, en vez de alojarlo en las buenas manos de Dios lo orienta hacia los ídolos. Ajaz tiene miedo y siente la tentación de cambiar el corazón de lugar, es decir, desconfía de Dios y le tienta la idea de que sería mejor confiar en Asiria, o en la alianza sirio-efraimita, o en ofrecer un sacrificio a otro dios (de hecho sabemos por 2 Re 16,3 que sacrificó (a Moloc) en el fuego a su hijo).

Lo que en concreto se le pide al rey es que abandone la fortificación de la ciudad y los tratos diplomáticos con Asiria, así como también que no ceda a la presión de los aliados. Estos son tan solo un par de cabos de tizones humeantes, es decir, dos tizones ya apagados y que solo dan humo. Pese a que entonces Israel y Damasco estaban en la cumbre de su poderío militar, Isaías revela su debilidad e insinúa el fracaso final de la expedición. Isaías le revela que la crisis sería resuelta solamente por el Señor, sin el concurso del rey y, más todavía, sin la ayuda de Asiria.

El plan aliado (5-6)

5 ya que Aram, Efraín y el hijo de Romelías
han maquinado tu ruina diciendo:
6 ‘Subamos contra Judá y desmembrémoslo,
abramos brecha en él
y pongamos allí por rey
al hijo de Tabel.’

Se ponen al descubierto las secretas maquinaciones de los aliados. El hijo de Romelías, obsérvese la omisión del nombre en serial de desprecio, parece superfluo después de Efraín, por lo que algunos piensan que es una glosa. El plan de los aliados consistía (6) en la ocupación de Judea, su repartición y la sustitución del rey. El nuevo monarca sería el hijo de Tabel. Es un nombre arameo que puede entenderse como nombre del padre del monarca o como nombre de una región; esto último parece lo más probable. Se trataría pues de un hijo de algún rey de Judá, Jotán u Ozías, cuya madre sería oriunda de Bet Tabel, un pequeño reino arameo situado al oriente del lago de Genezaret. Este descendiente de la dinastía davídica, pero no en línea recta, vinculado por nacimiento al reino arameo, habría favorecido indudablemente la política antiasiria de los aliados.

El oráculo divino (7-9a)

7 Así ha dicho el Señor Yahvé:
No se mantendrá, ni será así ;
8 porque la capital de Aram es Damasco,
y el cabeza de Damasco, Rasón;
pues bien: dentro de sesenta y cinco años,
Efraín dejará de ser pueblo.
9 La capital de Efraín es Samaria,
y el cabeza de Samaría, el hijo de Romelías…

Pero la pretensión de los aliados iba directamente contra la profecía de Natán sobre la perpetuidad de la Casa davídica (cfr 2 Sam 7,16). Mediante un solemne oráculo, introducido con la fórmula habitual (así ha dicho el Señor Yahvé), Isaías predice -en nombre de Yahvé- que los planes enemigos no tendrán éxito. El vaticinio está redactado en forma negativa absoluta, con estilo conciso y enfático: No se mantendrá, ni será así, (se repiten dos verbos sinónimos). El sentido es que Dios mismo liberará a Judá y a la dinastía de semejante peligro.

A continuación se declara (8) el motivo por el que no saldrá adelante el plan aliado. Parece evidente que 8a y 9a van juntos: porque la capital de Aram es Damasco, y el cabeza de Damasco, Rasón… La capital de Efraín es Samaria, y el cabeza de Samaría, el hijo de Romerías. Las frases están interrumpidas por lo que parece un añadido: dentro de sesenta y cinco años, Efraín dejará de ser pueblo, que no empalma bien con el contexto y no cuadra con la historia. Nos encontramos en el año 733 y Efraín, es decir, Israel caerá en el 722, es decir 11 años después. Probablemente se quiere expresar: todavía seis y cinco años más, de modo que son los 11 años que faltan. El sentido de los versículos es que Yahvé asigna a cada uno sus reinos: a Rasón el de Damasco y a Pécaj el de Efraín… todavía seis y cinco años más.

Aunque no se hace mención de ello, se sobreentiende que Jerusalén es la capital de Judá y Ajaz su rey y como tal debe permanecer.

La fe (9b)

“Si no os afirmáis en mí
no seréis firmes.”


Abruptamente, con solemnidad y de forma negativa, que destaca la amenaza, se presenta la fe como condición esencial para la supervivencia y la prosperidad de Judá: Si no os afirmáis en mí, no seréis firmes. El plural se refiere a todos los habitantes de Judá, empezando por el rey. Se trata de generar la confianza y la seguridad a partir del apoyo en Dios y en su palabra. Se trata de la forma clásica de fe-confianza.

El efecto que se seguiría de la falta de fe se expresa con la frase: no seréis firmes, referido en el sentido de no estar seguro ni permanecer existiendo como tal. Nos encontramos por vez primera en Isaías su política de la fe o política de la santidad. Frente al poder enemigo, los planes estratégicos humanos y las situaciones más críticas, la fe se presenta como una fuerza preponderante y victoriosa (cfr. Is 28,16 y 30,15).

La frase constituye un juego de palabras basado en mn (amén) que significa también: subsistir, ser estable, sostenerse. La locución equivale a decir: si vuestra vida no se sostiene en las manos de Dios, no se sostiene en nada.

Ajaz se encuentra acosado por los reyes de Siria e Israel y siente miedo. No confía en su ser el ungido del Señor y busca la seguridad en la alianza con Asiria. Pero esta actitud le desenmascara: el rey pretende salvar su trono y no tanto salvaguardar los intereses de su pueblo ya que si solicita la ayuda de Asiria, esta implicará que a cambio le de un fuerte tributo que, en última instancia, saldrá del sudor del pueblo. En cambio si Ajaz actúa con equidad considerando Jerusalén no como algo personal sino como heredad del pueblo, todos los ciudadanos lucharán al sentir la ciudad como algo suyo y no solo como bastión de la nobleza y además si ven al rey como garante del derecho de todos y no sólo de los intereses de los privilegiados, se esforzarán por salvar la ciudad y la dinastía. Por tanto la confianza que Isaías le manda no es un abandono ingenuo sino una alta exigencia de rectitud y justicia.

El signo (10-13)

10 Volvió Yahvé a hablar a Ajaz diciendo:
11 “Pide para ti una señal de Yahvé tu Dios,
en lo profundo del Seol o en lo más alto.”
12 Dijo Ajaz: “No la pediré, no tentaré a Yahvé.”
13 Dijo Isaías:
Oíd, pues, casa de David:
¿Os parece poco cansar a los hombres,
que cansáis también a mi Dios?

Yahvé habla a Ajaz (10), por medio del profeta, para infundirle ánimos. Con gran condescendencia, Dios ofrece a Ajaz un signo prodigioso que habría podido realizarse donde hubiera querido el rey. La señal es un hecho que garantiza al hombre la intervención divina. Es una forma de revelación. En este caso el signo va destinado a confirmar la verdad del oráculo del v. 7 sobre la liberación del inminente peligro. Tu Dios (11) indica una relación personal: es el Dios en el que Ajaz podía y debía poner su confianza.

Ajaz rechaza (12) la señal, respondiendo que no quiere tentar a Dios. Tentar recuerda la pecaminosa actitud de Israel en el desierto. Aunque en el Dt 6,16 se manda explícitamente: vosotros no debéis tentar a Dios, para Ajaz en este caso se trataba de un mero pretexto. La reacción del profeta (13) es severa. Mediante una solemne introducción y una proposición interrogativa reprocha a la casa de David, es decir al rey, a su familia y consejeros, de cansar a los hombres y a Dios mismo. Esto quiere decir que la conducta de Ajaz y de la corte ha llegado a una situación tal que a Dios le cuesta ya aguantar (según Miq 6,20 el término cansar pertenece al vocabulario del proceso judicial). Resulta difícil decir en que sentido Ajaz había cansado a los hombres; quizás por su política vacilante.

Es de advertir que Isaías utiliza sólo en este pasaje la expresión mi Dios.

El Emmanuel (14)

14 Pues bien, el Señor mismo
va a daros una señal:
He aquí que una doncella está encinta
y va a dar a luz un hijo,
y le pondrá por nombre Emmanuel.

Tras el reproche, Isaías anuncia la intervención directa de Dios y confirma la liberación.

No encontramos con uno de los pasajes más discutidos del AT. Todas las palabras pueden interpretarse en varios sentidos. Pues bien, se refiere al v. 13, es decir a la negación del rey; en buena lógica se seguiría una amenaza contra el rey por su incredulidad (la conjunción pues bien/por eso: läkën, precede a amenazas en Is 1,24; 5,13s; 8,7, etc), pero en este caso es una promesa de salvación (como ocurre también en Is 10,24; 29,22 y 30,18). Efectivamente, según la mentalidad hebrea el nacimiento de un niño es siempre un acontecimiento gozoso, jamás es signo de desventura. El v.14 no es una consecuencia del v. 13, sino una oposición del v. 13: puesto que Ajaz no pide un signo, Dios mismo escoge un signo con el mismo fin.

El signo se presenta en la forma de anuncio de un nacimiento extraordinario. Este género literario se compone de cuatro elementos:

  • 1) la preposición he aquí, (hinnË) que anuncia el embarazo y el nacimiento de un niño: que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo;
  • 2) la instrucción que se da a la madre sobre el nombre del niño: le pondrá por nombre Emmanuel;
  • 3) una declaración introducida mediante porque (Kî), que da la razón de la imposición del nombre: Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo
  • 4) consideraciones sobre la importancia del niño para el futuro próximo: Yahvé atraerá sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales no los hubo desde aquel en que se apartó Efraín de Judá.

La preposición he aquí tiene la fuerza de estar como señalando a alguien con el dedo.

Esa persona es llamada hä`almâ, el artículo hä indica una persona conocida o singular. `almâ significa mujer joven, que tiene ya la edad para contraer matrimonio; se supone por tanto que es virgen. Pero este aspecto de la virginidad no está directamente expresado con esta palabra, pues existe otra palabra que lo expresa inequívocamente: Bütûlâ.

Y le pondrá por nombre: está en forma femenina (la madre le pondrá el nombre).

Emmanuel es un nombre simbólico: Dios-con-nosotros, que significa que Dios protege, ayuda. La frase aunque es frecuente en el AT., es de advertir también la singularidad de su uso como nombre propio, pues no le llevó ninguna personalidad del AT.

Resumiendo: Judá podía ver en este niño la constante presencia de Dios entre su pueblo y una renovación de las promesas hechas a David. Gracias al niño, la comunidad será liberada de todo daño y desventura; tendrá éxito y prosperidad. La señal dada por Isaías consiste, por tanto, en el anuncio del nacimiento de un niño, que lleva un nombre de esperanza y aliento.

Infancia del Emmanuel (15)

15 Cuajada y miel comerá
hasta que sepa rehusar lo malo
y elegir lo bueno.


Este versículo comienza abruptamente.

Comer leche y miel es un signo de prosperidad y abundancia (cfr. Ex 3,8.17; Dt 32,13s; Job 20,17s). Hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno. Es decir, relativamente pronto. La idea sería: el admirable niño se nutrirá de un alimento especial, abundante y divino, es decir, será protegido de manera especial por la providencia divina para que pueda escoger el bien y rechazar el mal.

Promesa de liberación (16-17)

16 Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo
y elegir lo bueno,
será abandonado el territorio
cuyos dos reyes te dan miedo.
17 Yahvé atraerá sobre ti y sobre tu pueblo
y sobre la casa de tu padre,
días cuales no los hubo
desde aquel en que se apartó Efraín de Judá.

Porque, así comienza el v.16, y proporciona una explicación acerca de porqué el niño podrá nutrirse con alimentos especiales y abundantes: porque ya no habrá peligro pues el territorio de los dos reyes enemigos será desbastado y sus habitantes deportados. Efectivamente, en 732, Damasco y gran parte del territorio de Israel fueron ocupados por los asirios. La destrucción de la tierra que pertenecía al enemigo significó la liberación de Judá. Ambos reinos son considerados como una unidad: el territorio. Y de nuevo se indica que todo esto ocurrirá relativamente pronto, antes de que el niño sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno.

Algunos ven en el v.17 una amenaza contra la casa davídica y contra Judá, en base a la tesis de que la incredulidad de Ajaz le traerá la desgracia. Pero normalmente se considera que el v. 17 está haciendo referencia a una época de prosperidad y de gloria comparable a la que tuvo el Israel unido de los tiempos de David y Salomón. Terminando así su profecía con una visión de esperanza.

Resumen: Nuestra vida reposa en las buenas manos de Dios

El profeta anuncia el nacimiento de un niño de la dinastía davídica que salvará al pueblo. Es el mismo personaje de que se habla en Is 9,1-6 y 11,1-9. El nacimiento aunque previsto para el futuro tiene un nexo con los acontecimientos del presente de Ajaz: la dinastía permanecerá a pesar de los pesares. La explicación más verosímil del origen del vaticinio es el fondo de la profecía de Natán (2 Sam 7, 1-17), profecía que Isaías iluminado por una luz celestial, interpreta y completa.

El rey Ajaz desconfió de la ayuda divina y depositó su confianza en el poder de Asiria. La servidumbre requerida por Asiria, como la sumisión exigida por cualquier ídolo, ahogó a Judá bajo el peso de un tributo insoportable. Ezequías -el hijo al que podría referirse históricamente como el Emmanuel- confió en la seguridad del Señor y rechazó la tentación ofrecida por Senaquerib, de ese modo el reino de Judá respiró tranquilo por un tiempo.

La predicación de Isaías transmite una gran certeza: nuestra vida no vaga al azar, sino que reposa en las buenas manos de Dios. El momento actual habla de vivir lo efímero y de gozar el instante, porque tiende a hacernos creer que todo es fugaz y pasajero y, como consecuencia de ello, provoca que la existencia humana se someta al poder de los ídolos de turno. Por eso la aportación del profeta de saberse sostenido en las manos de Dios resulta muy adecuada para estos tiempos.

En Mt 1,23 se cita el texto de Isaías según la versión de los LXX, como verificado en el nacimiento virginal de Cristo

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