Presentación en powerpoint del Profeta Isaías (cap. 1-39)

A continuación te trascribo el texto de la presentación:

El profeta Isaías y la primera parte de su libro (1-39)

  1. Contenidos
    • 1. La persona del profeta
    • 2. Actitud de Isaías
    • 3. Historia de la redacción del libro
    • 4. Estructura y estilo de la primera parte (Is 1-39)
    • 5. Contenido doctrinal: 1º) Soberanía y trascendencia de Dios; 2º) El pecado; 3º) Mesianismo real; 4º) El libro del Emmanuel

La persona del profeta Isaías

Los escasos datos que poseemos sobre la vida y actividad de Isaías nos lo proporciona el mismo libro en los capítulos 1 a 39. Sabemos que el momento de su vocación ocurrió el año de la muerte de Ozías (=Azarías), es decir, el año 740 a.C. Suele suponerse que para entonces contaba con veinte años; por tanto la fecha de su nacimiento se coloca en torno al año 760 a.C. Su padre se llamaba Amós, que nada tiene que ver con el profeta.

Según Is 1,1 el padre de Isaías se llamaba ‘amos (s de shin), mientras que el profeta tenía por nombre ‘amos (s de shade). Dado que los nombres de sus hijos eran simbólicos, muchos han supuesto también que el de Isaías ( yshayah = El Señor salva) debería ser significativo de su misión. Muy probablemente Jerusalén fue su cuna, pues allí predicó siempre y allí debió de adquirir la vasta cultura literaria y religiosa, que difícilmente podría conseguir fuera. Su mensaje se basará frecuentemente en la elección divina de la dinastía de David, y de Jerusalén, como sede de la misma.

En el relato de su vocación (Is 6,1-13), aparecen cuatro temas que vertebran toda su enseñanza: 1) la santidad de Dios, 2) la conciencia de pecado como debilidad y profanación, 3) la inminencia de un castigo inevitable, 4) y la esperanza de salvación. Poco después de iniciar su ministerio debió contraer matrimonio con “la profetisa”, según se dice en Is 8,3. Nada se sabe de ella, ni su nombre, ni su profesión, porque este apelativo no suponía necesariamente que tuviera carismas de este tipo. Probablemente es llamada profetisa, simplemente por estar casada con Isaías.

Tuvo de ella al menos dos hijos, a los que puso nombres deliberadamente simbólicos: Sear Yasub (= un resto volverá: Is 7,3 y 10,21) y Maher Salel Haz Baz (= saqueo inmediato, rápido botín). Acerca de su muerte el libro no aporta datos; la tradición judía, recogida en el libro apócrifo La Ascensión de Isaías (5,1), recuerda que fue asesinado por Manasés, que mandó cortarlo por medio de una sierra.

Isaías aparece en su libro como hombre decidido que se pone radicalmente a disposición de Dios en el momento de su vocación, y que no encuentra obstáculos para enfrentarse a reyes y políticos. Nunca se dejó arrastrar por el desaliento. La afirmación habitual de que era de familia aristocrática se basa en su sensibilidad poética y sus conocimientos amplios sobre las tradiciones del pueblo y las promesas hechas a David.

En cuanto a su mensaje , sigue la enseñanza de los profetas que le han precedido, especialmente Amós, en las denuncias de abusos sociales y del culto (Cfr Is 1,21-26; 2,6-22). Su fuerte personalidad y su mensaje atrayente debió de ser decisivo a la hora de crearse un círculo de discípulos (Cfr Is 8,16), que serían quienes conservaran su doctrina por escrito y quizá continuaran su misma línea de mensaje durante muchos años, después de su muerte.

Por el estilo y forma literaria de los oráculos, suele ser considerado como el gran poeta clásico del AT: amante de la brevedad y concisión, sabe ser incisivo, utilizando imágenes originales y escuetas. Su lenguaje es culto. Así como el texto de Oseas es difícil por los modismos que usa, el de Isaías tiene de dificultad el que utiliza un riquísimo vocabulario, muchos de cuyos términos son exclusivos . Su dicción es armoniosa: gusta de emplear aliteraciones, sinonimias y otros muchos recursos literarios.

La actividad del profeta se extendió a lo largo de cuarenta años, durante los cuales fueron muy variados los acontecimientos políticos. Para mejor comprender el mensaje del profeta, los oráculos suelen distribuirse en cuatro etapas:

  • Reinado de Jotán (740-736). Es una época de prosperidad económica, heredada del reinado de Ozías, pero unido a una relajación progresiva de costumbres. Isaías denuncia con energía los abusos en los oráculos comprendidos en los caps. 1-6.
  • Reinado de Acaz (736-727). Tiene lugar la guerra sirioefraimita; el rey y el pueblo están temerosos ante las consecuencias de la guerra que les parece inminente. Isaías rechaza el pensamiento de Acaz de establecer alianza con pueblos paganos y con sus dioses, y pone todo su empeño en fortalecer la fe de sus contemporáneos: “si no creéis, no subsistiréis” (Is 7,9). A este periodo corresponden los caps. 7-12, en los que el profeta combina los oráculos de salvación y los de condenación.
  • Minoría de edad de Ezequías (727-716) A la muerte de Acaz su hijo contaba solamente cinco años. Algún cortesano, cuyo nombre no ha conservado la Biblia, debió de encargarse de la regencia. Fueron unos años anodinos, durante los cuales probablemente pronunció los oráculos de los caps. 14 y 28.
  • Reinado de Ezequías (716-687). Este rey ha pasado a la historia como un hombre piadoso por la reforma religiosa que llevó a cabo (2 Reg 18,1-7.22 y 2 Chr 29-30; cfr también Sir 49,4). Pero en el aspecto político, fue un reinado difícil. Sargón II de Asiria dominaba la franja siro-palestinense y amenazaba la independencia de Judá.

La actitud del profeta Isaías

Hacia el año 720 muchas de estas ciudades se levantaron contra el yugo asirio, por instigación de Egipto. En el 703, a la muerte de Sargón, subió al trono asirio Senaquerib. En ese momento se sublevaron por una parte el rey de Babilonia en el Este; y Egipto por el Oeste. Ezequías mantuvo por un tiempo la neutralidad, que Isaías preconizaba para mantener a Jerusalén lejos de la influencia de los pueblos paganos, pero enseguida se levantó contra Asiria, haciendo alianza con las ciudadesestado de alrededor (Moab, Edom, Tiro, Ascalón, etc.).

Para entonces el rey Ezequías ya había emprendido importantes obras en Jerusalén para reforzar sus defensas y fortificaciones. De esta época es el famoso “canal de Ezequías” que aún se conserva íntegro, y que conseguía llevar agua desde la fuente de Siloé hasta el centro de la ciudad. Ante tales rebeliones Senaquerib organizó una campaña de castigo en la que invadió Palestina y conquistó varias ciudades, llegando a las puertas de Jerusalén.

En ese momento Isaías interviene manteniendo viva la moral de los habitantes y del rey, bajo la seguridad de que la ciudad santa no puede caer en manos de pueblos extranjeros si se mantienen fieles. De hecho, por causas desconocidas Senaquerib se retiró con sus ejércitos, regresando a Nínive. De esta forma Jerusalén quedó libre, cuando humanamente cabía esperar lo contrario; el pueblo lo atribuyó a una intervención divina y se afianzó la idea de que Jerusalén era inviolable.

Cuando el pueblo celebra este éxito sin acordarse de Dios, el profeta les recrimina duramente su actitud (Is 22,1-4). A este periodo suelen asignarse los caps. 15-23; 29-33. En ellos queda reflejada la postura de Isaías, que, a grandes rasgos, puede resumirse en los siguientes aspectos: * Oposición a la rebelión contra Asiria; * Condena de las alianzas con Egipto; * Consideración de la invasión asiria como justo castigo de Dios; * La presentación de Senaquerib como instrumento divino; * Esperanza de que Jerusalén no caería en manos asirias; y * Condena de la actitud impía y altiva del pueblo.

Historia de la redacción del libro de Isaías

Durante muchos siglos no se planteó ninguna dificultad sobre la autenticidad del libro de Isaías. El Ben Sira, en su prólogo, hacia el año 190 a.C. supone que todo el libro es de Isaías, puesto que, como tal, había entrado a formar parte del Canon. Con más claridad atribuye todo el libro a Isaías la versión de los LXX, en el siglo II a.C., y las citas del NT.

Durante la Edad Media sólo Abrahm Ibn Ezra, del siglo XII, quizá siguiendo a Moseh ben Samuel Ibn Gekatilla, atribuyó la primera parte de Isaías y la segunda a un autor de la época postexílica. Con todo, esta hipótesis no tuvo mucho eco.

Fue en el siglo XVIII cuando Iohann C. Döderlein [Cfr Isaias , Aldorf 1789 (3 ed.): “Quare consentaneum videtur orationem vel potius librum posteriorem a capite XL ad serius. Esaia aevum referre, atque sub finem exilii ab anonymo quodam, vel homonymo antiquo vate, compositum profiteri” (p. XV)] comienza a hablar del “DeuteroIsaías”, profeta anónimo del destierro, al que atribuyó los caps. 40-66, siguiendo a J.G. Eichhorn [ Einleitung ins Alten Testament , vol. 3, Leipzig 1783 ] . A partir de entonces se hizo común entre los estudiosos la existencia del Segundo Isaías.

En 1892 B. Duhm [Cfr Duhm, B., Das Buch Jesaja, (3 ed.), Göttingen 1914] en su comentario comienza a hablar de un “TritoIsaías”, un profeta también anónimo, posterior a la cautividad que redactó los caps. 56-66. Poco a poco va imponiéndose la idea de tres autores del libro de Isaías. Además de esta distribución tripartita se atribuyen a autores distintos de los mencionados, la sección apocalíptica (caps. 24-27), la sección histórica (caps. 36-39), que recoge la misma sinopsis de 2 Reg 18,13-20,19; y los cantos del Siervo (Is 42,1-4; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12).

En 1908 la P.C.B. responde a dos cuestiones sobre la índole y autor de Isaías: “ Utrum solida prostent argumenta, etiam cumulative sumpta, ad evincendum Isaiae librum non ipsi soli Isaiae, sed duobus, immo pluribus auctoribus esse tribuendum?

Resp.: Negative

“No entra la P.C.B. a afirmar o negar la autenticidad, sino únicamente considera la solidez de la argumentación.

Los argumentos que habitualmente se barajan para confirmar la existencia, al menos de un profeta exílico, diverso del autor de los primero 39 capítulos son las siguientes:

a)      De orden filológico : en la segunda parte se usan los términos go’el (redentor) e ‘il (isla), que no aparecen en la primera. Algunos otros tienen sentido diverso; por ejemplo, hadakah (justicia, en la primera parte) suele ahora significar “salvación”; berit (alianza, en la primera parte) tiene ahora sentido de “benevolencia”. Además aparecen algunos verbos arameos del tiempo del destierro.

  1. En cambio, faltan vocablos característicos de la primera parte, como “resto”, etc. Con todo, estas variantes podrían explicarse dado que Isaías prolongó su ministerio durante mucho tiempo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que hay expresiones como “Santo de Israel”, que aparecen en ambas partes. La locución “Santo de Israel” está atestiguada 13 veces en Is 1-39, 16 veces en Is 40-66 y sólo 7 en los demás libros bíblicos. Otra expresión común es “el fuerte de Israel/Jacob” (Is 1,14; 49,26; 60,16).

b)      De estilo . Deja de ser conciso y sencillo. En la segunda parte es ampuloso y retórico, con frecuentes repeticiones de palabras claves, como se refleja en el comienzo del cap. 40: “Consolad, consolad…”

c)      De contenido doctrinal . En la primera parte se insiste en el mesianismo real, en la segunda en un mesianismo profético; y en la tercera predominan ideas sacerdotales, como la insistencia en el sábado (Is 56,2; 58,13), la pureza legal y ritual (Is 65,4; 66,17.20), el sacerdocio y los levitas (Is 66,21), etc., temas que han sido más desarrollados a partir de la reforma de Ezequiel en el destierro.

d)      De orden histórico , que son los más importantes: en la segunda parte faltan alusiones a la dinastía davídica y al poder asirio. En cambio, se habla de una nueva era de la salvación (Is 40,2). Sorprende la mención de Ciro, rey persa (Is 42,1; 44,28; 45,1), atribuyéndole títulos de Pastor, Elegido de Dios para cumplir los planes divinos frente a Babilonia y a favor de Israel. Es importante la elegía de Is 47 contra Babilonia que no tendría sentido en el siglo VIII.

También son los argumentos históricos los que con más frecuencia se aducen para suponer uno o varios autores, posteriores al destierro, para los once últimos capítulos: el pueblo ha vuelto a su patria (Is 57,-57) y ha comenzado a habitar en Jerusalén (Is 60,10; 61,4); se ha iniciado la reconstrucción del Templo (Is 66,1). Los habitantes están divididos en tres grupos: los repatriados , el pueblo del país ( ham ha’ares ), que abarca a todos los que se quedaron en Judea; y los extranjeros que se instalaron allí durante el destierro. Incluso se mencionan los judíos de la diáspora, especialmente los que quedaron en Babilonia.

No todos los autores mantienen la existencia de tres profetas distintos. Parece sorprendente, según ellos, que un profeta que ha escrito poemas tan importantes como los contenidos en la segunda y tercera parte del libro no haya dejado huellas de su persona o de su actividad. Además, son muchos los temas que aparecen en las tres partes del libro: la soberanía de Dios sobre todos los pueblos, la retribución divina, la alternancia entre oráculos de condena y oráculos de salvación.

En 1987 se dedicó el “Colloquium Biblicum Lovaniense” al libro de Isaías. Las Actas aparecieron dos años más tarde: J. Vermeylen (dir.), The Book of Isaiah, Leuven 1989. El propio Vermeylen dedica el primer artículo (L’unité du livre d’Isaïe, pp. 11-27) al estado de la cuestión sobre la unidad o pluralidad de autores. En la nota 15 recoge la bibliografía más reciente de quienes aceptan la hipótesis tradicional que atribuye todo el libro al profeta del siglo VIII.

Un buen número de comentaristas adoptan una solución intermedia: los dos profetas anónimos (Deutero y Tritoisaías) pertenecerían a la misma escuela isaiana. Así se comprende que abordaran los mismos temas doctrinales. Ahora bien, queda sin demostrar la existencia de una escuela isaiana durante doscientos años, pues no hay ningún otro testimonio de ello. En los últimos años se ha modificado un tanto la orientación de los estudios, investigando más que sobre el autor o autores del libro, sobre su composición. Los autores que defienden esta teoría son muchos más y de reconocida valía, como J.L. McKencie, J.A. Soggin, W.L. Holladay, etc. Cfr Vermeylen, J., op. cit., p. 16, nota 20.

Aunque las conclusiones no son todavía definitivas, todos aceptan que el libro constituye una unidad literaria y teológica. El último redactor del libro realizó un único proyecto con evidente intencionalidad teológica. A partir de este dato caben dos hipótesis:

1)      La redacción tardía del libro . Con las matizaciones que cada comentarista aporta, según esta hipótesis el libro habría sido compuesto después del destierro, incorporando materiales ya existentes, incluso desde el siglo VIII. El centro del libro lo formarían los caps. 40-55; la primera parte (caps. 1-39) habría sido compuesto como introducción o prólogo, y los caps. 56-66 serían la conclusión (R.F. Melugin y R. Rendtorff). Ibidem, pp. 21-22 y notas bibliográficas.

2)      La relectura del Protoisaías . El núcleo inicial, contenido en los caps. 1-39 habría sido actualizado durante el destierro (caps. 40-55), y de nuevo se habría releído al volver a Palestina durante la época persa (caps. 56-66), añadiendo a los materiales ya existentes, pequeños pero significativos retoques (R.E. Clements y W. Bruggemann). Ibidem, pp. 23-25 y notas bibliográficas.

Nosotros estudiaremos cada una de las partes por separado, sin hacer excesivo hincapié en descubrir las características de sus autores. Una cosa es cierta; en la hipótesis de tres autores distintos, hay que reconocer en los dos últimos alguna dependencia del Isaías del siglo VIII y un mismo trasfondo doctrinal: los temas de la fe, de los pobres, de la transcendencia divina son constantes a lo largo de todo el libro.

Estructura y estilo de la Primera Parte del libro de Isaías

  1. Oráculos dirigidos a Israel y Judá (1,2-12,6)
  2. Oráculos dirigidos a las naciones (13,1-23,18)
  3. Apocalipsis de Isaías (24,1-27,13)
  4. Endurecimiento de Israel y Judá (28,1-33,24)
  5. Condenas y esperanzas de salvación (34,1-35,10)
  6. Ezequías ante la amenaza asiria (36,1-39,8)

Oráculos dirigidos a Israel y Judá (1,2-12,6)

A)    Pleito por el abandono del Señor (1,2-31)

B)     Pleito por la idolatría (2,1-4,6)

C)    Pleito por la falta de correspondencia (5,1-6,13)

D)    Libro del Enmanuel (7,1-12,6)

Acusación general (1,2-3)

Persistencia en el abandono (1,4-9) El formalismo del culto (1,10-15) Invitación a la conversión (1,16-17) Invitación a elegir (1,18-20) Infidelidad e injusticia (1,21-23) Castigo y purificación (1,24-31) Pleito por el abandono del Señor (1,2-31)

Pleito por la idolatría (2,1-4,6)

Gloria de Sión y paz universal (2,1-5) El día del Señor (2,6-22) Derrumbamiento de Judá y Jerusalén (3,1-15) Contra las mujeres de Jerusalén (3,16-4,1) Un resto santo en Jerusalén (4,2-6)

Pleito por la falta de correspondencia (5,1-6,13)

Canción de la viña (5,1-7) Lamentaciones por los pecadores (5,8-30) Vocación de Isaías (6,1-13)

Libro del Enmanuel (7,1-12,6)

La señal del Enmanuel (7,1-17) Amenazas de invasión (7,18-25) Conspiración de Asiria sobre Israel y Judá (8,1-20) Angustia tras las primeras derrotas (8,21-22) El príncipe de la paz (8,23-9,6) El orgullo de Efraím (9,7-10,4) Condena de Asiria (10,5-19) El resto de Israel (10,20-34) El nuevo descendiente de David (11,1-9) Retorno de los deportados (11,10-12,6)

Oráculos dirigidos a las naciones (13,1-23,18)

Contra Babilonia (13,1-14,23) Contra Asiria (14,24-27) Contra Filistea (14,28-32) Contra Moab (15,1-16,14) Contra Damasco y Efraím (17,1-14) Contra Etiopía (18,1-7) Contra Egipto (19,1-25) Contra Egipto y Etiopía (20,1-16) Contra Egipto y Babilon (21,1-10) La caída de Babilonia (21,1-10) Sobre Dumá (21,11-12) Sobre Arabia (21,13-17) Sobre el valle de Visión (22,1-14) Sobre Sebná (22,15-25) Sobre Tiro (23,1-18)

Apocalipsis de Isaías (24,1-27,13)

Castigo cósmico (24,1-23) Himno de acción de gracias (25,1-5) El banquete del Señor (25,6-8) Cánticos de salvación (25,9-26,6) Invocaciones del justo (26,7-19) El juicio del Señor (26,20-27,13)

Endurecimiento de Israel y Judá (28,1-33,24)

Lamentación por los guías del pueblo (28,1-29) Lamentación por Ariel (29,1-14) Lamentación por quienes se esconden del Señor (29,15-24) Lamentación por los hijos rebeldes (30,1-33) Lamentación por los que confían en Egipto (31,1-32,20) Lamentación por el que desvasta y traiciona (33,1-24)

Condenas y esperanzas de salvación (34,1-35,10)

Oráculo contra Edom (34,1-17) Promesa de salvación (35,1-10)

Ezequías ante la amenaza de Asiria (36,1-39,8)

Primera embajada de Senaquerib (36,1-22) Consulta a Isaías (37,1-9a) Segunda embajada de Senaquerib (37,9b-20) Oráculo de Isaías sobre Senaquerib (37,21-35) Muerte de Senaquerib (37,36-38) Enfermedad y curación de Ezequías (38,1-22) Antecedentes de la deportación a Babilonia (39,1-8)

Prescindiendo del orden cronológico en que fueron pronunciados los oráculos, la estructura de esta primera parte es la siguiente:

1)      Oráculos dirigidos al pueblo de Dios (Is 1-12). Esta colección recoge, como se indicó arriba, los pronunciados en la primera etapa de predicación. Hay que destacar el llamado Libro del Emmanuel (Is 6-12), que comienza con el relato de la vocación (cap. 6) y termina con un importante himno de acción de gracias (Is 12,1-6).

2)      Oráculos contra las naciones (Is 13-23). La costumbre de reunir en una misma sección los orácu-los contra las naciones se continuará en Jeremías y en Ezequiel; indudablemente es un recurso artificial, que se presta a retoques posteriores; así los oráculos contra Jerusalén (que no puede considerarse como “nación extranjera”) (Is 23,1-14) y contra Sobna (Is 23,15-18), y el dirigido contra Tiro (Is 23) son probablemente postexílicos. Cfr Hamborg, G.R., Reasons for Jugdem-ente in the Oracles againts the Nations of the Prophet Isaiah, en VT 31 (1981) 145-159.- Davies, G.I., The Destiny of the Nations, en Vermeylen, J., op. cit., pp. 93-120.

3)      Gran apocalipsis (Is 24-27). Son una serie de orácu-los escatológicos, que frecuentemente se han atribuido a un autor postexílico, bien como retoque, bien como unidad independiente. Anuncian el juicio del Señor sobre toda la tierra, describiendo con profusión de detalles los cataclismos del día de Yahwéh . Al final de todo, después de una catástrofe de alcance cósmico, el Señor ofrecerá a los justos el festín mesiánico, que reflejará la victoria definitiva de aquellos que están dispuestos a aceptar a todas las naciones. Entre estos oráculos escatológicos hay intercalados poemas líricos que cantan la providencia especial del Señor sobre su pueblo y la victoria sobre los enemigos y opresores. Cfr Steck, O.H., La composition littéraire del’Apocalypse d’Isaïe (Is 24-27), en ETL 50 (1974) 6-38.- Cfr etiam Jenkins, A.K., The Development of the Isaiah Tradition in Is 13-23, en Vermeylen, J., oc, p. 237-251.

4)      Imprecaciones contra el pueblo de Dios (Is 28-33). Estos oráculos son similares, en cuanto al contenido, a los de los primeros capítulos (Is 1-12). Seguramente todos ellos fueron pronunciados poco antes del asedio de la ciudad por parte de Senaquerib. Son también denominados los Ayes de Isaías , porque comienzan con esa interjección de lamento (Is 28,1; 29,1.15; 30,1; 31,1; 33,1).

5)      Pequeña apocalipsis (Is 34-35). Son una serie de oráculos contra Edom, que se había instalado en Jerusalén, aprovechando el vacío que dejaron los desterrados de Babilonia; en Is 35 se describe la destrucción de Edom y la nueva liberación de Israel, como un nuevo éxodo. Por las afinidades estilísticas con el libro de la Consolación, estos capítulos suelen atribuirse al mismo autor exílico.

6)      Apéndice histórico (Is 36-39). En esta sección se narra la invasión de Senaquerib y otros acontecimientos en los que intervino Isaías: enfermedad del monarca (Is 38), embajada babilónica, etc. Quizá el protagonismo de Isaías es la razón de incluir en el libro estos capítulos que se encuentran repetidos en 2 Reg 18-20.

Contenido doctrinal de la Primera Parte del libro de Isaías

1) Soberanía y trascendencia de Dios en Isaías I. El mensaje del profeta, aunque íntimamente relacionado con toda la tradición veterotestamentaria, está influido por su visión o experiencia vocacional (Is 6,1-13). Allí Dios es proclamado por los serafines como Santo (Is 6,3), título que el mismo profeta repite (Is 5,16), presentándolo ante todo como el “Santo de Israel” (Is 11,4; 5,19.24; 10,20; 12,6; 30,11.12.15; 31,1; 37,23). Santo (qadosh) derivado de “qdr” (separar) o de “hdsh” (ser nuevo, distinto) significa ser transcenden-te. Dios es el Otro; Aquél ante quien ningún hombre puede mantenerse (Is 6,5); no se contamina con ningu-na impureza ética, que es cosa de los hombres. Se manifiesta por las “maravillas” obradas en la historia, tal es la gloria y la magnificencia de nuestro Dios (Is 35,2). Dios que se manifiesta en Isaías como transcendente y omnipotente, autor de la creación y de la historia, no es un ser abstracto, sino un ser personal, presentado con antropomorfismos, como “los ojos de Dios” (Is 1,15ss; 13,8; 37,17), “su mano poderosa” (Is 1,25; 9,11.16.20; etc.), “su aliento que inunda y purifica” (Is 11,15; 30,33), “su espíritu que infunde sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia y temor” (Is 11,26). Puede consultarse un buen diccionario bíblico; por ejemplo, Jenni, E.-Westermann, C., Diccionario Teológico. Manual del AT, (DTMAT), vol. 2, cols. 599-609.

2) El pecado .- Desde su visión inaugural, Isaías contempla frente a la santidad de Dios, a la criatura débil y llena de pecado. El pecado, según Isaías, consiste en la miseria humana frente a la pureza infinita e incontaminada. El hombre que está tan próximo a su Hacedor, se enfrenta directamente a Dios. El pecado es rebelión contra Dios (Is 1,2.4); desprecio de Dios (Is 3,8-9; 5,4-5.24; 8,6; 28,12; 29,15-16; 30,9-13), burla de Yahwéh (Is 5,18-19): la vanidad de las mujeres (Is 3,16), la indiferencia religiosa (Is 5,19), el apegamiento a las riquezas (Is 2,7), la seguridad en las fortificaciones humanas (Is 17,3; 22,5-11) o en las armas (Is 2,7; 22,9ss; 31,1), o en las alianzas políticas (Is 30,1) son otras tantas muestras de desconfianza en Dios. El gran pecado es el orgullo y la autosuficiencia (Is 2,6-4,1; 13,8-24). El castigo divino, en consecuencia, debe significar una humillación del hombre y en eso consistirá el “dia de Yahwéh” (Is 2,12-16). El pueblo rebelde y orgulloso debe desaparecer, toda altanería y toda altivez serán abatidos ante la gloria del Señor.

3) Mesianismo real .- El centro de la predicación de Isaías es la promesa divina sobre David y sobre Jerusalén. En la catástrofe de la invasión asiria, desaparecerá Israel (año 721 a.C.) y parte de Judá; pero se salvará un “resto” que ha de ser el núcleo de la restauración nacional. Quedará sólo “un décimo, como la encina o el terebinto que se abate” (Is 6,13), pero de ese tronco saldrá un retoño que será la “semilla santa” de los rescatados de Sión (Is 4,4ss). Aunque no utiliza el término Mesías, es el profeta más representativo del llamado “mesianismo real”, que concibe y describe al futuro salvador con rasgos tomados de la figura del rey. A este personaje maravilloso se le describe como “Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz” (Is 9,7).

4) El “libro del Emmanuel” en Isaías I. Jerusalén, donde habitaban los que durante la invasión permanecen apoyándose sólo en el Señor (Is 10,20), los humildes y pobres de Yahwéh (anawin Yahwéh: Is 30,18; 33,2), será también fuente de paz mesiánica para todos los pueblos (Is 21,2-4); allí acudirán todos a sentarse al banquete mesiánico, los de Kus (Is 18,7), los de Tiro (Is 23,18), los de Egipto y los asirios (Is 19,18-25). Estas promesas se centran en el Emmanuel (Is 7,14), que reina sobre su país (Is 8,8); será el restaurador de la dinastía davídica, reducida a un simple tocón ; será el rey eterno prometido por Dios. En él se sintetizarán las grandes corrientes de la esperanza de Israel: la dinásticoreal (Is 7,14; 8,8), la profética (Is 9,7; 11,25), la paradisíaca (Is 11,6-9) y la escatológica (Is 11,9). El libro del Enmanuel .- El “libro del Enmanuel” abarca los capítulos 7 al 12 Muchos autores consideran que originariamente el “libro del Enmanuel” abarca únicamente Is 7,1-9,6, pues el oráculo de salvación de 9,1-6 parece el colofón de esta unidad; la segunda parte (Is 9,7-12,6) sería ampliación de la primera, incluso aunque hubiera sido escrita por el mismo autor. Nosotros pensamos con la mayoría que el comentario debe abarcar los seis capítulos señalados, en los que el protagonismo corre a cargo de este “niño”, símbolo de una intervención especial de Dios. Dentro del análisis merecen un mayor detenimiento los tres oráculos mesiánicos contenidos en Is 7,10-17; 9,1-6 y 11,1-5, que están muy relacionados entre sí. Cfr Cazelles , H., El Mesías de la Biblia , Barcelona 1981, pp. 72-77.- Coppens , J., Le Méssianisme royal , Paris 1968, pp. 67-85; y el más divulgativo de Sancho Gili , J., Sobre el sentido mesiánico de Is 7,14. Interpretaciones bíblicas y magisteriales , en “Cultura Bíblica” 27 (1970) 67-89.

OBSERVACIONES

En la división señalada más arriba, se incluye también el capítulo 6, que puede considerarse como una pieza que tiene en sí misma sentido; o bien como capítulo introductorio de toda la sección. De cualquier modo, merece un comentario aparte. Is 11,1-9 Tercer oráculo Is 9,1-6 Segundo oráculo Is 7,10-17 Primer oráculo

El primer oráculo (Is 7,10-17) va dirigido al rey Acaz, inmerso en el conflicto siro-efraimita. Propiamente el profeta no aconseja una acción concreta, sino que denuncia el temor del rey y del pueblo (v. 2) y su falta de fe en la ayuda divina (“si no creéis, no subsistiréis”: Is 7,9). Así se comprende que Isaías pronuncie una serie de oráculos de salvación junto con otros de condena, porque se vislumbra a la vez la acción bienhechora del Señor, anuncia el castigo que merece la incredulidad del pueblo y del rey.

El oráculo culmina en el anuncio de un nacimiento prodigioso que consta de cuatro elementos: * la doncella está encinta y dará a luz un hijo; * le pondrá por nombre Emmanuel; * el niño se alimentará de leche y miel; * hasta la edad del discernimiento (Is 7,14).

El nombre de “guerra siroefraimita” resulta confuso, pues no es un enfrentamiento entre sirios y efraimitas (israelitas); es decir, no es entre Damasco y Samaría. Más bien se trata de una coalición entre Damasco y Samaría contra Judá. Puesto que estos dos reinos estaban obligados a pagar tributo a Asiria, planean rebelarse, para lo cual invitan a Judá a unirse con ellos. Pero, ante las dudas de Acaz, deciden declararle a él la guerra, deponerlo y colocar en su lugar al hijo de Tebael, partidario de la coalición contra Asiria. Acosado por tales amenazas Acaz termina pidiendo ayuda a Teglaltpalasar III, que interviene contra Damasco (Cfr 2 Reg 16,7-9).

Ha sido un texto ampliamente comentado en todas las épocas, especialmente por su resonancia en el “evangelio de la infancia” de Mateo y Lucas. En la historia de su exégesis se han desarrollado cinco interpretaciones más importantes: tres de ellas podrían denominarse más “historicistas”, y las otras dos más directamente “mesiánicas”. Todas ellas se centran en saber quién es la mujer, quién es el niño, y en qué consiste el signo que el profeta propone.

Según algunos, se refiere a una de las jóvenes esposas de Acaz y del futuro Ezequías; para otros, se habla de la esposa del propio Isaías y de uno de sus hijos; la tercera versión entiende que se trata de una mujer hipotética y desconocida, cuyo hijo y edad sería símbolo de la intervención divina. Entre los que interpretan la profecía como el anuncio de un futuro rey ideal, algunos la explican en sentido mítico sin ninguna relación con la realidad; la mayoría, en cambio, ven en el Emmanuel al Rey-Mesías futuro, el único en el que piensa el profeta al proferir el oráculo.

Contra esta última hipótesis, defendida tradicionalmente por los católicos, se objeta que difícilmente puede ser una señal para Acaz un acontecimiento futuro. Todo el capítulo parece referirse a un hecho contemporáneo, lo cual no impide que sea tal su resonancia que al correr de los años se vaya descubriendo su sentido más profundo. El carácter mesiánico del mismo no implica necesariamente que esté desligado del momento concreto en que se pronunció.

También las interpretaciones historicistas están cargadas de dificultades. No se entiende cómo el profeta puede hablar de una mujer y de su hijo guardando el anonimato; además, “la doncella” (con artículo) parece aludir a una persona concreta y conocida. Si se refiere a la esposa del propio profeta, ¿por qué no lo dice expresamente, como hará más adelante al hablar de los dos hijos (Is 7,3 y 8,3)?

Hoy la mayoría de los intérpretes entienden que se refiere a la esposa de Acaz, madre de Ezequías. La objeción clásica es que Ezequías probablemente ya había nacido. Ahora bien, como se sabe es difícil señalar una cronología exacta en aquellos años. Tampoco debe sorprender que se denomine a la esposa de Acaz como doncella, puesto que la señal no es directamente la madre, sino el hijo y su nombre simbólico.

El nacimiento de un heredero era entonces una señal evidente de protección divina y una garantía de que la dinastía davídica permanecería. Esta interpretación no invalida el carácter mesiánico, sino que incluso lo refuerza, puesto que el rey tiene la doble dimensión de representante histórico de Dios que actúa por medio del pueblo, y de anuncio de que un descendiente futuro será quien asuma y lleve a plenitud todas las esperanzas de salvación anunciadas.

“ Estamos acostumbrados a ver la historia como algo que sucede, que viene después; las generaciones como descendientes, algo que “desciende” sucesivamente y cuelga del primero. Según esta visión, todo cuelga de David, y como cumplimiento, de la promesa de David. Tenemos que aprender la otra visión, de una historia que avanza hacia un punto futuro, que cuelga de él, que sólo por él está justificada y tiene existencia y continuidad. Según esta visión, todo cuelga del futuro Mesías, y también la palabra dada por Dios a David se apoya en la palabra de Dios, que es Cristo. Esto legitima le lectura mesiánica y mariana del oráculo presente “ ( Alonso Schökel, L.-Sicre, J. L., Profetas , vol. 1, Madrid 1980, p. 148).

Precisamente el simbolismo del niño influyó en que ya la tradición judía entendiera el nacimiento como prodigioso y los LXX tradujeran el término hebreo por parzenos, que significa “virgen” y no por neanías, como hacen Aquila y Simaco, que sólo indica “mujer joven”. Asumiendo esta tradición, los Evangelistas enseñaron que este oráculo se cumplió plenamente en el nacimiento de nuestro Señor, que fue realmente prodigioso, al nacer de su Madre-virgen.

El segundo oráculo (Is 9,1-6) empalma con el anterior en tiempo de guerra y de crisis: “un niño nos ha nacido” (Is 9,5). A este niño, señal de que Dios está en medio del pueblo (Emmanuel) se le aplican cuatro títulos (no el de rey), que aparecen, aunque no todos unidos, en textos extrabíblicos de entronización del rey. En la Biblia es la única vez que tales titulos se atribuyen a un monarca; pero no hay que olvidar que el rey histórico era siempre depositario de las esperanzas mesiánicas. San Jerónimo al traducir la Vulgata encuentra seis: “Admirabilis, Consiliarius, Deus, Fortis, Pater futuri saeculi, Princeps pacis”. La Neovulgata se acomoda de nuevo al texto hebreo: “Admirabilis Consiliarius, Deus fortis, Pater aeternitatis, Princeps pacis”.

El tercer oráculo (Is 11,1-9) es complementario del an-terior, pues habla del “vástago” sucesor, de la justicia y de la paz mesiánicas. Canta las cualidades que deben adornar al rey y que también se harán realidad en el Mesías: justicia, equidad y espíritu de Dios. También aquí el profeta contempla a través del rey histórico, la venida del rey ideal futuro. Nótese que los LXX y la Vulgata desdoblan el”temor de Dios” en dos: piedad (eusebeia) y temor. Todo el libro del Enmanuel y estos tres oráculos en particular hacen de Isaías el profeta que con mayor clarividencia desarrolló la idea teológica del Mesías davídico.

2 comentarios en “Presentación en powerpoint del Profeta Isaías (cap. 1-39)”

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