Presentación en prowerpoint del profeta Malaquías

A continuación te transcribo el texto de la presentación:

El profeta Malaquías

  1. Malaquías
    • Autenticidad y problemas críticos
    • Estilo y estructura del libro
      • El amor del Señor a Israel (1,2-5)
      • Pecados de los sacerdotes (1,6-2,9)
      • Condena de los matrimonios mixtos y del divorcio (2,10-16)
      • El día del Señor (2,17-3,59)
      • Desprecio de los diezmos del Templo (3,6-12)
    • Contenido doctrinal
      • La Alianza
      • La retribución
      • Doctrina mesiánica

La persona del profeta Malaquías

El actual libro de Malaquías cierra el rollo de los Doce profetas Menores. Si el nombre corresponde a un profeta concreto, nada sabemos de su vida. Pero hoy la mayor parte de los comentaristas piensan que es un seudónimo al que se le atribuye la colección de oráculos anónimos que pasaron al canon bajo su nombre. Las razones de la seudonomía son las siguientes:

  • a) La palabra «mal’akî» del encabezamiento del libro, que las traducciones modernas transcriben por Malaquías ( mensajero del Señor ) parece estar tomada de Mal 3,1. No es un nombre de persona sino un nombre común con sufijo que significa «mi mensajero». Su presencia en el encabezamiento se debe, como en otros libros, al editor de este material profético anónimo.
  • b) Malaquías, como nombre propio es desconocido en el AT.
  • c) La versión de los LXX traduce «por medio de su mensajero» ( ‘en chéiri ‘aggelou ‘autô ). Lo mismo hacen el Talmud y el Tárgum de Jonatán, que añade «cuyo nombre es Esdras, el Escriba». San Jerónimo aceptó también la identificación con Esdras, como ya habían hecho los targumim, porque, según él, Malaquías (2,7) y Esdras (cap. 7) hablan de los mismos temas (Cfr Commentarium in Mal, Prol: PL 25,1141-1142). Hoy se subrayan más las diferencias que las coincidencias entre ambos.
  • d) El título de esta profecía: «Oráculo» ( massá ), “palabra del Señor” es el mismo con que empiezan las dos secciones de que consta la segunda parte de Zacarías (9,1 y 12,1).

Autenticidad y problemas críticos

Algunos piensan que originariamente existieron tres colecciones proféticas anónimas, que comenzaban con las mismas palabras; las dos primeras se añadieron al libro de Zacarías, formando las secciones Za 9-11 y Za 12-14. Poco después se añadieron otras dos piezas breves con una inscripción, «hecho por medio de Mala’kî».

Posteriormente estas últimas secciones se desligaron en un libro aparte, para completar el número de doce, representativo de las doce tribus de Israel. Cfr A.E. Hill, Malachi (Book of), en “The Anchor Bible Dictionary”, t. 4, New York 1992, p. 484.

Sin embargo, otros comentaristas (Child, Kaiser, Rudolph) siguen manteniendo que Malaquías es el nombre propio de un profeta concreto postexílico y que son muy significativas las diferencias entre el encabezamiento de Malaquías («Palabra del Señor dirigida a Israel por medio de Malaquías») y el de Za 9,1 y 12,1 («Palabra del Señor sobre Israel»).

En cuanto a la fecha de estos oráculos, el libro da una serie de indicios que, junto a los datos del de Nehemías, permiten datarlos con mucha probabilidad hacia la mitad del siglo V (515-458), poco antes de la reforma llevada a cabo por Esdras y Nehemías. La redacción definitiva tuvo que ser más tarde, quizá ya en la época griega.

División del libro de Malaquías

  • I. Amor del Señor por Israel (1,2-5)
  • II. Los sacrificios mezquinos y otras faltas de los sacerdotes (1,6-2,9)
  • III. Los matrimonios mixtos y los divorcios (2,10-16)
  • IV. El día del Señor (2,17-3,5)
  • V. Los diezmos del Templo (3,6-12)
  • VI. Los justos y el día del Señor (3,13-21)

El libro tiene una clara orientación pastoral, aunque le falta la fuerza argumental de los profetas postexílicos. Consta de seis secciones. todas ellas estructuradas de la misma manera. Su montaje es diagonal y parecido al género literario que llamamos diatriba .

La secuencia es la siguiente: El Señor o el profeta anuncia una tesis, que casi siempre coincide con expresiones o normas contenidas en el Deuteronomio; a continuación, esa doctrina es rebatida por el auditorio, pueblo o sacerdotes, con objeciones o reparos. Después sigue un breve desarrollo del tema o tesis inicial.

Amor de Dios por Israel Ml 1,2-5

  • 1ª Sección: El amor de Yahwéh hacia Israel (1,2-5).- El destinatario de esta sección es la comunidad judía postexílica que se encuentra en una situación decadente. Empobrecida y hostigada, contrasta su situación actual con las brillantes descripciones que habían hecho los profetas preexilícos y, sobre todo, las de la tercera parte de Isaías.

Este contraste provoca un clima de desaliento en que la fe está a punto de naufragar dando paso al escepticismo. ¿Dónde está el amor del Señor para con su pueblo? (cfr Dt 7,8). Yahweh responde taxativamente: «Os he amado». Y da dos razones para demostrarlo.

  1. La primera es histórica, la elección de Jacob , des antiguo («amé a Jacob y aborrecí a Esaú»).
  2. La segunda es actual, la desgracia de Edom , que por este tiempo simbolizaba a los enemigos de Israel. Edom había sido invadido por los Nabateos, y este desastre equivale a la restauración judía. San Pablo cita este oráculo (Rom 9,10-13), dando a entender claramente que es un modo extraño y paradójico de expresar la elección divina de su pueblo.

Los sacrificios mezquinos y otras faltas de los sacerdotes (Ml 1,6-2,9)

2ª Sección: Pecados de los sacerdotes (1,6-2,9).- Este oráculo que denuncia el culto falso de los sacerdotes, tiene dos partes:

  • La primera (1,6-14) se basa en la premisa doctrinal de que el Señor es padre y dueño de su pueblo. Por tanto, tiene derecho a la honra que debe reflejarse en el culto.

Sin embargo, los sacerdotes habían deshonrado y menospreciado su nombre. No estaban a la altura de su ministerio con su conducta. Sus claudicaciones morales y religiosas repercutían en el pueblo. Su culto indigno les impedía realizar su obligación de intercesión.

Los pecados que Dios les echa en cara son: violación de las leyes del culto en lo referente a la pureza de las víctimas (1,7-9), violación de la Alianza (2,8), violación de su oficio de enseñar la Ley con el consiguiente extravío del pueblo. Ellos son, en efecto, los principales responsables (2,7).

  • La segunda parte (2,1-9) recoge un oráculo en el que Dios les dirige una llamada a cambiar de actitud. Si la respuesta es positiva, Dios les perdonará y amará. Si es negativa, tendrán por parte de Dios maldición y repudio (1,14; 2,1-2), y por parte del pueblo desprecio (2,9).

Una atención especial merece la visión universalista del profeta que contrasta el culto de Jerusalén con el de los paganos: « Desde donde sale el sol hasta donde se pone, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece incienso a mi Nombre y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos » (Mal 1,11).

En contraste con el culto indigno que le ofrecen los sacerdotes, el oráculo habla de un sacrificio universal y puro. Esta afirmación de universalidad y de reconocimiento de una oblación pura entre los gentiles sorprende en un oráculo centrado en la purificación del culto en el Templo.

Ha sido comentado a lo largo de la Historia, interpretándolo de diferentes maneras: los viejos reformadores identificaban los goyim del oráculo con los prosélitos o con los judíos de la diáspora, más en concreto con los de la Elefantina.

Ahora bien, es prácticamente imposible que un profeta de Palestina tuviera en cuenta esos cultos considerados siempre como cismáticos. Menos aún cabe pensar en un sincretismo del autor. Aun dentro de lo extraño de la afirmación, parece que el profeta pretende estimular a los profesionales del culto en el Templo, contrastando el culto de las naciones con el que se realiza en Jerusalén. Sería, pues, un recurso oratorio para subrayar el escaso valor del culto de Jerusalén.

Los Santos Padres, que leían el AT desde la plenitud del NT, aplicaron, desde muy antiguo, este texto -la oblación pura- a la Eucaristía. San Jerónimo dice: «En todo lugar se ofrece una oblación no inmunda como en el pueblo de Israel, sino pura, la que se ofrece en las ceremonias de los cristianos». El Concilio de Trento también ve cumplido este oráculo en el Sacrificio eucarístico (Dz 1742).

La Didache (14,1) y los Santos Padres, excepto Teodoro de Mompsuestia y, en parte, san Efrén, son unánimes en descubrir en Mal 1,11 una profecía de la Eucaristía. Commentarium in Mal, PL 25,1155.

Los matrimonios mixtos y los divorcios (Ml 2,10-16)

  • 3ª Sección: Condenación de los matrimonios mixtos y del divorcio (2,10-16).- La profanación del Santuario ha aumentado con los matrimonios mixtos y con los divorcios. En los oráculos anteriores se denuncian directamente los delitos de los sacerdotes que quebrantaban “la alianza de Leví”; aquí se apunta a los miembros del pueblo que quebrantan “la alianza de los padres”, con las perversiones del matrimonio.

Al casarse los israelitas con mujeres extranjeras, admitían a los dioses de ellas y se exponían a la idolatría. Por otra parte, al repudiar a la esposa judía, la de la juventud, se reniega del único Dios que ha creado al varón y a su mujer, para que vivan en unidad para siempre (cfr Gen 1,26).

Aquí se condena no sólo el divorcio de los hijos del pueblo de Dios, sino también el nuevo casamiento con mujeres extranjeras (matrimonios mixtos) por lo que lleva consigo de ruptura de la Alianza, de la que el matrimonio es reflejo. En la plenitud de los tiempos, el NT refuerza la unidad del matrimonio recordando que tal fue el designio originario del Creador (cfr Mt 5,31-32; 19,4-9; Ef 5,31-32). Cfr S. de Ausejo, De matrimoniis mixtis apud Mal 2,10-16, en VD 11 (1931) 366-371.

El día del Señor (Ml 2,17-3,5)

  • 4ª Sección: El día del Señor (2,17-3,5).- El pueblo con sus quejas planteaba al profeta el problema de la retribución. Una vez más se parte de la objeción de que no puede demostrarse la justicia de Dios, puesto que lo único que se ve es la prosperidad de los malvados. La respuesta es sorprendente y rica de contenido. La justicia de Dios se cumplirá en el Días del Señor. Dios vendrá para juzgar y purificar en primer lugar a los sacerdotes (3,3) y después a los demás.

Lo específico de este oráculo es el anuncio de que la venida final de Dios será precedida de un mensajero al estilo del heraldo de las monarquías orientales, que tenía la misión de anunciar la venida del rey, invitando a preparar el camino. En tiempos de Jesús muchos, basándose en Mal 3,23, consideraban que este mensajero sería Elías. De ahí que Mt 11,14, se identifique al Bautista, el precursor-mensajero, con Elías.

El oráculo termina con una lista de los pecados que serán objeto del juicio y que eran los más destacados en la vida de la comunidad (3,5): la magia, el adulterio, el perjurio, los pecados sociales contra la justicia y todo tipo de opresión (3,5; cfr Sal 15).

Los diezmos del Templo (Ml 3,6-12)

  • 5ª Sección: Desprecio de los diezmos del templo (3,6-12).- La violación de la ley de los diezmos es otro de los pecados de la comunidad (cfr Num 18,21). De nuevo este oráculo les recuerda que la situación presente de miseria y escasez es debida a la ruptura de la Alianza, al incumplimiento de los preceptos legales. La obediencia a la ley y la conversión al Señor les garantizará la prosperidad (3,6-12). La mención casuística de los diezmos es señal de que estamos en una época muy tardía, en la que los sacerdotes ejercían ya un fuerte dominio sobre los miembros del pueblo.

Los justos y el día del Señor (Ml 3,13-21)

  • 6ª Sección: El juicio de Dios (3,13-21).- El problema planteado en esta sección es nuevamente el de la retribución. Ahora son los justos los que no comprenden su escaso triunfo y el progreso material de los malvados. La respuesta es la misma: en el Día del Señor, justos y pecadores recibirán su recompensa (3,16-21).

Este modo de enfocar el problema de la justicia de Dios supone un gran avance sobre la concepción tradicional de la retribución inmediata. Para Malaquías la justicia de Dios tendrá un cumplimiento escatológico. Y, aunque no se entreve con claridad la vida y la justicia de ultratumba que aportará con claridad el NT, la doctrina de Malaquías es un paso muy claro hacia ella.

Un pequeño apéndice cierra el libro (3,23-25). Es una exhortación a la observancia de la ley según el estilo y el espíritu deuteronomista. Parece una conclusión editorial añadida al conjunto de los libros proféticos, para unirlos a los que formaban “la Ley” (el Pentateuco), pues se valoran casi del mismo modo a Moisés, principal autor de la Ley, y a Elías, prototipo del profeta. En la Transfiguración del Señor (Mt 17,3ss) hay una clara resonancia de este texto. La mención del día del Señor en este epílogo pone de manifiesto que los libros proféticos están abiertos a un futuro escatológico.

Contenido doctrinal del libro de Malaquías

  • 1) La Alianza .- El tema sobre el que gira toda la enseñanza de Malaquías es la relación de alianza entre el Señor y su pueblo. De hecho, menciona explícitamente la alianza de Leví (2,4), la alianza de los padres (2,10) y la alianza del matrimonio (2,14), además de hablar de la predilección del pueblo por parte del Señor (1,2-5) y de las bendiciones divinas (3,10).
  • 2) La retribución .- Desde el ángulo de la alianza, aborda el problema de la retribución. Saberse amado por Dios no da derecho al pueblo a interpelar al Señor, y menos a exigir que la bendición divina se refleje en el bienestar material. El profeta da una respuesta de fe a los problemas que afectaban al pueblo, subrayando que Dios es justo y que, como tal, juzgará individualmente a justos y pecadores. Para Malaquías no es la condición de miembro escogido la que salva, sino únicamente la condición de justo. La justicia de Dios no se cumple aquí y ahora. Tiene lugar en la era escatológica. Dios es justo, y como tal, juzgará individualmente a los justos y pecadores.
  • 3) Doctrina mesiánica .- Dos novedades interesantes aporta Malaquías a la doctrina mesiánica: la indicación del mensajero misterioso que precederá a la venida del Señor (3,1) en el cual la tradición cristiana ha reconocido a san Juan Bautista (Mt 11,10-14). Y, sobre todo, la “oblación pura”, sacrificio perfecto de la era mesiánica que, como se ha dicho, la Iglesia ve cumplido en el Sacrificio eucarístico cristiano.

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