La Religión Yahvista (Miq 6,1-8)

Hemos escogido este párrafo porque nos parece una síntesis de la doctrina moral de Miqueas. Se articula del siguiente modo: (1-3) El profeta anuncia el proceso de Yahvé contra su pueblo; (4-5) Dios se lamenta del pueblo, recordando los grandes beneficios otorgados; (6-7) el pueblo reflexiona sobre el modo de presentarse ante el Señor; (8) el profeta inculca al pueblo las profundas exigencias de la religión yahvista.

El contexto histórico debe situarse en un momento en que el pueblo está cansado de Dios (3), tal vez tras la invasión de Judea por parte de Senaquerib, cuando la esperanza de la instauración del reino mesiánico parecía desvanecida. La idea del proceso judicial esta basada en la relación de Alianza entre Dios y el pueblo.

La doctrina de esta perícopa revela lo más profundo del mensaje religioso de Miqueas, que recapitula en los conceptos de justicia, amor y humildad, la notable tradición profética de su siglo.

6,1 Escuchad lo que dice Yahvé:
“¡Levántate,
llama a juicio a los montes
y que las colinas escuchen tu voz!”
2 Escuchad, montes, el juicio de Yahvé,
prestad oído, cimientos de la tierra,
pues Yahvé entabla juicio
con su pueblo,
se querella contra Israel:
3 “Pueblo mío, ¿qué te he hecho?
¿En qué te he molestado?
Respóndeme.
4 Pues yo te saqué del país de Egipto,
te rescaté de la esclavitud
y mandé delante de ti a Moisés,
Aarón y María.
5 Pueblo mío,
recuerda lo que maquinaba
Balac, rey de Moab,
y lo que le contestó Balaán,
hijo de Beor,
…desde Sitín hasta Guilgal,
para que comprendas la justicia de Yahvé.”
6 -¿Con qué me presentaré ante Yahvé
y me inclinaré ante el Dios de lo alto?
¿Me presentaré con holocaustos,
con terneros añojos?
7 ¿Aceptará Yahvé miles de carneros,
miriadas de ríos de aceite?
¿Ofreceré mi primogénito por mi delito,
el fruto de mis entrañas por mi propio pecado?”
8 -Se te ha hecho saber,
hombre, lo que es bueno,
lo que Yahvé quiere de ti:
tan sólo respetar el derecho,
amar la lealtad
y proceder humildemente
con tu Dios.”

La convocatoria (1-2)

6,1 Escuchad lo que dice Yahvé:
“¡Levántate,
llama a juicio a los montes
y que las colinas escuchen tu voz!”

2 Escuchad, montes, el juicio de Yahvé,
prestad oído, cimientos de la tierra,
pues Yahvé entabla juicio
con su pueblo,
se querella contra Israel:

El discurso es introducido por el profeta, que invita al pueblo a escuchar la palabra de Dios. Luego es Dios mismo quien habla al profeta incitándole a convocar un proceso ante los montes y los collados. Conviene recordar que la escena del proceso judicial es frecuente en Isaías (Is 3,13ss; 5,3-7; 41,1-6). La naturaleza es citada como testigo en el proceso (cfr Miq 1,2; Is 1,2). El cuadro cósmico se corresponde bien con la naturaleza de Dios y con la causa tratada.

Luego (v.2) es el profeta quien habla de nuevo en nombre de Dios. De nuevo son llamados como testigos del proceso los montes y los cimientos de la tierra, es decir, aquellas partes del cosmos que han visto cómo se ha desarrollado la historia de Israel, especialmente los hechos del éxodo. Parece también como si el profeta se sorprendiera de que Yahvé intente un proceso contra su pueblo; la cosa es extraña: ¿cómo es posible que el pueblo haya roto el vínculo de la Alianza?

Inconsistencia de la acusación (3)

3 “Pueblo mío, ¿qué te he hecho?
¿En qué te he molestado?
Respóndeme.

Comienza el proceso. Yahvé toma la palabra e interroga al pueblo sobre el motivo de su deslealtad. ¿Con qué actos habría él cansado al pueblo? ¿Acaso enviándoles calamidades o con el aplazamiento del cumplimiento de las promesas? La forma en que Dios hace la pregunta y la insistencia en exigir una respuesta, subraya lo infundado de la supuesta acusación del pueblo. De acusado, Yahvé, se convierte en acusador.

Las grandes obras de Dios (4-5)

4 Pues Yo te saqué del país de Egipto,
te rescaté de la esclavitud
y mandé delante de ti a Moisés,
Aarón y María.
5 Pueblo mío,
recuerda lo que maquinaba
Balac, rey de Moab,
y lo que le contestó Balaán,
hijo de Beor,
…desde Sitín hasta Guilgal,
para que comprendas la justicia de Yahvé.”

Ahora Yahvé comienza a recordar los grandes hechos salvíficos del éxodo, que son un claro testimonio de la potencia y del amor insondables de Dios para con Israel. El pueblo debe su existencia a estos hechos: entonces fue concluido el pacto. El nombre de Moisés recuerda la guía segura y la ayuda extraordinaria que Dios ofreció al pueblo en los peligros relacionados con el paso del mar Rojo y la marcha por el desierto. Los nombres de Aarón y María se añaden por razón de su parentesco con Moisés. El recuerdo de dichos acontecimientos no hace más que reforzar el efecto de las preguntas precedentes (3): ¿Por qué razón el pueblo se ha cansado de su Dios? La expresión te rescaté de la esclavitud para designar a Egipto se usa con frecuencia en el Deuteronornio (Dt 5,6, etc).

Continúa (v.5) el discurso de Yahvé y el recuerdo de sus justas obras en favor de Israel. Este versículo no está completo. Pero el sentido es claro. Dios cambió la maldición pedida a Balaán por Balac (rey de Moab) en bendición (Num 22,24). El (Dios) condujo a los israelitas hasta Sitín, la última etapa antes de entrar en Canaán, y hasta Guilgal, la primera acampada después de pasar el Jordán (cfr. Jos 3).

Uniendo el v.5 con el precedente, se tiene la síntesis de todos los acontecimientos históricos de la edad mosaica. El recuerdo de la historia pasada hace evidente la benevolencia y la generosidad divina. Por eso Israel debe concluir, en buena lógica, que sus males no dependen de Yahvé, sino de su infidelidad. El proceso en sí mismo no es una manifestación de la ira de Dios, sino que pretende conducir al pueblo a reconocer su ingratitud y a convertirse a Dios mediante la meditación de su bondad. Dios emplea un método que, en última instancia pretende volver de nuevo al pueblo al recto camino.

Esta teología y forma de proceder acerca Miqueas a Oseas.

Penitencia del pueblo (6-7)

6 ¿Con qué me presentaré ante Yahvé
y me inclinaré ante el Dios de lo alto?
¿Me presentaré con holocaustos,
con terneros añojos
?
7 ¿Aceptará Yahvé miles de carneros,
miriadas de ríos de aceite
?
¿Ofreceré mi primogénito por mi delito,
el fruto de mis entrañas por mi propio pecado?”

La intervención de Yahvé consigue el efecto esperado. El pueblo reconoce sus pecados, está dispuesto a hacer penitencia y a volver a la comunión con Dios. Esto es lo que se sobreentiende en la serie de preguntas puestas en labios del personaje que habla en nombre del pueblo (v.6).

El título Dios de lo alto, aunque es utilizado especialmente después del destierro, se encuentra también en Gen 24,7 y Os 5,15.

Instruido en la tradición cultual, el pueblo sabe que no puede presentarse delante de Dios con las manos vacías (Ex 23,15; 34,20). Por eso menciona los holocaustos… terneros de un año… miles de carneros… ríos de aceite, y hasta el sacrificio humano del primogénito que aunque estaba prohibido por la ley mosaica (Gen 22; Ex 34,18s), excepcionalmente se practicó en momentos de gran calamidad (cfr 2 Re 16,3; 21,6).

Con estos interrogantes crecientes e hiperbólicos el pueblo manifiesta su interna inseguridad acerca del modo en que puede agradar a Dios y al mismo tiempo el deseo de reconciliarse con El. Los interrogantes sobre la eficacia de las ofrendas para obtener el favor de Yahvé y las implícitas respuestas negativas tienen la finalidad de servir de introducción a la solemne proclamación que viene a continuación.

Las exigencias de Dios (8)

8 Se te ha hecho saber,
hombre
, lo que es bueno,
lo que Yahvé quiere de ti:
tan sólo respetar el derecho,
amar la lealtad
y proceder humildemente
con tu Dios.”

A las acuciantes preguntas del pueblo responde el profeta con firmeza y claridad: Dios mismo hace ya tiempo que respondió por medio de Moisés y de los profetas, especialmente Amós y Oseas.

El discurso va dirigido al hombre: Se te ha hecho saber, hombre”, a todos los hombres. Se trata de directrices fundamentales que definen la actitud de todo ser racional ante Dios. Lo que Dios quiere es:

  1. la práctica de la justicia basada en el Decálogo y aplicada a las condiciones sociales de la comunidad, cuya decadencia moral describe Miqueas (en 3,1.9;cfr también en Am 5,7.15.24; 6,12).
  2. La segunda exigencia es el amor practicado con tierna efusión, requisito del que Oseas fue ardiente heraldo (Os 4,1; 6,6).
  3. El proceder humildemente delante de Dios implica: la fe en Yahvé; la confianza en su providencia; la exclusión del cansancio y de la murmuración. Esta actitud puede compararse con el contenido de la fe isaiana (Is 7,14; 28,16).

La formulación de las exigencias divinas es como la formulación de un catecismo clásico de la moral profética.

La justicia reclama la predicación de Amós, el amor la de Oseas, mientras que la humildad ante Dios es el requisito moral fundamental de Isaías.

Al llegar a este punto parece que respiramos ya el suave aire del Sermón de la Montaña.

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