Transmisión del Libro de Jeremías

A continuación intentaremos exponer las diversa teorías acerca de la Transmisión del Libro de Jeremías.

Ningún libro del AT aporta tantos datos como el de Jeremías al tema de la crítica textual y literaria, puesto que está suficientemente documentada la existencia de dos textos hebreos diferentes hacia el año 200 a.C. y presumiblemente antes de esa fecha. El uno ha llegado a nosotros en el texto masorético, el otro en la versión de los LXX.

Todos los manuscritos que se poseen del TM pertenecen a la misma familia y entre ellos sólo hay diferencias de detalle; el texto griego, por su parte, es sensiblemente más breve, en concreto, un octavo más corto que el TM (unas 2.700 palabras menos); además es diferente el orden, especialmente los “Oráculos contra las Naciones” que en el TM aparecen como apéndice en los caps. 46-51, mientras que en los LXX sigue a Jer 23,13, formando la parte central del libro.

Los manuscritos encontrados en Qumrán han hecho rebrotar la cuestión, puesto que se han encontrado fragmentos de ambas redacciones:

  • El TM está ampliamente documentado en los siguientes fragmentos:
    • – 2Q Jer con parte de los capítulos 42-44 y 46-51;
    • – 4Q Jer a , con parte de los caps. 7-12; 14; 15; 17; 18; 19 y 22;
    • – 4Q Jer c , con parte de los caps. 8; 19-22; 25-27; 30 y 33.
  • La versión de los LXX, por su parte, también está documentada en unos fragmentos encontrados en la Cueva 4: 4Q Jer b , que contiene parte de los caps. 9-10; 43 y 50. El texto hebreo de esos fragmentos coincide en gran medida con la traducción de los LXX.

Hasta aquí los datos: dos textos (TM y LXX), que tienen entre sí múltiples variantes de cantidad y de orden, pero que son totalmente independientes, puesto que son muchísimas más las coincidencias.

Hipótesis propuestas.- Las variantes entre ambos textos han dado pie a múltiples investigaciones, cuyos resultados se orientan en tres direcciones:

1) Traducción griega abreviada. Es la opinión tradicional mantenida unánimemente hasta principios de este siglo: los traductores de los LXX que habitualmente amplían el original hebreo, en el caso de Jeremías lo han abreviado. Según esta hipótesis, los problemas que se plantean y su explicación se mantienen en el ámbito de la crítica textual. Se parte del principio axiomático de que el TM representa el texto original y que el griego, siendo un testigo más tardío y, por tanto, inferior, sirve únicamente para mejor entender y eventualmente corregir al TM.

Ahora bien, hay datos objetivos -los fragmentos del Qumrán- que hacen suponer un texto hebreo diferente del TM. Por tanto, hay que retrotraer la cuestión; no basta comparar el texto hebreo y “su traducción” griega, sino que hay que establecer el parangón entre el texto hebreo que se integró en el canon y el otro, también hebreo, que está en la base de los LXX. No es un problema de estricta crítica textual, que se limite a la búsqueda del texto primitivo.

2) Ediciones sucesivas del libro.Y a desde la noticia de los textos divergentes en Qumrán y, sobre todo, a partir del trabajo ya mencionado de J. Gerald Janzen, se ha generalizado el convencimiento de que coexistieron dos ediciones diferentes de un primitivo texto que no ha llegado hasta nosotros. La edición más antigua sería la más breve, la que sirvió de base para la traducción de los LXX. Posteriormente surgió la segunda edición, aumentada en cantidad e incluso con cambios significativos de orden.

Ambas ediciones no son simples hitos de la transmisión de un texto ya terminado, sino que reflejan dos textos diferentes de un libro que todavía no se consideraba cerrado, ni había entrado en el Canon. Los defensores de esta hipótesis suelen hablar de Edición I ( Vorlage de LXX) y Edición II (TM) o también Redacción I y Redacción II. La primera habría sido elbaorada en Egipto y la segunda en Palestina hacia el siglo IV o incluso el V a.C. El problema en esta hipótesis ya no es de crítica textual, sino de crítica literaria; no cabe preguntarse sobre el único texto original, sino sobre la composición del libro.

Y esto plantea nuevas cuestiones sobre la posiblidad de varias corrientes ideológicas que convivieron pacíficamente sobre el uso y valoración que dieron a ambas ediciones o sobre las razones por las que prevaleció una de ellas. Más aún, estas mismas cuestiones podrían trasladarse a los otros libros de la Biblia, suscitando cuestiones interesantes sobre la historia de la redacción y sobre la historia del Canon.

3) Revisión actualizada. El Prof. E. Tov, como editor del proyecto de la Biblia Hebrea de la Universidad de Jerusalén ha impulsado una serie de trabajos encaminados a reconstruir la Vorlage o texto hebreo sobre el que se hizo la versión de los LXX, siempre con el convencimiento de que constituye una edición diferente del TM.

Ahora bien, para poder afirmar que son ediciones diferentes hay que sopesar las variantes y descubrir si la edición más reciente contiene oráculos nuevos o tradiciones antes desconocidas. Esto es más necesario tratándose del libro de Jeremías que está formado por una amalgama de oráculos y narraciones que han suscitado el interés de los investigadores en este último siglo. Como se ha indicado, hoy se sigue aceptando, aunque con matices, la hipótesis de Mowinckel.

Volvamos a la comparación entre los dos textos (LXX y TM). Para aceptar que son dos ediciones diferentes habrá que señalar que contienen tradiciones distintas o que, al menos, la más reciente introduce elementos tan novedosos que pueden considerarse como libro diferente. E. Tov en su esfuerzo por demostrar que el texto hebreo es una nueva edición, señala añadiduras en los tres tipos de textos (A, B y C), y los distribuye en dos grandes bloques: retoques propios de un editor (editorial aspects ) y retoques propios de un exegeta (exegetical aspects ).

P.M. Bogaert, por su parte, es mucho más prudente y no habla de ediciones, sino de redacciones. De hecho, después de de valorar las variantes del cap. 10, concluye que es ilusorio pretender describir la prehistoria del texto de Jeremías, y que solamente cabe describir el tipo de relectura que se hizo en los siglos V y IV a.C.

En otro trabajo aparecido en el mismo volumen es algo más optimista al concluir que la redacción B introduce una serie de cambios y añadiduras en razón del propio profeta; es decir, la primera redacción pretendería mostrar que Jeremías es verdadero profeta, apoyándose en el testimonio de Baruc; la segunda, en cambio, supone aceptada la autoridad del profeta y hace más hincapié en el contenido de la profecía, con la intención de alertar a los destinatarios, Israel y pueblos paganos, a que atiendan las palabras del profeta.

Nosotros estamos más de acuerdo con Bogaert; parece exagerado hablar de dos ediciones diferentes; incluso hablar de dos redacciones puede inducir a error, porque da a entender que o las variantes introducen cambios de contenido, o que, al menos, son irreductibles a un solo texto. Pensamos que más bien hay que hablar de “relectura”, dando a entender que esta cuestión apenas aporta nada a la formación del libro; es más bien un problema de transmisión.

Es decir, el transmisor griego traduce fielmente un libro ya terminado ( Vorlage ); no hay que olvidar que la traducción es del siglo II a.C., cuando ya se valora la fidelidad minuciosa. El transmisor hebreo, por su parte, se permite introducir algunas variantes, pero no con intención de cambiar o aportar nuevos datos, sino únicamente de “aclarar” y de hacer “más asequible” el libro ya existente; es lo que podríamos llamar una relectura actualizante.

El texto masorético, por tanto, en relación con el griego -y por eso con su Vorlage – únicamente añade aclaraciones concretas o retoques actualizantes. Las aclaraciones abarcan las múltiples adiciones que E. Tov denomina “exegetical aspects”, como son la descripción de personajes (“Jeconías”, hijo de Joaquín: Jer 28,4; Baruc, hijo de nerías: Jer 36,8), fórmulas hechas (Yahwéh, Dios de Israel), etc.

Los retoques actualizantes son, a simple vista, de mayor peso y son los que han dado pie a la hipótesis de las dos ediciones. Pero también éstas son fácilmente explicables si suponemos que el transmisor hebreo escribe con la conciencia de que el protagonista del libro, Jeremías, es el gran profeta, el nuevo Moisés, el profeta de las naciones. Esta triple característica estaba ya contenida, de algún modo, en la Vorlage de LXX, pero el nuevo transmisor lo subraya, coloreando un texto que de ningún modo quiere enmendar.

Resumiendo

Tras el análisis de estos datos parece claro que el texto hebreo atestigua una serie de variantes de gran interés, pero no tanto que pueda suponerse que es una nueva edición o una nueva redacción. Con lo dicho hasta aquí, puede dar la impresión de que se ha reducido el problema a una cuestión terminológica (edición, redacción, transmisión). Pensamos que no; nuestra opinión es que ambos textos ( Vorlage de LXX y TM) pudieron coexistir porque no son textos diferentes, sino el mismo; el segundo está más actualizado, rasgo que favorece su inclusión en el Canon.

Ciertamente la comparación entre ambos no es meramente de crítica textual, pero tampoco se pueden extrapolar las conclusiones como si cada texto reflejara ideologías o mentalidades diferentes o aun contrapuestas. La cuestión hay que trasladarla al campo de la transmisión textual: los escribas más próximos al original entendían la fidelidad al texto con mayor margen de libertad para posibles aclaraciones, mientras que los más tardíos (es decir, los redactores de la Vorlage de los LXX) la consideraban con meticulosidad estricta. Por tanto, el texto hebreo transmite el original con retoques actualizantes que no modifican sustancialmente su orientación ni su contenido. El texto griego, por su parte, transmite el original sin permitirse apenas ninguna modificación.

2 comentarios en “Transmisión del Libro de Jeremías”

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