El mensaje central del profeta Jeremías

almendro con nieve

El Señor con la palabra poderosa de Amós exigió justicia, y a través del matrimonio de Oseas mostró su ternura. Vemos como así como Dios, justo y misericordioso, no quiso permanecer oculto en su morada celeste sino que quiso actuar en el acontecer de la historia de los hombres y de Israel en particular para liberarles de la esclavitud del poder idolátrico. Vimos también como la voz de Isaías nos recordaba que nuestra vida reposa en las buenas manos de Dios, y que la respuesta del abandono confiado en El puede llenar de sentido nuestro ser más profundo. Pues bien, es ahora y gracias a Jeremías cuando se nos revela que Dios conoce nuestra vida en todos sus detalles y, así como el almendro en el invierno despierta la esperanza de la primavera, así  Dios mismo vela sobre el destino de nuestra existencia, especialmente en los momentos difíciles.

La existencia de Israel reposaba en la capacidad de escuchar la voz cálida y exigente de Dios que habla desde el fondo del alma. Recordemos que el gran precepto de Israel comenzaba precisamente así: Escucha, Israel, el Señor es nuestros Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo. Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas estando en casa o yendo de viaje, acostado o levantado; átalas a tu mano como signo, ponlas en tu frente como señal; escríbelas en las jambas de tu casa y en tus puertas (Dt 6,4-9).

Israel parecía haber perdido durante la época de Jeremías la capacidad de escuchar, la pasión por amar y la actitud de guardar en el corazón las palabras de la vida. Las consecuencias eran claras: un invierno de muerte atravesaba su historia. En este momento de su historia, Israel levantó los ojos y contempló Palestina. Era invierno, los árboles no tenían flores y parecían haber perdido el deseo de vivir. Pero allí descubrió un árbol en flor, un árbol rodeado de muerte pero que aún tenías fuerzas para alumbrar su flor; y con esta flor anuncia a los otros árboles que aquel tiempo de muerte no duraría para siempre, aquella flor blanca era pregonera de una primavera que estaba por llegar. Jeremías daba así testimonio de que al final triunfará la vida.

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