Discurso contra el Templo (Jer 7,1-15; Cf. 26,1-24)

Aunque la apariencia es la de un solo discurso el capítulo 7 agrupa varios. El verdadero discurso en el Templo abarca 7,1-15, pues en el v.16 el tema cambia bruscamente (sobre el culto de la reina celeste). Esto se confirma al comprobar que su texto paralelo, Jer 26,1-6, termina igual que el v.15: con la amenaza de destrucción del Templo.

La idea de fondo que aporta este capítulo 7 podríamos resumirla así: Dios no está ligado con realidades materiales (ni siquiera con el Templo) sino solamente por el compromiso moral del pueblo. El discurso fue pronunciado, según 26,1, al comienzo de reinado de Joaquín hijo de Josías (que acababa de morir). La inestabilidad internacional hace que confíen supersticiosamente en el Templo. Jeremías fue arrestado por este discurso (cfr. Jer 26,7-24).

7,1 Palabra que llegó de parte de Yahvé a Jeremías: 2 Ponte en la puerta del templo de Yahvé y predica allí esta razón. Dirás: Oíd la palabra de Yahvé, todo Judá, los que entráis por estas puertas a postraros ante Yahvé. 3 Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar. 4 No confiéis en palabras engañosas diciendo: “¡Templo de Yahvé, Templo de Yahvé, Templo de Yahvé es éste!”5 Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua 6 y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, 7 entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde siempre hasta siempre. 8 Pero resulta que vosotros confiáis en palabras engañosas que de nada sirven, 9 para robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais. 10 Luego venís y os paráis ante mí en este templo donde se invoca mi Nombre y decís: “¡Estamos seguros!”, para seguir haciendo todas esas abominaciones. 11 ¿Una cueva de bandidos se os antoja que lleva mi Nombre? ¡Para mí está claro! -oráculo de Yahvé-.

12 Pues andad ahora a mi lugar de Siló, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que hice con él por la maldad de mi pueblo Israel. 13 Y ahora, por haber hecho vosotros todo esto -oráculo de Yahvé- por más que os hablé asiduamente, aunque no me oísteis, y os llamé, mas no respondisteis, 14 yo haré con el templo que lleva mi Nombre, en el que confiáis, y con el lugar que os di a vosotros y a vuestros padres, lo mismo que hice con Siló, 15 y os echaré de mi presencia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraín.

Preámbulo (7,1-3a)

7,1 Palabra que llegó de parte de Yahvé a Jeremías: 2 Ponte en la puerta del templo de Yahvé y predica allí esta razón. Dirás: Oíd la palabra de Yahvé, todo Judá, los que entráis por estas puertas a postraros ante Yahvé. 3 Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel.

Tras el título introductorio (1): Palabra… que llegó a Jeremías… se le ordena (2a) situarse en la puerta del Templo y allí se le vuelve a ordenar (2b): Dirás: Oíd la Palabra de Yahvé. La fórmula que introduce el discurso es: así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel. Esta laboriosa introducción no carece de eficacia, porque ofrece la posibilidad de insistir por tres veces en la Palabra (1, 2 y 3); esta idea de repetición la encontramos también con la puesta en guardia contra la falsa confianza (4, 8 y 14), la invitación a la corrección (3 y 5) y la promesa (3 y 7).

Corregid vuestra conducta (7,3b-8)

7, 3b Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar. 4 No confiéis en palabras engañosas diciendo: “¡Templo de Yahvé, Templo de Yahvé, Templo de Yahvé es éste!” 5 Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua 6 y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, 7 entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde siempre hasta siempre. 8 Pero resulta que vosotros confiáis en palabras engañosas que de nada sirven.

Esta prirnera parte del discurso insiste en la conversión: primero genéricamente (3b) y luego más concretamente (4-8) ambos momentos van acompañados de promesa (3b y 7) y de la puesta en guardia contra la confianza supersticiosa en el Templo (4 y 8). Lo que pretende Jeremías es trasmitir al pueblo que esa seguridad que buscan en el Templo por que está habitado por Yahvé y allí les protegerá (idea favorecida por la reforma de Josías al centralizar el culto en el Templo de Jerusalén) han de buscar más bien esa seguridad en el cumplimiento personal, en sus vidas, de la Alianza, única verdadera garantía de la presencia y asistencia de Yahvé a su Pueblo. Jeremías rechaza la idea de un vínculo indisoluble de Dios con el Templo, este no es su prisión. Jeremías profetiza que sólo si cambia la conducta moral (5-8) de los habitantes de Jerusalén esta y su Templo no perecerán (esta idea es común en Oseas, Amós, Miqueas e Isaías)

Desvergonzada generación (9-11)

9 para robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais. 10 Luego venís y os paráis ante mí en este templo donde se invoca mi Nombre y decís: “¡Estamos seguros!”, para seguir haciendo todas esas abominaciones. 11 ¿Una cueva de bandidos se os antoja que lleva mi Nombre? ¡Para mí está claro! -oráculo de Yahvé-.

Se pasa ahora de la exhortación a la descripción de la situación. Una lista de crímenes cuya forma en infinitivo les da mucha fuerza: robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal… se trata de un examen de conciencia público o requisitoria que deja claro que es absurdo esperar la fidelidad de Dios al compromiso cuando se violan tan claramente las obligaciones. ¿Una cueva de bandidos…? Al igual que una caverna es escondite de bandidos, así los judíos piensan hacer del Templo la base para sus actos criminales, seguros de no ser castigados porque la casa de Dios los protege.

También en Mt 21,13, no es la seguridad indebida, sino la profanación del lugar lo que se les reprocha, al haberlo hecho un mercadillo. Late también en las Bienaventuranzas (Mt 5,23s) la idea fundamental de preeminencia de la actitud moral interior sobre el culto exterior formalista y la indisociabilidad de la fe con la vida (Cf. Mt 5).

Anuncio de ruina (7,12-15)

12 Pues andad ahora a mi lugar de Siló, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que hice con él por la maldad de mi pueblo Israel. 13 Y ahora, por haber hecho vosotros todo esto -oráculo de Yahvé- por más que os hablé asiduamente, aunque no me oísteis, y os llamé, mas no respondisteis, 14 yo haré con el templo que lleva mi Nombre, en el que confiáis, y con el lugar que os di a vosotros y a vuestros padres, lo mismo que hice con Siló, 15 y os echaré de mi presencia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraín.

Dios no puede permitir todo esto. Al igual que Jerusalén también Silo tuvo un lugar, donde aposenté mi Nombre, y ahora es un montón de ruinas. Este precedente histórico muestra hasta que punto Dios es independiente del Templo, y qué ingenuas son las esperanzas que se ponen en Él sin una vida coherente.

Ved lo que hice con él... este es el clímax del discurso y 26,6 dice que se formo un tumulto en ese momento… Se trata de un castigo por la maldad de mi Pueblo.

Las consecuencias del discurso de Jer 7,1-15 (Jer 26,7-24)

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3 comentarios en “Discurso contra el Templo (Jer 7,1-15; Cf. 26,1-24)”

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