Concepción mesiánica en el libro de Ezequiel

Aunque Ezequiel vive en un momento en que la dinastía davídica está en rápido declive, con Joaquín en el destierro y Sedecías en Jerusalén, opuesto a los planes de Dios, sin embargo mantiene viva la esperanza en un descendiente de David, con matices relevantes, dignos de ser tenidos en cuenta:

  • Al anunciar al monarca ideal, prefiere denominarle “príncipe” (nasî’) más que rey (melek) haciendo referencia a los tiempos predavídicos y subrayando que el monarca ideal vivirá más sometido al Señor, único que reina, y menos autónomo en sus decisiones;
  • La mención de David (Ez 34,24; 37,24-25) no pretende reforzar la sucesión dinástica, sino la función del príncipe ideal : llevar a cabo la alianza de paz;
  • A lo largo del libro hay frecuentes condenas tanto del monarca contemporáneo, Sedecías (Cfr 21,29-32), como de los anteriores que han pastoreado al pueblo (Ez 34,1-22). En resumen, Ezequiel proclama que es Dios mismo quien salva a su pueblo, aunque sigue anunciando la figura de un príncipe ideal. Dios es quien se asienta en el trono , quien infunde el espíritu a todo el pueblo, quien lo guía con su ley (Cfr Ez 43,7-9).

De los textos que se han considerado mesiánicos, unos contienen alusiones a la bendición de Jacob (Ez 49), otros a la dinastía davídica.

  • Los primeros (Ez 29,21 y 21,32) son demasiado genéricos; la mención del “vigor de la casa de Israel” (Ez 29,21), o “del que ha de venir” (Ez 21,32) no parece suficiente fundamento para encuadrarlos como oráculos mesiánicos.
  • En cambio, son claramente mesiánicos los que mencionan la dinastía davídica:
    • a) El retoño del cedro (Ez 17,22-24). Después de anunciar el castigo de Sedecías (Ez 17,11.21), el profeta pronuncia un oráculo en que bajo la imagen del cedro promete la restauración definitiva. Sin mencionarlo expresamente, el cedro es la dinastía davídica , pero identificada con el pueblo. Hay, por tanto, más énfasis en la restauración definitiva y proyección universal que en el monarca.
    • b) El nuevo David, pastor y príncipe (Ez 34,23-24). Dios condena a los pastores que han regido a su pueblo, y ejerce personalmente esa función (Ez 34,1-22). Suscitará un nuevo David que tendrá tres cualidades: único, siervo y príncipe. No tendrá las funciones de rey-ejecutor del derecho y la justicia (Cfr Jer 23,5), sino que será símbolo de la alianza que Dios ha sellado con su pueblo.
    • c) El nuevo David, símbolo de unidad (Ez 37,24-25). Ez 37 es un canto de esperanza: Dios hará revivir con su espíritu al pueblo muerto (Ez 37,1-14) y reunirá definitivamente los pueblos, Judá e Israel (Ez 37,15-23). El nuevo David, siervo y príncipe, será el único pastor como lo fue el primero. El será señal de unidad y de la alianza perpetua de paz.

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