La gloria del Señor en el libro de Ezequiel

En la teofanía de la vocación, Ezequiel contempla “la gloria del Señor”. No es Dios en sí mismo, que es trascendente, sino su imagen que se aproxima a los hombres.

Podemos decir que “ningún otro libro nos da una visión tan sublime de la majestad de Dios” (Harford). Pero esto no quita que, a la vez, Dios interviega muy directamente en la historia de su pueblo. Le veremos también juzgar, castigar y salvar.

El centro del mensaje es el reconocimiento del nombre del Señor y de que está en medio de su pueblo; el nombre del Señor puede ser invocado y es garantía de vida y del honor del pueblo; nunca lo expondrá a la irrisión de las naciones (Cfr Ez 36,5.23).

Una de las fórmulas más típicas de Ezequiel es Y tú (vosotros) sabrás (sabréis) que Yo soy el Señor”. Aparece 54 veces, normalmente como conclusión de un oráculo o de una visión; esta expresión abre el significado del signo realizado o de las palabras pronunciadas, en cuanto que Dios se manifiesta en su acción y hay obligación de reconocerle por lo que hace.

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