La visión de la gloria de Yahvé (Ez 1,1.4-28)

Tras la indicación del tiempo en el que el profeta capta la infinita grandeza de Dios (1,1), comienza una descripción de elementos. Los estudiaremos en este orden y progresión:

  1. la tempestad que se acerca (1,4),
  2. los vivientes (1,5-14),
  3. las ruedas (1,15-21),
  4. el firmamento (1,22-25) y
  5. la gloria de Dios (1,26-28).

Este es el texto:

1, 1 El año treinta, el día cinco del cuarto mes, encontrándome yo entre los deportados, a orillas del río Quebar, se abrió el cielo y contemplé visiones divinas.

4 Yo miré: un viento huracanado venía del norte, una gran nube y fuego fulgurante con resplandores a su alrededor, y en su interior como el destello de un relámpago en medio del fuego. 5 Había en el centro la figura de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían figura humana. 6 Tenían cada uno cuatro caras y cuatro alas cada uno. 7 Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido. 8 Bajo sus alas había unas manos humanas por los cuatro costados; los cuatro tenían sus caras y sus alas. 9 Sus alas se tocaban unas a otras; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente. 10 La forma de sus caras era un rostro humano, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila. 11 Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; cada dos alas se tocaban entre sí y otras dos les cubrían el cuerpo; 12 y cada uno marchaba de frente; donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y no se volvían en su marcha.

13 Entre los seres había como brasas incandescentes, con aspecto de antorchas, que se movía entre los seres; el fuego despedía un resplandor, y del fuego salían rayos. 14 Y los seres iban y venían como el aspecto del rayo.

15 Miré entonces a los seres: había una rueda en el suelo al lado de los seres por los cuatro costados. 16 El aspecto de las ruedas y su estructura era como el destello del crisólito. Tenían las cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una rueda estuviese dentro de la otra. 17 En su marcha avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha. 18 Su circunferencia era enorme, imponente, y la circunferencia de las cuatro estaba llena de destellos todo alrededor. 19 Cuando los seres avanzaban, avanzaban las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se elevaban del suelo, se elevaban las ruedas. 20 Donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas. 21 Cuando avanzaban ellos, avanzaban ellas, cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban del suelo, las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas. 22 Sobre las cabezas del ser había una forma de bóveda como de cristal resplandeciente, extendida por encima de sus cabezas, 23 y bajo la bóveda sus alas estaban emparejadas una con otra; cada uno tenía dos que le cubrían el cuerpo.

24 Y oí el ruido de sus alas, como el de muchas aguas, como la voz de Sadday; cuando marchaban había un ruido atronador, como el estruendo de una batalla; cuando se paraban, replegaban sus alas. 25 Y se produjo un ruido.

26 Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había como una piedra de zafiro en forma de trono, y sobre esta forma de trono, por encima, en lo más alto, una figura de apariencia humana.

27 Vi luego como el destello de un relámpago, como un fuego que la envolvía alrededor, desde lo que parecía ser sus caderas para arriba; y desde lo que parecía ser sus caderas para abajo, vi como un fuego resplandeciente alrededor. 28 Era como el arco iris que aparece en las nubes los días de lluvia: tal era el aspecto de este resplandor a su alrededor. Parecía la gloria de Yahvé. A su vista caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.

La tempestad de la Teofanía (Ez 1,1.4)

Visiones divinas (1)

1,1 El año treinta, el día cinco del cuarto mes, encontrándome yo entre los deportados, a orillas del río Quebar, se abrió el cielo y contemplé visiones divinas.

La conciencia de hablar sobre un tema especialmente difícil e inaccesible a la inteligencia humana fue expresada por Ezequiel mediante una imagen y un superlativo. La imagen es ésta: que, un día del año treinta… se abrió el cielo, es decir, le fue quitado el velo (el cielo) que impide ver a Dios, de esta manera expresaba la idea de revelación divina. El superlativo se refiere al objeto de la revelación: visiones divinas, pero el plural no quiere decir que fueran varias visiones, se trata de un plural normal de generalización; quiere decirse que se trataba de una visión extraordinaria, se podría traducir por contemplé una visión sublime.

La tempestad (4)

4 Yo miré: un viento huracanado venía del norte, una gran nube y fuego fulgurante con resplandores a su alrededor, y en su interior como el destello de un relámpago en medio del fuego.

Lo primero que vio fue que se acercaba un gran tempestad que venía del norte (es decir de lo alto) integrada por viento huracanado, una gran nube y un fuego fulgurante y resplandores en torno y en medio de la tormenta, y desde de su interior algo parecido al fulgor del electro (?). Es común unir las teofanías con la tempestad: Ex 13,21; 19,9-16; 1 Re 8,10, etc… Pero el hecho de ver un espacio tranquilo en medio de la tormenta permite unir el otro elemento relativo a algunas teofanías según la cual Yahvé se manifiesta, no tanto en el tumulto cuanto en el silencio, Dios es también y ante todo silencio: 1 Re 19,9-13.

Los cuatro seres (Ez 1,5-14)

Descripción de los cuatro seres (o vivientes) (1,5-11.14).

5 Había en el centro la figura de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían figura humana. 6 Tenían cada uno cuatro caras y cuatro alas cada uno. 7 Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido. 8 Bajo sus alas había unas manos humanas por los cuatro costados; los cuatro tenían sus caras y sus alas. 9 Sus alas se tocaban unas a otras; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente. 10 La forma de sus caras era un rostro humano, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila. 11 Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; cada dos alas se tocaban entre sí y otras dos les cubrían el cuerpo; (…) 14 Y los seres iban y venían como el aspecto del rayo.

Al acercarse gradualmente la nube, los primeros en hacerse visibles fueron cuatro seres. Se les describe con forma humana y con cuatro caras (de hombre, de león, de toro y de águila) y cuatro alas (dos hacia arriba y dos hacia abajo) con unas manos humanas; tenían también piernas y la planta era como la planta de la pezuña del buey. No tenemos claro si se trata de seres con cuatro caras o más bien como figuras compuestas, humanas (rostro) y al mismo tiempo variadamente animalescas (tronco y extremidades). Se trata de cuatro seres polimorfos y bípedos, es decir, en posición erguida y con movimiento similar al de los hombres.

Posición de marcha (12).

12 y cada uno marchaba de frente; donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y no se volvían en su marcha.

¿Cual era su posición de marcha? No se trata como se ha pensado en una especie de cuadriga que arrastra la gloria de Yahvé sino más bien parece que cada uno avanza en su propia dirección, muy probablemente los cuatro puntos cardinales (1,17: en su marcha avanzaban en las cuatro direcciones) siempre bajo el constante impulso del viento de la tempestad. Se trata pues de un movimiento de expansión y no procesional.

Es fácil imaginar la visón: el profeta esta observando desde la tierra, el comienzo de la visión está en el cielo, en su punto más alto, desde donde debido a la rotura de la bóveda del cielo ha salido la nube tempestuosa y los cuatro vivientes expandiéndose en las cuatro direcciones de modo que impulsados por la tempestad van abriendo y sosteniendo el pabellón celeste, divino, que desciende a, través de la apertura de los cielos (al modo de un paraguas que se abre).

Fuego del sacrificio (13)

13 Entre los seres había como brasas incandescentes, con aspecto de antorchas, que se movía entre los seres; el fuego despedía un resplandor, y del fuego salían rayos.

Las brasas incandescentes, que había entre ellos, debido al vertiginoso movimiento rotatorio adquieren aspecto de antorchas y emitían fulgores: un resplandor, y del fuego salían rayos. Las brasas ardientes aunque no son elementos de las teofanías, reflejan muy bien el fuego sacrificial, cuya presencia en el pabellón celeste ya fue referida por Isaías (6,6). Por eso muy probablemente, los seres fueron considerados por el profeta como custodios de una actividad sacrificial: por eso los seres iban y venían con el aspecto del relámpago.

Las ruedas de los vivientes (Ez 1,15-21)

La descripción de los vivientes se completa con la descripción de cuatro ruedas que acompaña a cada uno.

15 Miré entonces a los seres: había una rueda en el suelo al lado de los seres por los cuatro costados. 16 El aspecto de las ruedas y su estructura era como el destello del crisólito. Tenían las cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una rueda estuviese dentro de la otra. 17 En su marcha avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha. 18 Su circunferencia era enorme, imponente, y la circunferencia de las cuatro estaba llena de destellos todo alrededor. 19 Cuando los seres avanzaban, avanzaban las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se elevaban del suelo, se elevaban las ruedas. 20 Donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas. 21 Cuando avanzaban ellos, avanzaban ellas, cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban del suelo, las ruedas se elevaban juntamente con ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.

Se trata de cuatro ruedas, pero no se trata de un carro (el carro de gloria de Yahvé). Las ruedas no están detrás de cada uno sino al lado de los seres. La descripción las diferencia de las ruedas de transporte: son idénticas entre sí: tenían la misma forma; son resplandecientes como el destello del crisolito (topacio); son grandes: su circunferencia tenía gran altura, era imponente; todas rodeadas de destellos. Tenían una estructura bastante extraña: parecían dispuestas como si una rueda estuviera dentro de la otra… Es decir, como si cada una estuviera cortada por otra en ángulo recto: en su marcha avanzaban en las cuatro direcciones. Aunque sincronizado el movimiento de los vivientes con el de las ruedas (19): donde el espíritu les hacía ir allí iban, y las ruedas se elevaban juntamente con ellos… queda claro que el movimiento de ambos es debido a la acción del viento (20 y 21): porque el espíritu del ser estaba en ellas.

Se ha sugerido que se trataría de las cuatro constelaciones conocidas por entonces: León, Toro, Escorpión (inicialmente entre los babilonios era hombre-escorpión) y Pegaso (un caballo alado que podía sugerir la idea de águila). Si fuera así, las ruedas o constelaciones descritas con un papel secundario realzarían el papel de los vivientes que representarían más el mundo de lo sobrenatural.

El firmamento de cristal de Ez 1,22-25

El firmamento (22)

22 Sobre las cabezas del ser había una forma de bóveda como de cristal resplandeciente, extendida por encima de sus cabezas…

Continua la descripción indicando lo que había por encima de los vivientes en su avanzar a los cuatro puntos cardinales del horizonte. Por encima de sus cabezas había una forma de bóveda resplandeciente como el cristal. Por encima había todo un firmamento, es decir algo semejante en la forma al cielo visible.

Sostenido por las alas (23-25)

23 … y bajo la bóveda sus alas estaban emparejadas una con otra; cada uno tenía dos que le cubrían el cuerpo.

24 Y oí el ruido de sus alas, como el de muchas aguas, como la voz de Sadday; cuando marchaban había un ruido atronador, como el estruendo de una batalla; cuando se paraban, replegaban sus alas. 25 Y se produjo un ruido.

No se dice explícitamente donde se apoya este cielo, pero se deja entender que es sobre uno de los dos pares de alas de cada viviente: y bajo la bóveda sus alas estaban rectas, una paralela a la otra; cada uno tenía dos que le cubrían el cuerpo. Estas alas que les cubrían el cuerpo eran las que al moverse producían un ruido: y oí el ruido de sus alas, como un ruido de muchas aguas, como la voz de Sadday. Así pues, como el cielo visible se apoyaba sobre columnas (Job 26,11), así el cielo superior se apoyaba sobre cuatro vivientes. En su movimiento de expansión los querubines aparecen como los que extienden el gran telón celeste: ellos, como sacándolo fuera de la nube de la teofanía, corren a sujetarlo en los cuatro puntos cardinales. Nos encontramos en un momento creacional en acto contemplado con fuerza representativa y sintética. El cielo superior aunque parecido al visible es bastante más brillante y transparente como el cristal, sin nubes ni nada, lo que le permite observar el mundo de Yahvé.

El mundo de Yahve en Ez 1,26-28

Forma del trono (26)

26 Por encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había como una piedra de zafiro en forma de trono, y sobre esta forma de trono, por encima, en lo más alto, una figura de apariencia humana.

Había algo como una piedra de zafiro en forma de trono… Y por encima, en lo más alto... Se procura evitar cualquier antropomorfismo de la, divinidad. La idea de Yahvé sentado en un trono no es nueva (1 Re 22,19 y Is 6,1). Ezequiel describe el trono como de zafiro es decir intensamente blanco y lo sitúa sumamente elevado

La figura de Yahvé (27-28abc)

27 Vi luego como el destello de un relámpago, como un fuego que la envolvía alrededor, desde lo que parecía ser sus caderas para arriba; y desde lo que parecía ser sus caderas para abajo, vi como un fuego resplandeciente alrededor. 28 Era como el arco iris que aparece en las nubes los días de lluvia: tal era el aspecto de este resplandor a su alrededor. Parecía la gloria de Yahvé.

Una figura de apariencia humana, como en Is 6,1 la figura de Yahvé es en el fondo una figura humana, dado que tiene espalda: lo que parecía ser sus caderas para arriba (27) como los hombres. La descripción con luces, colores del arco iris, resplandores, da la impresión de que Dios está solo, es luz y esplendor, se basta a sí mismo. Yahvé está solo y rodeado de silencio. Era algo como la forma de gloria de Yahvé (28c). En este silencio trascendente y soledad de plenitud conseguido por la descripción, Ezequiel da una idea de la gloria de Dios que es lo que pretende destacar.

Nadie como Ezequiel ha reunido y dispuesto los diversos elementos que con anterioridad a él se habían presentado para describir la trascendencia de la gloria de Dios (torbellino, nube, fuego, arco iris, luz, resplandor, seres celestes, fuego sacrificia.l, pluralidad de cielos, trono). Ezequiel conjuga en esta visión de modo perfecto los dos aspectos de Isaías, el de la santidad y el de la gloria.

El rostro en tierra (28d)

A su vista caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.

Las manifestaciones son tan excelsas que obligan a echarse por tierra y adorar. Este fue precisamente el acto por el que poseído por una sensación de profunda indignidad a su vista caí rostro en tierra y permaneció en esta posición hasta que oí una voz que hablaba. Se trata de Dios mismo que se dirigirá a él.

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Un comentario en “La visión de la gloria de Yahvé (Ez 1,1.4-28)”

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