El retorno de Israel a la vida (Ez 37,1-14)

Esta composición es una visión y una parábola conjuntamente, y constituye uno de los ejemplos más típicos del genio religioso y artístico de Ezequiel. Se encuentra en la línea de la parábola de la viña de Is 5,1-7 en la que solo al final se afirma el significado figurativo de la descripción. La perícopa se divide en dos partes: 1) la visión-parábola (37,1-10), y 2) la explicación (37,11-14).

37,1 La mano de Yahvé fue sobre mí y, por su espíritu, Yahvé me sacó y me puso en medio de la vega, que estaba llena de huesos. 2 Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos. 3 Me dijo: “Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?” Yo dije: “Señor Yahvé, tú lo sabes.” 4 Entonces me dijo: “Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahvé. 5 Así dice el Señor Yahvé a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. 6 Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahvé.” 7 Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. 8 Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos. 9 Él me dijo: “Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahvé: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.” 10 Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército.

11 Entonces me dijo: “Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros. 12 Por eso, profetiza. Les dirás: Así dice el Señor Yahvé: Voy a abrir vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel. 13 Sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. 14 Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahvé, lo digo y lo hago, oráculo de Yahvé.”

LA VISION-PARABOLA (Ez 37,1-10)

No tenemos anotación cronológica de la visión, aunque no hay duda de su origen exílico. Se trata de manifestar la confianza en la Palabra de Dios de un pueblo que está lejos de su patria, más aún que parece que ya no tiene patria.

Se trata de una elaborada descripción que se desarrolla en una línea simétrica de diálogo abierto a una pregunta de Yahvé, y por una evasiva respuesta del profeta (37,3). A partir de aquí la escena abarca como dos actos, en cada uno de los cuales hay como tres momentos: sugerencia del oráculo por parte de Yahvé, primero para volver a dar cuerpo de carne a los huesos (37,4-8) y luego para volver a dar la vida a los cuerpos mismos (37,9); enunciación del primer y segundo oráculo por parte del profeta (37,7a.10a) y descripción de los efectos producidos por el primer y segundo oráculo (37,7b. 8. 10b).

Lugar y modo de la visión (1-2)

37,1 La mano de Yahvé fue sobre mí y, por su espíritu, Yahvé me sacó y me puso en medio de la vega, que estaba llena de huesos. 2 Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos.

Aunque no se dice explícitamente la vega, la cual estaba llena de huesos es probablemente la. llanura babilónica, más en concreto la zona habitada por los israelitas, en la región de Kabar (Ez 1,1). El paisaje parece real si bien transfigurado; para los antiguos era frecuente encontrarse con la terrorífica visión de cadáveres en descomposición y de esqueletos humanos insepultos en los lugares donde había habido una batalla. Se considera a los israelitas deportados como esos huesos secos que está viendo: carentes de fuerza y de vigor, descarnados por la miseria., por la humillación, por la falta de confianza.

Solo Dios puede hacerlo (3)

3 Me dijo: “Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?”Yo dije: “Señor Yahvé, tu lo sabes”.

La pregunta y la respuesta tiene la finalidad de poner en evidencia que el retorno de esos huesos (los israelitas del desierto) a la vida (repatriación y restauración) es humanamente imposible. Cuando se dice que sólo Dios conoce algo equivale a decir que eso depende totalmente del poder y querer divino. Este es el punto de partida de la acción divina: no existen esperanzas humanas de renacimiento.

Recomposición de los cuerpos (4-8)

4 Entonces me dijo: “Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahvé. 5 Así dice el Señor Yahvé a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. 6 Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahvé.” 7 Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. 8 Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos.

La recomposición procede en dos tiempos: 1) Reconstrucción completa de los cuerpos: a) reunión de los huesos entre sí, b) formación de sus nervios, c) poner la carne, d) recubrimiento de la piel. Se trata de cuatro momentos, pero los cuatro son extraordinariamente rápidos: y mientras yo profetizaba… Ya estaba todo en marcha, y cuando miró ya estaban los nervios, la carne y la piel. 2) Infusión del espíritu de vida a los cuerpos (9-10)

Infusión del soplo vital (9-10)

9 Él me dijo: “Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahvé: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.” 10 Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército.

La segunda etapa es la infusión del espíritu a aquellos cuerpos recién formados. La vida es fruto del principio vital (ruha). Diríase que según los hebreos a cada género de vida le corresponde un tipo de principio vital: el físico, el moral y el sobrenatural. Aquí se refiere al físico. El principio de vida física que aquí se pretende insuflar a los cuerpos es entendido como un soplo (cfr. Job 9,18; 19,17; Sal 135,17; Lam 4,20). Un soplo que recuerda a la respiración, común también de los animales, y por tanto sinónimo de nesama, respiración (Is 2,2; Dan 10,7), que a su vez se entendió como sinónimo de vida (Cf. Gen 2,7). Un soplo que se imagina como una materia sutilísima difundida por el universo y que el profeta, repitiendo la orden divina, hará venir: ven, espíritu, de los cuatro vientos. Es decir de los cuatro puntos cardinales (Cf. 1 Cr 9,24). La imagen de: era un enorme, inmenso ejército… Al cerrar la descripción pretende indicar precisamente la impresión del vigor de la vuelta a la vida.

EXPLICACION (Ez 37,11-14)

Los huesos de la casa de Israel (11)

11 Entonces me dijo: “Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros.

La explicación es muy clara e inequívoca: estos huesos son toda la casa de Israel. Se trata pues de los desterrados que tienen ese espíritu de muerte: ellos andan diciendo: se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros. Para un hebreo la palabra hueso era sinónimo de fuerza (por eso “nuestros huesos” podría significar mi fuerza: Cf. Gen 2,23). Los huesos secos no son los de cada individuo, los cuales viven, sino los de toda la casa de Israel en cuanto pueblo de Dios. Se trata pues de un renacimiento nacional y no un anuncio profético de la resurrección de los muertos, aunque también se trata de esta doctrina a continuación.

Revivirán (12-14)

12 Por eso, profetiza. Les dirás: Así dice el Señor Yahvé: Voy a abrir vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel. 13 Sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. 14 Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahvé, lo digo y lo hago, oráculo de Yahvé.”

Al final sí parece sugerirse una conexión con la resurrección de los muertos: Les dirás: Así dice el Señor Yahvé: he aquí que yo abro vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel. Sabréis que Yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. Todo esto parece más bien un enriquecimiento sobre el planteamiento nacionalista que inicialmente se tenía y que es el tema principal de la visión. La doctrina de la resurrección de los muertos ya había sido recogida en el Apocalipsis de Isaías (Is 26,19) como en Daniel (Dan 12,2s). Es evidente que esta pequeña pero espléndida parábola-visión contribuiría al desarrollo de la doctrina de la resurrección.

2 comentarios en “El retorno de Israel a la vida (Ez 37,1-14)”

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