Los desterrados, nuevo Pueblo de Yahvé (Ez 11,14-21)

Este oráculo es de los mejores de Ezequiel. Por su contenido se parece al de los dos palos unidos entre sí (cfr. 37,15-28). El texto forma parte de la gran visión del Templo (cc. 8-11) y es parte de la respuesta a la angustiosa pregunta del profeta sobre si Yahvé pretende aniquilar todo Israel, lo poco que ya queda. El oráculo se articula como sigue: tras la introducción (14), se condenan las pretensiones de los hebreos que han quedado en Palestina (15-16) y se anuncia el retorno de los dispersos a la tierra de Israel (17), la transformación religiosa interior (18-20) y el castigo contra los obstinados (21).

11,14 Entonces se dirigió a mí la palabra de Yahvé en estos términos: 15 “Hijo de hombre; de cada uno de tus hermanos, de tus parientes y de toda la casa de Israel, dicen los habitantes de Jerusalén: Seguid lejos de Yahvé; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión. 16 Por eso, di: Así dice el Señor Yahvé: Sí, yo los he alejado entre las naciones, y los he dispersado por los países, pero yo he sido un santuario para ellos, por poco tiempo, en los países adonde han ido. 17 Por eso, di: Así dice el Señor Yahvé: Yo os recogeré de en medio de los pueblos, os congregaré de los países en los que habéis sido dispersados, y os daré la tierra de Israel. 18 Vendrán y quitarán de ella todos sus ídolos y abominaciones; 19 yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, 20 para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios. 21 En cuanto a aquellos cuyo corazón va en pos de sus ídolos y abominaciones, yo haré recaer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahvé.”

Las pretensiones de los palestinos (15-16)

11,14 Entonces se dirigió a mí la palabra de Yahvé en estos términos: 15 “Hijo de hombre; de cada uno de tus hermanos, de tus parientes y de toda la casa de Israel, dicen los habitantes de Jerusalén: Seguid lejos de Yahvé; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión. 16 Por eso, di: Así dice el Señor Yahvé: Sí, yo los he alejado entre las naciones, y los he dispersado por los países, pero yo he sido un santuario para ellos, por poco tiempo, en los países adonde han ido.

Los palestinos que quedaron en Israel tras la deportación hablaban con desprecio de los desterrados: dicen los habitantes de Jerusalén: a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión. Los habitantes de Jerusalén librados de la deportación se creían lo mejor del pueblo. Ya Jeremías combatió esta presunción, anunciando en Jer 24 que los deportados serían preferidos por Yahvé. Ezequiel añade que la posesión del Templo importa poco, porque Yahvé puede ser para los desterrados un santuario en tierra extraña: Yo he sido un santuario para ellos.

Efectivamente, la primera parte de la respuesta divina (16a) aclara que aunque los desterrados no tengan Templo (los palestinos lo tenían aunque destruido) Yahvé había sido su santuario. En segundo lugar se aclara que el reparto del país (y de las propiedades de los desterrados) que proponen los que han quedado en Palestina es solo provisional, porque la dispersión durará poco, por poco tiempo, en los países a donde han ido, y por tanto se dice implícitamente que volverán a la patria.

La promesa del retorno (17)

17 Por eso, di: Así dice el Señor Yahvé: Yo os recogeré de en medio de los pueblos, os congregaré de los países en los que habéis sido dispersados, y os daré la tierra de Israel.

La idea del retorno que se insinúa en el v.16 aparece aquí formalmente expresada como promesa: Yo os recogeré de en medio de los pueblos, os congregaré de los países en los que habéis sido dispersados y os daré la tierra de Israel. De la misma manera que Yahvé los ha dispersado (16) así será Yahvé quien los recogerá y reunirá. No se dice nada acerca de si los desterrados son más o menos culpables que los que se han quedado, pero el oráculo pone de manifiesto un tono de misericordiosa, benevolencia.

RENOVACION TOTAL (18-21)

Las frases que vienen a continuación son de las más bellas y expresivas acerca de la acción de Dios en la Obra de la salvación: se anuncia el fin de la idolatría (18) y la renovación del corazón (19) que traerá como consecuencia el fiel cumplimiento de la voluntad divina (20).

Fin de la idolatría (18)

18 Vendrán (los deportados) y quitarán de ella todos sus ídolos y abominaciones

Se refiere a las falsas divinidades y el culto tributado a las mismas. Así pues, la repatriación implicará el fin de la idolatría. Es una promesa, pero también un solemne mandato. El fin de la idolatría será la condición primaria y esencial para volver auténticamente al yavismo.

Corazón y espíritu nuevos (19)

19 yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne

Garantía de esta fidelidad monoteísta será la profunda renovación interior que efectuará Yahvé: Yo les daré un solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo. Los repatriados tendrán una nueva alma que les hará menos insensibles: quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. En este planteamiento comienza a prefigurarse la doctrina del NT sobre la gracia regeneradora. Podemos decir que es el primer texto del AT (quizá conjuntamente con Jer 32,16-44 y el Sal 51,12) en el que echa raíz la doctrina de la gracia del NT.

Para cumplir la voluntad de Dios (20)

20 para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea su Dios.

Este corazón y espíritu nuevo se otorga para que caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica. Solo mediante el don divino de su gracia será posible el cumplimiento de la Ley, que de hecho se llegará a cumplir. La relación entre obras y gracia, alcanza aquí una formulación perfecta y fecunda.

Finalmente, el pueblo de Israel al ser más observante de las prescripciones divinas, vendría a ser también lo que debía ser, el pueblo de Dios: y así sean mi pueblo y yo sea su Dios. Se establece así con los desterrados una renovación en términos de Alianza.

¿El resto?

Ezequiel al igual que Isaías con su doctrina sobre el resto (Is 1,9; 4,3; 6,13; 10,20-23) resolvió doctrinalmente el problema de Israel como nación y como comunidad de fieles: el problema entre el colectivismo nacional y el individualismo religioso, entre la voluntad salvífica de Yahvé mediante Israel (establecida mediante juramento) y la necesidad del castigo por razón de las infidelidades.

Israel no podía perecer del todo, habría un resto, pero este resto de donde procedía de ¿los palestinos o de los desterrados? La respuesta es de los que se conviertan de corazón independientemente de los elementos geográficos o externos.

El castigo contra los obstinados (21)

21 En cuanto a aquellos cuyo corazón va en pos de sus ídolos y abominaciones, yo haré recaer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahvé.”

Ezequiel aunque optimista es plenamente consciente (realista) de que no todo el pueblo le seguirá, más aún sabe que: en cuanto aquellos cuyo corazón va en pos de sus monstruos y abominaciones, yo haré recaer su conducta sobre su cabeza. La amenaza parece aplicarse tanto a los palestinos como a los desterrados, sino abandonan sus prácticas idolátricas.

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