Intención de la obra del Deuteroisaías o Segundo Isaías (40-55)

Cuando la Palabra de Dios halla eco en nuestra vida, la cambia de raíz. El Segundo Isaías, en el fondo, narra una bella historia de la acción de Dios con Israel: en el prólogo (1,1-11) el pueblo es endeble como hierba y como flor marchita (40,6-8), pero por medio de su predicación, la voz divina retum­bará en el corazón de Israel hasta convertirlo en el pueblo que narra la gloria de Dios. El epílogo constata cómo la Palabra ha renovado a Israel desde los cimientos: En lugar del espino crecerá el ciprés, en lugar de la ortiga crecerá el mirto. Será para renombre de Yahvé, para señal eterna que no será borrada (55,13). La Palabra de Dios restaurará a Israel en cuatro etapas:

1)      El combate contra los ídolos (40,12-44,23). La palabra profética revela el cuidado de Dios por su pueblo: Como pastor pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas (40,11). Pero el profeta se encuentra con que Israel vive alejado de su Señor y apegado a los ídolos. Por eso comienza recordando quien es Dios y comentando sus maravillas: Yahvé es el Creador (40,12-31) + el Señor de la historia (41,1-42,13) y el liberador de Israel (42,14-44,27).

2)      La misión de Ciro y la caída de Babilonia (44,28­-48,22). La Palabra cala en el pueblo. La verdad no está en los ídolos, sino en Yahvé que actúa para salvar a Israel. Y ¿cómo va a actuar Dios? Dios vuelve a sorprendernos, no actuará en esta ocasión por medio de las mediaciones del AT (sacerdotes, profetas y reyes) sino principalmente a través de los signos de los tiempos: Ciro es el instrumento divino para restaurar a Israel (44,28-45,19), Babilonia es el paradigma de la opresión y la ausencia de Dios (45,20-47,15), e Israel es como el testigo de la liberación (48,1-22).

3)      El misterio del sufrimiento (49,1-53,12). La palabra de Dios no actúa mecánicamente, sino que supone el esfuerzo y el sufrim­iento en confianza y esperanza. Israel tuvo que abandonar muchas cosas para dejarse transformar por la Palabra (pe. la renuncia a la monarquía). El esfuerzo y el sufrimiento de Israel para reconstruirse sobre sus propias ruinas y en base al nuevo proyecto de Dios se expresa en 49,1-53,12 y especialmente en los llamados cánticos del Siervo de Yahvé.

4)      La reconstrucción de Jerusalén (54,1-55,5). La cuarta parte del libro nos muestra la ciudad santa, Jerusalén, reconstruida por la Palabra de Dios (54,1-55,5).

Cfr. Deuteroisaías o Segundo Isaías 40-55: Dios transformará al pueblo abandonado en la nación que manifiesta al mundo su gloria

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