El bautismo como elemento agregador en la Iglesia

El Bautismo.

Efectivamente, la nueva realidad creada aparece en la historia en esta estructura de las misiones, en la que sentimos, en último término, hablar a Dios mismo, su palabra personal, el Hijo que habla con nosotros, llega hasta nosotros. La Palabra se ha hecho carne, Jesús, para crear realmente un nuevo Pueblo, una nueva humanidad. Por ello de la palabra del anuncio se pasa de forma natural al sacramento del bautismo, en cuanto que es renacimiento por el agua y el Espíritu, como dirá san Juan. Un mismo origen, un mismo Pueblo una nueva humanidad porque nace en el mismo origen: la pila bautismal. En el sexto capítulo de la Carta a los Romanos san Pablo habla de un modo muy profundo del Bautismo. Hemos escuchado el texto. Pero quizás sea útil repetirlo: “¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva (Rom 6,3-4).

– Observemos que dice: “hemos sido bautizados”, es un pasivo. Nadie puede bautizarse a sí mismo, tiene necesidad del otro. Nadie puede hacerse cristiano por sí mismo. Ser cristiano es un proceso pasivo. Sólo podemos hacernos cristianos por medio de otro. ¿Quién es ese “otro” que nos hace cristianos, que nos da el don de la fe? En primera instancia es la comunidad de los creyentes, la Iglesia. Un cristianismo autónomo, autoproducido, es una contradicción en sí mismo. Pero en segunda instancia, tampoco esta comunidad actúa por sí misma, según sus propias ideas o deseos. También la comunidad vive en el mismo sentido pasivo: sólo Cristo puede constituir la Iglesia. Cristo es el verdadero dador de los sacramentos. Éste es el primer punto: nadie se bautiza a sí mismo, nadie se hace a sí mismo cristiano. Nos convertimos en cristianos.

Y se dice a continuación Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. El Bautismo es también muerte y resurrección. La última palabra del texto de san Pablo dice: “vivir una nueva vida”. Elemento de un examen de conciencia para todos nosotros: vivir una nueva vida. Esto por el Bautismo.

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