La Epifanía de Yahvé (Is 40,1-11)

El texto que estudiamos Is 40,1-11, aunque se distingue claramente de Is 40,12-31 que trata del poder divino, sirve sin embargo de prólogo a toda la composición, porque expresa el men­saje central del libro. Efectivamente, en la introducción (1,1): consolad, consolad a mi pueblo... se indica el tema principal.

Is 40,1-11, podemos dividirlo en cuatro partes: 1) palabras de Yahvé para consuelo de Jerusalén (1-2). 2) Una voz misteriosa clama preparar el camino para el Señor (3-5). 3) Otra voz misteriosa recuerda la caducidad del hombre y la inmutabilidad de las promesas divinas (6-8). 4) Una tercera voz invita al mensajero a que anuncie a Jerusalén la llegada de Dios (9-11).

1 Consolad, consolad a mi pueblo
-dice vuestro Dios-.
2 Hablad al corazón de Jerusalén
y decidle bien alto
que ya ha cumplido su milicia,
ya ha satisfecho por su culpa,
pues ha recibido de mano de Yahvé
castigo doble por todos sus pecados.
3 Una voz clama: “En el desierto
abrid camino a Yahvé,
trazad en la estepa una calzada recta
a nuestro Dios.
4 Que todo valle sea elevado,
y todo monte y cerro rebajado; vuélvase lo escabroso llano,
y las breñas planicie.
5 Se revelará la gloria de Yahvé,
y toda criatura a una la verá.
Pues la boca de Yahvé ha hablado.”
6 Una voz dice: “¡Grita!”
Y digo: “¿Qué he de gritar?”
-“Toda carne es hierba
y todo su esplendor como flor del campo.
7 La flor se marchita, se seca la hierba,
en cuanto le dé el viento de Yahvé
(pues, cierto, hierba es el pueblo).
8 La hierba se seca, la flor se marchita,
mas la palabra de nuestro Dios
permanece por siempre.”
9 Súbete a un alto monte,
alegre mensajero para Sión;
clama con voz poderosa,
alegre mensajero para Jerusalén,
clama sin miedo.
Di a las ciudades de Judá:
“Ahí está vuestro Dios.”
10 Ahí viene el Señor Yahvé con poder,
y su brazo lo sojuzga todo.
Ved que su salario le acompaña,
y su paga le precede.
11 Como pastor pastorea su rebaño:
recoge en brazos los corderitos,
en el seno los lleva,
y trata con cuidado a las paridas.

Libro de la Consolación de Israel (1)

1 Consolad, consolad a mi pueblo
-dice vuestro Dios-.

No se describe nada, no hace sino darnos el mensaje divino sin precis­ar nada más. Todo se esfuma ante la Palabra. Se comienza con un doble imperativo (procedimiento estilístico frecuente en el Deuteroisaías: 43,11; 48,11.15; 51,9.17; 52,1.), muy indicado para expresar la intensidad del sentimiento. La or­den dada por Yahvé de anunciar el consuelo implica una intervención divina que cambiará la suerte del pueblo; se trata de una nueva palabra de Dios y por tanto de una nueva acción creadora. Ya dijimos que precisamente por estas primeras palabras el Deuteroisaías es denominado Libro del Consuelo o de la Consolación.

La expiación (2)

2 Hablad al corazón de Jerusalén
y decidle bien alto
que ya ha cumplido su milicia,
ya ha satisfecho por su culpa,
pues ha recibido de mano de Yahvé
castigo doble por todos sus pecados.

Se describe negativamente en qué consiste este consuelo: Hablad al corazón de Jerusalén significa hablar tiernamente, con afecto (cfr. Gen 34,3; 50, 21; Rut 2,13; 2 Sam 19,8; Os 2,16). La frase pertenece al lenguaje de los amantes y es una de tantas formas delicadas del amor divino en el Deuteroisaías. Jerusalén no se refiere a la ciudad de Jerusalén -puesto que está en ruinas (cfr. Is 49,17; 51,17s), sino en sentido figurado; es como si se considerase que los desterrados hubieran vuelto ya del destierro y estuvieran constituyendo una nueva Jerusalén. El mensaje comprende tres frases paralelas: 1) ya ha cumplido su mili­cia, 2) ya ha satisfecho por su culpa, y 3) ha recibido de mano de Yahvé castigo doble por todos sus pecados.

Sí, la estancia en Babilo­nia ha de ser considerada como un castigo por los pecados, castigo que ya ha terminado. No solo han desaparecido la consecuencia del pecado, sino que se ha borra­do la culpa, la raíz misma del castigo. Es interesante observar que tanto la expiación de la culpa como de la pena no se ponen en relación con el culto sacrificial ni con el Templo.

La calzada recta (3-4)

3 Una voz clama: “En el desierto
abrid camino a Yahvé,
trazad en la estepa una calzada recta
a nuestro Dios.
4 Que todo valle sea elevado,
y todo monte y cerro rebajado; vuélvase lo escabroso llano,
y las breñas planicie.

Una voz clama. El profeta deja deliberadamente esta voz en el anonima­to o misterio que obedece la orden del v.2. Por cierto, los evangelistas Mateo (3,3) y  Juan (1,23), citan el texto según los LXX: voz que clama en el desierto, y lo aplican a Juan Bautista que anunciaba la llegada del Mesías. La expresión es un equivalente poético de así habla Yahvé.

No se indica quien clama ni a quien, parece que lo importante es la orden en sí: en el desierto abrid camino a Yahvé, trazad en la estepa una calzada recta a nuestro Dios. Se supone que Yahvé sale de Babilonia al frente de los desterrados y, atravesando la estepa sirio-arábiga, llega a Palestina. Hay textos babilónicos que hablan en términos análogos de caminos preparados para el rey victorioso.

El telón de fondo del v.3 esta la tradición del éxodo de Egipto (recuérdese que en el primer éxodo Yahvé guió la caravana de los israelitas liberados hasta su patria -Cf. Is 46,3s; Jer 16,14s; 31,2. Los caminos de liberación mosaica se han actualizado en el retorno del destierro: Cf. Is 43,16s; 51,10; 63,11s), y las procesiones de Babilonia, pues en Babilonia existía una vía sacra que unía la puerta de Istar con los palacios reales y el atrio del templo. Por esa vía, pasaban las procesiones con las estatuas de los dioses. Pero esta imagen adquiere un valor teológico más que topográfico o cultual. Por ejemplo, 1QS 8,14s, considera que se cumplió el v.3 al retirarse la comunidad de Qunran al desierto y al estudio de la Torá. El NT lo aplica a Juan Bautista, como ya hemos dicho más arriba.

El v.4 con su for­ma imperativa es una continuación del anterior. Todos los desniveles hay que eliminarlos. La naturaleza participa así también de este paso de Dios salvador en la historia, en los caminos de los hombres.

La gloria de Yahvé (5)

5 Se revelará la gloria de Yahvé,
y toda criatura a una la verá.
Pues la boca de Yahvé ha hablado.”

La vuelta del destierro será la manifestación para todos de la gloria (kabod) de Yahvé. Conviene recordar que Kabod significa la manifestación de la presencia salvífica de Dios en el éxodo de Egipto o en la creación (Cf. Is 58,8; Ex 14,4.18; 16,17; Sal 19,2; 57,6; 69,9). También se emplea para designar la presencia de Dios en el Templo de Jerusalén (Cf. Ex 40,34s; 1 Re 8,l0s)

Aparece Yahvé en su majestad ante todos los hombres en una teofanía universal, que se identifica con la repatriación. Es como si el profeta elevándose por encima del acontecimiento histórico, en sí mismo modesto, lo contemplara bajo la perspectiva de la restauración mesiánica y escatológi­ca. El éxodo de Babilonia prefigura la liberación del yugo del pecado y la definitiva instauración del reino de Dios sobre la tierra.

Toda criatura a una, parece referirse por un lado a la distancia infinita entre el creador y la criatura y por otro la unidad del género humano. Pues la boca de Yahvé ha hablado, la palabra de Dios lleva en sí la fuerza para su realización (Cf. 44,26; 55,10s.)

Diálogo y mensaje (6-8)

6 Una voz dice: “¡Grita!”
Y digo: “¿Qué he de gritar?”
-“Toda carne es hierba
y todo su esplendor como flor del campo.
7 La flor se marchita, se seca la hierba,
en cuanto le dé el viento de Yahvé
(pues, cierto, hierba es el pueblo).
8 La hierba se seca, la flor se marchita,
mas la palabra de nuestro Dios
permanece por siempre.”

Una voz dice: ¡Grita!. De nuevo una voz misteriosa (pero es de Dios). El anuncio expresa la distancia entre el poder de Dios y la debilidad del hombre: toda carne es hierba y todo su esplendor como flor del campo. La flor se marchita, se seca la hierba, en cuanto le de el viento de Yahvé… más la palabra de nuestro Dios permanece por siempre. El centro del tema esta en el contraste hierba-palabra, es decir entre la fragilidad humana y la obra de Dios (cfr. la misma enseñanza se subraya en Is 2,9s; 10,15; 31,3s.). La palabra de Dios es algo más que un sonido en el aire es un acontecimiento realizado.

La alegre nueva (9)

9 Súbete a un alto monte,
alegre mensajero para Sión;
clama con voz poderosa,
alegre mensajero para Jerusalén,
clama sin miedo.
Di a las ciudades de Judá:
“Ahí está vuestro Dios.”

Di a las ciudades de Judá: “Ahí está vuestro Dios”. Nos encontramos de nuevo en Jerusalén como ciudad en la que en­trará Dios como lugar de su morada, como centro mundial de la redención. Es una descripción por adelantado de la entrada del Señor en su ciudad. El crescendo de los imperativos: súbete… clama con voz poderosa… cla­ma sin miedo. La invitación a clamar en cualquier parte es para alegrar a la gente a recibir a su Dios y el sin miedo es porque se trata de preparar una teofanía (Cf. Is 41,10.13s; 43,1.5; 44,2; 51,7; 54,4). Conviene observar que el profeta se ha olvidado de los pretendientes davídicos al trono de Judá y solo reconoce a Yahvé como rey. El regreso de Israel es obra de Yahvé: una revelación o manifestación suya.

Teofanía (10)

10 Ahí viene el Señor Yahvé con poder,
y su brazo lo sojuzga todo.
Ved que su salario le acompaña,
y su paga le precede.

Ahí viene el Señor con poder, y su brazo lo sojuzga todo, el brazo es el símbolo de su poder (Cf. Ex 6,6; 15,16; Dt 4,34; 5,15). Ved que su salario le acompaña y su paga le precede, vuelve con un rico botín ¿cuál? Los repatriados. Salario… paga evoca el pago por un costoso trabajo (Cf. Gen 30,32s; 31,8; Ex 2,9; Dt 15,18­). Pero quizá, dentro del contexto, también tenga un sentido de botín militar arrancado a los babilonios y por eso propiedad del vencedor.

El buen pastor (11)

11 Como pastor pastorea su rebaño:
recoge en brazos los corderitos,
en el seno los lleva,
y trata con cuidado a las paridas.

De la imagen del rey que triunfa se pasa a la del pastor: como pastor pastorea su rebaño, es decir a los repatriados que regresan, ocupándose afectuosamente de ellos: recoge en brazos sus corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas. La ternura y afecto de Dios para con su pueblo alcanza su punto culminante en esta imagen. Es una imagen preciosa (ya había sido usada en los Salmos 68,52; 80,2; 95,7 y en Jer 23,3; Ez 34,2, etc). El NT la utilizará para describir el amor infinito de Cristo (Cf. Mt 18,12s; Lc 15,3-7; Jn 10,1-16).

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