Sobre la fiabilidad histórica del cuarto Evangelio

Ya hemos visto que el autor del cuarto evangelio es un testigo ocular, y también que la redacción concreta tuvo lugar en el vigoroso círculo de sus discípulos, con la muy probable aportación de un discípulo suyo de toda confianza.

Algunos autores modernos, como Hengel o Ingo Broer, se muestran algo negativos en su diagnóstico sobre el carácter histórico del texto, al que parecen no dar importancia. Pero frente a sus planteamientos surge una pregunta: ¿Qué convierte en banal la memoria histórica? ¿Es o no importante la verdad de lo recordado? ¿Qué verdad puede lograse cuando se deja atrás lo histórico por considerarlo banal? ¿De qué fe “da testimonio” el autor cuando se ha dejado atrás, por así decirlo, la historia? ¿Cómo puede reforzarse la fe si, a pesar de presentarse como testimonio histórico -y lo hace con gran énfasis-, no ofrece después informaciones históricas?

Yo creo -afirma Benedicto XVI- que nos encontramos aquí ante un concepto erróneo de lo que es histórico, así como ante un concepto equivocado de lo que es fe y de lo que es el Paráclito mismo: una fe que deja de lado lo histórico se convierte en realidad en “gnosticismo”. Se prescinde de la carne, de la encarnación, precisamente de la historia verdadera.

Si por “histórico” se entiende que las palabras que se nos han transmitido de Jesús deben tener, digámoslo así, el carácter de una grabación magnetofónica para poder ser reconocidas como “históricamente” auténticas, entonces las palabras del Evangelio de Juan no son “históricas”. Pero el hecho de que no pretendan llegar a este tipo de literalidad no significa en modo alguno que sean, por así decirlo, composiciones poéticas sobre Jesús que se habrían ido creando poco a poco en el ámbito de la “escuela joánica”, para lo cual se habría requerido además la dirección del Paráclito. La verdadera pretensión del Evangelio es la de haber transmitido correctamente el contenido de las palabras, el testimonio personal de Jesús mismo con respecto a los grandes acontecimientos vividos en Jerusalén, de manera que el lector reciba realmente los contenidos decisivos de este mensaje y encuentre en ellos la figura auténtica de Jesús.

Por eso, sigue diciendo Benedicto XVI, que su parecer, los cinco elementos presentados por Hengel (“el 1) enfoque teológico del autor y 2) su memoria personal”, “3) la tradición eclesiástica y, junto con ello, 4) también la realidad histórica”, …  5) el Espíritu Paráclito, que interpreta y guía hacia la verdad“) son efectivamente las cinco fuerzas esenciales que han determinado la composición del Evangelio, pero han de ser vistos con una diferente correlación interna a como lo hace Hengel y, consecuentemente, también con una importancia diversa cada uno. Veámoslo a parte con más detalle.

4 comentarios en “Sobre la fiabilidad histórica del cuarto Evangelio”

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