La imagen del agua en Juan 3

El simbolismo del agua nos lo encontramos por primera vez en la conversación con Nicodemo del capítulo 3: para poder entrar en el Reino de Dios, el hombre tiene que nacer de nuevo, convertirse en otro, renacer del agua y del Espíritu (cf. Jn 3, 5).

¿Qué significa esto?

El bautismo como ingreso en la comunidad de Cristo es interpretado como un renacer que -en analogía con el nacimiento natural a partir de la inseminación masculina y la concepción femenina- responde a un doble principio: el Espíritu divino y el “agua como “madre universal de la vida natural, elevada en el sacramento mediante la gracia a imagen gemela de la Theotokos virginal”” (Photina Rech, vol. 2, p. 303).

Dicho de otro modo, para renacer se requiere la fuerza creadora del Espíritu de Dios, pero con el sacramento se necesita también el seno materno de la Iglesia que acoge y acepta. Photina Rech cita a Tertuliano: “Nunca había Cristo sin el agua” (De bapt., IX 4), e interpreta correctamente esta palabra algo enigmática del escritor eclesiástico: “Nunca estuvo ni está Cristo sin la Iglesia” (vol. 2, p. 304).

Espíritu y agua, cielo y tierra, Cristo e Iglesia van unidos: de esta manera se produce el “renacer“. En el sacramento, el agua simboliza la tierra materna, la santa Iglesia que acoge en sí la creación y la representa.

Fuente: Benedicto XVI, Jesús de Nazareth, cap. 8

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